Perú ¿cueva de bandoleros?

Lun, 01/09/2023 - 12:55 -- herbert
Herbert Mujica Rojas
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
10-1-2023
 
Perú ¿cueva de bandoleros?
                                                                                                         
Una definición simple de bandoleros se lee así: bandido, encartado, brigante, facineroso, salteador de caminos, fugitivo, cuatrero, malhechor, proscrito o forajido.
 
Me inhibo de hablar de alguien en singular porque la lista sería interminable.
 
En nuestros tiempos podríamos aludir a cuello blanco, jueces al peso, burócrata inútil, legiferante sin luz o inteligencia, ministro bueno para nada, presidente felón y ratero.
 
Uno de los grandes traumas nacionales consiste en que todos saben, supieron y no les conviene recordar, de las fechorías en que incurrieron los que integran el Perú formal que maneja el tributo de los ciudadanos y que lo despilfarra impune en naderías, adefesios y elefantes blancos que se caen a los pocos años de construidos.
 
El pacto no escrito consiste en que el que llega se olvida del anterior cuando pacta ganancias compartidas del dinero ilícito de las coimas o de las bancas paralelas que, las más de las veces, funcionan mejor que las oficiales, cuya violación es “muy trabajosa”.
 
Fue el historiador Jorge Basadre, en una de sus sentencias quien dijo lo siguiente:
 
“Hay, sin embargo, una leyenda negra sobre la época republicana, aumentada acaso por la propaganda de González Prada como reacción contra los hombres y contra los métodos que permitieron el desastre del ’79. Según esta leyenda, la República fue una cueva de bandoleros. No sentenciemos tan fácilmente a desórdenes y errores que no dejaron de estar acompañados de esfuerzos meritorios y sinceros”. (Basadre, 1929, p. XV).
 
Y así lo recuerda en su brillante libro Los inicios de la república peruana viendo más allá de la “cueva de bandoleros”, Natalia Sobrevilla Perea.
 
Acaso el dictamen de Basadre para aquél tiempo señalado pueda ser muy, pero muy discutible.
 
Aplicarlo al Perú de los últimos 80 ó 100 años, no admite la más leve duda.
 
Hemos tenido en la cosa pública desde presidentes ladrones, genocidas, cobardes y suicidas, hasta legisladores mediocres, oscuros y rapaces. ¡Ni qué decir de una burocracia que no ve, no oye, no habla y deja pasar el delito, contribuye a su perfección administrativa porque el dinero del contribuyente solo es bueno para el bolsillo privado!
 
Por falta de liderazgo político, hasta ahora la oposición protestante no ha presentado una propuesta pública, realista y madura, para llegar a un acuerdo, a un gobierno fragilísimo que sólo inventa fantoches de origen boliviano, terroristas y violentistas cuando la realidad dura es que la violencia del Estado se ha percibido del modo más trágico con 29-30 muertos.
 
Peor aún, algunos ganapanes cercanos al gobierno, vendieron el cuento secesionista vía el cual Bolivia extenderá su manto geopolítico hacia el Océano Pacífico, todo el sur peruano y se aprovechará de las minas en toda la extensa zona. Rechazo semejante cretinada y pregunto: ¿son los peruanos tan idiotas como para no advertir que el real beneficiario sería un país austral que ya demostró cuáles son sus intenciones desde 1836 y también en 1879?
 
No recordar estas circunstancias que la historia puntualiza con denodado ímpetu, transparenta un oscurantismo aberrante en todos los niveles. ¿Y dónde está la Cancillería? ¡A ver si se olvidan de sus taras capitalinas y se integran a trabajar en las bases!
 
Perú es un ámbito secular en que el atolondramiento es genético. Nacemos en desorden, vivimos en el caos, nos aterroriza la pulcritud documentaria y somos fanáticos de la turbamulta, la bulla, el grito y el caballazo en cualquiera de sus formas. Si existiera un concurso mundial para definir qué ciudadano del mundo es más espontáneo, indiferente a las reglas y fracturador adrede de cualquier armonía, los peruanos ganaríamos por muchos cuerpos de distancia.
 
Y lo antedicho no puede constituir motivo de orgullo sino de vergüenza.
 
¡Es hora de ponernos de acuerdo en todos los órdenes! Esa sentencia abominable: “así es el Peru”, debiera ser pulverizada del menú cotidiano porque es un paliativo vergonzoso. Mal de muchos, consuelo de tontos, reza el dicho.
 
¿Cómo, en qué forma, con qué sinceridad, evitar repetir que este nuestro país sea una cueva de bandoleros?
 
Y, por favor, los aludidos no reclamen que se ponga su nombre y apellido. ¡Caraduras!
 
 
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