
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
14-5-2026
¿Es Petroperú empresa enemiga?
Del estilo filudo, rabioso, ácido con que numerosos vendepatria, abogángsteres, publicistas disfrazados de tecnócratas y la complicidad de los miedos de comunicación, podría deducirse que Petroperú representa la cabecera de playa del enemigo, un agente perverso del mal y una pústula a la que hay que quebrar ¡a como dé lugar!
¿Y qué se les ha ocurrido a los traidores? Pues nada más, ni nada menos, que repetir cuanto ocurrió en 1996 cuando Kenya Fujimori remató a US$ 186 millones de dólares Refinería La Pampilla a la española Repsol
Repsol es la empresa que pocos años atrás derramó ingentes cantidades de petróleo en el mar del norte chico, produciendo daños hasta hoy no revelados del todo, pero envenando la vida marina, llevando a la quiebra al turismo y a los emprendimientos comerciales de la zona.
No solo eso. Repsol refina combustibles que vende al Perú a precio internacional.
Hoy se pretende envilecer más la controvertida imagen de Petroperú para rematar a precio vergonzoso su activo más importante: Refinería Talara, una de las diez más modernas del mundo.
Los sabios asalariados inundan los sets de televisión, las plataformas radiales y prensa escrita con sus mensajes apocalípticos con una sola conclusión: hay que vender Petroperú porque causa “pérdidas” al Estado peruano.
¿A quién pertenece, o mejor dicho, cómo se construyó y mantiene Petroperú y sus activos? Al pueblo peruano que con sus impuestos fleta una empresa que surte de combustible a medio Perú, en zonas donde la empresa privada no llega.
¿Cuánto debe el Estado peruano a Petroperú? Son varios miles de millones de soles que NO se pagan ni se honran. Es decir, manos negras, siguen impidiendo que la empresa cuente con ese dinero muy necesario. De eso no hablan los traidores.
¿Es tan difícil vigilar, auditar, supervisar, al milímetro, el buen y óptimo funcionamiento de una empresa tan importante como Petroperú?
O se trata que un examen exhaustivo revelará negociados, nombres y apellidos de abogángsteres, presidentes episódicos, cómplices en el siniestro propósito de hundir a la empresa para venderla a sus futuros o actuales (por lo bajo), empleadores?
¿Cuántos años se mantuvo la venta de residuales que convirtió en multimillonarios a varios funcionarios de Petroperú?
¿Confíaría usted en esos señoritingos tan duros con Petroperú, pero silenciosos con otras empresas que hacen robo y medio, incurren en abusos laborales, violan la soberanía peruana y favorecen a potencias foráneas que ya han instalados sus laboratorios de pruebas aquí?
Chile y Colombia, careciendo de petróleo, tienen empresas que dictan el manejo de los combustibles e hidrocarburos y son indiscutiblemente estatales.
Solo un bobo o escaso de cerebro, pretendería que Petroperú sea absolutamente estatal. Descuidar la tecnología, capital y mejor adelanto de las empresas extranjeras es un deber, así como lo es saber negociar, favoreciendo al trabajador y al Estado peruano cuando se formalizan las reglas del juego.
Asimismo ¿por qué la administración de Petroperú ha sido tan mala y caótica? Las auditorías forenses debieran ser públicas y el relato de los crímenes, sus autores y operadores, también. ¿Qué impide castigar a los irresponsables ladrones de alto vuelo?
Es que, y eso no lo dicen los implicados, si alguien suelta la lengua, empiezan a figurar prohombres, notables, magistrados, ex ministros, generales, Sansón y todos los filisteos, porque en esta área los negocios no fueron por miles sino por cientos de millones de dólares.
Eso explica la angurria de los operadores y la prisa que tienen porque Petroperú se derrumbe como un castillo de naipes al gusto de los futuros compradores.
La insólita mudez de los clubes electorales en torno a la materia comienza por una ignorancia clamorosa. Luego, están los intereses creados de los parientes y el “apellido” construido por las fantasías televisivas, radiales o impresos. Es una “herencia” que -dicen- hay que proteger.
En el festín, los grandazos tienen a operadores y estos a sus alfiles cuya remuneraciones son nada despreciables.
No se olvide a los grandes bufetes de abogángsteres, esos que estudiaron leyes para violarlas vía sus oficios, recursos, denuncias y demás adefesios legales cuando se trata de dar forma correcta a robos y exacciones.
¿Qué han dicho los clubes electorales en torno al gasoducto del sur paralizado desde hace años y luego del accidente en Megantoni, Camisea, que produjo una crisis energética aún sin medición de los daños? ¡Nada de nada!
El nuestro es un país extraño, no son los enemigos o infiltrados o los espías o felones, los que nos hacen daño. No, ¡es nuestra propia recua de colonos mentales que piensan para afuera y cómo favorecer a terceros o cuartos! El hombre del pueblo, su hambre y carencias, ¡no tienen la más mínima importancia para estos desclasados!
No pocas veces la cacareada estabilidad jurídica y paz laboral, han sido pretexto para asaltos legales, juicios del Estado perdidos o arbitrajes millonarios también perdidos por el Estado peruano, la nota trágica contra nuestros intereses. ¿Se preocupa la prensa por estos acápites de vergüenza y deshonor? ¡Bah, son “pamplinas”, dicen!
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
14-5-2026
¿Es Petroperú empresa enemiga?
Del estilo filudo, rabioso, ácido con que numerosos vendepatria, abogángsteres, publicistas disfrazados de tecnócratas y la complicidad de los miedos de comunicación, podría deducirse que Petroperú representa la cabecera de playa del enemigo, un agente perverso del mal y una pústula a la que hay que quebrar ¡a como dé lugar!
¿Y qué se les ha ocurrido a los traidores? Pues nada más, ni nada menos, que repetir cuanto ocurrió en 1996 cuando Kenya Fujimori remató a US$ 186 millones de dólares Refinería La Pampilla a la española Repsol
Repsol es la empresa que pocos años atrás derramó ingentes cantidades de petróleo en el mar del norte chico, produciendo daños hasta hoy no revelados del todo, pero envenando la vida marina, llevando a la quiebra al turismo y a los emprendimientos comerciales de la zona.
No solo eso. Repsol refina combustibles que vende al Perú a precio internacional.
Hoy se pretende envilecer más la controvertida imagen de Petroperú para rematar a precio vergonzoso su activo más importante: Refinería Talara, una de las diez más modernas del mundo.
Los sabios asalariados inundan los sets de televisión, las plataformas radiales y prensa escrita con sus mensajes apocalípticos con una sola conclusión: hay que vender Petroperú porque causa “pérdidas” al Estado peruano.
¿A quién pertenece, o mejor dicho, cómo se construyó y mantiene Petroperú y sus activos? Al pueblo peruano que con sus impuestos fleta una empresa que surte de combustible a medio Perú, en zonas donde la empresa privada no llega.
¿Cuánto debe el Estado peruano a Petroperú? Son varios miles de millones de soles que NO se pagan ni se honran. Es decir, manos negras, siguen impidiendo que la empresa cuente con ese dinero muy necesario. De eso no hablan los traidores.
¿Es tan difícil vigilar, auditar, supervisar, al milímetro, el buen y óptimo funcionamiento de una empresa tan importante como Petroperú?
O se trata que un examen exhaustivo revelará negociados, nombres y apellidos de abogángsteres, presidentes episódicos, cómplices en el siniestro propósito de hundir a la empresa para venderla a sus futuros o actuales (por lo bajo), empleadores?
¿Cuántos años se mantuvo la venta de residuales que convirtió en multimillonarios a varios funcionarios de Petroperú?
¿Confíaría usted en esos señoritingos tan duros con Petroperú, pero silenciosos con otras empresas que hacen robo y medio, incurren en abusos laborales, violan la soberanía peruana y favorecen a potencias foráneas que ya han instalados sus laboratorios de pruebas aquí?
Chile y Colombia, careciendo de petróleo, tienen empresas que dictan el manejo de los combustibles e hidrocarburos y son indiscutiblemente estatales.
Solo un bobo o escaso de cerebro, pretendería que Petroperú sea absolutamente estatal. Descuidar la tecnología, capital y mejor adelanto de las empresas extranjeras es un deber, así como lo es saber negociar, favoreciendo al trabajador y al Estado peruano cuando se formalizan las reglas del juego.
Asimismo ¿por qué la administración de Petroperú ha sido tan mala y caótica? Las auditorías forenses debieran ser públicas y el relato de los crímenes, sus autores y operadores, también. ¿Qué impide castigar a los irresponsables ladrones de alto vuelo?
Es que, y eso no lo dicen los implicados, si alguien suelta la lengua, empiezan a figurar prohombres, notables, magistrados, ex ministros, generales, Sansón y todos los filisteos, porque en esta área los negocios no fueron por miles sino por cientos de millones de dólares.
Eso explica la angurria de los operadores y la prisa que tienen porque Petroperú se derrumbe como un castillo de naipes al gusto de los futuros compradores.
La insólita mudez de los clubes electorales en torno a la materia comienza por una ignorancia clamorosa. Luego, están los intereses creados de los parientes y el “apellido” construido por las fantasías televisivas, radiales o impresos. Es una “herencia” que -dicen- hay que proteger.
En el festín, los grandazos tienen a operadores y estos a sus alfiles cuya remuneraciones son nada despreciables.
No se olvide a los grandes bufetes de abogángsteres, esos que estudiaron leyes para violarlas vía sus oficios, recursos, denuncias y demás adefesios legales cuando se trata de dar forma correcta a robos y exacciones.
¿Qué han dicho los clubes electorales en torno al gasoducto del sur paralizado desde hace años y luego del accidente en Megantoni, Camisea, que produjo una crisis energética aún sin medición de los daños? ¡Nada de nada!
El nuestro es un país extraño, no son los enemigos o infiltrados o los espías o felones, los que nos hacen daño. No, ¡es nuestra propia recua de colonos mentales que piensan para afuera y cómo favorecer a terceros o cuartos! El hombre del pueblo, su hambre y carencias, ¡no tienen la más mínima importancia para estos desclasados!
No pocas veces la cacareada estabilidad jurídica y paz laboral, han sido pretexto para asaltos legales, juicios del Estado perdidos o arbitrajes millonarios también perdidos por el Estado peruano, la nota trágica contra nuestros intereses. ¿Se preocupa la prensa por estos acápites de vergüenza y deshonor? ¡Bah, son “pamplinas”, dicen!
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!


