Política

Presidencia, ilusiones y duras realidades

hcmujica@gmail.com
bandapresidencial
26 de marzo del 2026

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
27-3-2026

Presidencia, ilusiones y duras realidades

La profusión de candidatos presidenciales y sus ofertas igual de múltiples, fue expuesta en los llamados debates. Cada quien dice lo suyo y es no poca la confusión producida. Viejos saurios hábiles para el tráfico de influencias, con lazos firmes en la corrupción, dijeron escasas cosas nuevas y repitieron monsergas de temporada.

Mucha gente joven, desconectada, no solo por edad sino por el uso de otro lenguaje con los mayores de 40, 50 y 70 años, no sabe explicarse el imán mágico que tiene la presidencia. ¿Por qué casi 40 postulantes a jefe de Estado?

Cuando una sociedad divaga en bolsones sin trabazón mínima, alienta la existencia precaria de conjuntos ciudadanos con intereses distintos, hasta contrapuestos. Y el idioma de unos, es incomprensible para otros.

Pasa en todos los ámbitos y he allí una explicación al porqué los clubes electorales carecen de vanguardias juveniles armadas de ideas sólidas, conocimiento profundo del país que pretenden cambiar y falta de solidaridad con las grandes mayorías del Perú a las que se deja, suicidamente, a su suerte.

Nótese que entre voto blanco y viciado según los estudios recientes orillan el 40% del electorado. No es poco, eso significa que pueden marcar, para salir del paso, cualquier cosa. Los antiguos tiempos del voto por consigna vía los movimientos políticos organizados, ya pasaron a la historia. Y a la anécdota.

En artículo anterior, el 20-8-2020 ¿Cuánto manda realmente un presidente en Perú
https://bit.ly/31bFROp , anotamos algunas opiniones que hoy confirman su anticipado acierto. Leamos.

“El único espacio en que un mandatario navega a sus anchas es en su vanidad y ante la tribu de usuales ayayeros que llegan con el sahumerio y la adulación, condiciones básicas de supervivencia.

¿Tiene un jefe de Estado capacidad para convertir a su patria de país exportador de minerales en otro con valor agregado y generación intensa de mano de obra? Casi nunca. Los precios de las exportaciones primarias se juegan en el mercado mundial que dicta las subidas y las bajadas, es decir, las menores o mayores recaudaciones. Más de dos países, uno de ellos Perú, han dicho varias veces que el cobre es “su sueldo”. ¿O no?

Por lustros la moda de sustitución de cultivos, desde el norte y con intensidad estacional –la de ellos- se impuso en el país. ¿Por qué en lugar de quemar producción y malograr campos enteros, no se impulsó una política soberana y negociada que comprara toda la producción de hoja de coca y se probara alternativamente y con trabajo para miles de campesinos? Es que ese diseño tampoco se creó aquí, nos lo traen diplomáticos, soldados, bases militares y el requerimiento es del poderoso vecino septentrional con dólares incluidos.

Hemos tenido logreros discurseadores en la primera magistratura pero sus sueños de opio y yerros frecuentes fruto de la improvisación, siempre los paga el pueblo sin que reciba justicia en mejor vivir ni horizonte porque “así es la política”.

Perú es un país grande y rico en biodiversidad, pero de manera individual no puede sino rendirse ante los imperios, ayer el norteamericano –hoy para variar, el mismo- y el chino que compra tierras, minas y alberga la esperanza de ejercer su inmenso poder en los próximos lustros aunque provenga del brutal y explotador capitalismo de Estado pero con el antifaz oficial del partido comunista.

Trebejo solitario en el ajedrez mundial, Perú es apenas una pieza que poco o nada pinta. Por tanto sus personeros, diplomáticos, presidentes, corren la misma suerte por la ausencia total de poder decisorio. Aquí se administran dictados de más allá y acullá.

¿Que somos un país presidencialista? ¡Qué duda cabe! Preguntémonos ¿cuántos de esos mandatarios salieron sin mácula de la primera magistratura? Sólo revisar los últimos 25 años nos lleva a la crónica patibularia de pillos, suicidas y rateros.

Entonces ¿por qué esa veneración mágica hacia la presidencia con que sueñan políticos y muchos aventureros?

La “presidencialitis” es una tara de siempre. Cualquier infeliz acostumbrado a pagar mal a sus trabajadores, a explotarlos y a la denigración de la condición humana y sólo por el hecho banal de poseer mucho dinero, se considera a sí mismo como “apto” para ejercer el primer cargo de la administración pública. Y hay idiotas químicamente puros que creen en esta “sinceridad” hueca.

¿Cuánto manda realmente un presidente en Perú? Decía don Manuel González Prada: “tomar a lo serio cosas del Perú, esto no es república, sino mojiganga”.

El “poder” de un presidente peruano es más bien relativo, muy modesto, en el escenario internacional, aparte de algunas posturas de tercera o cuarta línea, un mandatario tiene más bien influencia hacia adentro. Los operadores en ministerios, empresas transnacionales, bancos, en el Congreso, hacen el resto. No olvidemos a los cabilderos-lobistas muy bien pagados en los miedos de comunicación.

La quimera de la presidencia se desmenuza con facilidad. ¿Con qué base social militante, en las calles, en las organizaciones de base, en los clubes de madres, etc. cuenta un jefe de Estado para empujar decisiones populares en la búsqueda de un Perú libre, justo y culto? Sólo el hecho oprobioso de los vientres de alquiler, desmorona cualquier lógica impecable.

Los que lleguen tendrán que pactar silencio cómplice o mudez, con los que se van. Por la extraña razón que lo racional no funciona en Perú sino lo irracional, consensuado, custodia de las coimas gigantescas que permiten no pocas inversiones, estafas y contratos con nombre y apellido.

Muchas veces desequilibrados y enfermos, rateros y psicópatas que luego se suicidaron o terminaron en la cárcel, llegaron a la primera magistratura ¿para qué? La respuesta es obvia: para imponer sus negociados que no beneficios para el Perú y sus ciudadanos.

 

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26 de marzo del 2026

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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
27-3-2026

Presidencia, ilusiones y duras realidades

La profusión de candidatos presidenciales y sus ofertas igual de múltiples, fue expuesta en los llamados debates. Cada quien dice lo suyo y es no poca la confusión producida. Viejos saurios hábiles para el tráfico de influencias, con lazos firmes en la corrupción, dijeron escasas cosas nuevas y repitieron monsergas de temporada.

Mucha gente joven, desconectada, no solo por edad sino por el uso de otro lenguaje con los mayores de 40, 50 y 70 años, no sabe explicarse el imán mágico que tiene la presidencia. ¿Por qué casi 40 postulantes a jefe de Estado?

Cuando una sociedad divaga en bolsones sin trabazón mínima, alienta la existencia precaria de conjuntos ciudadanos con intereses distintos, hasta contrapuestos. Y el idioma de unos, es incomprensible para otros.

Pasa en todos los ámbitos y he allí una explicación al porqué los clubes electorales carecen de vanguardias juveniles armadas de ideas sólidas, conocimiento profundo del país que pretenden cambiar y falta de solidaridad con las grandes mayorías del Perú a las que se deja, suicidamente, a su suerte.

Nótese que entre voto blanco y viciado según los estudios recientes orillan el 40% del electorado. No es poco, eso significa que pueden marcar, para salir del paso, cualquier cosa. Los antiguos tiempos del voto por consigna vía los movimientos políticos organizados, ya pasaron a la historia. Y a la anécdota.

En artículo anterior, el 20-8-2020 ¿Cuánto manda realmente un presidente en Perú
https://bit.ly/31bFROp , anotamos algunas opiniones que hoy confirman su anticipado acierto. Leamos.

“El único espacio en que un mandatario navega a sus anchas es en su vanidad y ante la tribu de usuales ayayeros que llegan con el sahumerio y la adulación, condiciones básicas de supervivencia.

¿Tiene un jefe de Estado capacidad para convertir a su patria de país exportador de minerales en otro con valor agregado y generación intensa de mano de obra? Casi nunca. Los precios de las exportaciones primarias se juegan en el mercado mundial que dicta las subidas y las bajadas, es decir, las menores o mayores recaudaciones. Más de dos países, uno de ellos Perú, han dicho varias veces que el cobre es “su sueldo”. ¿O no?

Por lustros la moda de sustitución de cultivos, desde el norte y con intensidad estacional –la de ellos- se impuso en el país. ¿Por qué en lugar de quemar producción y malograr campos enteros, no se impulsó una política soberana y negociada que comprara toda la producción de hoja de coca y se probara alternativamente y con trabajo para miles de campesinos? Es que ese diseño tampoco se creó aquí, nos lo traen diplomáticos, soldados, bases militares y el requerimiento es del poderoso vecino septentrional con dólares incluidos.

Hemos tenido logreros discurseadores en la primera magistratura pero sus sueños de opio y yerros frecuentes fruto de la improvisación, siempre los paga el pueblo sin que reciba justicia en mejor vivir ni horizonte porque “así es la política”.

Perú es un país grande y rico en biodiversidad, pero de manera individual no puede sino rendirse ante los imperios, ayer el norteamericano –hoy para variar, el mismo- y el chino que compra tierras, minas y alberga la esperanza de ejercer su inmenso poder en los próximos lustros aunque provenga del brutal y explotador capitalismo de Estado pero con el antifaz oficial del partido comunista.

Trebejo solitario en el ajedrez mundial, Perú es apenas una pieza que poco o nada pinta. Por tanto sus personeros, diplomáticos, presidentes, corren la misma suerte por la ausencia total de poder decisorio. Aquí se administran dictados de más allá y acullá.

¿Que somos un país presidencialista? ¡Qué duda cabe! Preguntémonos ¿cuántos de esos mandatarios salieron sin mácula de la primera magistratura? Sólo revisar los últimos 25 años nos lleva a la crónica patibularia de pillos, suicidas y rateros.

Entonces ¿por qué esa veneración mágica hacia la presidencia con que sueñan políticos y muchos aventureros?

La “presidencialitis” es una tara de siempre. Cualquier infeliz acostumbrado a pagar mal a sus trabajadores, a explotarlos y a la denigración de la condición humana y sólo por el hecho banal de poseer mucho dinero, se considera a sí mismo como “apto” para ejercer el primer cargo de la administración pública. Y hay idiotas químicamente puros que creen en esta “sinceridad” hueca.

¿Cuánto manda realmente un presidente en Perú? Decía don Manuel González Prada: “tomar a lo serio cosas del Perú, esto no es república, sino mojiganga”.

El “poder” de un presidente peruano es más bien relativo, muy modesto, en el escenario internacional, aparte de algunas posturas de tercera o cuarta línea, un mandatario tiene más bien influencia hacia adentro. Los operadores en ministerios, empresas transnacionales, bancos, en el Congreso, hacen el resto. No olvidemos a los cabilderos-lobistas muy bien pagados en los miedos de comunicación.

La quimera de la presidencia se desmenuza con facilidad. ¿Con qué base social militante, en las calles, en las organizaciones de base, en los clubes de madres, etc. cuenta un jefe de Estado para empujar decisiones populares en la búsqueda de un Perú libre, justo y culto? Sólo el hecho oprobioso de los vientres de alquiler, desmorona cualquier lógica impecable.

Los que lleguen tendrán que pactar silencio cómplice o mudez, con los que se van. Por la extraña razón que lo racional no funciona en Perú sino lo irracional, consensuado, custodia de las coimas gigantescas que permiten no pocas inversiones, estafas y contratos con nombre y apellido.

Muchas veces desequilibrados y enfermos, rateros y psicópatas que luego se suicidaron o terminaron en la cárcel, llegaron a la primera magistratura ¿para qué? La respuesta es obvia: para imponer sus negociados que no beneficios para el Perú y sus ciudadanos.

 

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