Política

¡Cipayos sin vergüenza!

hcmujica@gmail.com
RubioMr.Trump
2 de septiembre del 2026

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
3-9-2026

¡Cipayos sin vergüenza!

Cipayo: La Real Academia Española (RAE) define el término de forma despectiva como «secuaz a sueldo». En la política de América Latina, se usa como un insulto cotidiano. Sirve para señalar a personas, grupos o gobernantes que apoyan medidas o economías de potencias extranjeras por encima de los intereses de su propio pueblo.

Cancillería anunció que Perú rompió relaciones diplomáticas y de toda índole con Irán. ¿Cuál es el volumen de intercambio comercial, cultural o de cualquier aspecto de nuestro país con Irán? ¿Hay tropas en las fronteras, barcos repletos de marinos invasores o aviones listos a bombardear al Perú, por orden o encargo de los iraníes?

Pareciera ser que una comprobación simple, en torno a las realidades enunciadas, no existe, es improbable y lo más objetivo es que Perú e Irán no tienen casus bellis.

¿Saben los sabios estrategas de Torre Tagle que China es nuestro primer socio comercial y que apoya a Irán en la guerra planteada por Estados Unidos? De repente para muchos de esos doctos divagantes, alinearse con la Casa Blanca, con cipayismo inocultable, es una “fórmula” efectiva de hacer sentir a los asiáticos ¡cómo manejamos la política exterior!

No descartemos tampoco que usanza súbdita suele ser la demostración de cabezas gachas y obediencia acrítica, sobre todo, a pocos días de la visita de Marco Rubio, uno de los operadores más importantes de Mr. Trump, por lo menos en temas latinoamericanos.

En los años 70 la corriente del no alineamiento tuvo predicamento y popularidad entre las naciones de todo el mundo, renuentes a formar fila cipaya detrás, entonces, de las potencias predominantes.

En estos lustros que las órdenes se cumplen, sin dudas ni murmuraciones, es dictamen inapelable de un ciudadano que ha tenido contrato laboral, por más de 15 años, con la embajada de Estados Unidos, como el caso del canciller Carlos Espá.

Si se trata de objetividad, crítica y posición independiente, al señor Espá no se le puede acusar de ninguna de estas indispensables virtudes y prudencias en la geopolítica de Estado que debiera mostrar cualquier cancillería.

Por eso, la diplomacia peruana carece del más mínimo interés en una política común de pueblo continente latinoamericano que se plante firme ante Estados Unidos y China, procurando el mejor entendimiento pero ¡nunca! en la muelle chance que hagan aquí lo que les venga en gana.

A Perú no le consterna la prolongada situación de colonia y protectorado que impera en Venezuela, bajo la férula militar norteamericana y el dominio petrolero que impulsa Mr. Trump, con un recurso que no es suyo pero que ya siente como propiedad.

¿Hay alguna protesta, expresión de rechazo, condena a esa invasión y dominio en un país del continente? ¡Por supuesto que ninguna y menos de Torre Tagle!

¿Qué haría Perú frente a cualquier otra invasión en Latinoamérica o en el mundo? Tal como van las cosas, hasta podrían declarar la chapuza como feriado.

Al momento de escribirse estas líneas, el ministro de Defensa, Belaunde, no ha renunciado a un cargo que le queda como zapato 50 en pie 35. Ese señor ha demostrado que de repente es hábil para comedias ridículas y que le ganen 5 minutos de fama. Para otra cosa NO sirve.

Las ridículas contradicciones en torno a la matanza, captura de delincuentes, custodia vehicular a criminales, en Trujillo, socavan la alarmante y cada día más escasa, credibilidad de la presidente Keiko Fujimori. Las convicciones en torno a su absoluta ignorancia de los temas de Estado, geopolíticos y hasta de los pequeños entuertos de sus díscolos generales, parecen ser moneda común y lamentable.

¿Cuánto avanza Perú en su posicionamiento geopolítico declarándole la guerra a Irán y apoyando a Estados Unidos? ¿Un billar de luces más bien ciegas? Golpear a un fantasma para dar pruebas de buen comportamiento porque viene Rubio, es de una miopía lindante con la estupidez más infame.

¿Tendrán la persuasión -alguna deben tener- los dilectos sabios de Relaciones Exteriores, que sonreír cipayamente y alinearse con Washington D.C., es un asunto que los chinos pasarán por alto? Cuando los aventureros toman las riendas, las cosas se complican ¡gratuitamente!

Y la pregunta de cajón, inevitable y obligatoria: ¿qué dicen o piensan los clubes electorales? Las turbas en diputados y senadores, tienen broncas pequeñas por asuntos diminutos y hasta prescindibles. Pero no hesitan, los legiferantes, en proclamar sus frivolidades como temas noticiosos.

¿No es noticia que servilmente un Estado se ponga en fila, en el besamanos de los próximos visitantes, olvidando el equilibrio y la prudencia que son indispensables con la otra potencia, China?

Pocas eras de oscurantismo ramplón y nula creatividad han castigado, como en nuestros días, la mediocridad de una política exterior que consiste en “si quieres del mundo gozar: ver, oír y callar”. ¡Qué vergüenza!

Aquí tenemos leyes hasta para regalar, de todos los calibres, en lo civil y en lo penal. Ninguna puede excluirse del escalafón que tasa sus efectividades si se trata de dólares o euros o bitcoins. Justicia al peso es solo farsa.

No faltarán, después, los historiadores endogámicos, cómplices de toda trapacería y cipayos reaccionarios capaces de justificar las mayores desverguenzas y atrocidades.

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

 

 

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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
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¡Cipayos sin vergüenza!

Cipayo: La Real Academia Española (RAE) define el término de forma despectiva como «secuaz a sueldo». En la política de América Latina, se usa como un insulto cotidiano. Sirve para señalar a personas, grupos o gobernantes que apoyan medidas o economías de potencias extranjeras por encima de los intereses de su propio pueblo.

Cancillería anunció que Perú rompió relaciones diplomáticas y de toda índole con Irán. ¿Cuál es el volumen de intercambio comercial, cultural o de cualquier aspecto de nuestro país con Irán? ¿Hay tropas en las fronteras, barcos repletos de marinos invasores o aviones listos a bombardear al Perú, por orden o encargo de los iraníes?

Pareciera ser que una comprobación simple, en torno a las realidades enunciadas, no existe, es improbable y lo más objetivo es que Perú e Irán no tienen casus bellis.

¿Saben los sabios estrategas de Torre Tagle que China es nuestro primer socio comercial y que apoya a Irán en la guerra planteada por Estados Unidos? De repente para muchos de esos doctos divagantes, alinearse con la Casa Blanca, con cipayismo inocultable, es una “fórmula” efectiva de hacer sentir a los asiáticos ¡cómo manejamos la política exterior!

No descartemos tampoco que usanza súbdita suele ser la demostración de cabezas gachas y obediencia acrítica, sobre todo, a pocos días de la visita de Marco Rubio, uno de los operadores más importantes de Mr. Trump, por lo menos en temas latinoamericanos.

En los años 70 la corriente del no alineamiento tuvo predicamento y popularidad entre las naciones de todo el mundo, renuentes a formar fila cipaya detrás, entonces, de las potencias predominantes.

En estos lustros que las órdenes se cumplen, sin dudas ni murmuraciones, es dictamen inapelable de un ciudadano que ha tenido contrato laboral, por más de 15 años, con la embajada de Estados Unidos, como el caso del canciller Carlos Espá.

Si se trata de objetividad, crítica y posición independiente, al señor Espá no se le puede acusar de ninguna de estas indispensables virtudes y prudencias en la geopolítica de Estado que debiera mostrar cualquier cancillería.

Por eso, la diplomacia peruana carece del más mínimo interés en una política común de pueblo continente latinoamericano que se plante firme ante Estados Unidos y China, procurando el mejor entendimiento pero ¡nunca! en la muelle chance que hagan aquí lo que les venga en gana.

A Perú no le consterna la prolongada situación de colonia y protectorado que impera en Venezuela, bajo la férula militar norteamericana y el dominio petrolero que impulsa Mr. Trump, con un recurso que no es suyo pero que ya siente como propiedad.

¿Hay alguna protesta, expresión de rechazo, condena a esa invasión y dominio en un país del continente? ¡Por supuesto que ninguna y menos de Torre Tagle!

¿Qué haría Perú frente a cualquier otra invasión en Latinoamérica o en el mundo? Tal como van las cosas, hasta podrían declarar la chapuza como feriado.

Al momento de escribirse estas líneas, el ministro de Defensa, Belaunde, no ha renunciado a un cargo que le queda como zapato 50 en pie 35. Ese señor ha demostrado que de repente es hábil para comedias ridículas y que le ganen 5 minutos de fama. Para otra cosa NO sirve.

Las ridículas contradicciones en torno a la matanza, captura de delincuentes, custodia vehicular a criminales, en Trujillo, socavan la alarmante y cada día más escasa, credibilidad de la presidente Keiko Fujimori. Las convicciones en torno a su absoluta ignorancia de los temas de Estado, geopolíticos y hasta de los pequeños entuertos de sus díscolos generales, parecen ser moneda común y lamentable.

¿Cuánto avanza Perú en su posicionamiento geopolítico declarándole la guerra a Irán y apoyando a Estados Unidos? ¿Un billar de luces más bien ciegas? Golpear a un fantasma para dar pruebas de buen comportamiento porque viene Rubio, es de una miopía lindante con la estupidez más infame.

¿Tendrán la persuasión -alguna deben tener- los dilectos sabios de Relaciones Exteriores, que sonreír cipayamente y alinearse con Washington D.C., es un asunto que los chinos pasarán por alto? Cuando los aventureros toman las riendas, las cosas se complican ¡gratuitamente!

Y la pregunta de cajón, inevitable y obligatoria: ¿qué dicen o piensan los clubes electorales? Las turbas en diputados y senadores, tienen broncas pequeñas por asuntos diminutos y hasta prescindibles. Pero no hesitan, los legiferantes, en proclamar sus frivolidades como temas noticiosos.

¿No es noticia que servilmente un Estado se ponga en fila, en el besamanos de los próximos visitantes, olvidando el equilibrio y la prudencia que son indispensables con la otra potencia, China?

Pocas eras de oscurantismo ramplón y nula creatividad han castigado, como en nuestros días, la mediocridad de una política exterior que consiste en “si quieres del mundo gozar: ver, oír y callar”. ¡Qué vergüenza!

Aquí tenemos leyes hasta para regalar, de todos los calibres, en lo civil y en lo penal. Ninguna puede excluirse del escalafón que tasa sus efectividades si se trata de dólares o euros o bitcoins. Justicia al peso es solo farsa.

No faltarán, después, los historiadores endogámicos, cómplices de toda trapacería y cipayos reaccionarios capaces de justificar las mayores desverguenzas y atrocidades.

¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!

 

 

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