
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
2-8-2026
¡Vendepatrias en todas las épocas!
Esta clase de especímenes regalones de lo que no es suyo, aparece con bombo y platillo cuando se inician administraciones o gobiernos. Sobre sí ostenta múltiples credenciales partidarias y hoy niega lo que ayer afirmaba. Los vendepatrias están en todas las épocas.
Los hay, esos que no dudan en socavar a sus países en contratos de estabilidad jurídica muy concesivos, los que idolatran a las potencias foráneas y los que sugieren sus planes estratégicos para que fuerzas militares extranjeras invadan sus propios países con el pretexto de que hay dictaduras.
Olvidando que entre los planes más activos de Estados Unidos y que propagandiza Mr. Trump, a todos los vientos, está el llamado escudo, que no es otra cosa que la extensión del manto imperialista para morigerar a los chinos, por nuestros lares, la flamante presidente Keiko y su canciller Espá, ya anunciaron simpatía y concesivo enrolamiento de Perú.
No descartemos que el activista de la embajada, nomine como Gigante del Pacífico a la señora en funciones en Palacio. Vocinglero y mediático es el activista de marras.
A los vendepatria se los encuentra en las grandes instituciones financieras, en los ministerios en que compiten quiénes más concurren a las fiestitas en las embajadas y prefieren el gran garrote en lugar de pelearla en su cuna de origen.
El vendepatria ofrece como pócima mágica que las inversiones son la piedra filosofal que resuelve todos los grandes y complejos problemas peruanos. Obvio que para que eso ocurra, la compra de conciencias con viajes, medallas, visitas guiadas y favores no publicados, son moneda corriente.
¿Recuerdan que la prensa continental “celebró” la invasión militar de Venezuela, la captura de Maduro y que hoy insinúa que esa “solución” debía aplicarse en Cuba? La majadería no puede ser más ominosa ni sucia.
En Argentina se llamaba a los vendepatria, serviles orgánicos, esos monstruos concesivos, regalones de lo que no era suyo, mamarrachos burocráticos enquistados en todos los gobiernos, y así lo acuñó el brillante periodista platense cuasi olvidado, Raúl Scalabrini Ortiz.
A mí me gusta la combinación vendepatrias orgánicos, a aquellos que genéticamente, deshonrando a la nación y traicionando al Perú, salen a defender cual bestias enfurecidas a empresas foráneas, depredadoras, abusivas de siempre y coimeras a granel.
El cuentazo siempre es el mismo: “el Estado es ineficiente”, “sólo los privados tienen experiencia y respaldo financiero”, “es más rentable que lo haga la inversión extranjera” y cantinelas por el estilo.
Entonces hay que desacreditar al Estado y a sus obras como es el caso de la Refinería de Talara.
No es un acápite aislado. ¡De ninguna manera!
Los siervos, vendepatrias orgánicos, no hesitan en alquilar la muelle conciencia de comunicadores que defienden a capa y espada, según lo que les paguen y con tarifas internacionales.
Verbi gracia.
El Perú en manos de los vendepatrias corre el peligro, como en los años 90 de Kenya Fujimori, de ser presa de reparto masivo en concesiones. ¡No importa que la nación pierda presencia y afirmación! ¡Lo único que interesa a estos miserables, es la venta de activos y las coimisiones que traen consigo! ¡Gratis, no es!
La presidente Keiko Fujimori anunció que tomaría como inspiración de su mandato, el régimen de Kenya, por tanto las claudicaciones ya han sido ominosamente anticipadas. Y una de la preseas más codiciadas es la Refinería de Talara que pertenece a todos los peruanos.
La historia, madre y maestra, siempre trae lecciones. A pesar de los cánticos de los nuevos teóricos que sostienen que el imperialismo ya no existe y que son quimeras antiguas, Mr. Trump, desde su mensaje inicial, se ha encargado de enmendarles la plana al 100%.
Perú es un tabladillo de box en que dos superpotencias, China y Estados Unidos, miden fuerzas e ingenio. Para la comisión de sus trampas y trucos, requieren de empleados serviles, incapaces de sentir a la Patria y hábiles en venderse en dólares, euros y con depósitos cifrados en paraísos fiscales.
El vendepatria orgánico actúa con todo el descaro que una prensa miserable otorga pero no de una manera gratuita sino muy bien remunerada.
En Perú vivimos en un estado de hipocresía permanente. Al imbécil, llamamos analista; y al repetidor y copión, politólogo.
Al juecesito marrullero, le nominamos jurista aunque todo nos indique de su nepotismo, de su mediocridad insuperable y de su vanidad infinita y sus fallos siempre controversiales.
En otra oportunidad recordaremos a un señoritingo que fuera ministro de Relaciones Exteriores y condecoraba a Soledad Alvear cuando en Chile (2002) ¡pulverizaban a Aerocontinente, vía mañas de diverso calibre!
Y entonces cuando se llama vendepatria orgánica a una ministra o a un ministro, por la razón de sus actos públicos, todos traidores, hay voces invocando “cordura”.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
2-8-2026
¡Vendepatrias en todas las épocas!
Esta clase de especímenes regalones de lo que no es suyo, aparece con bombo y platillo cuando se inician administraciones o gobiernos. Sobre sí ostenta múltiples credenciales partidarias y hoy niega lo que ayer afirmaba. Los vendepatrias están en todas las épocas.
Los hay, esos que no dudan en socavar a sus países en contratos de estabilidad jurídica muy concesivos, los que idolatran a las potencias foráneas y los que sugieren sus planes estratégicos para que fuerzas militares extranjeras invadan sus propios países con el pretexto de que hay dictaduras.
Olvidando que entre los planes más activos de Estados Unidos y que propagandiza Mr. Trump, a todos los vientos, está el llamado escudo, que no es otra cosa que la extensión del manto imperialista para morigerar a los chinos, por nuestros lares, la flamante presidente Keiko y su canciller Espá, ya anunciaron simpatía y concesivo enrolamiento de Perú.
No descartemos que el activista de la embajada, nomine como Gigante del Pacífico a la señora en funciones en Palacio. Vocinglero y mediático es el activista de marras.
A los vendepatria se los encuentra en las grandes instituciones financieras, en los ministerios en que compiten quiénes más concurren a las fiestitas en las embajadas y prefieren el gran garrote en lugar de pelearla en su cuna de origen.
El vendepatria ofrece como pócima mágica que las inversiones son la piedra filosofal que resuelve todos los grandes y complejos problemas peruanos. Obvio que para que eso ocurra, la compra de conciencias con viajes, medallas, visitas guiadas y favores no publicados, son moneda corriente.
¿Recuerdan que la prensa continental “celebró” la invasión militar de Venezuela, la captura de Maduro y que hoy insinúa que esa “solución” debía aplicarse en Cuba? La majadería no puede ser más ominosa ni sucia.
En Argentina se llamaba a los vendepatria, serviles orgánicos, esos monstruos concesivos, regalones de lo que no era suyo, mamarrachos burocráticos enquistados en todos los gobiernos, y así lo acuñó el brillante periodista platense cuasi olvidado, Raúl Scalabrini Ortiz.
A mí me gusta la combinación vendepatrias orgánicos, a aquellos que genéticamente, deshonrando a la nación y traicionando al Perú, salen a defender cual bestias enfurecidas a empresas foráneas, depredadoras, abusivas de siempre y coimeras a granel.
El cuentazo siempre es el mismo: “el Estado es ineficiente”, “sólo los privados tienen experiencia y respaldo financiero”, “es más rentable que lo haga la inversión extranjera” y cantinelas por el estilo.
Entonces hay que desacreditar al Estado y a sus obras como es el caso de la Refinería de Talara.
No es un acápite aislado. ¡De ninguna manera!
Los siervos, vendepatrias orgánicos, no hesitan en alquilar la muelle conciencia de comunicadores que defienden a capa y espada, según lo que les paguen y con tarifas internacionales.
Verbi gracia.
El Perú en manos de los vendepatrias corre el peligro, como en los años 90 de Kenya Fujimori, de ser presa de reparto masivo en concesiones. ¡No importa que la nación pierda presencia y afirmación! ¡Lo único que interesa a estos miserables, es la venta de activos y las coimisiones que traen consigo! ¡Gratis, no es!
La presidente Keiko Fujimori anunció que tomaría como inspiración de su mandato, el régimen de Kenya, por tanto las claudicaciones ya han sido ominosamente anticipadas. Y una de la preseas más codiciadas es la Refinería de Talara que pertenece a todos los peruanos.
La historia, madre y maestra, siempre trae lecciones. A pesar de los cánticos de los nuevos teóricos que sostienen que el imperialismo ya no existe y que son quimeras antiguas, Mr. Trump, desde su mensaje inicial, se ha encargado de enmendarles la plana al 100%.
Perú es un tabladillo de box en que dos superpotencias, China y Estados Unidos, miden fuerzas e ingenio. Para la comisión de sus trampas y trucos, requieren de empleados serviles, incapaces de sentir a la Patria y hábiles en venderse en dólares, euros y con depósitos cifrados en paraísos fiscales.
El vendepatria orgánico actúa con todo el descaro que una prensa miserable otorga pero no de una manera gratuita sino muy bien remunerada.
En Perú vivimos en un estado de hipocresía permanente. Al imbécil, llamamos analista; y al repetidor y copión, politólogo.
Al juecesito marrullero, le nominamos jurista aunque todo nos indique de su nepotismo, de su mediocridad insuperable y de su vanidad infinita y sus fallos siempre controversiales.
En otra oportunidad recordaremos a un señoritingo que fuera ministro de Relaciones Exteriores y condecoraba a Soledad Alvear cuando en Chile (2002) ¡pulverizaban a Aerocontinente, vía mañas de diverso calibre!
Y entonces cuando se llama vendepatria orgánica a una ministra o a un ministro, por la razón de sus actos públicos, todos traidores, hay voces invocando “cordura”.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!


