Nora Sidoine : la creación es un viaje al origen

Mar, 02/23/2021 - 14:34 -- alerta
Jorge Smith Maguiña
 
por Jorge Smith Maguiña; kokosmithm@hotmail.com
 
24-2-2021
 
Conozco la obra de Nora Sidoine desde hace ya unos 35 años. Una larga ausencia suya me hizo distanciarme de ella y su obra y sobre todo de su proceso creativo. Recuerdo sin embargo que ya la primera vez que hablamos sobre el mismo, cuando balbuceaba un poco al querer darle una forma conceptual a lo que hacía, me soltó esta frase, ”La creación es un viaje al origen”.
 
Durante estos largos años, ella ha madurado en una forma que yo diría equilibrada, tanto su persona como artista, el contenido de sus propuestas artísticas como también la percepción que tiene de su proceso creativo.
 
Estos últimos años hemos visto evolucionar sus indagaciones estéticas en diferentes direcciones. A veces el lienzo ha sido para ella, un campo de aterrizaje de experiencias formales más ligadas a las texturas y otras veces más bien el espejo de reflexiones plasmadas en lienzos, cuyos contenidos, cuando los observamos en detalle son algo muy diferente del impacto que tenemos de ellos a primera vista. Y no es, sin embargo, porque Nora quiera someternos a trucos visuales o adivinanzas en sus obras, sino por la riqueza de impresiones y de callados mensajes que sus lienzos -si podemos llamarlos tales- nos transmiten si sabemos interrogarlos.
 
Nora es una artista que tiene una muy sólida indagación intelectual sobre lo que ella quiere plasmar. Su formación que la inició en Lima, la culminó, si así podemos decirlo, en Nueva York. Su errancia la llevó a instalarse casi 15 largos años en Seattle, la ciudad de Microsoft y cuna de Starbucks. "Si me preguntas qué aprendí en mi larga ausencia, puedo decirte que mucho, pero más como persona que como artista plástica. Un pintor termina procesando todas sus experiencias visuales, que le son muy útiles, siempre y cuando ya tengas alguna base sólida sobre lo que inicialmente querías hacer, de lo que yo llamaría, tus iniciales intenciones estéticas. De otra manera, solo adquieres una erudición visual, muy útil culturalmente, pero no necesariamente definitoria para lo que inicialmente querías hacer." Esa reflexión es muy puntual por parte de ella. Grafica bien su periplo y su larga estadía en los Estados Unidos. “Mi estadía allí, podría dividirla en dos fases East Coast en New York y West Coast en Seattle. La primera me deslumbró en contenidos nuevos, la segunda fue algo así como un largo adagio de reflexión,” me dice.
 
“Creo que por muy largos que fueron esos quince años, lo que llevaba en mi mochila antes de partir, me dio insumos que nunca se agotaron. La herencia cultural visual del Perú es muy compleja y si quieres ser artista plástica y has vivido al inicio de tu vida en Perú, no es con un billete de avión, que te vas a liberar de ese legado, que persiste y allí está en múltiples formas. Puede estarlo en forma confusa, vaporosa o desordenada pero allí está. Por más que quieras que tu expresionismo abstracto, por muy personal que sea, puedo decirte que ni como expresión por muy elocuente que ésta sea, deja de esconder algún detalle de ese legado. Como abstracción tampoco logra totalmente abstraerse de aquella realidad residual, de la cual al final algún eco siempre queda y, aunque a veces no esté presente en la obra, está flotando con esa especie de halo mágico que siempre envuelve una obra de arte”, enfatiza Nora. 
 
Pintar es indagar y reflexionar
Cuando Nora nos habla de su proceso creador, hay algunas palabras que utiliza insistentemente: indagar, reflexionar. “Tengo que volver y volver sobre algunos temas y darle vueltas hasta lograr imaginar mentalmente toda una serie de lienzos.” Muchas veces lo ha dicho, “Mi proceso creativo es como una espiral. El pintar es algo así como un ritual de peregrinación hacía atrás. Mas que voy, yo diría que regreso, recuerdo. Es lo que en el pensamiento mítico, se llama el eterno retorno. Un viaje casi compulsivo al inicio de todo”.
 
 
Eso permite que al apreciar las obras de Nora, sobre todo las series, haya una gran coherencia formal. Puede ser que en una serie, el elemento central sean las texturas, que en otra serie sea la persistencia de algunas formas, que parecen aprisionar islas de colores muy definidos o en otros casos, series donde lo central es el color y algunas formas se insertan como intrusas en el lienzo. Utilizo la palabra serie pues en una exposición de la artista, cada cuadro a veces me ha parecido ser parte de un gigantesco lienzo y que por razones prácticas ha sido dividido en varios lienzos. Lo cierto es que el impacto estético que produce una obra de Nora nunca nos deja indiferente.
 
Al conversar con ella sobre sus diferentes series, descubrimos que ella ha hecho un trabajo minucioso de conceptualización previa de lo que quiere plantear. “Debes comprender, que las ideas son sobre la exposición, no sobre el contenido de las obras. Son dos cosas diferentes. Me impongo una disciplina mental muy rigurosa al armar una exposición. Trato de no hacer bocetos. Hay evidentemente un hilo conductor pero no hay una idea fija, es un hilo obsesivo y recurrente lo que le da una especie de unidad a las series de mi obra. Si fuese músico, diría que son mas bien ciertos acordes que quiero reiterar y no melodías explícitas. Son los acordes, los que unen a muchas de mis obras.” me dice.
 
Para la exposición denominada “Esplendor” escribió un texto que refleja muy bien lo que quiere expresar: ¨Cada  serie me lleva por caminos diferentes a casi un mismo lugar: el mismo centro de mi cuerpo donde habitan las emociones. Primero hay que conectarse con éstas y atraparlas con un caza sueños para dejarlas fluir…escuchando atentamente sin oponer resistencia ni tratar de entenderlas."
 
Otros terrenos para el expresionismo abstracto
 
El tema de las texturas es un manantial de belleza plástica que Nora ha tratado exhaustivamente en varias de sus series. Generar expresionismo abstracto basándose o iniciándolo a partir de una textura era algo poco indagado por parte de los artistas plásticos. Es algo que siempre interesó a Nora. A veces eran formas, no necesariamente abstractas, que en forma inesperada emergen del centro de una espiral o que como caracoles o floraciones que tratan de salir o brotar del lienzo. En otros casos eran torsos de mujer, cuyas formas han sido definidas a base del material del mismo lienzo. A veces ese detalle es lo central, sobre todo en los lienzos de pequeño formato. A veces puede parecer algo meramente accesorio, pero en todos los casos se puede deducir que hay una reflexión previa en la decisión de poner dicho detalle. La obra de Nora ha girado hacia un expresionismo cada vez mas puro en el cual el color, ha sido lo que le va dando presencia a la forma.
 
“Llego a utilizar tal o tal color, no necesariamente por equilibrio cromático. Creo que al sintetizar algo en una obra, en lo que concierne el color, resuelvo y transfiero un proceso interno muy complejo.” Ella me da varios ejemplos mostrándome sus obras. A veces es necesaria una explicación suya para comprender el proceso, pues lo manifiesto no siempre suele, mostrar con total evidencia lo subyacente.
“Sé que eres psicólogo Jorge, pero en mi caso gracias a la influencia positiva que el arte tuvo en mí y que me ayudo a estructurarme, creo que perdiste a una paciente”.
 
Nora ha trabajado su obra en las más diversas direcciones de lo que se suele denominar el expresionismo abstracto, pero su sensibilidad nunca se ha perdido en la abstracción pura -que suele ser una tentación-, pues su deseo es de comunicar algo, ha ido más allá que la simple intención de generar productos estéticos. ”Lo peor es buscar la expresión por la expresión misma.” Sobre su proceder ella también agrega, "Dibujo muchas veces con texturas y soguillas, la luz es el color y cada lienzo al ser percibido como algo individual es al mismo tiempo un instante detenido de este proceso creativo, que cuestiona, responde, propone y soluciona."
 
¿Y el tema sagrado? Le pregunto.
 
“Siempre gira por allí, en su forma más positiva que es el de la búsqueda de la trascendencia y siempre se cuela como una fuente fértil de inspiración. Los vitrales por ejemplo siempre me han fascinado. No solo aquellos hermosos de las grandes catedrales góticas, sino la técnica en sí. El hecho que los espacios de color o de la imagen que en el caso del vitral están delimitados por el metal y que precisen de la luz para ser apreciados en su verdadero valor es, desde el plano estético, una propuesta fascinante. En la historia del arte, en la pintura, quizás solo la obra de Fra Angélico y algunos otros nos transmiten esa belleza que nos emociona y que nos dan esos vitrales hechos por esos geniales artistas anónimos que le dieron un toque de belleza suplementaria a las catedrales góticas. Si algo uno recuerda después de haber visitado Notre Dame, al margen de su espléndida arquitectura, son sus hermosos vitrales.”
 
Mi última pregunta. “¿Es más difícil comenzar o terminar una obra de arte.” Me dice “Hay varias formas de comenzar a responderte esta pregunta. La primera es que la fase media de la ejecución de una obra de arte es quizás la fase mas simple y placentera. Yo diría que incluso es lúdica. Uno la disfruta pues experimenta a veces demasiado, con el riesgo que se desnaturalice lo que al inicio querías hacer. Bueno, digo esto pues en relación a la incertidumbre de las primeras pinceladas, esta fase media, es a cup of cake. Iniciar una obra de arte, si quieres realmente hacer una, implica diversas dudas previas, varias torturas mentales de porque haber comenzado hacer esta obra y no la otra, si tenías varias en mente. A eso le agregas la incertidumbre de si iras hasta el final con la obra que comenzaste o si aquel lienzo después de un entusiasmo inicial, se quedara a veces años durmiendo y empolvándose en un rincón de tu taller. Iniciar una obra, sobre todo para personas que tienen una formación clásica como yo, que han aprendido a preparar el lienzo, los materiales, los colores, etc. es siempre un desafío. Es un proceso complejo, que puede llevarte a detalles obsesivos y a veces paralizantes.”
 
Pienso en el conmovedor testimonio de Oscar Wilde, en el “De Profundis” sobre la forma cómo una obra de arte germina dentro de uno y también en la hermosa obra de Rilke, “Cartas a un joven poeta”.
 
“La creación en artes plásticas –continúa-, aún en expresionismo abstracto es algo tan complejo como en otros estilos. No es algo fácil. Por eso al final pocos artistas sobreviven al test del tiempo. “Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos”, creo que dice la Biblia”. El mundo de la creatividad, es de alguna manera un mundo muy darwiniano. Creo que se ha confundido a la gente, diciendo que lo que afirmó Darwin, era que en la evolución quienes sobreviven eran los mas fuertes. Lo que quiso decir en realidad es que quienes sobreviven son los mas aptos. En arte también, sobreviven quienes pueden lograr con una gran economía de medios, dar lugar a productos novedosos y desconcertantes como en el reino animal existen el mimetismo y otras adaptaciones realmente desconcertantes. Al entorno a la geografía o al clima, pero estos seres vivos también olfatean, captan y por lo mismo enganchan con aquello a lo cual es sensible el entorno. O sea son más aptos aquellos que logran tener congruencia con el ecosistema, pues un artista es parte del tejido social y el arte que produce un artista en un momento dado, no puede estar demasiado alejado, de lo que el entorno solicita en un momento dado.”
 
 
“Mahler el gran músico decía, “Mi tiempo vendrá” y pasó casi medio siglo para que su música sea apreciada como se debe. Hoy las cosas son diferentes. Creo que el artista plástico no busca un reconocimiento póstumo o post mortem. Quiere que su obra se aprecie en tiempo real. Sería demasiado pedir, querer que su obra sea entendida como el la quisiese, pero si quiere que sea apreciada.” Le insisto en que aun no me ha dicho cómo el artista decide cuando una obra de arte esta terminada.
 
“Siempre ha sido difícil para un artista plástico decir cuándo una obra específica está definitivamente terminada. Quizás los geniales artistas del Renacimiento, sobre todo los escultores, aquellos que trabajaban con el mármol quizás si podían hacerlo. Si Miguel Angel se hubiese acordado de un detalle que hubiese querido agregarle a “La Pieta” hubiese tenido que recomenzar a hacerlo todo de nuevo, en otra mole de mármol. La decisión de cuándo consideramos que una obra de arte esta culminada, no es fácil. Podríamos decir que a veces, puede ser hasta arbitraria. Una obra de arte hoy en día es de alguna manera una conversación, entre el artista y el producto que esta saliendo de sus manos. Si no está terminado el diálogo, la obra puede darle la impresión al artista o al que la aprecia, que algo está inconcluso. Creo que el momento que uno decide que una obra está concluida, es cuando el artista decide que ésta puede tener una vida propia, cuando ya puede significar algo para el artista y quien la percibe, sin pasar necesariamente por un intermediario, que busque de imponerle una significación a la obra. La valoración y el significado estético de la obra del arte, no responde necesariamente a criterios racionales. La facultad de apreciar la belleza, es una capacidad, que define lo humano. Todas las culturas y todos los pueblos, desarrollan un criterio para apreciar la belleza, cuyos criterios formales pueden variar. Al ser humano el contacto con lo que considera tiene belleza le da placer. Esa capacidad humana la puedes desarrollar, afinar, refinar o diversificar y así expandir tu margen de placer. Lo que sí es cierto y muchos solo descubren demasiado tarde es que vivir al margen del arte, es pasar al costado de algo esencial en la vida” añade, finalmente Nora, al terminar este luminoso diálogo.