Igualdad de género se avanza con liderazgos eficaces

Mié, 07/01/2020 - 10:08 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
Crónicas corovirales 11
 
por Jorge Smith Maguiña; kokosmithm@hotmail.com
2-7-2020
 
Aunque sea algo no admitido generalmente por el género masculino, es una evidencia que las sociedades humanas, sobre todo gracias a las mujeres que tienen una dinámica fluida desde que las sociedades organizadas existen en por menos cuatro campos:
 
1.- El campo de las labores domésticas, preparar el alimento y la higiene de los bebes y niños básicamente. 
 
2.- En el campo de la enseñanza, sobre todo de la etapa de los aprendizajes iniciales de la vida desde el tiempo de las cavernas mientras el hombre se iba de caza o a buscar el alimento. Luego en los nidos como al inicio de la edad escolar, la educación ha estado desde decenios casi en forma monopólica en manos femeninas.
 
3.- En el sector salud, enfermeras y quienes trabajan en el sector sanitario. Durante largos años por no decir siglos, el cuidado de los enfermos ha estado en manos femeninas tanto en tiempo de guerra como en tiempo de paz. Algunas instituciones de monjas, tienen incluso como labor principal cuidar a los enfermos y a ese título incluso gerenciar clínicas. (Hoy en día, en algunos países incluso, la proporción de médicos mujeres es superior a la de los hombres).
  
4.-En el cuidado de los adultos mayores. Hay una reconocida dedicación mayor por parte de las mujeres que de los hombres. Las mentalidades también han cambiado muy poco sobre algunos temas. Se acepta por ejemplo que una mujer se ocupe de los cuidados higiénicos de una anciana o un anciano, pero suele haber reticencias a que un hombre, se ocupe del aseo o cuidados higiénicos de una anciana.
 
En lo que concierne al campo de la enseñanza y de la educación en general, la presencia masiva de la mujer es más reciente, en la medida misma que la capacitación formal de las mujeres, en colegios y universidades y sobre todo en todas las disciplinas, no es algo que exista desde siempre. En algunos países de tradición islámica, el hecho mismo que puedan ir a la universidad es reciente. En lo que se denomina temas de género los avances han sido muy desiguales y a veces hasta contradictorios.
 
En los avances de la presencia femenina de alto perfil, como por ejemplo los puestos públicos o responsabilidades políticas más importantes, las mujeres ya han llegado en muchos lugares al tope. En países como el Perú, salvo el puesto de presidente de la República, mujeres han sido ministros en prácticamente todas las carteras ministeriales, incluso en ministerios donde antes hubiese sido inconcebible la presencia de una mujer como en Defensa o Interior.
 
Un apóstol de la igualdad de género en la alta gerencia administrativa como Antonio Guterres, actual Secretario General de Naciones Unidas, nos dice justamente que si de algún logro puede enorgullecerse es que en la ONU en forma exactamente igual, mitad y mitad hombres y mujeres hoy ocupan las más altas responsabilidades. El ha empujado esa paridad no porque se le ocurrió, sino porque en su experiencia como primer ministro de Portugal y como alto ejecutivo de empresas públicas y privadas, cuando ha habido mujeres en los directorios ha constatado que las tomas de decisión han sido más realistas, las negociaciones más productivas y la propuesta de alternativas más ricas.
 
Estos argumentos han sido más que suficientes para la reforma interna que él ha realizado. Han pasado 25 años después del encuentro de los países miembros de Naciones Unidas en Beijing, en el cual por primera vez se trató el tema de género y se lograron acuerdos muy visionarios, pero que en los hechos recién se están implementando en forma sistemática en los países específicos, para que haya una participación efectiva de las mujeres en el manejo de los diferentes poderes del Estado. Eso va mucho más allá del simple tema de introducir la paridad de género en las listas para elecciones parlamentarias.
 
Es muy cierto que los países que tienen actualmente políticas de género avanzadas, constituyen los países más prósperos, hay un acceso más democrático a la toma de decisiones y al de compartir responsabilidades. Sobre todo hay también un deseo más explícito de transparencia. La mujer se engolosina menos que el hombre en el poder. A la reina Isabel sus súbditos después de casi 70 años la siguen apreciando. Casi todas las reinas que han muerto longevas en tiempos que ser reina significaba también gobernar y no solo reinar, han muerto en olor de multitud. En cambio no hay dictador que siga siendo apreciado en las postrimerías de que abandone o que lo saquen del poder. Casi todos terminan, aborrecidos, asesinados o desterrados. Son temidos más no amados. Con el pasar del tiempo, mas que buscar consensos a lo cual debería llevar la experiencia en el poder, los dictadores se vuelven intolerantes y paranoicos.
 
Eso debería hacernos reflexionar mucho sobre la relación entre la mujer y el poder cuando pensamos en el tema de género. No todas las mujeres que han tenido el poder absoluto han sido necesariamente cautas. Pensemos en la Hasheput, en el antiguo Egipto, que hizo algunas interesantes reformas, pero las últimas investigaciones muestran que era una juerguera empedernida o años después, el caso de la  célebre Cleopatra, inteligente como ninguna, pero cuyos amoríos con los romanos Julio César y Marco Antonio, le generaron la desconfianza de sus paisanos y terminó suicidándose.
 
En América Latina siendo un subcontinente todavía observado desde fuera como una zona que tiene todavía un sesgo algo machista, han habido mujeres presidentes en diversos países, Argentina, Brasil y Chile por citar solo algunos.
 
Si entramos ya directamente al tema de la pandemia es interesante el hecho de que los países que mejor y más eficientemente han manejado el tema de la pandemia en la forma de contenerla e implementando soluciones preventivas y eficaces, tenemos a la primera ministra de Alemania y sus pares de Taiwán, Nueva Zelanda y Dinamarca. Todas ellas son mujeres. Donde vemos que más bien hay una actitud intransigente, errática y machista, como EEUU y Brasil, la percepción del tema y las medidas tomadas son justamente erráticas y la situación sanitaria está costando un número de fallecidos muy preocupante.
 
Las mujeres políticas han actuado con simple sentido común. En cambio Trump con su sesgo fascistoide y autoritario, en una actitud de denegación inicial, sique actuando al margen del realismo y tino que una urgencia como la actual exige. El émulo de Trump por estos lares que es Bolsonaro, igual, está cometiendo los mismos errores. Tosco y caricatural en su percepción de los hechos, está tomando decisiones incoherentes y a veces tardías o mal implementadas para un virus que ya comienza a generar una tasa de mortandad alarmante, por simple capricho, impulsividad e ignorancia, incomprensible en un país de la importancia de Brasil.
 
La pandemia también está haciendo relucir el tema de género a nivel de los empleos básicos y de las profesiones mas corrientes. Esto se nota en los países emergentes, como el Perú, en el día a día habitual. Si bien las diferencias salariales en puestos empresariales tienen una diferencia de no más de 20%, todavía suele haber una preferencia por candidatos hombres, cuando se requiere asumir un puesto de responsabilidad en algunos ámbitos industriales. En los sectores, como prensa y publicidad, la presencia femenina es relevante, incluso los rostros más visibles de muchos de los noticieros televisivos, sea en Perú o Estados Unidos, en los canales de señal abierta o de cable, son de mujeres y ellas también son las entrevistadoras estrella de sus respectivas redes televisivas, pienso en Carmen Aristegui o Christiane Amanpour, por citar solo los casos más relevantes.
 
A un nivel incluso más terrestre, en los ámbitos laborales mas cercanos a la actual pandemia, es allí sí en donde surgen las contradicciones más fuertes, pues la mujeres son las que más ocupan los puestos de servicio y estos son los que más están sufriendo en esta pandemia. El caso de enfermeras y empleadas del servicio sanitario la situación es relevante y es contradictorio que si bien quienes ocupan mayoritariamente puestos en esos sectores son mujeres, quienes administran dichos servicios son hombres. Son mujeres en su mayoría quienes están en primera línea con todos los riesgos que comporta ahora trabajar en hospitales.
 
Los trabajos en primera línea, incluso de los mismos médicos además son mal pagados y tienen una estabilidad laboral muy precaria. Una enfermera me decía: “Ahora como sabrás no nos falta trabajo pero  pero las condiciones siguen siendo injustas y para colmo la situación es peligrosa. Los horarios pueden ser interminables y si dices que eres enfermera, la gente un poco que toma distancia contigo. Tú misma vida relacional por lo mismo se distorsiona. Si eres reticente a someterte a las actuales exigencias, sabes bien que siempre habrá alguien que pueda reemplazarte.”
 
Sin duda al descubrir lo importante e imprescindible que ha sido el trabajo de las enfermeras y el personal sanitario durante la pandemia, que todavía tiene para rato, es difícil de comprender el porqué en muchos países como Perú se les sigue regateando bonos especiales o aumentos de salario o contratos laborales definitivos en sus centros de trabajo.
 
En el ámbito laboral en general, ya las estadísticas lo muestran, han sido las mujeres las primeras en perder puestos de trabajo, cuando se han producido licenciamientos y está claro que estarán en segunda o tercera línea para poder volver a ser contratados, ahora que la actividad económica comienza a activarse. En realidad estamos en un proceso aunque se pretende lo contrario, que más parece una reanudación de actividades, financiado por un forado fiscal descomunal insostenible en una forma permanente, que una verdadera reactivación económica.  Esta reanudación se hará gracias a los enormes recursos económicos que ya ha puesto en obra el gobierno.
 
Muchos empresarios no parecen comprender que esta pandemia no es como cualquier otra, pues al ser simultánea y universal ha distorsionado toda la cadena productiva, de cada país, entre los países y a escala universal también. El apoyo económico en mucho se está dando a muchas empresas que no lo necesitaban objetivamente y están utilizando el dinero para saldar deudas que tenían antes de la pandemia y en vez de utilizar el dinero para mantener el personal a su cargo, para liquidarlo.
 
La gravedad de lo que ocurre debe llevar a repensar la actividad económica y por lo mismo también a evaluar cuál es la función y el significado del trabajo. Esta situación durará y fragilizará aún más la situación de la mujer en el ámbito laboral. La pandemia lamentablemente ha detenido cosas que positivamente se estaban consolidando en el caso de la igualdad de género en materia laboral. Sobre este tema no sólo habrá paro sino me aventuraría a decir que quizás hasta habrá retroceso.
 
En ningún sector se nota más la inequidad de género como en el trabajo doméstico, donde ya era sabido que las mujeres suelen trabajar tres veces más que los hombres, si son parejas casadas y con hijos. Estas horas, además, todos sabemos, que no son pagadas. Por otro lado como hemos afirmado si una mujer pierde el trabajo y su esposo también, todo indica que el esposo o pareja será el primero en conseguir reengancharse a un trabajo.
 
El problema se dobla actualmente pues con la pandemia, en muchos países los hijos han dejado de ir al colegio, por lo mismo los padres tienen que hacer de profesores de primaria y responder a sus hijos sobre preguntas alrededor de temas que no conocen, lo cual genera frustración y muchas tensiones. O sea la pandemia ha hecho de un porrazo, que muchas mujeres que ya estaban logrando una independencia económica, con los hijos en el colegio y contratando a una persona que viniese un par de veces por semana a hacer la limpieza, ahora dichas mujeres se encuentran en una condición de amas de casa.
 
He notado que la pandemia ha acentuado un sentimiento de frustración que poco a poco, se irá reflejando en tensiones familiares de todo orden, pues detrás de esa inesperada situación hay el telón de fondo de la precariedad económica, pues la economía se va a recuperar muy lentamente. Todo este escenario es muy negativo para avanzar la agenda de igualdad de género, que poco a poco ya estaba entrando en las agendas y lo más importante, sobre todo en las mentalidades de las personas. 
 
Las sociedades, sobre todo occidentales, que son patriarcales por excelencia, pero que al mismo tiempo han sido las primeras en aceptar el tema de género aunque a regañadientes, estaban comenzando a asumir los frutos positivos de este avance.
 
Los Estados Unidos han sido estos últimos decenios un excelente país laboratorio para observar, los avances de la igualdad de género por la vehemencia del activismo político en relación al tema. Por otro lado la pandemia ha puesto en evidencia, ahora que se ha destapado en todo sus horror el tema de la violencia racial hacia la población afroamericana en dicho país, también el tema de las relaciones entre las mujeres y el ejercicio del poder, sobre todo cuando se trata de evaluar el manejo del poder coercitivo como lo es la policía, por el hecho mismo que en los Estados Unidos de América, como sabemos, los alcaldes tienen a su cargo también a la policía.
 
La muerte de un joven de 26 años de dos balazos en la espalda por resistirse a ser detenido ha puesto sobre el tapete el tema. La alcaldesa de Atlanta, Keisha Lance Bottoms, afroamericana ella y una de las principales candidatas a estar en la plancha presidencial en las elecciones de noviembre, inmediatamente destituyó al jefe de la policía, en una clara muestra de liderazgo, para lo cual han sido lentos sus contrapartes masculinas frente a equivalentes circunstancias.
Dos días después y a menos de tres semanas del asesinato de George Floyd en Minneapolis, en un excepcional debate organizado el 14 de junio por CNN entre las alcaldesas de Washington DC (Muriel Bowser), Chicago (Lori Lightfoot), San Francisco London Breed y Atlanta (Keisha Lance Bottoms), todas ellas afroamericanas, se ha visto cómo el tema de género, el tema racial y el tema de la mujer y el poder político están a veces muy ligados.
 
Todas ellas, excepcionales lideresas, testimoniaron sobre los problemas de la policía que está justamente bajo su mando y cuyo cuerpo está formado mayoritariamente por hombres y, sobre todo hombres blancos. Las opiniones que daban eran por lo demás preocupantes e indican el por qué se está exigiendo una reforma de raíz de la policía en dicho país. Los sesgos raciales y una propensión a la represión violenta a sabiendas que hay una no confesada tradición de impunidad, al amparo de una mal entendida inmunidad han terminado creando un ambiente tóxico en la policía que además consume una gigantesca parte del presupuesto de las ciudades, fuera de recibir otros subsidios y también a veces como regalos, armamento militar por parte del FBI o el Ministerio de Defensa.
 
Una de las alcaldesas afirmó que la policía tenía tendencia a solo responder llamadas cuando están provenían de un lugar donde habían hechos de violencia. Se dirigían por lo mismo a ir al lugar de los hechos a reprimir lo que ocurría en forma expeditiva y por así decirlo violenta, aunque esto se hiciese respetando los aspectos formales del reglamento (by the book). Aun así usualmente el uso represivo era desproporcionado a las circunstancias cuando se ha tratado de posibles arrestos a ciudadanos afroamericanos. 
 
El sesgo racial en la conducta represiva era que se protegía con mayor celeridad y con mayor eficacia a quien era de su propia raza. Que esta sea una conducta promedio, por la regularidad de los excesos de los últimos meses indica que hay profundas reformas a hacer tanto en el reclutamiento de los policías como en su formación. Eso no quiere decir que no haya habido excesos de policías afroamericanos reprimiendo violentamente a ciudadanos afroamericanos.
 
Todas estas lideresas coincidieron en que lo que la población quiere es que se les dé seguridad y no que se reprima violentamente a nombre de ella. Ellas están demostrando en estos cruciales días, en ciudades tan importantes como las que ellas manejan, que una mujer puede liderar momentos tan difíciles con mayor eficacia que lo que no manejaron sus contrapartes masculinas durante décadas, por razones muy simples: buscan menos protagonismo, tienen una mejor capacidad de escucha, menos ego o impulsividad al tomar decisiones.
 
Es evidente que las soluciones a problemas que involucran temas raciales y de género implican manejar variables muy complejas y las soluciones no son tan simples como lo que dicen las pancartas que se leen en los mitines o en las marchas de estos días. La alcaldesa de Washington DC, lo dice con conocimiento de causa. No es fácil ser alcaldesa de la capital de los Estados Unidos siendo mujer y afroamericana y teniendo como principal vecino un presidente como Trump caracterizado por opiniones racistas y misóginas. Ella misma Muriel Bowser, lo afirma “Ser alcaldesa de Washington DC, es estar en el vientre mismo de la bestia”.
 
Estas excepcionales mujeres, todas ellas han crecido en entornos caracterizados por la pobreza e incluso en la miseria, por el abandono familiar, criadas por madres solteras o por sus abuelos, con dificultades de acceso a los servicios médicos y a una educación esmerada. Han vivido ellas o sus familias, la segregación racial en carne propia y que alguien de su familia haya sido puesto en prisión largos años por crímenes menores arbitrariamente o reprimido con violencia o segregado de algún trabajo por su color de piel. Ya no creen en cuentos y toman sus distancias de sus hermanos de color, que apenas logran algún éxito en la industria del espectáculo sobre todo, se convierten en mascotas del orden establecido y más bien perpetúan la segregación vigente haciéndola mas solapada y dolorosa.
 
El político blanco mas bien suele venir de familias con una formación esmerada, muchas veces en las mejores universidades o vienen de clanes familiares ricos y poderosos que entran en política a defender intereses económicos precisos.
 
Ellas más que nadie, por su liderazgo cauto e inteligente, en este momento especial de la historia de los Estados Unidos con fondo de pandemia y violencia racial, están encarnando una forma nueva de entender la acción política. Las palabras pronunciadas en ese excepcional debate de CNN eran claras y pocas veces escuchados de labios masculinos. “Uno debe decir la verdad una sola vez”, “Uno es elegido para ser auténtico”, “ La principal función del elegido es cuidar de la vida de sus elegidos”.
 
Mas de 50 años después del célebre discurso de Luther King, “I have a dream”, todo indica que estamos entrando a las vísperas de un momento refundacional en la historia de ese gran país.
 
La igualdad de género, se avanza con liderazgos eficaces y no con activismos intransigentes, ni haciendo juicios porque te enviaron un piropo subido de tono. Lo peor es a veces que se imite el comportamiento masculino en sus peores aspectos. Hay mutaciones que vienen como producto de los cambios lentos de una sociedad como lo son las mentalidades. Confundir liderazgo real con activismo intransigente, es generar una contra reacción que puede hacer que lo que se avanza en igualdad de género, genere reacciones de los sectores mas conservadores.
 
Hoy en día eso es muy visible, pues mezclado a propuestas populistas de todo tipo y con un ropaje de revindicación social, está resurgiendo todo tipo de fundamentalismos políticos y muchas veces religiosos, que posibilitan todo tipo de agendas ultraconservadoras que se oponen a cualquier cambio. Estas propuestas cavernarias, están detrás de todos los obstáculos que no permiten avanzar en forma irreversible en temas como los de género. Por el momento es vital que uno de los efectos de la pandemia no sea detener lo ya avanzado, sobre todo en el escenario de la vida doméstica. La pandemia sobre un tema como éste puede llevarnos a retroceder.