
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
6-8-2026
Picardías y conductas torcidas
La renuncia irrevocable del señor Luis Rubio a la candidatura a alcalde por Renovación Popular, deja libre de obstáculos a Rafael López Aliaga, portulante a primer regidor en esa colectividad.
Que López Aliaga pretenda desacreditar o analizar cualquier escrutinio profundo en la oportunidad de la renuncia, lo satisfactorio para alguien y su forma de hacer política, tampoco parece algo ajeno a un diseño más o menos bien estructurado. Y efectivo.
El señor Burneo, del JNE, afirma que, sortilegio y toneladas de razones de por medio, que se debería revisar el asunto de la no reelección. Curioso que una de las herramientas preferidas de los sectores más retrógrados peruanos, el atornillamiento en los cargos, tenga un defensor en puesto tan importante.
Las picardías y las conductas torcidas poseen permanencia insolente en todos los ámbitos de la vida peruana.
López Aliaga no “aceptó” la senaduría que un sector -hoy defraudado- importante de ciudadanos que votaron por él. Y optó por ser candidato a alcalde. Le dijeron que no podía y se ubicó como primer regidor en la lista de Luis Rubio que ya no está. Los enroques muy oportunos ¿no es cierto?
La renovación es lo que exige Perú. Dinosaurios de todos los pelajes han vuelto al Congreso. A otros, la indiferencia los sepultó aunque anden de visita pertinaz ofreciendo su “experiencia” y ofreciéndose como Mesalinas al nuevo gobierno.
Leamos algunos conceptos interesantes sobre renovación.
En la Constitución mexicana de 1917, se estableció en su artículo 83, la no reelección de los presidentes de la República. México revolucionario fue un ejemplo de la lucha protestante de su pueblo.
Aquí debiéramos aplicar la no reelección al Congreso, alcaldías, gobernaciones. Quien postula para seguir gozando de las mieles que da el cargo, protocolo, tráfico de influencias, engreimientos y trasgresiones a la ley, le roba el puesto a gente honrada que tiene que servir al país.
¿Qué hace tanto idiota, año tras año, lustro tras lustro, década tras década, en el Congreso, calentando butacas o en las inmediaciones merodeando Palacio? Y ocurre lo propio en los sillones ediles cuanto que en las gobernaciones regionales.
Otro tanto se puede decir de los mandos edilicios.
Qué ¿no pueden servir desde otros puestos con patriotismo y honestidad al pueblo peruano?
¿O son otras las fórmulas no confesadas -pero reales, demasiado reales- las que impelen a hacerse viejos –y siempre mediocres-, cobrando de la cansada ubre del Estado?
La verdad genuina, raigal y maciza es que los sangrones han hecho del palco público un modus vivendi y cada quien se transforma en ministerio de favores con patas, escalafón de tarifas, batallones de asesores y tropas de secretarias.
Contra la expresa voluntad de más de 16 millones de peruanos que abominaron de la reelección en el referéndum del 2018, apenas 120 personas, representantes de nada en el Congreso, reinstauraron el Senado y la reelección.
Los congresistas y presidentes, alcaldes, regidores y presidentes regionales sólo deben serlo por una vez y luego sus enseñanzas deben revertir, como pago a las colectividades que les llevaron a cimas altas, en forma de adiestramiento a los más jóvenes para asegurar un futuro genuinamente renovador, de empuje y savia, de contenido, retos y respuestas.
¿O acaso nos quieren hacer creer que aún hay hombres o mujeres “providenciales”, “catalizadores” de la voluntad de sus bases, vectores únicos y sagrados a quienes la grey sólo tiene el deber de ungir en las alturas pública? Se sirve al pueblo desde arriba o desde abajo.
En su inmensa mayoría parlamentarios a las derechas, las minorías a las siniestras, tampoco han mostrado habilidad, ciencia o conciencia. Banales y mediocres.
¿Han cumplido los legisladores en su trabajo por la soberanía popular para afianzar la custodia de la soberanía nacional y en defensa de los recursos naturales y en pro de una industria con valor agregado, capacidad exportadora y promoción del liderazo juvenil, en Costa, Sierra y Selva?
Bien advertía don Manuel González Prada en Los honorables, Bajo el oprobio, 1914:
“El congresante nacional no es un hombre sino un racimo humano. Poco satisfecho de conseguir para sí judicaturas, vocalías, plenipotencias, consulados, tesorerías fiscales, prefecturas, etc; demanda lo mismo, y acaso más, para su interminable séquito de parientes sanguíneos y consanguíneos, compadres, ahijados, amigos, correligionarios, convecinos, acreedores, etc. Verdadera calamidad de las oficinas públicas, señaladamente los ministerios, el honorable asedia, fatiga y encocora a todo el mundo, empezando con el ministro y acabando con el portero. Vence a garrapatas, ladillas, pulgas penetrantes, romadizo crónico y fiebres incurables. Si no pide la destitución de un subprefecto, exige el cambio de alguna institutriz, y si no demanda los medios de asegurar su reelección, mendiga el adelanto de dietas o el pago de una deuda imaginaria. Donde entra, saca algo. Hay que darle gusto: si de la mayoría, para conservarle; si de la minoría, para ganarle. Dádivas quebrantan penas, y ¿cómo no ablandarán a senadores y diputados?”.
La nación exige cambio y renovación. Una fórmula sensata y cuasi obligatoria es licenciar a no pocos saltimbanquis a quienes mantiene por años de años el Estado.
Es decir, el dinero del contribuyente tiene derecho a fulminar y enviar a su casa a quienes no le producen bienestar, dignidad, limpieza en la ejecutoria pública y actitud sin tacha.
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
6-8-2026
Picardías y conductas torcidas
La renuncia irrevocable del señor Luis Rubio a la candidatura a alcalde por Renovación Popular, deja libre de obstáculos a Rafael López Aliaga, portulante a primer regidor en esa colectividad.
Que López Aliaga pretenda desacreditar o analizar cualquier escrutinio profundo en la oportunidad de la renuncia, lo satisfactorio para alguien y su forma de hacer política, tampoco parece algo ajeno a un diseño más o menos bien estructurado. Y efectivo.
El señor Burneo, del JNE, afirma que, sortilegio y toneladas de razones de por medio, que se debería revisar el asunto de la no reelección. Curioso que una de las herramientas preferidas de los sectores más retrógrados peruanos, el atornillamiento en los cargos, tenga un defensor en puesto tan importante.
Las picardías y las conductas torcidas poseen permanencia insolente en todos los ámbitos de la vida peruana.
López Aliaga no “aceptó” la senaduría que un sector -hoy defraudado- importante de ciudadanos que votaron por él. Y optó por ser candidato a alcalde. Le dijeron que no podía y se ubicó como primer regidor en la lista de Luis Rubio que ya no está. Los enroques muy oportunos ¿no es cierto?
La renovación es lo que exige Perú. Dinosaurios de todos los pelajes han vuelto al Congreso. A otros, la indiferencia los sepultó aunque anden de visita pertinaz ofreciendo su “experiencia” y ofreciéndose como Mesalinas al nuevo gobierno.
Leamos algunos conceptos interesantes sobre renovación.
En la Constitución mexicana de 1917, se estableció en su artículo 83, la no reelección de los presidentes de la República. México revolucionario fue un ejemplo de la lucha protestante de su pueblo.
Aquí debiéramos aplicar la no reelección al Congreso, alcaldías, gobernaciones. Quien postula para seguir gozando de las mieles que da el cargo, protocolo, tráfico de influencias, engreimientos y trasgresiones a la ley, le roba el puesto a gente honrada que tiene que servir al país.
¿Qué hace tanto idiota, año tras año, lustro tras lustro, década tras década, en el Congreso, calentando butacas o en las inmediaciones merodeando Palacio? Y ocurre lo propio en los sillones ediles cuanto que en las gobernaciones regionales.
Otro tanto se puede decir de los mandos edilicios.
Qué ¿no pueden servir desde otros puestos con patriotismo y honestidad al pueblo peruano?
¿O son otras las fórmulas no confesadas -pero reales, demasiado reales- las que impelen a hacerse viejos –y siempre mediocres-, cobrando de la cansada ubre del Estado?
La verdad genuina, raigal y maciza es que los sangrones han hecho del palco público un modus vivendi y cada quien se transforma en ministerio de favores con patas, escalafón de tarifas, batallones de asesores y tropas de secretarias.
Contra la expresa voluntad de más de 16 millones de peruanos que abominaron de la reelección en el referéndum del 2018, apenas 120 personas, representantes de nada en el Congreso, reinstauraron el Senado y la reelección.
Los congresistas y presidentes, alcaldes, regidores y presidentes regionales sólo deben serlo por una vez y luego sus enseñanzas deben revertir, como pago a las colectividades que les llevaron a cimas altas, en forma de adiestramiento a los más jóvenes para asegurar un futuro genuinamente renovador, de empuje y savia, de contenido, retos y respuestas.
¿O acaso nos quieren hacer creer que aún hay hombres o mujeres “providenciales”, “catalizadores” de la voluntad de sus bases, vectores únicos y sagrados a quienes la grey sólo tiene el deber de ungir en las alturas pública? Se sirve al pueblo desde arriba o desde abajo.
En su inmensa mayoría parlamentarios a las derechas, las minorías a las siniestras, tampoco han mostrado habilidad, ciencia o conciencia. Banales y mediocres.
¿Han cumplido los legisladores en su trabajo por la soberanía popular para afianzar la custodia de la soberanía nacional y en defensa de los recursos naturales y en pro de una industria con valor agregado, capacidad exportadora y promoción del liderazo juvenil, en Costa, Sierra y Selva?
Bien advertía don Manuel González Prada en Los honorables, Bajo el oprobio, 1914:
“El congresante nacional no es un hombre sino un racimo humano. Poco satisfecho de conseguir para sí judicaturas, vocalías, plenipotencias, consulados, tesorerías fiscales, prefecturas, etc; demanda lo mismo, y acaso más, para su interminable séquito de parientes sanguíneos y consanguíneos, compadres, ahijados, amigos, correligionarios, convecinos, acreedores, etc. Verdadera calamidad de las oficinas públicas, señaladamente los ministerios, el honorable asedia, fatiga y encocora a todo el mundo, empezando con el ministro y acabando con el portero. Vence a garrapatas, ladillas, pulgas penetrantes, romadizo crónico y fiebres incurables. Si no pide la destitución de un subprefecto, exige el cambio de alguna institutriz, y si no demanda los medios de asegurar su reelección, mendiga el adelanto de dietas o el pago de una deuda imaginaria. Donde entra, saca algo. Hay que darle gusto: si de la mayoría, para conservarle; si de la minoría, para ganarle. Dádivas quebrantan penas, y ¿cómo no ablandarán a senadores y diputados?”.
La nación exige cambio y renovación. Una fórmula sensata y cuasi obligatoria es licenciar a no pocos saltimbanquis a quienes mantiene por años de años el Estado.
Es decir, el dinero del contribuyente tiene derecho a fulminar y enviar a su casa a quienes no le producen bienestar, dignidad, limpieza en la ejecutoria pública y actitud sin tacha.


