Política

López Aliaga achicharró a Reggiardo

hcmujica@gmail.com
LopezAliagaReggiardo
14 de junio del 2026

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
15-6-2026

López Aliaga achicharró a Reggiardo

Nadie puede discutir la feracidad peruana en la producción de dislates, generación de absurdos y cotidianeidad de los más insólitos sucesos, no solo los de la política envilecida sino también en el resto de cosas.

Afloran, además, malos sentimientos, egoísmos indisimulables y taras congénitas. El político, en alto porcentaje, no es tal, apenas un busto parlante e insospechable de ideas porque su cacófono cerebro no va más allá de la satisfacción propia, miope, egoísta.

Dentro de los cálculos y mediciones de su desempeño público, el señor Rafael López Aliaga, ya había ponderado qué significaba dejar la alcaldía de Lima, luego de haber metido a la Municipalidad en compromiso de deudas por los próximos veinte años y múltiples tareas ofrecidas pero inconclusas.

Todo parece indicar que a sabiendas que no ganaría el primer, segundo o tercer puesto, para la presidencia, el señor López Aliaga echó mano a toda clase de motivos para afirmar que le hicieron fraude, que perdió tramposamente y que iba a arder Troya en la mazamorrera capital peruana.

No pudo impedir la segunda vuelta pero la actividad desde la municipalidad a la candidatura del señor López Aliaga, produjo bajas y el achicharramiento total del segundo a bordo: Renzo Reggiardo.

En una seguidilla de sucesos sin fin, Reggiardo declinó o le hicieron abortar la aspiración municipal electiva; asumió la postura jurídica y denuncia de López Aliaga; fue eco eficiente y político de Rafael y en ningún momento discrepó o sostuvo otra posición disímil a la de su mentor.

El achicharramiento de Renzo Reggiardo no puede haber sido más público, total y revelador.

¿Es tarea de los escuderos convertirse en bonzos a vista y paciencia de la ciudadanía limeña?

En breves horas, tal como ha dicho públicamente, López Aliaga anunciará si postula a la alcaldía. Ya no requiere, en absoluto, de Reggiardo que empieza a perder aceleradamente protagonismo. La inercia de la sombra de Rafael, le oculta de manera total.

Otras consideraciones.

La demagogia también se evidencia en los gestos y en los impulsos que tan solo satisfacen intereses minoritarios, minúsculos, para goce privado. Y el concepto de un gobierno municipal es por y para todos los ciudadanos.

La demagogia es una estrategia política que busca ganar el apoyo popular apelando a emociones, prejuicios, miedos y esperanzas, en lugar de utilizar argumentos racionales. Se caracteriza por promesas irreales, discursos simplistas y halagos al pueblo, considerándose una degeneración de la democracia.

El egoísmo es una actitud caracterizada por el amor excesivo e inmoderado hacia uno mismo, que lleva a las personas a priorizar sus propios intereses, necesidades y deseos por encima de los de los demás, a menudo ignorando o perjudicando el bienestar ajeno. Se considera la falta de empatía y la búsqueda de beneficio propio sin consideración externa.

Merced a las antedichas simples definiciones, el señor López Aliaga pensó tan solo en sí mismo y cuanto aconteciera en el municipio o la acción pública, con respecto a Renzo Reggiardo, parece no haberle suscitado, la más mínima preocupación.

Pero las expresiones públicas de López Aliaga y sus postulaciones han sido diversas, incontenibles y persuadieron a sectores ciudadanos que él es -o era-, una buena carta al mando de la Nación.

Sectores fanáticos, conservadores hasta la náusea, acérrimos racistas y despreciadores de cualquier raíz andina, se agruparon bajo el toldo de su fallida candidatura presidencial con predominancia en Lima.

Absurdos estos distintivos discriminadores en una metrópoli que tiene en 85% raíces en los andinos y selváticos departamentos del resto del país. Bien decía Ricardo Palma: quien no tiene de inga, tiene de mandinga.

Los sectores racistas y discriminadores persisten con vituperable constancia en su sentimiento de privilegio, escalafón en el color de la piel, el deletreado del apellido y los billetes que lleva en la alforja. La palabra “emergentes” úsase con reiteración insolente.

El achicharramiento de Reggiardo muestra impúdicamente que los intereses exclusivos de Rafael López Aliaga, priman en sus ambiciones. No son el bien común mayoritario, ni la sanidad citadina o la seguridad, guiones fundamentales de su quehacer político. Primero, segundo y tercero, para don Rafael, es él, luego él, y más adelante, también él.

La segunda vuelta presidencial dio por resultado un país fraccionado pero también el agudo ayuno de instituciones y colectividades. Antes, hasta hace 30 años, se llamaban partidos políticos. Hoy no pasan de clubes angurrientos de los fondos de la franja para sus almuerzos, viajes de turismo, tenidas nuevas y demás chucherías.

¿Seguirá el electorado, para las municipales y regionales, aguantando a mentirosos que prometen el oro y el moro y nada de los grandes proyectos ediles y locales, urgentes y como demostración que los gobiernos más chicos sí pueden gestionar éxito, con honestidad y valiente gana de construir un Perú libre, justo y culto?

La megalomanía que tiende a creerse la solución o parte mayoritaria de aquella, para los grandes temas nacionales, es una tara que debe superar el elector. Los hombres y mujeres providenciales, de oratoria maravillosa y plazoleta fácil, esos demagogos son agentes de la destrucción y de los pésimos gobiernos.

La víctima mayor, Renzo Reggiardo, fue achicharrado por López Aliaga.

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López Aliaga achicharró a Reggiardo

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14 de junio del 2026

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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
15-6-2026

López Aliaga achicharró a Reggiardo

Nadie puede discutir la feracidad peruana en la producción de dislates, generación de absurdos y cotidianeidad de los más insólitos sucesos, no solo los de la política envilecida sino también en el resto de cosas.

Afloran, además, malos sentimientos, egoísmos indisimulables y taras congénitas. El político, en alto porcentaje, no es tal, apenas un busto parlante e insospechable de ideas porque su cacófono cerebro no va más allá de la satisfacción propia, miope, egoísta.

Dentro de los cálculos y mediciones de su desempeño público, el señor Rafael López Aliaga, ya había ponderado qué significaba dejar la alcaldía de Lima, luego de haber metido a la Municipalidad en compromiso de deudas por los próximos veinte años y múltiples tareas ofrecidas pero inconclusas.

Todo parece indicar que a sabiendas que no ganaría el primer, segundo o tercer puesto, para la presidencia, el señor López Aliaga echó mano a toda clase de motivos para afirmar que le hicieron fraude, que perdió tramposamente y que iba a arder Troya en la mazamorrera capital peruana.

No pudo impedir la segunda vuelta pero la actividad desde la municipalidad a la candidatura del señor López Aliaga, produjo bajas y el achicharramiento total del segundo a bordo: Renzo Reggiardo.

En una seguidilla de sucesos sin fin, Reggiardo declinó o le hicieron abortar la aspiración municipal electiva; asumió la postura jurídica y denuncia de López Aliaga; fue eco eficiente y político de Rafael y en ningún momento discrepó o sostuvo otra posición disímil a la de su mentor.

El achicharramiento de Renzo Reggiardo no puede haber sido más público, total y revelador.

¿Es tarea de los escuderos convertirse en bonzos a vista y paciencia de la ciudadanía limeña?

En breves horas, tal como ha dicho públicamente, López Aliaga anunciará si postula a la alcaldía. Ya no requiere, en absoluto, de Reggiardo que empieza a perder aceleradamente protagonismo. La inercia de la sombra de Rafael, le oculta de manera total.

Otras consideraciones.

La demagogia también se evidencia en los gestos y en los impulsos que tan solo satisfacen intereses minoritarios, minúsculos, para goce privado. Y el concepto de un gobierno municipal es por y para todos los ciudadanos.

La demagogia es una estrategia política que busca ganar el apoyo popular apelando a emociones, prejuicios, miedos y esperanzas, en lugar de utilizar argumentos racionales. Se caracteriza por promesas irreales, discursos simplistas y halagos al pueblo, considerándose una degeneración de la democracia.

El egoísmo es una actitud caracterizada por el amor excesivo e inmoderado hacia uno mismo, que lleva a las personas a priorizar sus propios intereses, necesidades y deseos por encima de los de los demás, a menudo ignorando o perjudicando el bienestar ajeno. Se considera la falta de empatía y la búsqueda de beneficio propio sin consideración externa.

Merced a las antedichas simples definiciones, el señor López Aliaga pensó tan solo en sí mismo y cuanto aconteciera en el municipio o la acción pública, con respecto a Renzo Reggiardo, parece no haberle suscitado, la más mínima preocupación.

Pero las expresiones públicas de López Aliaga y sus postulaciones han sido diversas, incontenibles y persuadieron a sectores ciudadanos que él es -o era-, una buena carta al mando de la Nación.

Sectores fanáticos, conservadores hasta la náusea, acérrimos racistas y despreciadores de cualquier raíz andina, se agruparon bajo el toldo de su fallida candidatura presidencial con predominancia en Lima.

Absurdos estos distintivos discriminadores en una metrópoli que tiene en 85% raíces en los andinos y selváticos departamentos del resto del país. Bien decía Ricardo Palma: quien no tiene de inga, tiene de mandinga.

Los sectores racistas y discriminadores persisten con vituperable constancia en su sentimiento de privilegio, escalafón en el color de la piel, el deletreado del apellido y los billetes que lleva en la alforja. La palabra “emergentes” úsase con reiteración insolente.

El achicharramiento de Reggiardo muestra impúdicamente que los intereses exclusivos de Rafael López Aliaga, priman en sus ambiciones. No son el bien común mayoritario, ni la sanidad citadina o la seguridad, guiones fundamentales de su quehacer político. Primero, segundo y tercero, para don Rafael, es él, luego él, y más adelante, también él.

La segunda vuelta presidencial dio por resultado un país fraccionado pero también el agudo ayuno de instituciones y colectividades. Antes, hasta hace 30 años, se llamaban partidos políticos. Hoy no pasan de clubes angurrientos de los fondos de la franja para sus almuerzos, viajes de turismo, tenidas nuevas y demás chucherías.

¿Seguirá el electorado, para las municipales y regionales, aguantando a mentirosos que prometen el oro y el moro y nada de los grandes proyectos ediles y locales, urgentes y como demostración que los gobiernos más chicos sí pueden gestionar éxito, con honestidad y valiente gana de construir un Perú libre, justo y culto?

La megalomanía que tiende a creerse la solución o parte mayoritaria de aquella, para los grandes temas nacionales, es una tara que debe superar el elector. Los hombres y mujeres providenciales, de oratoria maravillosa y plazoleta fácil, esos demagogos son agentes de la destrucción y de los pésimos gobiernos.

La víctima mayor, Renzo Reggiardo, fue achicharrado por López Aliaga.

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