Política

¡NO a la corrupción!

hcmujica@gmail.com
corrupcion
28 de mayo del 2026

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
29-5-2026

¡NO a la corrupción!

Con ese sugestivo título, Pancho Diez Canseco, ex candidato presidencial y colega periodista, subraya en redes sociales, hechos y promesas que tienen años y buena parte de las mismas fueron incumplidas.

Hace notar Pancho, la ausencia del tema corrupción, en el menú de debate del próximo domingo 31 de mayo, lo cual es, sin duda posible, una omisión gravísima.

Afirmó Pancho:

-Debo, en primer término, recordarle a Keiko Fujimori que, en el acuerdo político al que llegamos el 2016 -en cuya elección Fuerza Popular perdió la elección presidencial pero obtuvo 73 congresistas- se comprometió a apoyar la exigencia fundamental de mi partido: la creación del Consejo Nacional de Moral Publica, institución indispensable para terminar con la corrupción en el Perú. No cumplió con la palabra empeñada.

-El debate presidencial de la segunda vuelta debería ser una oportunidad histórica para discutir los grandes problemas nacionales y confrontar propuestas concretas frente a la dramática situación que vive el Perú.

-Sin embargo, la agenda planteada evidencia una grave distorsión de prioridades. Se habla de economía, seguridad, salud e infraestructura, pero se omite el tema más destructivo y decisivo para explicar la crisis peruana: la corrupción.

-Esa omisión es profundamente preocupante. El Perú enfrenta una crisis moral e institucional originada en décadas de corrupción sistemática que ha penetrado el aparato del Estado, debilitado la democracia y destruido la confianza ciudadana.

-La corrupción no es un asunto secundario. Es la madre de gran parte de los males nacionales. Sin corrupción no existirían mafias enquistadas en las instituciones públicas, obras paralizadas, hospitales inconclusos ni carreteras convertidas en monumentos al robo y la impunidad.

-Con corrupción es imposible eliminar la terrible inseguridad ciudadana.

-Resulta inaceptable que en un debate presidencial no se obligue a los candidatos a explicar con claridad cómo enfrentarán este cáncer nacional. El pueblo peruano tiene derecho a saber qué reformas concretas impulsarán para destruir las redes corruptas que capturaron el Estado y cómo garantizarán una justicia verdaderamente independiente.

-En ese contexto, Keiko Fujimori tiene la obligación política y moral de asumir un compromiso claro y hoy inexistente en la lucha contra la corrupción, si quiere efectivamente ganar esta elección pese al evidente antivoto que la acompaña y frente a Sánchez que encarna a una izquierda corrupta y radical.

-Perú ya está cansado de promesas electorales que desaparecen apenas terminan las campañas.

-El país necesita voluntad política real para enfrentar un problema que ha destruido la credibilidad de las instituciones y profundizado el divorcio entre ciudadanía y clase política.

-Un debate presidencial que evade este tema fundamental termina siendo un ejercicio incompleto y artificial.

-Quien aspire a gobernar el Perú tiene la obligación de enfrentar frontalmente la corrupción.

- Callar sobre ella no es neutralidad: es complicidad.”

Pertinente anotar, textos similares y coincidentes de crónicas precedentes.

Si la epidemia de la corrupción nos acompaña desde siempre, más de 200 años, de la historia republicana y no la hemos visto amainar sus pérfidos cometidos, bien vale la pregunta: ¿podemos aspirar a tener algún día un Perú limpio, justo y digno?

Una encuesta, la más elemental, arrojaría guarismos muy desalentadores y ánimos flacos y raquíticos para pulverizar esa epidemia de la corrupción.

Lo insólito, y tema obligado para reflexión-acción, es que en Perú brotan los manantiales de la corrupción, apenas se agotan los más conocidos. Si se roba en una obra, hay la chance de hacer lo propio en la próxima licitación pública y etc.

A los gatos los meten de despenseros en esta nuestra desafortunada nación. Insignes bandidos, hábiles en la estafa y en toda clase de trampas, son ministros o altos gerentes de las empresas del Estado. Ganan por S/ 10 mil y gastan por S/ 50 mil. ¿De dónde pecata mía?

Si la corrupción, pobredumbre, caos, desorden y alboroto, gobiernan en Perú, desde las altas magistraturas hasta el último burócrata del Estado, es porque el ADN esencial de la ciudadanía, a lo largo de la historia, contiene el mal.

Desde la génesis de la vida llamada independiente, inclusive antes en la colonia, no hay época ni tránsito ciudadano que no camine por los torcidos senderos de la corrupción. Presidentes, alcaldes, prefectos, hacendados, capataces, dueños de haciendas o empresas explotadoras, todos se muestran felices por sabotear el esfuerzo y hacerse más ricos sin mucho tesón.

La corrupción en Perú es un monstruo de cabezas incontables, veneno hasta hoy imbatible y demasiado potente para con los débiles que navegan orondos en aquella.

Mientras que en los hogares los padres no den el ejemplo y olviden eso de hacer trampas, o criolladas, para evitar el camino correcto, persistiremos en una siembra, cultivo y crecimiento de la corrupción.

Si la corrupción funciona es porque el habitante de a pie, la consiente y la hace suya con esa resignación boba que exclama: “así son las cosas, ¿qué se va a hacer?”. Semejantes renuncias y claudicaciones son el atajo fácil y el camino desvergonzado a mirar cómo se pudre el país cuesta abajo la rodada.

 

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¡NO a la corrupción!

Con ese sugestivo título, Pancho Diez Canseco, ex candidato presidencial y colega periodista, subraya en redes sociales, hechos y promesas que tienen años y buena parte de las mismas fueron incumplidas.

Hace notar Pancho, la ausencia del tema corrupción, en el menú de debate del próximo domingo 31 de mayo, lo cual es, sin duda posible, una omisión gravísima.

Afirmó Pancho:

-Debo, en primer término, recordarle a Keiko Fujimori que, en el acuerdo político al que llegamos el 2016 -en cuya elección Fuerza Popular perdió la elección presidencial pero obtuvo 73 congresistas- se comprometió a apoyar la exigencia fundamental de mi partido: la creación del Consejo Nacional de Moral Publica, institución indispensable para terminar con la corrupción en el Perú. No cumplió con la palabra empeñada.

-El debate presidencial de la segunda vuelta debería ser una oportunidad histórica para discutir los grandes problemas nacionales y confrontar propuestas concretas frente a la dramática situación que vive el Perú.

-Sin embargo, la agenda planteada evidencia una grave distorsión de prioridades. Se habla de economía, seguridad, salud e infraestructura, pero se omite el tema más destructivo y decisivo para explicar la crisis peruana: la corrupción.

-Esa omisión es profundamente preocupante. El Perú enfrenta una crisis moral e institucional originada en décadas de corrupción sistemática que ha penetrado el aparato del Estado, debilitado la democracia y destruido la confianza ciudadana.

-La corrupción no es un asunto secundario. Es la madre de gran parte de los males nacionales. Sin corrupción no existirían mafias enquistadas en las instituciones públicas, obras paralizadas, hospitales inconclusos ni carreteras convertidas en monumentos al robo y la impunidad.

-Con corrupción es imposible eliminar la terrible inseguridad ciudadana.

-Resulta inaceptable que en un debate presidencial no se obligue a los candidatos a explicar con claridad cómo enfrentarán este cáncer nacional. El pueblo peruano tiene derecho a saber qué reformas concretas impulsarán para destruir las redes corruptas que capturaron el Estado y cómo garantizarán una justicia verdaderamente independiente.

-En ese contexto, Keiko Fujimori tiene la obligación política y moral de asumir un compromiso claro y hoy inexistente en la lucha contra la corrupción, si quiere efectivamente ganar esta elección pese al evidente antivoto que la acompaña y frente a Sánchez que encarna a una izquierda corrupta y radical.

-Perú ya está cansado de promesas electorales que desaparecen apenas terminan las campañas.

-El país necesita voluntad política real para enfrentar un problema que ha destruido la credibilidad de las instituciones y profundizado el divorcio entre ciudadanía y clase política.

-Un debate presidencial que evade este tema fundamental termina siendo un ejercicio incompleto y artificial.

-Quien aspire a gobernar el Perú tiene la obligación de enfrentar frontalmente la corrupción.

- Callar sobre ella no es neutralidad: es complicidad.”

Pertinente anotar, textos similares y coincidentes de crónicas precedentes.

Si la epidemia de la corrupción nos acompaña desde siempre, más de 200 años, de la historia republicana y no la hemos visto amainar sus pérfidos cometidos, bien vale la pregunta: ¿podemos aspirar a tener algún día un Perú limpio, justo y digno?

Una encuesta, la más elemental, arrojaría guarismos muy desalentadores y ánimos flacos y raquíticos para pulverizar esa epidemia de la corrupción.

Lo insólito, y tema obligado para reflexión-acción, es que en Perú brotan los manantiales de la corrupción, apenas se agotan los más conocidos. Si se roba en una obra, hay la chance de hacer lo propio en la próxima licitación pública y etc.

A los gatos los meten de despenseros en esta nuestra desafortunada nación. Insignes bandidos, hábiles en la estafa y en toda clase de trampas, son ministros o altos gerentes de las empresas del Estado. Ganan por S/ 10 mil y gastan por S/ 50 mil. ¿De dónde pecata mía?

Si la corrupción, pobredumbre, caos, desorden y alboroto, gobiernan en Perú, desde las altas magistraturas hasta el último burócrata del Estado, es porque el ADN esencial de la ciudadanía, a lo largo de la historia, contiene el mal.

Desde la génesis de la vida llamada independiente, inclusive antes en la colonia, no hay época ni tránsito ciudadano que no camine por los torcidos senderos de la corrupción. Presidentes, alcaldes, prefectos, hacendados, capataces, dueños de haciendas o empresas explotadoras, todos se muestran felices por sabotear el esfuerzo y hacerse más ricos sin mucho tesón.

La corrupción en Perú es un monstruo de cabezas incontables, veneno hasta hoy imbatible y demasiado potente para con los débiles que navegan orondos en aquella.

Mientras que en los hogares los padres no den el ejemplo y olviden eso de hacer trampas, o criolladas, para evitar el camino correcto, persistiremos en una siembra, cultivo y crecimiento de la corrupción.

Si la corrupción funciona es porque el habitante de a pie, la consiente y la hace suya con esa resignación boba que exclama: “así son las cosas, ¿qué se va a hacer?”. Semejantes renuncias y claudicaciones son el atajo fácil y el camino desvergonzado a mirar cómo se pudre el país cuesta abajo la rodada.

 

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