
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
27-6-2026
Somos los nuevos “terrucos”
Con agudeza puntual, el estudioso social, Marco Antonio Huaco, formula las siguientes muy polémicas aserciones que transcribo literalmente.
“Sin la amenaza del terrorismo senderista como era el pretexto de los Congresos fujimoristas de la década de los 90, todas estas actuales leyes del "Congreso Rospigliosi" que acaban de aprobarse, ELIMINAN la eficacia en el Perú del derecho penal internacional contra crímenes de lesa humanidad, y están obviamente dirigidas contra el "enemigo interno" (es decir, contra la ciudadanía que protesta), el cual es un concepto real pero no escrito que ostentan mentes paranoicas, ideologizadas y macartistas en la derecha.
Muchos ciudadanos de derecha lo dicen abiertamente: "si protestas, no te quejes de que te disparen a matar". No son "fascistas" (palabrita demasiado manoseada por la ignorancia), sino son ciudadanos con pensamiento y discurso extremista y homicida, con mentalidad de terrorismo de Estado.
Esta es otra expresión de la desesperada y traumatizada mentalidad de supervivencia que se heredó de la lucha anti-terrorista y que se ha transmitido también a las nuevas generaciones que hoy son jóvenes extremistas simpatizantes de la matanza y la masacre ("liberen al Kraken", ¿no?).
En esa mentalidad terrorista de Estado, los nuevos "terrucos" somos la población (deshumanizada por esa ideología), que protestaríamos contra el copamiento de las instituciones públicas, somos "el enemigo interno", contra el cual "hay que estar preparados con las leyes penales y procesales de nuestro lado, “luego de "disparar para contenerlos".
El Congreso fujimorista de Rospigliosi que acaba funciones, se está yendo dejando vigentes esas leyes pro impunidad y ya veremos en los próximos días, antes de que el nuevo Congreso se instale y logre derogarlas, que muchos procesos penales en curso sobre delitos de lesa humanidad serán derivados y archivados sin lugar a reclamo.
Esta es la "gran inauguración", el "puertas abiertas" del gobierno de Keiko Fujimori”.
No son afirmaciones ocasionales y, mas bien, de esforzada exégesis que permiten atisbar lo que se viene. Una genuina avalancha de voluntades, casi siempre mediocres y sin ningún horizonte patriótico para un proyecto nación para los próximos 100 años, se nos plantea como una espada de Damocles.
¿Qué papel cumplirán los miedos de comunicación, casi todos alineados en una concentración empresarial y peor noticiosa, que bramará ante los supuestos logros del totalitarismo y, como bien anticipa Huaco, acallará los arrebatos opositores, echando mano a todas las herramientas que provee el Estado: poder judicial, matonería policial o tributaria, en buena cuenta, una democracia de juguete.
Los hueleguisos de los clubes electorales, ya están lanzando sus balones de ensayo y so pretexto de "experiencia”, ofrecen sus servicios a la probable nueva presidenta. Pero dudo que sea tan fácil: nadie da algo a cambio de nada. Los que arriben a los ministerios tendrán que firmar su renuncia en blanco just in case.
En breves semanas las leyes pro crimen, aprobadas por el Establo saliente, se constituirán en escollos e impedimentos para hacer las cosas bien y no quedará más remedio que derogarlas. En caso contrario, con el antifaz absolutamente caído, la administración mostrará su pezuña totalitaria, dictatorial y que entiende por orden, el aplanamiento público, a sangre y fuego.
Riesgosa apuesta la del gobierno que opte por este camino accidentado y antidemocrático. La mayoría de regiones votó contra el proyecto fujimorista. Su expresión pública de discrepancia puede encontrar los caminos más duros de confrontación. La realidad de los guarismos así lo anticipa.
Que Rospigliosi se haga entregar la credencial de parlamentario electo a pesar de una condena penal desfavorable, sólo agudiza la dinámica de su caída. Para nadie es un secreto que el señor de marras goza de cero simpatía en vastos sectores populares. Y su pasado tránsfuga, lo condena sin atenuantes.
Preciso repetir palabras recientes:
Los resultados electorales del 12 de abril, enviaron al catafalco a más de 30 agrupaciones o colectivos. Una de ellas, en lugar de un acto de disculpa pública ante sus escasos militantes o de aceptación de su torpeza mediocre, sigue medrando a ver qué migajas les lanzan y carecen de cualquier tipo de honestidad democrática.
Toca a las fuerzas que no ganaron el comicio, pensar en cómo, con quiénes y con cuanto horizonte de tiempo forjar un Perú libre, culto, justo y digno.
Todo está patas arriba en el país. Idiotas y estafadores se llaman a sí mismos formadores de opinión y casi todos son augures fracasados, hábiles en la exposición engañosa y superiores a la hora de cobrar. Así viven una cuarentena de años. Recitan versos y lloran con sus poemas.
Deberá ser en la polémica parlamentaria, en los debates de Estado y en la lucha política contra una administración previsiblemente de fuerza, que comprobarse la superioridad de los planteamientos en todo sentido.
Al Perú le falta militancia y marcha activa en temas comunes y que procuren el bien para las mayorías nacionales pero no por un lustro, sino para varias décadas.
Los clubes electorales, agrupaciones facinerosas especializadas en toda clase de mentiras, engaños y de vivir de la cansada ubre del Estado, han llegado a un profundo e irreversible grado de descomposición.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
27-6-2026
Somos los nuevos “terrucos”
Con agudeza puntual, el estudioso social, Marco Antonio Huaco, formula las siguientes muy polémicas aserciones que transcribo literalmente.
“Sin la amenaza del terrorismo senderista como era el pretexto de los Congresos fujimoristas de la década de los 90, todas estas actuales leyes del "Congreso Rospigliosi" que acaban de aprobarse, ELIMINAN la eficacia en el Perú del derecho penal internacional contra crímenes de lesa humanidad, y están obviamente dirigidas contra el "enemigo interno" (es decir, contra la ciudadanía que protesta), el cual es un concepto real pero no escrito que ostentan mentes paranoicas, ideologizadas y macartistas en la derecha.
Muchos ciudadanos de derecha lo dicen abiertamente: "si protestas, no te quejes de que te disparen a matar". No son "fascistas" (palabrita demasiado manoseada por la ignorancia), sino son ciudadanos con pensamiento y discurso extremista y homicida, con mentalidad de terrorismo de Estado.
Esta es otra expresión de la desesperada y traumatizada mentalidad de supervivencia que se heredó de la lucha anti-terrorista y que se ha transmitido también a las nuevas generaciones que hoy son jóvenes extremistas simpatizantes de la matanza y la masacre ("liberen al Kraken", ¿no?).
En esa mentalidad terrorista de Estado, los nuevos "terrucos" somos la población (deshumanizada por esa ideología), que protestaríamos contra el copamiento de las instituciones públicas, somos "el enemigo interno", contra el cual "hay que estar preparados con las leyes penales y procesales de nuestro lado, “luego de "disparar para contenerlos".
El Congreso fujimorista de Rospigliosi que acaba funciones, se está yendo dejando vigentes esas leyes pro impunidad y ya veremos en los próximos días, antes de que el nuevo Congreso se instale y logre derogarlas, que muchos procesos penales en curso sobre delitos de lesa humanidad serán derivados y archivados sin lugar a reclamo.
Esta es la "gran inauguración", el "puertas abiertas" del gobierno de Keiko Fujimori”.
No son afirmaciones ocasionales y, mas bien, de esforzada exégesis que permiten atisbar lo que se viene. Una genuina avalancha de voluntades, casi siempre mediocres y sin ningún horizonte patriótico para un proyecto nación para los próximos 100 años, se nos plantea como una espada de Damocles.
¿Qué papel cumplirán los miedos de comunicación, casi todos alineados en una concentración empresarial y peor noticiosa, que bramará ante los supuestos logros del totalitarismo y, como bien anticipa Huaco, acallará los arrebatos opositores, echando mano a todas las herramientas que provee el Estado: poder judicial, matonería policial o tributaria, en buena cuenta, una democracia de juguete.
Los hueleguisos de los clubes electorales, ya están lanzando sus balones de ensayo y so pretexto de "experiencia”, ofrecen sus servicios a la probable nueva presidenta. Pero dudo que sea tan fácil: nadie da algo a cambio de nada. Los que arriben a los ministerios tendrán que firmar su renuncia en blanco just in case.
En breves semanas las leyes pro crimen, aprobadas por el Establo saliente, se constituirán en escollos e impedimentos para hacer las cosas bien y no quedará más remedio que derogarlas. En caso contrario, con el antifaz absolutamente caído, la administración mostrará su pezuña totalitaria, dictatorial y que entiende por orden, el aplanamiento público, a sangre y fuego.
Riesgosa apuesta la del gobierno que opte por este camino accidentado y antidemocrático. La mayoría de regiones votó contra el proyecto fujimorista. Su expresión pública de discrepancia puede encontrar los caminos más duros de confrontación. La realidad de los guarismos así lo anticipa.
Que Rospigliosi se haga entregar la credencial de parlamentario electo a pesar de una condena penal desfavorable, sólo agudiza la dinámica de su caída. Para nadie es un secreto que el señor de marras goza de cero simpatía en vastos sectores populares. Y su pasado tránsfuga, lo condena sin atenuantes.
Preciso repetir palabras recientes:
Los resultados electorales del 12 de abril, enviaron al catafalco a más de 30 agrupaciones o colectivos. Una de ellas, en lugar de un acto de disculpa pública ante sus escasos militantes o de aceptación de su torpeza mediocre, sigue medrando a ver qué migajas les lanzan y carecen de cualquier tipo de honestidad democrática.
Toca a las fuerzas que no ganaron el comicio, pensar en cómo, con quiénes y con cuanto horizonte de tiempo forjar un Perú libre, culto, justo y digno.
Todo está patas arriba en el país. Idiotas y estafadores se llaman a sí mismos formadores de opinión y casi todos son augures fracasados, hábiles en la exposición engañosa y superiores a la hora de cobrar. Así viven una cuarentena de años. Recitan versos y lloran con sus poemas.
Deberá ser en la polémica parlamentaria, en los debates de Estado y en la lucha política contra una administración previsiblemente de fuerza, que comprobarse la superioridad de los planteamientos en todo sentido.
Al Perú le falta militancia y marcha activa en temas comunes y que procuren el bien para las mayorías nacionales pero no por un lustro, sino para varias décadas.
Los clubes electorales, agrupaciones facinerosas especializadas en toda clase de mentiras, engaños y de vivir de la cansada ubre del Estado, han llegado a un profundo e irreversible grado de descomposición.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!


