
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
22-1-2026
¿Pulverizarán coimisión candidatos?
Coimisión: de los términos comisión y coima, blanqueadora fórmula para hacer negociados y robar el dinero público en el Perú.
¿Ha leído o escuchado, amigo lector, a alguno de los candidatos referirse a las coimisiones que abundan en la cosa pública? Sin esos lubricantes no avanzan o los trámites o las partidas de cualquier repartición del gobierno.
Otra cosa es que hablen de corrupción en términos generales, por no dejar de nombrar el fenómeno perverso pero su repudio a la coimisión ¡ni la nombran!
Una de las constantes de nuestra historia republicana es aquella que enmascara, disimula, cohonesta, disimula, las grandes estafas y la compra masiva de voluntades en los ministerios, en el Congreso, en los ministerios, en los gobiernos. De capitán a paje se hacen los bobos y pretenden ignorar un asunto que está inscrito en el ADN social de la Patria.
La cantidad de réprobos, aspirantes a estafadores, sentenciados, brutos genuinos, que postulan en las casi 40 listas a senadores y diputados y presidente, es enorme y vergonzante. Decenas de parásitos reputan al presupuesto parlamentario como su tabla mensual de salvación. El pueblo, sus sempiternas necesidades de educación, trabajo y salud, son datos de poca monta y ninguna importancia para aquellos.
La coimisión está presente en el desarrollo y culminación de casi todas las buenas pro que otorga el Estado y sus diferentes reparticiones. Los grandes sabios de la componenda, la ley más útil y funcional, están entre la burocracia entrenada para delinquir y afrontar con éxito los procesos administrativos, también confeccionados por los corruptos para cubrirse las espaldas.
Hay un candidato, entrenado en la estupidez más patana que ha endeudado a Lima por largos años y es un fanático religioso cuya concepción del Perú es ¡a patadas! ¿Un sectario, incapaz de ver más allá de sus narices o ferrocarriles muy rentables que obtuvo en tiempos de Fujimori, con alcohol, va a producir un buen gobierno o un mamarracho advertido?
¿Pulverizarán coimisión candidatos?
Pretender en un artículo efímero y modesto, describir si los peruanos sabemos cómo somos y debido a qué causas, constituiría un esfuerzo mayúsculo y muy superior a las escasísimas capacidades de quien esto escribe.
Nosotros los peruanos no sabemos cómo somos, fanáticos hasta las lágrimas si de corear el gol del triunfo se trata y, a la vez, guardar silencio vergonzoso cuando los diferentes gobiernos regalan a precio vil nuestros recursos naturales en su inmensa gama.
Hemos incubado, desde la más tierna infancia, una vocación por el mutismo cómodo o el desentendimiento de cuanto nos rodea. ¡Ni siquiera lo admitimos!
Sí es posible arriesgar algunas consideraciones que podrían resultar interesantes. ¿Siente lo mismo un peruano de Tumbes de calores ecuatoriales que el altiplánico de fríos recios y alturas no aptas para quienes sufren del corazón?
¿Qué los une a ambos? ¿Una bandera, un himno, una geografía? ¿Una historia común? Me atrevo a decir que Perú son muchas historias a la vez, no pocas con sabor a lágrima y opresión y con distintivas cuotas locales.
Hay una historia no contada sino a retazos y se trata de la corrupción que es más vieja que la república y que está en el ADN social del Perú. Uno de los primeros timos y farsas la montaron los ibéricos y con Pizarro a la cabeza, dieron cuenta de Atahualpa en Cajamarca. Sería una de las germinales estafas de las cientos de miles que se repetirían hasta nuestros días, 500 años después.
¿Pulverizarán coimisión candidatos?
Pero los peruanos inoculados por una televisión deformadora y medios impresos y radiales mediocres, no cesan de cultivar la estupidocracia, “virtud” en que todos fingimos no entender nada con tal que nos dejen “vivir tranquilos” y que sean otros quienes paguen los platos rotos. Gobierno que llega, régimen que culpa durante sus primeros cuatro años –del total de cinco-, a la administración precedente. Y ya han transcurrido 205 años casi de este deporte tan canceroso.
¿Y nuestros críticos y analistas? Gozan mostrando sus múltiples diplomas, certificados de asistencia a fórums, simposios, talleres, aunque repitan de canal en canal, radioemisora en radioemisora, diario tras diario, las mismas y vulgares cantatas que no cambian desde hace 40 años. ¡Estos son los conservadores que Perú NO necesita!
El coctel es explosivo e indigesto. Hemos tenido asaltantes profesionales como titulares de portafolios; monreros y extorsionadores a cargo de bancos públicos y privados; presidentes rateros y hasta uno de esos se suicidó para no ir con sus huesos a la cárcel y otro renunció por fax a miles de kilómetros del país. La vitrina es más bien vergonzosa y cada quien cuidando por sus linajes y manadas reducidas. ¡Estos de confundidos, NO tenían nada, llegaron a robar y punto!
Díscolos, inecuánimes, los peruanos pasan de la tristeza al éxtasis, del rubor al descaro más desvergonzado. Del júbilo al fondo abisal y la forma pendular nos signa desde la iniciación de la república y es una manera inevitable de historiar nuestros pasos.
Por alguna razón misteriosa los peruanos vivimos el presente, el pasado es para cuitas y recuerdos, el futuro no preocupa. Atolondrados y majaderos transitamos en la falsa expectativa que las cosas caigan del cielo.
¿Pulverizarán coimisión candidatos?
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
22-1-2026
¿Pulverizarán coimisión candidatos?
Coimisión: de los términos comisión y coima, blanqueadora fórmula para hacer negociados y robar el dinero público en el Perú.
¿Ha leído o escuchado, amigo lector, a alguno de los candidatos referirse a las coimisiones que abundan en la cosa pública? Sin esos lubricantes no avanzan o los trámites o las partidas de cualquier repartición del gobierno.
Otra cosa es que hablen de corrupción en términos generales, por no dejar de nombrar el fenómeno perverso pero su repudio a la coimisión ¡ni la nombran!
Una de las constantes de nuestra historia republicana es aquella que enmascara, disimula, cohonesta, disimula, las grandes estafas y la compra masiva de voluntades en los ministerios, en el Congreso, en los ministerios, en los gobiernos. De capitán a paje se hacen los bobos y pretenden ignorar un asunto que está inscrito en el ADN social de la Patria.
La cantidad de réprobos, aspirantes a estafadores, sentenciados, brutos genuinos, que postulan en las casi 40 listas a senadores y diputados y presidente, es enorme y vergonzante. Decenas de parásitos reputan al presupuesto parlamentario como su tabla mensual de salvación. El pueblo, sus sempiternas necesidades de educación, trabajo y salud, son datos de poca monta y ninguna importancia para aquellos.
La coimisión está presente en el desarrollo y culminación de casi todas las buenas pro que otorga el Estado y sus diferentes reparticiones. Los grandes sabios de la componenda, la ley más útil y funcional, están entre la burocracia entrenada para delinquir y afrontar con éxito los procesos administrativos, también confeccionados por los corruptos para cubrirse las espaldas.
Hay un candidato, entrenado en la estupidez más patana que ha endeudado a Lima por largos años y es un fanático religioso cuya concepción del Perú es ¡a patadas! ¿Un sectario, incapaz de ver más allá de sus narices o ferrocarriles muy rentables que obtuvo en tiempos de Fujimori, con alcohol, va a producir un buen gobierno o un mamarracho advertido?
¿Pulverizarán coimisión candidatos?
Pretender en un artículo efímero y modesto, describir si los peruanos sabemos cómo somos y debido a qué causas, constituiría un esfuerzo mayúsculo y muy superior a las escasísimas capacidades de quien esto escribe.
Nosotros los peruanos no sabemos cómo somos, fanáticos hasta las lágrimas si de corear el gol del triunfo se trata y, a la vez, guardar silencio vergonzoso cuando los diferentes gobiernos regalan a precio vil nuestros recursos naturales en su inmensa gama.
Hemos incubado, desde la más tierna infancia, una vocación por el mutismo cómodo o el desentendimiento de cuanto nos rodea. ¡Ni siquiera lo admitimos!
Sí es posible arriesgar algunas consideraciones que podrían resultar interesantes. ¿Siente lo mismo un peruano de Tumbes de calores ecuatoriales que el altiplánico de fríos recios y alturas no aptas para quienes sufren del corazón?
¿Qué los une a ambos? ¿Una bandera, un himno, una geografía? ¿Una historia común? Me atrevo a decir que Perú son muchas historias a la vez, no pocas con sabor a lágrima y opresión y con distintivas cuotas locales.
Hay una historia no contada sino a retazos y se trata de la corrupción que es más vieja que la república y que está en el ADN social del Perú. Uno de los primeros timos y farsas la montaron los ibéricos y con Pizarro a la cabeza, dieron cuenta de Atahualpa en Cajamarca. Sería una de las germinales estafas de las cientos de miles que se repetirían hasta nuestros días, 500 años después.
¿Pulverizarán coimisión candidatos?
Pero los peruanos inoculados por una televisión deformadora y medios impresos y radiales mediocres, no cesan de cultivar la estupidocracia, “virtud” en que todos fingimos no entender nada con tal que nos dejen “vivir tranquilos” y que sean otros quienes paguen los platos rotos. Gobierno que llega, régimen que culpa durante sus primeros cuatro años –del total de cinco-, a la administración precedente. Y ya han transcurrido 205 años casi de este deporte tan canceroso.
¿Y nuestros críticos y analistas? Gozan mostrando sus múltiples diplomas, certificados de asistencia a fórums, simposios, talleres, aunque repitan de canal en canal, radioemisora en radioemisora, diario tras diario, las mismas y vulgares cantatas que no cambian desde hace 40 años. ¡Estos son los conservadores que Perú NO necesita!
El coctel es explosivo e indigesto. Hemos tenido asaltantes profesionales como titulares de portafolios; monreros y extorsionadores a cargo de bancos públicos y privados; presidentes rateros y hasta uno de esos se suicidó para no ir con sus huesos a la cárcel y otro renunció por fax a miles de kilómetros del país. La vitrina es más bien vergonzosa y cada quien cuidando por sus linajes y manadas reducidas. ¡Estos de confundidos, NO tenían nada, llegaron a robar y punto!
Díscolos, inecuánimes, los peruanos pasan de la tristeza al éxtasis, del rubor al descaro más desvergonzado. Del júbilo al fondo abisal y la forma pendular nos signa desde la iniciación de la república y es una manera inevitable de historiar nuestros pasos.
Por alguna razón misteriosa los peruanos vivimos el presente, el pasado es para cuitas y recuerdos, el futuro no preocupa. Atolondrados y majaderos transitamos en la falsa expectativa que las cosas caigan del cielo.
¿Pulverizarán coimisión candidatos?


