Política

¡Termina intoxicación electoral!

hcmujica@gmail.com
intoxicaciónelectoral
2 de octubre del 2026

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
3-10-2026

¡Termina intoxicación electoral!

Reputado el sistema de votos, para elegir autoridades, como una muestra excelsa de la democracia, Perú ha resentido, este 2026, el impacto intoxicante de dos justas: la presidencial y la municipal y regional que termina, felizmente, mañana.

Listas hasta para regalar, débiles mentales y pícaros conocidos, reeleccionistas y vividores, atrabiliarios mediocres, menudearon como postulantes a ocupar cargos. La débil y estrambótica democracia que sufrimos los peruanos ¡es obra de los electores, es decir, somos los culpables!

Anacrónicos y sospechosos de haberse robado fondos públicos o exaccionado de contratos con nombre y apellido, deberían ser despedidos por los votantes para ¡nunca más volver! Los mismos apellidos, ofertas idénticas y ganas de birlar dineros ajenos ¡pamplinas. La democracia también tiene el derecho de reinventarse, desechando a los rufianes y limpiando sus procedimientos.

En ¿Es la democracia un negocio?, del 3-9-2013, http://www.voltairenet.org/article180068.html?var_mode=calcul , insistí pioneramente en consideraciones dignas, por lo menos, de análisis. Leamos.

“A los ya menguados y anémicos soles de mi faltriquera debí robarle unos más para imprimir un texto de Andina y que tiene por largo título, el siguiente: PNUD, financiamiento público a partidos debe verse como una inversión para asegurar la democracia y fue la funcionaria de NNUU Rebeca Arias, a quien voy a cobrarle algún día.

Debo confesar que ignoraba que la democracia fuera un negocio. De ser así aquello a que reputan como sistema de ese jaez, ha sido una de las engañifas masivas más atroces que pueblo alguno padezca a lo largo de más de 180 años de vida republicana. Tiranos, raterillos, rufianes, payasos, claudicantes, pirañas, dictadores, mentirosos patológicos, serviles, con las rarísimas excepciones que confirman la regla, han sido los habituales "referentes" de nuestra atribulada vida política.

Doña Rebeca dice así: "el financiamiento público no debe considerarse un gasto, sino más bien una inversión en el fortalecimiento de la democracia; es importante que así lo entienda la población", refirió".

En castellano mondo y lirondo esto significa que el pueblo peruano pagará las campañas electorales de los llamados partidos políticos que no pasan -como hemos dicho múltiples veces- de clubes electorales, parvadas hambrientas por nutrirse de la cansada ubre del Estado que 30 millones de personas mantienen con sus impuestos. Hasta hace poco cada agrupación buscaba los fondos debajo del colchón, avisaba a los amigos narcotraficantes, o cobraba porcentajes por los favores otorgados durante su paso por Palacio, en forma de honorarios por "conferencias" y llevaba a sus representantes a Plaza Bolívar y a Palacio.

Volvamos a la señora Arias: "el financiamiento público a los partidos forma parte de un paquete de reformas políticas y electorales que requiere el país". En otra parte de sus declaraciones afirma con rotundidad convicta: "Arias precisó que la entrega de recursos estatales a los partidos políticos permitirá que las colectividades políticas puedan institucionalizarse, tener una presencia real a nivel nacional, formar a sus cuadros partidarios y, sobre todo, evitará el ingreso de dineros ilícitos en la política."

Todas las maravillas antedichas en el párrafo anterior, según Rebeca Arias, se lograrán merced al financiamiento -bolsillo de 30 millones de peruanos- público. ¿Será verdad tanta belleza? Tengo algunos reparos y no hay que ser demasiado exigente como para desdeñar algunas sospechas.

Es evidente que el financiamiento sería una reforma porque ahora las campañas serán de un ahorro mayestático e histórico para quienes, de tatarabuelos a bisnietos, en todos los clubes electorales, antiguos o nuevos, se consideran con el "derecho" de ser diputados -y de repente senadores- o ministros o presidentes del sufrido Perú. Que lo pague el pueblo ¿quién otro? pareciera decirse.

¿Se institucionalizarán los clubes electorales y adquirirán personería nacional, formarán sus cuadros y evitarán el ingreso de dineros ilícitos en la política? ¿Qué van a hacer: comprar delegados en todas las provincias que levanten sus banderines o lemas ramplones? ¿van a -al estilo de múltiples organizaciones que justifican así sus gastos contables- organizar fórums, charlas, vigilias, humoradas, marchas y campañitas, para formar sus "cuadros partidarios"?

No pocas veces, de forma mañosa, por imposición de contratos leoninos o maniobras desde los gobiernos, el pueblo peruano pagó por la construcción de obras que debieron ser parte de la inversión de quienes se llevaron la parte del león: verbi gracia, gasoducto de Camisea cuyos fondos salieron de los recibos de luz sufragados por el pueblo. Ahora se nos propone que también financiemos las campañas de capituleros especializados en el asalto del Estado como comportamiento natural y añejo.

¡Cómo faltan las voces protestantes y cuestionadoras! ¡Aquí se embuten sistemas y la gran prensa calla en todos los idiomas! ¿Cree usted que los clubes electorales, directos beneficiarios de estos suculentos y futuros fondos, dirán algo en protesta? ¡Primero llueve para arriba o nos invaden hombres y mujeres decentes capaces de hacer la gran transformación y conseguir la victoria que nos debe el porvenir!

¿Qué dice usted?”

Tiempos de cambio y de reflexión rebelde y altiva. ¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

 

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2 de octubre del 2026

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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
3-10-2026

¡Termina intoxicación electoral!

Reputado el sistema de votos, para elegir autoridades, como una muestra excelsa de la democracia, Perú ha resentido, este 2026, el impacto intoxicante de dos justas: la presidencial y la municipal y regional que termina, felizmente, mañana.

Listas hasta para regalar, débiles mentales y pícaros conocidos, reeleccionistas y vividores, atrabiliarios mediocres, menudearon como postulantes a ocupar cargos. La débil y estrambótica democracia que sufrimos los peruanos ¡es obra de los electores, es decir, somos los culpables!

Anacrónicos y sospechosos de haberse robado fondos públicos o exaccionado de contratos con nombre y apellido, deberían ser despedidos por los votantes para ¡nunca más volver! Los mismos apellidos, ofertas idénticas y ganas de birlar dineros ajenos ¡pamplinas. La democracia también tiene el derecho de reinventarse, desechando a los rufianes y limpiando sus procedimientos.

En ¿Es la democracia un negocio?, del 3-9-2013, http://www.voltairenet.org/article180068.html?var_mode=calcul , insistí pioneramente en consideraciones dignas, por lo menos, de análisis. Leamos.

“A los ya menguados y anémicos soles de mi faltriquera debí robarle unos más para imprimir un texto de Andina y que tiene por largo título, el siguiente: PNUD, financiamiento público a partidos debe verse como una inversión para asegurar la democracia y fue la funcionaria de NNUU Rebeca Arias, a quien voy a cobrarle algún día.

Debo confesar que ignoraba que la democracia fuera un negocio. De ser así aquello a que reputan como sistema de ese jaez, ha sido una de las engañifas masivas más atroces que pueblo alguno padezca a lo largo de más de 180 años de vida republicana. Tiranos, raterillos, rufianes, payasos, claudicantes, pirañas, dictadores, mentirosos patológicos, serviles, con las rarísimas excepciones que confirman la regla, han sido los habituales "referentes" de nuestra atribulada vida política.

Doña Rebeca dice así: "el financiamiento público no debe considerarse un gasto, sino más bien una inversión en el fortalecimiento de la democracia; es importante que así lo entienda la población", refirió".

En castellano mondo y lirondo esto significa que el pueblo peruano pagará las campañas electorales de los llamados partidos políticos que no pasan -como hemos dicho múltiples veces- de clubes electorales, parvadas hambrientas por nutrirse de la cansada ubre del Estado que 30 millones de personas mantienen con sus impuestos. Hasta hace poco cada agrupación buscaba los fondos debajo del colchón, avisaba a los amigos narcotraficantes, o cobraba porcentajes por los favores otorgados durante su paso por Palacio, en forma de honorarios por "conferencias" y llevaba a sus representantes a Plaza Bolívar y a Palacio.

Volvamos a la señora Arias: "el financiamiento público a los partidos forma parte de un paquete de reformas políticas y electorales que requiere el país". En otra parte de sus declaraciones afirma con rotundidad convicta: "Arias precisó que la entrega de recursos estatales a los partidos políticos permitirá que las colectividades políticas puedan institucionalizarse, tener una presencia real a nivel nacional, formar a sus cuadros partidarios y, sobre todo, evitará el ingreso de dineros ilícitos en la política."

Todas las maravillas antedichas en el párrafo anterior, según Rebeca Arias, se lograrán merced al financiamiento -bolsillo de 30 millones de peruanos- público. ¿Será verdad tanta belleza? Tengo algunos reparos y no hay que ser demasiado exigente como para desdeñar algunas sospechas.

Es evidente que el financiamiento sería una reforma porque ahora las campañas serán de un ahorro mayestático e histórico para quienes, de tatarabuelos a bisnietos, en todos los clubes electorales, antiguos o nuevos, se consideran con el "derecho" de ser diputados -y de repente senadores- o ministros o presidentes del sufrido Perú. Que lo pague el pueblo ¿quién otro? pareciera decirse.

¿Se institucionalizarán los clubes electorales y adquirirán personería nacional, formarán sus cuadros y evitarán el ingreso de dineros ilícitos en la política? ¿Qué van a hacer: comprar delegados en todas las provincias que levanten sus banderines o lemas ramplones? ¿van a -al estilo de múltiples organizaciones que justifican así sus gastos contables- organizar fórums, charlas, vigilias, humoradas, marchas y campañitas, para formar sus "cuadros partidarios"?

No pocas veces, de forma mañosa, por imposición de contratos leoninos o maniobras desde los gobiernos, el pueblo peruano pagó por la construcción de obras que debieron ser parte de la inversión de quienes se llevaron la parte del león: verbi gracia, gasoducto de Camisea cuyos fondos salieron de los recibos de luz sufragados por el pueblo. Ahora se nos propone que también financiemos las campañas de capituleros especializados en el asalto del Estado como comportamiento natural y añejo.

¡Cómo faltan las voces protestantes y cuestionadoras! ¡Aquí se embuten sistemas y la gran prensa calla en todos los idiomas! ¿Cree usted que los clubes electorales, directos beneficiarios de estos suculentos y futuros fondos, dirán algo en protesta? ¡Primero llueve para arriba o nos invaden hombres y mujeres decentes capaces de hacer la gran transformación y conseguir la victoria que nos debe el porvenir!

¿Qué dice usted?”

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