Política

Clubes electorales o escondrijo de pandilleros

hcmujica@gmail.com
MafiososPolítica
11 de agosto del 2026

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
12-8-2026

Clubes electorales o escondrijo de pandilleros

Casi un axioma irrefutable, en Perú no hay partidos políticos. Son más bien, al modo del civilismo retrógrado, cuchipandas anhelantes de una diputación o senaduría, una alcaldía o puesto en el concejo municipal, un cargo que le resuelva el problema personal y, a lo más, una formalidad que paga todos los fines de mes jugosos emolumentos más honores y protocolos.

¿Cómo –se pregunta el lector y ciudadano común-, tipejos tan desprestigiados, afines a todas las mañas para birlar franjas electorales, dineros non sanctos de traficantes de drogas que pagan sus continuos viajes por todo el país, huérfanos de arrastre electoral, son –otra vez- candidatos?

Los próximos dos meses serán pasarela de los postulantes al sillón edil, las concejalías y las gobernaciones. El antecedente más próximo –e inevitablemente trágico- es el comicio presidencial de abril. Recordar que unos no sacaron ¡ni para el té! es obligatorio.

El hombre y la mujer comunes se interroga ¿y entonces, qué embrujo o atractivo tiene la representación en gentuza que no le gana a nadie?

El elector simple no tiene por qué saber que, no pocas veces, tras esas candidaturas, se esconden negociados, dineros para el lavado hábil de fondos del vicio y porque el modus vivendi de muchos vagos que no trabajan, es aprovechar el esfuerzo ajeno e inocente.

¿Y la cuestión del poder?

No parece la cuestión del poder y la captura de los instrumentos desde los cuales ejercer el poder, un tema central de polémica o propuesta en los clubes electorales. ¡Basta el cargo rentable y sanseacabó!

Quienes sí tienen muy claro que la captura del Estado equivale, en la mayoría de casos, al engrilletamiento del poder con beneficios pingues hacia un reducido grupo de mandones, son los que mueven la economía, distribuyen los préstamos que hace el Estado e imponen las tasas y porcentajes en la venta y comercialización de facilidades financieras o productos. ¡Son los que cortan el jamón en Perú!

¿Qué hacen nuestros clubes electorales? Nada importante. Se devanan los sesos pensando en candidaturas y no pocos viven autoengañados de sus “carismas”, atractivos, dotes o lo que ellos reputan como virtudes para encandilar al electorado.

En Perú el asunto es muy serio porque hay individuos que no son conocidos ¡ni en sus casas! pero tienen sueños de opio y droga alucinógena.

No se trata sólo de la captura del Estado y algo de poder sino de promover una acción en beneficio de las grandes colectividades. De lo contrario podríamos felicitar a los que sí saben qué y cómo lo obtienen que son minúsculas colectividades acostumbradas al lucro del capitalismo salvaje, al irrespeto a las leyes laborales amparadas en la llamada Carta Magna de 1993.

Si los clubes electorales, de probada miopía censurable, no son más que refugio de caza-puestos, ¿qué hacen los sindicatos o grandes corporaciones de trabajadores?

A partir del primer gobierno de Fujimori y su política antilaboral, los colectivos empezaron a amainar su influencia hasta casi desaparecer y figurar tan solo en el papel.

¿Podrían hoy, con nuevo gobierno muy a la diestra inflexible y dura, todas las centrales convocar a un paro general como el acontecido el 19 de julio de 1977? Me temo que la respuesta es negativa. Falta de fuerza, respaldo y efectividad, signan hoy el pálido actuar de las organizaciones de base.

¿Es importante definir para qué se quiere ganar elecciones y colocar a representantes al Congreso y al Ejecutivo, municipalidades y gobernaciones? Sin duda que sí. Ocurre que la pereza intelectual y de propuesta de los clubes electorales, a veces llamados partidos políticos, garantiza una mísera polémica en torno al acápite.

La “política real” –real politik- es aquella que ofrece el sistema, cuando el incendiario en las calles, pasa a ser el bombero en la curul o en la silla ministerial. Entonces las esperanzas de pan con libertad y justicia social entran en coma inducido y ¡a acomodarse con los mandones de turno!

Mientras que los intelectuales o estudiosos de los clubes electorales escondan sus “ambiciones” a arreglar sus fines de mes y las ollas privadas, no habrá despertar de la conciencia en los partidos que debieran ser escuela de funcionarios honestos y en favor de las mayorías nacionales.

Llamar la atención sobre un territorio cuasi ignorado en nuestros días, la cuestión del poder, constituye un deber ineludible. Que los poderosos no quieran hacerlo se puede entender como una elusión mañosa, pero que quienes pretenden hacer obra y hacerlo con honradez, se hagan los bobos, sí que es un crimen contra la sociedad. ¡Imperdonable!

Dramático reconocer que un país que no educa en valores, instruye en la honestidad imprescindible en la cosa pública, carente del respeto mínimo hacia la ley y a las normas, sigue un ineluctable camino al desastre. Perú la tiene difícil. No hay duda.

Por tanto, urge la reflexión y actitud integral de los pensantes que no pueden, so pena de ser llamados claudicantes y cobardes, cejar en la construcción de un país justo porque ese es el mandato de su historia y de la democracia de pan y libertad.

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
12-8-2026

Clubes electorales o escondrijo de pandilleros

Casi un axioma irrefutable, en Perú no hay partidos políticos. Son más bien, al modo del civilismo retrógrado, cuchipandas anhelantes de una diputación o senaduría, una alcaldía o puesto en el concejo municipal, un cargo que le resuelva el problema personal y, a lo más, una formalidad que paga todos los fines de mes jugosos emolumentos más honores y protocolos.

¿Cómo –se pregunta el lector y ciudadano común-, tipejos tan desprestigiados, afines a todas las mañas para birlar franjas electorales, dineros non sanctos de traficantes de drogas que pagan sus continuos viajes por todo el país, huérfanos de arrastre electoral, son –otra vez- candidatos?

Los próximos dos meses serán pasarela de los postulantes al sillón edil, las concejalías y las gobernaciones. El antecedente más próximo –e inevitablemente trágico- es el comicio presidencial de abril. Recordar que unos no sacaron ¡ni para el té! es obligatorio.

El hombre y la mujer comunes se interroga ¿y entonces, qué embrujo o atractivo tiene la representación en gentuza que no le gana a nadie?

El elector simple no tiene por qué saber que, no pocas veces, tras esas candidaturas, se esconden negociados, dineros para el lavado hábil de fondos del vicio y porque el modus vivendi de muchos vagos que no trabajan, es aprovechar el esfuerzo ajeno e inocente.

¿Y la cuestión del poder?

No parece la cuestión del poder y la captura de los instrumentos desde los cuales ejercer el poder, un tema central de polémica o propuesta en los clubes electorales. ¡Basta el cargo rentable y sanseacabó!

Quienes sí tienen muy claro que la captura del Estado equivale, en la mayoría de casos, al engrilletamiento del poder con beneficios pingues hacia un reducido grupo de mandones, son los que mueven la economía, distribuyen los préstamos que hace el Estado e imponen las tasas y porcentajes en la venta y comercialización de facilidades financieras o productos. ¡Son los que cortan el jamón en Perú!

¿Qué hacen nuestros clubes electorales? Nada importante. Se devanan los sesos pensando en candidaturas y no pocos viven autoengañados de sus “carismas”, atractivos, dotes o lo que ellos reputan como virtudes para encandilar al electorado.

En Perú el asunto es muy serio porque hay individuos que no son conocidos ¡ni en sus casas! pero tienen sueños de opio y droga alucinógena.

No se trata sólo de la captura del Estado y algo de poder sino de promover una acción en beneficio de las grandes colectividades. De lo contrario podríamos felicitar a los que sí saben qué y cómo lo obtienen que son minúsculas colectividades acostumbradas al lucro del capitalismo salvaje, al irrespeto a las leyes laborales amparadas en la llamada Carta Magna de 1993.

Si los clubes electorales, de probada miopía censurable, no son más que refugio de caza-puestos, ¿qué hacen los sindicatos o grandes corporaciones de trabajadores?

A partir del primer gobierno de Fujimori y su política antilaboral, los colectivos empezaron a amainar su influencia hasta casi desaparecer y figurar tan solo en el papel.

¿Podrían hoy, con nuevo gobierno muy a la diestra inflexible y dura, todas las centrales convocar a un paro general como el acontecido el 19 de julio de 1977? Me temo que la respuesta es negativa. Falta de fuerza, respaldo y efectividad, signan hoy el pálido actuar de las organizaciones de base.

¿Es importante definir para qué se quiere ganar elecciones y colocar a representantes al Congreso y al Ejecutivo, municipalidades y gobernaciones? Sin duda que sí. Ocurre que la pereza intelectual y de propuesta de los clubes electorales, a veces llamados partidos políticos, garantiza una mísera polémica en torno al acápite.

La “política real” –real politik- es aquella que ofrece el sistema, cuando el incendiario en las calles, pasa a ser el bombero en la curul o en la silla ministerial. Entonces las esperanzas de pan con libertad y justicia social entran en coma inducido y ¡a acomodarse con los mandones de turno!

Mientras que los intelectuales o estudiosos de los clubes electorales escondan sus “ambiciones” a arreglar sus fines de mes y las ollas privadas, no habrá despertar de la conciencia en los partidos que debieran ser escuela de funcionarios honestos y en favor de las mayorías nacionales.

Llamar la atención sobre un territorio cuasi ignorado en nuestros días, la cuestión del poder, constituye un deber ineludible. Que los poderosos no quieran hacerlo se puede entender como una elusión mañosa, pero que quienes pretenden hacer obra y hacerlo con honradez, se hagan los bobos, sí que es un crimen contra la sociedad. ¡Imperdonable!

Dramático reconocer que un país que no educa en valores, instruye en la honestidad imprescindible en la cosa pública, carente del respeto mínimo hacia la ley y a las normas, sigue un ineluctable camino al desastre. Perú la tiene difícil. No hay duda.

Por tanto, urge la reflexión y actitud integral de los pensantes que no pueden, so pena de ser llamados claudicantes y cobardes, cejar en la construcción de un país justo porque ese es el mandato de su historia y de la democracia de pan y libertad.

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

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