Negociación política urgente

Mié, 04/21/2021 - 12:43 -- alerta
Aníbal Sierralta Ríos
 
 
 
por Aníbal Sierralta Ríos*
 
21-4-2021
 
Un terrible dilema: elegir en medio de la rabia, el hambre y la indignación. Entre un candidato que busca quebrar toda la estantería y cuyos congresistas tienen voces extremistas y apocalípticas; y una candidata con acusación fiscal por corrupción y que, durante diez años, dominada por el odio, jaqueó al gobierno de turno perjudicando al país. Un clásico silogismo cornutum: por cualquier lado nos cornean. Ninguno da confianza.
 
Tan semejante situación obliga a negociar: primero con los ciudadanos de los cuales emana su legitimidad y poder; luego, entre ellos mismos, para privilegiar el bien común por encima de los intereses partidarios. Es decir, acudir a ese moderno, aunque antiguo, mecanismo de negociar.
 
La negociación es el arte del equilibrio y como tal un acto de fe: único e irrepetible. Para que sea efectivo se requiere conocer su procedimiento y las fases para llegar a un acuerdo que no derribe, sino que construya desde nuevas perspectivas.
 
Los candidatos deberían reunirse, por separado, con la población para conocer sus intereses, sus necesidades. Es cierto que el pueblo se ha expresado con sus votos, pero no han sido todos. Es necesario convocarlos y escuchar. Acto difícil, es cierto, pues están preocupados en cómo las técnicas de marketing los pueden ayudar a obtener ventajas; pero es un acto de necesaria humildad. Escuchar, es el mejor medio para generar confianza. Todos la hemos perdido, sobre todo de la clase política.
 
La agenda es sencilla en número: cómo mejorar el sistema de salud (camas, vacunas, oxígeno, medicamentos y personal sanitario); cómo salvar a nuestros niños que en medio del hambre se han quedado sin recibir el alimento espiritual de los candorosos afectos de sus compañeros, sin sus profesores y con frecuencia viendo partir de sus padres; cómo recuperar las fuentes de trabajos y librarlos de la codicia voraz de las tasas de intereses; cómo propiciar las grandes inversiones sin afectar el medio ambiente; como resarcir a aquellos que prestan los servicios esenciales y que sin verlos, nos permiten soportar el inmenso peso de la tragedia.
 
No perderse en la invocación vacía de querer poner en primer lugar de la agenda aquello que con facilidad se dice: defender la democracia, los valores republicanos, el Bicentenario. Esto viene por añadidura si atendemos primero a los más débiles y desprotegidos; si reconocemos la salud como un derecho y no como un servicio; si el sector privado reduce su codicia voraz; si la educación y la salud son valores y no una fuente de lucro en manos de la codicia. Eso es democracia; eso es haber llegado a ser país independiente. Un país justo es una nación democrática.
 
Los grupos políticos deberán priorizar sus objetivos partidarios y fijar un mínimo y máximo; a fin de establecer un margen de negociación y lograr flexibilidad hacia un consenso.
 
La negociación es un proceso con tres fases: una emotiva que la estamos viviendo y que se logra solo escuchando, para alcanzar confianza. Después viene la fase reflexiva, en la que se descubrirán los intereses subyacentes, se determinarán los puntos de coincidencia dentro de ese margen de objetivos con mínimos y máximos; se harán concesiones mirando el bien común. Finalmente, una vez definidos los objetivos comunes para los próximos dos años, es que se pasará a la fase del consenso, los acuerdos y la forma para que estos sean viables, creíbles y duraderos.
 
Los actores de esta negociación política, grandes y pequeños, deberán hacer una inmensa renuncia del orgullo, odio y prepotencia que han mostrado en los años recientes. Es un inmenso esfuerzo, pero es un último gesto de humanidad.
 
La experiencia como profesor de colegio es una ventaja: un docente es un gran actor, todos los días interpreta un personaje, más aún cuando hay ausencia de ayudas audiovisuales, pues sólo tiene la gestualidad, la empatía y la tolerancia. La actuación requiere de un buen texto y equipo coherente. Esa es una herencia a ser legada a la ciudadanía.
 
Haber sido la líder de un movimiento político construido por la envidia al gobernante que le ganó la presidencia y que ha sumido al país en la confrontación, es también una lección: las ambiciones y el odio tienen un mínimo y un máximo, también la corrupción. Si se desbordan corroen el alma y se sufre el ostracismo.
 
Sólo se construye poniendo límites a nuestros intereses y ambiciones. Tarea difícil en una cultura formada a partir de la competencia y no de la perfección. La competencia sin límites deja en el camino a muchos muertos y desvalidos. El renunciamiento es un acto de reciprocidad a los ancianos y jóvenes que acudieron a expresar su voluntad, aunque solo sea cada quinquenio, pero que ahora se convierte en la medicina que alivia el dolor de la desolación. Siempre hay un espacio y oportunidad.
 
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*Profesor de Negociación y Teoría de los Juegos