Política

¿Qué enseñamos para evitar la próxima agresión sexual?

hcmujica@gmail.com
ViolaciónAmenaza
18 de septiembre del 2026

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
19-9-2026

¿Qué enseñamos para evitar la próxima agresión sexual?

En torno a la deplorable agresión sexual ocurrida en San Borja, inquirimos la opinión valiosa del psicólogo social José Manuel Delgado Taboada.

Afirmó José Manuel: “El caso estremece, y está bien que nos estremezca. Exige proteger a la víctima, investigar con rigor y determinar responsabilidades. Pero hay algo que me inquieta: casi siempre llegamos a esta conversación demasiado tarde. Después de la agresión activamos protocolos, buscamos responsables, ofrecemos acompañamiento psicológico y exigimos sanciones. Todo eso es indispensable. Pero ocurre después”.

¿Qué enseñamos?

El psicólogo Delgado subraya: “¿Y antes? ¿Qué estamos dispuestos a enseñar para evitar la próxima agresión sexual? Mientras el país se conmueve —con razón— por lo sucedido en el Liceo Naval, llevamos años conviviendo con otra tragedia.

En Condorcanqui, Amazonas, la Defensoría del Pueblo dio cuenta, en 2024, de 524 denuncias de presunta violencia sexual contra estudiantes indígenas registradas desde 2010, principalmente de pueblos awajún y wampís”.

Situaciones nefastas

“Las consecuencias tampoco terminan en la agresión. En este territorio, el VIH ha alcanzado dimensiones epidémicas y organizaciones de mujeres awajún han denunciado casos de violencia sexual contra escolares que habrían derivado en contagios a menores. En 2024, además, representantes del propio Estado llegaron a referirse a estas agresiones utilizando la expresión “prácticas culturales”, indicó Delgado.

Realidades distintas

“Los casos de Condorcanqui y el Liceo Naval son diferentes y no pretendo equipararlos. Pero juntos dejan una pregunta incómoda: ¿por qué no todas las víctimas producen la misma indignación? En el Perú todavía pesan demasiado el territorio, el idioma, la pertenencia étnica y la capacidad de una familia para conseguir que el país la escuche.

También sería cómodo pensar que lo sucedido en el Liceo Naval es una anomalía. Los registros de SíseVe muestran desde hace años miles de reportes de violencia física, psicológica y sexual en nuestras escuelas. Y junto con esa violencia aparece otra realidad que ayuda a entender por qué el género importa: la agresión contra quienes no responden a determinadas expectativas sobre cómo debe comportarse un hombre o una mujer”, subrayó Delgado.

Modo de insultarnos

Delgado señala que “El género, en realidad, ya está en el patio del colegio. Está incluso en nuestra manera de insultarnos. Cuando a un adolescente se le llama “maricón” para humillarlo, muchas veces ni siquiera se está afirmando algo sobre su orientación sexual. Se le está diciendo que es débil, cobarde, poco masculino, que no cumple con aquello que sus compañeros esperan de un hombre”.

Prácticas degradantes

“Por eso no basta con colocar un cartel de “No al bullying”. Tenemos que preguntarnos por qué ser homosexual, parecer “femenino”, llorar, tener miedo o no querer pelear pueden utilizarse para degradar a un varón. Eso también es hablar de género.

Durante años, sin embargo, el enfoque de género y la Educación Sexual Integral han sido objeto de una intensa controversia política. En mayo de este año, el Ministerio de Educación derogó los Lineamientos de Educación Sexual Integral de 2021 y los sustituyó por lineamientos de educación sexual “con base científica, biológica y ética”. Los nuevos lineamientos mantienen contenidos de autocuidado, igualdad, respeto y buen trato, “agrega Delgado.

Temas concretos

Propone Delgado: “Entonces dejemos por un momento las etiquetas y vayamos a lo concreto. ¿Queremos enseñar qué significa consentimiento? ¿Que la presión del grupo no convierte una agresión en una broma? ¿Que tener miedo, pedir ayuda o rechazar una práctica sexual no hace a nadie menos hombre? ¿Que el cuerpo de otra persona no puede convertirse en instrumento para demostrar poder frente a los amigos? Si respondemos que sí, ya estamos hablando de género, aunque nos incomode utilizar la palabra.

No sabemos si estas dinámicas estuvieron presentes en el caso del Liceo Naval. Sería irresponsable afirmarlo. Tampoco sostengo que una clase sobre enfoque de género hubiera evitado necesariamente la agresión. La violencia sexual es multicausal”.

Prioridad urgente

“Mi argumento es más sencillo. Si queremos prevenirla, tenemos que enseñar consentimiento, límites, igualdad, respeto, relaciones de poder y formas de masculinidad que no necesiten demostrar su valor dominando a otros. La educación sexual y el enfoque de género no sustituyen a la justicia, la protección, la salud mental, la supervisión educativa ni la responsabilidad familiar. Son parte de una respuesta mucho mayor.

Podemos eliminar la palabra “género” de un documento o convertirla en una palabra políticamente incómoda. Lo que no podemos hacer es eliminar el género del patio del colegio. Ya está allí, en establecer arbitrariamente quién puede llorar, quién debe ser fuerte, quién puede decir que no y en las palabras que elegimos para humillar.

Somos campeones en investigar, proteger y sancionar después que se ha cometido una agresión. El desafío es llegar antes”, finaliza Delgado Taboada.

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¿Qué enseñamos para evitar la próxima agresión sexual?

En torno a la deplorable agresión sexual ocurrida en San Borja, inquirimos la opinión valiosa del psicólogo social José Manuel Delgado Taboada.

Afirmó José Manuel: “El caso estremece, y está bien que nos estremezca. Exige proteger a la víctima, investigar con rigor y determinar responsabilidades. Pero hay algo que me inquieta: casi siempre llegamos a esta conversación demasiado tarde. Después de la agresión activamos protocolos, buscamos responsables, ofrecemos acompañamiento psicológico y exigimos sanciones. Todo eso es indispensable. Pero ocurre después”.

¿Qué enseñamos?

El psicólogo Delgado subraya: “¿Y antes? ¿Qué estamos dispuestos a enseñar para evitar la próxima agresión sexual? Mientras el país se conmueve —con razón— por lo sucedido en el Liceo Naval, llevamos años conviviendo con otra tragedia.

En Condorcanqui, Amazonas, la Defensoría del Pueblo dio cuenta, en 2024, de 524 denuncias de presunta violencia sexual contra estudiantes indígenas registradas desde 2010, principalmente de pueblos awajún y wampís”.

Situaciones nefastas

“Las consecuencias tampoco terminan en la agresión. En este territorio, el VIH ha alcanzado dimensiones epidémicas y organizaciones de mujeres awajún han denunciado casos de violencia sexual contra escolares que habrían derivado en contagios a menores. En 2024, además, representantes del propio Estado llegaron a referirse a estas agresiones utilizando la expresión “prácticas culturales”, indicó Delgado.

Realidades distintas

“Los casos de Condorcanqui y el Liceo Naval son diferentes y no pretendo equipararlos. Pero juntos dejan una pregunta incómoda: ¿por qué no todas las víctimas producen la misma indignación? En el Perú todavía pesan demasiado el territorio, el idioma, la pertenencia étnica y la capacidad de una familia para conseguir que el país la escuche.

También sería cómodo pensar que lo sucedido en el Liceo Naval es una anomalía. Los registros de SíseVe muestran desde hace años miles de reportes de violencia física, psicológica y sexual en nuestras escuelas. Y junto con esa violencia aparece otra realidad que ayuda a entender por qué el género importa: la agresión contra quienes no responden a determinadas expectativas sobre cómo debe comportarse un hombre o una mujer”, subrayó Delgado.

Modo de insultarnos

Delgado señala que “El género, en realidad, ya está en el patio del colegio. Está incluso en nuestra manera de insultarnos. Cuando a un adolescente se le llama “maricón” para humillarlo, muchas veces ni siquiera se está afirmando algo sobre su orientación sexual. Se le está diciendo que es débil, cobarde, poco masculino, que no cumple con aquello que sus compañeros esperan de un hombre”.

Prácticas degradantes

“Por eso no basta con colocar un cartel de “No al bullying”. Tenemos que preguntarnos por qué ser homosexual, parecer “femenino”, llorar, tener miedo o no querer pelear pueden utilizarse para degradar a un varón. Eso también es hablar de género.

Durante años, sin embargo, el enfoque de género y la Educación Sexual Integral han sido objeto de una intensa controversia política. En mayo de este año, el Ministerio de Educación derogó los Lineamientos de Educación Sexual Integral de 2021 y los sustituyó por lineamientos de educación sexual “con base científica, biológica y ética”. Los nuevos lineamientos mantienen contenidos de autocuidado, igualdad, respeto y buen trato, “agrega Delgado.

Temas concretos

Propone Delgado: “Entonces dejemos por un momento las etiquetas y vayamos a lo concreto. ¿Queremos enseñar qué significa consentimiento? ¿Que la presión del grupo no convierte una agresión en una broma? ¿Que tener miedo, pedir ayuda o rechazar una práctica sexual no hace a nadie menos hombre? ¿Que el cuerpo de otra persona no puede convertirse en instrumento para demostrar poder frente a los amigos? Si respondemos que sí, ya estamos hablando de género, aunque nos incomode utilizar la palabra.

No sabemos si estas dinámicas estuvieron presentes en el caso del Liceo Naval. Sería irresponsable afirmarlo. Tampoco sostengo que una clase sobre enfoque de género hubiera evitado necesariamente la agresión. La violencia sexual es multicausal”.

Prioridad urgente

“Mi argumento es más sencillo. Si queremos prevenirla, tenemos que enseñar consentimiento, límites, igualdad, respeto, relaciones de poder y formas de masculinidad que no necesiten demostrar su valor dominando a otros. La educación sexual y el enfoque de género no sustituyen a la justicia, la protección, la salud mental, la supervisión educativa ni la responsabilidad familiar. Son parte de una respuesta mucho mayor.

Podemos eliminar la palabra “género” de un documento o convertirla en una palabra políticamente incómoda. Lo que no podemos hacer es eliminar el género del patio del colegio. Ya está allí, en establecer arbitrariamente quién puede llorar, quién debe ser fuerte, quién puede decir que no y en las palabras que elegimos para humillar.

Somos campeones en investigar, proteger y sancionar después que se ha cometido una agresión. El desafío es llegar antes”, finaliza Delgado Taboada.

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