Política

¡Mafias a granel!

hcmujica@gmail.com
mafiaperuana
20 de octubre del 2023

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
Diario Uno/ 21-10-2023

¡Mafias a granel!

Subrayó en su conferencia de días pasados, Conciencia tributaria, el contador especializado, Luis Alberto Latínez, que a partir de 1990, las mafias habíanse establecido masivamente en el aparato del Estado. Su propósito avieso fue depredar, exaccionar, succionar de los impuestos.

El grupo político que obsequió porciones enormes del Perú, vía remate de empresas estatales a precio vil, con el cierre de muchas de ellas y abriendo la puerta ancha con sus leyes y regulaciones tributarias a empresas foráneas, fue el fujimorismo.

Las mafias, organizaciones clandestinas de criminales, no sólo ensuciaron con su presencia al Perú: lo llevaron a una degradación que fletó que 33 millones de habitantes vivan hoy en el salvajismo más extremo, sin reglas, ni valores morales y mucho menos democracia.

¿Cómo puede ocurrir a diario la crónica sangrienta de ajustes de cuentas a balazos y con asesinados?

No puede llamarse democracia a un sistema que privilegia con exoneraciones absurdas a grupos enriquecidos de mala manera y con el deterioro económico de millones de habitantes.

¿Por causa de qué los colegios particulares que cobran pensiones altas, están exonerados del impuesto a la renta y del IGV (impuesto general a las ventas)?

Lo mismo ocurre con universidades en las cuales hay que pagar o pagar. También exoneradas.

Esta desigualdad escandalosa no parece molestar a los grupos políticos que consienten esta aberración discriminadora.

Las mafias tienen sus propias leyes y preferencias. Se manejan con destreza impune porque no hay quien fiscalice con detalle prolijo y exhaustivo su desempeño roedor.

Nadie podría afirmar que no han habido planteamientos de reforma tributaria. Han existido, pero el agravante de tener entre sus teóricos a los estudios de abogados y contadores, notables por ser delincuentes, transparentará que el asunto no pasa de un gesto o ademán.

La mafia es inmensa, impregna todo el cuerpo social del Perú en sus múltiples manifestaciones, desde las más elementales (dar coima a policías) hasta los usos más sofisticados (bancos offshore, lavandería por millones de dólares so pretexto de finanzas sin nombre y apellido en cualquier lugar del inmenso orbe).

No es, en modo alguno, un grupúsculo. Es casi un sistema cultural que patrocina comportamientos aviesos, fuera de la ley, contra los reglamentos y “facilitadores” de lo que no se puede conseguir correctamente por la simple razón que eso “conspira” contra los intereses creados.

Que se reúnan los grandes concilios y que apliquen la ley tal o cual. Que boten a quien quieran, las puniciones pasan, la mafia queda. ¿Cómo se gobiernan los clubes electorales que tienen entre sus filas a ex presidentes enriquecidos nadie sabe de dónde o cómo, si no fue a través de coimas, extorsiones, conferencias y cualquier pretexto recurrente?

La mafia no se limpia desde arriba. Se aplican cosméticamente los castigos, no obstante no hay uno sino 20 ó 30 candidatos a reemplazar al caído y con mañas muy bien aprendidas y por aprender, para evitar futuras reprimendas.

La pelea a muerte contra la mafia tiene que ser desde abajo, haciendo conciente a la masa que el único bien que posee es el de una existencia libre, lo contrario es lo que tenemos hoy en Perú y desde hace largos decenios, cuesta abajo la rodada, como dice la letra del tango.

La insurgencia popular, que los clubes electorales no entienden porque son ruinas desvencijadas y anacrónicas, tiene que ser contra CUALQUIER PODER, no para instaurar uno “nuevo” y tan o más pervertido que el anterior, sino para impedir o atajar que éste sea centralizado por mafiosos que manejen el país desde la industria, finanzas, poder político, poder represor que acalla cualquier protesta o elimina a los rebeldes y reacios a callar.

La insurgencia se transforma en ética social creadora cuando proclama su derecho a ser libre de cualquier clase de delincuencia y ejerce el castigo contra los ladrones de cuello y corbata y sus esbirros hábiles en el ejercicio tramposo de la cosa pública.

Si el pueblo alzado con sus proclamas libertarias y éticas decide que la insuficiente democracia representativa (electoral) ya no rige, entonces alcanzará la liberación de sanguijuelas exaccionadoras de los recursos del Estado (tributo del pueblo que muchas empresas poderosas no pagan y para eso tienen abogángsteres funcionales).

Creer que una golondrina hace verano, es un suicidio colectivo. Además, de promesas, gestos y mentiras, está empedrado el suelo de la república.

A la mafia de la omerta y la suciedad se le pelea desde las bases a los gritos de libertad, igualdad y fraternidad.

 

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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
Diario Uno/ 21-10-2023

¡Mafias a granel!

Subrayó en su conferencia de días pasados, Conciencia tributaria, el contador especializado, Luis Alberto Latínez, que a partir de 1990, las mafias habíanse establecido masivamente en el aparato del Estado. Su propósito avieso fue depredar, exaccionar, succionar de los impuestos.

El grupo político que obsequió porciones enormes del Perú, vía remate de empresas estatales a precio vil, con el cierre de muchas de ellas y abriendo la puerta ancha con sus leyes y regulaciones tributarias a empresas foráneas, fue el fujimorismo.

Las mafias, organizaciones clandestinas de criminales, no sólo ensuciaron con su presencia al Perú: lo llevaron a una degradación que fletó que 33 millones de habitantes vivan hoy en el salvajismo más extremo, sin reglas, ni valores morales y mucho menos democracia.

¿Cómo puede ocurrir a diario la crónica sangrienta de ajustes de cuentas a balazos y con asesinados?

No puede llamarse democracia a un sistema que privilegia con exoneraciones absurdas a grupos enriquecidos de mala manera y con el deterioro económico de millones de habitantes.

¿Por causa de qué los colegios particulares que cobran pensiones altas, están exonerados del impuesto a la renta y del IGV (impuesto general a las ventas)?

Lo mismo ocurre con universidades en las cuales hay que pagar o pagar. También exoneradas.

Esta desigualdad escandalosa no parece molestar a los grupos políticos que consienten esta aberración discriminadora.

Las mafias tienen sus propias leyes y preferencias. Se manejan con destreza impune porque no hay quien fiscalice con detalle prolijo y exhaustivo su desempeño roedor.

Nadie podría afirmar que no han habido planteamientos de reforma tributaria. Han existido, pero el agravante de tener entre sus teóricos a los estudios de abogados y contadores, notables por ser delincuentes, transparentará que el asunto no pasa de un gesto o ademán.

La mafia es inmensa, impregna todo el cuerpo social del Perú en sus múltiples manifestaciones, desde las más elementales (dar coima a policías) hasta los usos más sofisticados (bancos offshore, lavandería por millones de dólares so pretexto de finanzas sin nombre y apellido en cualquier lugar del inmenso orbe).

No es, en modo alguno, un grupúsculo. Es casi un sistema cultural que patrocina comportamientos aviesos, fuera de la ley, contra los reglamentos y “facilitadores” de lo que no se puede conseguir correctamente por la simple razón que eso “conspira” contra los intereses creados.

Que se reúnan los grandes concilios y que apliquen la ley tal o cual. Que boten a quien quieran, las puniciones pasan, la mafia queda. ¿Cómo se gobiernan los clubes electorales que tienen entre sus filas a ex presidentes enriquecidos nadie sabe de dónde o cómo, si no fue a través de coimas, extorsiones, conferencias y cualquier pretexto recurrente?

La mafia no se limpia desde arriba. Se aplican cosméticamente los castigos, no obstante no hay uno sino 20 ó 30 candidatos a reemplazar al caído y con mañas muy bien aprendidas y por aprender, para evitar futuras reprimendas.

La pelea a muerte contra la mafia tiene que ser desde abajo, haciendo conciente a la masa que el único bien que posee es el de una existencia libre, lo contrario es lo que tenemos hoy en Perú y desde hace largos decenios, cuesta abajo la rodada, como dice la letra del tango.

La insurgencia popular, que los clubes electorales no entienden porque son ruinas desvencijadas y anacrónicas, tiene que ser contra CUALQUIER PODER, no para instaurar uno “nuevo” y tan o más pervertido que el anterior, sino para impedir o atajar que éste sea centralizado por mafiosos que manejen el país desde la industria, finanzas, poder político, poder represor que acalla cualquier protesta o elimina a los rebeldes y reacios a callar.

La insurgencia se transforma en ética social creadora cuando proclama su derecho a ser libre de cualquier clase de delincuencia y ejerce el castigo contra los ladrones de cuello y corbata y sus esbirros hábiles en el ejercicio tramposo de la cosa pública.

Si el pueblo alzado con sus proclamas libertarias y éticas decide que la insuficiente democracia representativa (electoral) ya no rige, entonces alcanzará la liberación de sanguijuelas exaccionadoras de los recursos del Estado (tributo del pueblo que muchas empresas poderosas no pagan y para eso tienen abogángsteres funcionales).

Creer que una golondrina hace verano, es un suicidio colectivo. Además, de promesas, gestos y mentiras, está empedrado el suelo de la república.

A la mafia de la omerta y la suciedad se le pelea desde las bases a los gritos de libertad, igualdad y fraternidad.

 

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