
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
16-10-2026
No confundamos disciplina con autoritarismo
Las medidas adoptadas en el ámbito escolar y anunciadas por la presidente Fujimori, días atrás, denotan flancos débiles, enfoques improvisados y una rotunda falta de solidez intelectual y política cuanto que educativa.
Requerimos por la opinión del psicólogo social José Manuel Delgado Taboada, quien accedió amablemente a dar sus pareceres. Leamos.
“Un estudiante puede llevar el cabello corto y acosar a sus compañeros. Una estudiante puede tener las uñas sin pintar y arañarle la cara a otra con crueldad. También pueden teñirse el cabello y ser responsables, solidarios y respetuosos. La apariencia no establece la calidad moral de una persona.
Las restricciones anunciadas por la presidenta Keiko Fujimori sobre cabello, maquillaje, uñas y faldas confunden dos cuestiones distintas: la presentación personal y la convivencia. ¿Qué evidencia demuestra que controlar la primera reduce la violencia? Una preferencia estética presidencial no constituye, por sí misma, un fundamento pedagógico”.
No son sinónimos
Señaló Delgado: “Disciplina y autoritarismo no son sinónimos. La disciplina educativa desarrolla responsabilidad, autorregulación y respeto por los derechos ajenos. Requiere normas comprensibles y consecuencias proporcionales. El autoritarismo convierte la obediencia en un fin: la orden se justifica porque alguien manda, preguntar parece insolencia y diferenciarse despierta sospechas.
Fronteras
La escuela necesita límites firmes frente al acoso, las amenazas y las agresiones. Por eso debe distinguir las conductas que dañan de las diferencias que incomodan a ciertos adultos. Recogerse el cabello en un laboratorio tiene una finalidad de seguridad. Prohibir su color requiere otra justificación, todavía pendiente”.
Casos
Añadió José Manuel: “Las recientes denuncias de presuntas agresiones sexuales grupales vuelven especialmente preocupante este enfoque. Al caso denunciado en un colegio administrado por la Marina se suma el de Talara, donde se investiga una presunta agresión que involucraría a diez escolares. Corresponde esclarecer los hechos y proteger a las víctimas.
Desatención
En ese contexto, fiscalizar las faldas desplaza la atención hacia el cuerpo de las estudiantes. La responsabilidad de una agresión corresponde a quien la comete; prevenirla y atenderla es obligación institucional. Ninguna de esas responsabilidades depende de centímetros de tela. La seguridad nunca puede condicionarse al cumplimiento del uniforme”.
Voces libres
Subraya el entrevistado: “Necesitamos enseñar consentimiento, límites y reconocimiento de la coerción. Necesitamos estudiantes que puedan denunciar sin que primero se examine su vestimenta o reputación. Una escuela silenciosa y uniformada puede seguir siendo profundamente insegura. Su orden aparente nada dice sobre las denuncias ignoradas o el miedo a hablar.
Rendición de cuentas
La formación integral exige preguntar, contrastar fuentes, reconocer prejuicios y revisar conclusiones. El pensamiento escéptico pide razones; el científico contrasta afirmaciones con evidencia. Resulta contradictorio enseñar a desconfiar de noticias falsas mientras se exige aceptar sin examen cualquier decisión de una autoridad. También el poder debe rendir cuentas”.
Procesos
“La sustitución de los lineamientos de Educación Sexual Integral y la ausencia de filosofía como asignatura independiente merecen discutirse desde esa preocupación. Son procesos diferentes y de distinta fecha. La responsabilidad de los partidos debe examinarse documentando sus iniciativas, votos y alianzas, aunque antecedan al Gobierno actual”, añadió Delgado.
Autoritarismo
Expresó Delgado: “La presidenta promete, además, textos escolares «sin ningún tipo de ideología». Sin embargo, sus propuestas expresan una orientación que considero conservadora y autoritaria: uniformidad, regulación diferenciada según el sexo y control sobre la apariencia. Llamar ideología a las ideas ajenas y orden a las propias no vuelve neutrales estas últimas.
No a censura
Revisar textos exige criterios públicos: qué errores contienen, qué evidencia justifica modificarlos y quién los evaluará. Mejorar el rigor es una obligación educativa. Excluir perspectivas por incomodar al Gobierno sería censura. El pensamiento crítico distingue hechos, interpretaciones y valores; también permite examinar los fundamentos del discurso presidencial.
¿Inspectores?
Necesitamos profesores que rompan el molde. La lectura de Vigilar y castigar, de Michel Foucault, ayuda a interrogar una escuela organizada alrededor de vigilancia, examen y normalización. Convertir al docente en inspector de cabellos y uñas desplaza su responsabilidad de enseñar, acompañar y abrir posibilidades de comprensión.
No a obediencia ciega
Romper ese molde significa explicar límites, escuchar preguntas incómodas, reconocer errores y resolver conflictos sin humillar. El pensamiento crítico pierde credibilidad cuando el profesor exige evidencias a sus estudiantes, pero presenta sus decisiones como incuestionables. Su autoridad debe sostenerse en conocimiento, coherencia y justicia, no en obediencia ciega.
Protección real
En un país golpeado por la violencia, necesitamos protección efectiva, denuncias atendidas, acompañamiento socioemocional y docentes respaldados. El cabello corto no acredita integridad; una falda no explica una agresión. Educar implica formar ciudadanos capaces de reconocer injusticias y cuestionarlas, incluso cuando provengan de quienes tienen poder sobre ellos”, finalizó Delgado.
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
16-10-2026
No confundamos disciplina con autoritarismo
Las medidas adoptadas en el ámbito escolar y anunciadas por la presidente Fujimori, días atrás, denotan flancos débiles, enfoques improvisados y una rotunda falta de solidez intelectual y política cuanto que educativa.
Requerimos por la opinión del psicólogo social José Manuel Delgado Taboada, quien accedió amablemente a dar sus pareceres. Leamos.
“Un estudiante puede llevar el cabello corto y acosar a sus compañeros. Una estudiante puede tener las uñas sin pintar y arañarle la cara a otra con crueldad. También pueden teñirse el cabello y ser responsables, solidarios y respetuosos. La apariencia no establece la calidad moral de una persona.
Las restricciones anunciadas por la presidenta Keiko Fujimori sobre cabello, maquillaje, uñas y faldas confunden dos cuestiones distintas: la presentación personal y la convivencia. ¿Qué evidencia demuestra que controlar la primera reduce la violencia? Una preferencia estética presidencial no constituye, por sí misma, un fundamento pedagógico”.
No son sinónimos
Señaló Delgado: “Disciplina y autoritarismo no son sinónimos. La disciplina educativa desarrolla responsabilidad, autorregulación y respeto por los derechos ajenos. Requiere normas comprensibles y consecuencias proporcionales. El autoritarismo convierte la obediencia en un fin: la orden se justifica porque alguien manda, preguntar parece insolencia y diferenciarse despierta sospechas.
Fronteras
La escuela necesita límites firmes frente al acoso, las amenazas y las agresiones. Por eso debe distinguir las conductas que dañan de las diferencias que incomodan a ciertos adultos. Recogerse el cabello en un laboratorio tiene una finalidad de seguridad. Prohibir su color requiere otra justificación, todavía pendiente”.
Casos
Añadió José Manuel: “Las recientes denuncias de presuntas agresiones sexuales grupales vuelven especialmente preocupante este enfoque. Al caso denunciado en un colegio administrado por la Marina se suma el de Talara, donde se investiga una presunta agresión que involucraría a diez escolares. Corresponde esclarecer los hechos y proteger a las víctimas.
Desatención
En ese contexto, fiscalizar las faldas desplaza la atención hacia el cuerpo de las estudiantes. La responsabilidad de una agresión corresponde a quien la comete; prevenirla y atenderla es obligación institucional. Ninguna de esas responsabilidades depende de centímetros de tela. La seguridad nunca puede condicionarse al cumplimiento del uniforme”.
Voces libres
Subraya el entrevistado: “Necesitamos enseñar consentimiento, límites y reconocimiento de la coerción. Necesitamos estudiantes que puedan denunciar sin que primero se examine su vestimenta o reputación. Una escuela silenciosa y uniformada puede seguir siendo profundamente insegura. Su orden aparente nada dice sobre las denuncias ignoradas o el miedo a hablar.
Rendición de cuentas
La formación integral exige preguntar, contrastar fuentes, reconocer prejuicios y revisar conclusiones. El pensamiento escéptico pide razones; el científico contrasta afirmaciones con evidencia. Resulta contradictorio enseñar a desconfiar de noticias falsas mientras se exige aceptar sin examen cualquier decisión de una autoridad. También el poder debe rendir cuentas”.
Procesos
“La sustitución de los lineamientos de Educación Sexual Integral y la ausencia de filosofía como asignatura independiente merecen discutirse desde esa preocupación. Son procesos diferentes y de distinta fecha. La responsabilidad de los partidos debe examinarse documentando sus iniciativas, votos y alianzas, aunque antecedan al Gobierno actual”, añadió Delgado.
Autoritarismo
Expresó Delgado: “La presidenta promete, además, textos escolares «sin ningún tipo de ideología». Sin embargo, sus propuestas expresan una orientación que considero conservadora y autoritaria: uniformidad, regulación diferenciada según el sexo y control sobre la apariencia. Llamar ideología a las ideas ajenas y orden a las propias no vuelve neutrales estas últimas.
No a censura
Revisar textos exige criterios públicos: qué errores contienen, qué evidencia justifica modificarlos y quién los evaluará. Mejorar el rigor es una obligación educativa. Excluir perspectivas por incomodar al Gobierno sería censura. El pensamiento crítico distingue hechos, interpretaciones y valores; también permite examinar los fundamentos del discurso presidencial.
¿Inspectores?
Necesitamos profesores que rompan el molde. La lectura de Vigilar y castigar, de Michel Foucault, ayuda a interrogar una escuela organizada alrededor de vigilancia, examen y normalización. Convertir al docente en inspector de cabellos y uñas desplaza su responsabilidad de enseñar, acompañar y abrir posibilidades de comprensión.
No a obediencia ciega
Romper ese molde significa explicar límites, escuchar preguntas incómodas, reconocer errores y resolver conflictos sin humillar. El pensamiento crítico pierde credibilidad cuando el profesor exige evidencias a sus estudiantes, pero presenta sus decisiones como incuestionables. Su autoridad debe sostenerse en conocimiento, coherencia y justicia, no en obediencia ciega.
Protección real
En un país golpeado por la violencia, necesitamos protección efectiva, denuncias atendidas, acompañamiento socioemocional y docentes respaldados. El cabello corto no acredita integridad; una falda no explica una agresión. Educar implica formar ciudadanos capaces de reconocer injusticias y cuestionarlas, incluso cuando provengan de quienes tienen poder sobre ellos”, finalizó Delgado.


