
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
29-5-2024
Decepción permanente todos los días
Los lidercitos de juguete que exhiben sin mínimo de pudor los clubes electorales, no dan la talla. A lo más un alegato judicial, una acción de amparo, cautelares para abusar del menos poderoso y desplumarle de todo bien. Un tribunal gigante, Perú vive anegado por la acción de mafias abogangsteriles que nunca persiguen justicia, están detrás de quién pague más.
La decepción permanente, el estado de cuasi atontamiento desde que amanece hasta que anochece es el menú favorito de los grupos de poder que controlan el aparato económico nacional y a través de tribus cautivas en los ministerios imponen sus negocios, negociados, estafas y toda clase de robos.
¿Cuántos ladrones reconocidos por sus infracciones al cuerpo económico del Perú fueron castigados ejemplarmente o fusilados? En 204 años de vida republicana, una hoja A-4 es muy grande para albergar la lista completa.
Y los intelectuales han hecho estudios para dar por buenos todos estos enjuagues porque de esas bolsas salen los dineros que pagan sus libros, folletos, viajes, diplomas honoris causa, ceremonias de premiación y otras majaderías.
Decía Haya de la Torre que no hay buenas ni malas masas, sino buenos o malos dirigentes. Nuestro indigesto universo político, intelectual, periodístico, científico, social, nos da una patética demostración de insuficiencia, mediocridad, cobardía y es, en suma, la decepción permanente.
No hay líderes porque la gran mayoría claudicó y prefirió el camino fácil y burocrático que el derrotero de la forja esforzada de una construcción social que reivindique al ser humano, sus ideas y esperanzas en que todos son iguales ante la ley.
El peruano vive la decepción permanente. Su sino es la excusa, la veleidad, el casi, jamás la meta, el triunfo, la ambición sana de competencia en buena ley. El atajo traidor, la zancadilla aleve, la trompada subitánea, son más bien parte del menú de comportamiento que se inculca en colegios y universidades.
No se hace el esfuerzo, se confecciona la trampa, se acude al timo, se ensalza la imbecilidad que repiten, de generación en generación, millones de hombres y mujeres. Y la literatura y los ensayos intelectuales hacen pasar como “legítimo” este cuadro indeseable de imposturas.
¿Se puede esperar de un pueblo que no conoce los rudimentos más elementales de su historia que reivindique sus derechos en el Mar de Grau? ¿Cómo, con más de 2500 kilómetros de litoral, somos un país de pobre ingesta de pescado?
Aprendamos del que viene de fuera con mayor tecnología y ciencia, pero seamos lo suficientemente hábiles como para superar lo que nos traen como novedades en un mundo ultra-dinámico. Jamás la inversión debe traer el grillete que aprisione o nuestra soberanía o capacidad de reacción frente a tratos injustos.
Días atrás me plantearon una pregunta de formidables aristas: ¿por qué los chinos que no son más inteligentes ni brillantes que los estadounidenses y europeos, triunfan con brillo inocultable en todo el mundo? La respuesta simple y rotunda: ¡es que son muy trabajadores, laboran con pasión, fe, indómita gana de llegar a sus metas!
Los tramposos y haraganes que abundan en ministerios, diarios, televisoras y radios, Congreso, burocracia, alcaldías, gobiernos regionales, lanzan la especie a los cuatro vientos que los TLCs, tratados de libre comercio, por sí mismos, son una bendición porque vamos a “exportar más”.
¿Quién o quiénes van a exportar?: ¿el común de los peruanos o un grupúsculo de empresas cuya riqueza es sólo para una minoría microscópica? Además, ¿sólo exportando desarrollan los países?
Los idiotas de diplomados a granel y posgrados de juguete, contrabandean la tesis, porque lo que pretenden es que sólo nos debemos quedar en el grado primario de la producción y nunca caminar por la apuesta del valor agregado.
O los que procuran malbaratear las empresas del Estado para rematarlas al mejor postor foráneo. Pero da la casualidad que ese conglomerado extranjero, casi siempre al 100% paga sueldos a estos genios económicos para echar desprestigios en torno a estos recursos.
A la decepción permanente, hay que oponer inteligencia militante. Esa que dicta que lo primero que hay que conservar para cualquier cosa, es la dignidad de poder negociar con la frente en alto. Sin pertenecer a bufetes de abogángsters que lo único que privilegian es el regalo de lo que no es suyo a través de concesiones y privatizaciones bastante raras.
La inteligencia militante contra la decepción permanente debe ser la piedra de toque, el espoleo y el llamado vigorizante de las nuevas generaciones que tienen que abominar de sus supuestos íconos, figuras viejas y momias que visitan todos los canales diciendo monsergas al por mayor.
Hay que descreer de todo lo actual porque ha comprobado fehacientemente su fracaso. Hay que cuestionar desde dentro y desde abajo una república que sólo sirve a cogollos obesos de dinero. ¡Son sólo cánceres y su ciclo ha terminado!
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
29-5-2024
Decepción permanente todos los días
Los lidercitos de juguete que exhiben sin mínimo de pudor los clubes electorales, no dan la talla. A lo más un alegato judicial, una acción de amparo, cautelares para abusar del menos poderoso y desplumarle de todo bien. Un tribunal gigante, Perú vive anegado por la acción de mafias abogangsteriles que nunca persiguen justicia, están detrás de quién pague más.
La decepción permanente, el estado de cuasi atontamiento desde que amanece hasta que anochece es el menú favorito de los grupos de poder que controlan el aparato económico nacional y a través de tribus cautivas en los ministerios imponen sus negocios, negociados, estafas y toda clase de robos.
¿Cuántos ladrones reconocidos por sus infracciones al cuerpo económico del Perú fueron castigados ejemplarmente o fusilados? En 204 años de vida republicana, una hoja A-4 es muy grande para albergar la lista completa.
Y los intelectuales han hecho estudios para dar por buenos todos estos enjuagues porque de esas bolsas salen los dineros que pagan sus libros, folletos, viajes, diplomas honoris causa, ceremonias de premiación y otras majaderías.
Decía Haya de la Torre que no hay buenas ni malas masas, sino buenos o malos dirigentes. Nuestro indigesto universo político, intelectual, periodístico, científico, social, nos da una patética demostración de insuficiencia, mediocridad, cobardía y es, en suma, la decepción permanente.
No hay líderes porque la gran mayoría claudicó y prefirió el camino fácil y burocrático que el derrotero de la forja esforzada de una construcción social que reivindique al ser humano, sus ideas y esperanzas en que todos son iguales ante la ley.
El peruano vive la decepción permanente. Su sino es la excusa, la veleidad, el casi, jamás la meta, el triunfo, la ambición sana de competencia en buena ley. El atajo traidor, la zancadilla aleve, la trompada subitánea, son más bien parte del menú de comportamiento que se inculca en colegios y universidades.
No se hace el esfuerzo, se confecciona la trampa, se acude al timo, se ensalza la imbecilidad que repiten, de generación en generación, millones de hombres y mujeres. Y la literatura y los ensayos intelectuales hacen pasar como “legítimo” este cuadro indeseable de imposturas.
¿Se puede esperar de un pueblo que no conoce los rudimentos más elementales de su historia que reivindique sus derechos en el Mar de Grau? ¿Cómo, con más de 2500 kilómetros de litoral, somos un país de pobre ingesta de pescado?
Aprendamos del que viene de fuera con mayor tecnología y ciencia, pero seamos lo suficientemente hábiles como para superar lo que nos traen como novedades en un mundo ultra-dinámico. Jamás la inversión debe traer el grillete que aprisione o nuestra soberanía o capacidad de reacción frente a tratos injustos.
Días atrás me plantearon una pregunta de formidables aristas: ¿por qué los chinos que no son más inteligentes ni brillantes que los estadounidenses y europeos, triunfan con brillo inocultable en todo el mundo? La respuesta simple y rotunda: ¡es que son muy trabajadores, laboran con pasión, fe, indómita gana de llegar a sus metas!
Los tramposos y haraganes que abundan en ministerios, diarios, televisoras y radios, Congreso, burocracia, alcaldías, gobiernos regionales, lanzan la especie a los cuatro vientos que los TLCs, tratados de libre comercio, por sí mismos, son una bendición porque vamos a “exportar más”.
¿Quién o quiénes van a exportar?: ¿el común de los peruanos o un grupúsculo de empresas cuya riqueza es sólo para una minoría microscópica? Además, ¿sólo exportando desarrollan los países?
Los idiotas de diplomados a granel y posgrados de juguete, contrabandean la tesis, porque lo que pretenden es que sólo nos debemos quedar en el grado primario de la producción y nunca caminar por la apuesta del valor agregado.
O los que procuran malbaratear las empresas del Estado para rematarlas al mejor postor foráneo. Pero da la casualidad que ese conglomerado extranjero, casi siempre al 100% paga sueldos a estos genios económicos para echar desprestigios en torno a estos recursos.
A la decepción permanente, hay que oponer inteligencia militante. Esa que dicta que lo primero que hay que conservar para cualquier cosa, es la dignidad de poder negociar con la frente en alto. Sin pertenecer a bufetes de abogángsters que lo único que privilegian es el regalo de lo que no es suyo a través de concesiones y privatizaciones bastante raras.
La inteligencia militante contra la decepción permanente debe ser la piedra de toque, el espoleo y el llamado vigorizante de las nuevas generaciones que tienen que abominar de sus supuestos íconos, figuras viejas y momias que visitan todos los canales diciendo monsergas al por mayor.
Hay que descreer de todo lo actual porque ha comprobado fehacientemente su fracaso. Hay que cuestionar desde dentro y desde abajo una república que sólo sirve a cogollos obesos de dinero. ¡Son sólo cánceres y su ciclo ha terminado!


