El Ministerio del Misterio

Lun, 01/18/2021 - 20:53 -- alerta
José Cabada Delgado
 
 
por José Cabada Delgado; jcabada130@gmail.com
 
Prólogo
 
Ver, oír y callar es una trilogía que muchos peruanos siguen desde mucho tiempo atrás. Consideran –nociva costumbre- que es la forma más adecuada para no “interferir” ni “interrumpir” lo que está en marcha. Importa poco si se está haciendo mal o con parches y deficiencias que los Estados modernos NO pueden permitir por una sola razón potente e inobjetable: ¡malgastar el dinero de los impuestos de los peruanos es un crimen!
 
En El Ministerio del Misterio nos hemos referido con frecuencia tenaz al portafolio que pagan los peruanos para su promoción, negocios, temas consulares y a nivel de representación de embajadas fuera del Perú, es decir, a Relaciones Exteriores que no puede estar ajena a la mirada atenta y fiscalizadora de los peruanos, sobre todo si se comprueban delitos, hay indicios suficientes y documentos que acusan a los protagonistas de hechos vulgares como son el robo, estafa, cohecho y tráfico de influencias.
 
Si estas taras tan conocidas desde hace casi 200 años, son inaceptables, mucho menos lo son si se cometen en el exterior y en nombre del Perú. Nuestra tarea periodística y cívica, a lo largo de las últimas décadas consistió siempre en romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz. Y nunca nos callamos ni silenciaremos nuestra voz libre para denunciar a los malos elementos. Quienes han leído las publicaciones pueden dar testimonio de cómo hemos enfrentado amenazas, dicterios y expresiones ociosas que merecieron siempre la exhibición puntual de cartas, la muestra de cheques indebidos y la palabra escrita y basada en la verdad de los hechos.
 
Denunciando la comisión de hechos reprobables, señalando a los protagonistas con nombre y apellido, cargo y fecha, hemos incurrido en la noble tarea de contribuir a que El Ministerio del Misterio (Relaciones Exteriores), comprendiera que estaba haciendo mal con elementos mediocres y que corrigiera el rumbo. No se nos puede acusar de obstruccionistas y mucho menos de infidentes. Hay que decir al pan, pan; y al vino; vino.
 
A lo largo de El Ministerio del Misterio, hay un recorrido que frisa o supera cuatro décadas de pasión por y para el Perú. El periodismo impreso y de opinión ejercido, fundamentalmente en Estados Unidos, constituyó un ejercicio divertido y constructivo. Ni la lejanía del terruño o la adversidad muchas veces superada, nos inhibió de poner los puntos sobre las íes.
 
Hay un bicho –y todos lo sabemos- que ningún partido, Congreso, presidente o más simplemente NADIE, ha hecho algo por el peruano. ¡Menos! lo hará por el que viaja tras nuestras fronteras al exterior.
 
¿Sucede lo mismo con los connacionales que viven al exterior del Perú? Mi impresión es que no porque cada año la remesa de dinero a la Patria supera los 2 mil millones de dólares como promedio. ¡Y sin pedir nada!
 
Gracias a las campañas de estas publicaciones impresas se lograron temas tan importantes como el voto por correo; la NO pérdida de la nacionalidad peruana; el señalamiento puntual del pésimo comportamiento de cónsules y embajadores; crónicas enteras educativas sobre la historia del Perú para nuestros connacionales y también luchas como la librada por los pastores ovejeros, cuya emocionantes y trágica trama se narrará en otro libro ya en imprenta y por la que fuéramos distinguidos por la Sociedad Interamericana de Prensa años atrás.
 
Dejé de contar los viajes de retorno al Perú emprendidos desde hace 60 años que emigré al país del norte. Vine a entrevistarme con los últimos 7 cancilleres de la República y a exponer, pleno en textos, fotocopias, pruebas indiciarias, en buena cuenta con la verdad, ante ellos las irregularidades en perjuicio de los peruanos en el exterior. Siempre, y hay que decirlo, con el sufragio íntegro de mi pasaje y hotel y bajo mi entera responsabilidad profesional de periodista enterado y muy bien informado.
 
Puedo dar testimonio de cómo estas lecciones de vida que hoy, pasadas las ocho décadas y media, pongo en forma de libro para que las promociones actuales puedan leer este testimonio que de alguna manera es esa historia maestra de los tiempos que elogiaban los antiguos griegos y que en el caso del Perú, es manantial para saciar la sed de los nuevos peruanos que tienen pleno derecho a saber ¿de qué se trata? en El Ministerio del Misterio.
 
¿Cómo hacer para extirpar a las cofradías de enanos mentales que pululan de consulado en consulado, de embajada en embajada? Los yerros son monumentales, las torpezas variadas y la falta de sentido común una regla vergonzosa.
 
¿Qué y quiénes son y para qué sirven? es una de las preguntas favoritas que el lector encontrará cuando haga su examen del grueso tomo que sirve de testimonio personal de lo visto y vivido durante más de 60 años.
 
Se sabía, antes de la propagación del nuevo coronavirus19, que éste existía como tema de investigación en múltiples laboratorios. ¿Dónde estaba nuestra diplomacia frente a lo que después se llamó pandemia y que ha puesto casi en quiebra a todo el mundo? Poco es lo que se ha dicho de esta clamorosa falla de la diplomacia.
 
Como dijera William Randolph Hearst, una fotografía vale más que mil palabras y un capítulo de El Ministerio del Misterio, muestra que no requiere de mayor literatura que aquella revelada en sus páginas acusadoras, plenas en humor crítico y de legítima protesta ante la ignominia de funcionarios de pésimo comportamiento.
 
Vale la pena recordar algunas consideraciones escritas desde tiempo atrás y que equilibran con afán constructivo el contenido de este libro.
 
Existe la tendencia por parte de muchos peruanos que viven en el extranjero que cuando “algo” les sucede, inmediatamente recurren al consulado. Igualmente, ocurre en el Perú con los familiares que están en la creencia que RREE debe jugar el rol de “mamá de los pollitos”.
 
Es necesario que RREE deje de hacer creer el equivocado concepto, sobre todo cuando hacen declaraciones a los diarios diciendo la verdad a medias o ambigüedades, quizás lo hacen con la finalidad de adjudicarse méritos ajenos.
 
Si en el Perú el gobierno no puede Asistir y Proteger al Nacional, mucho menos podrá hacerlo con el peruano que sale al extranjero y que no se sabe dónde está o quién es.
 
RREE no es beneficencia pública y su rol tampoco es de niñera. El que sale del Perú incumpliendo las leyes del país que escoge, se está arriesgando, sobre todo, si comete alguna falta grave. Ni consulados, ni embajadas, ni el gobierno podrán intervenir porque también tienen que respetar las leyes del país. ¡Así de sencillo!
 
La Asistencia y Apoyo al Nacional fue una bomba de tiempo que en su momento impulsó el ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros bajo el pregón de 7 Políticas Consulares, años atrás. Se dedujo, incorrectamente, por parte de los connacionales que la intervención de RREE en cualquier cosa, era de vital importancia. Y no es así.
 
Nuestros diplomáticos tan sólo pueden servir como “recordatorios” al gobierno extranjero para que el ciudadano peruano sea respetado y reciba el debido trato de acuerdo a ley que es específica y no de inmediato porque no tienen facultad para solicitar tal acción. El resto son historias y habladurías.
 
La “mamá de los pollitos” en lo que deberían ser expertos, la comunicación, ha fracasado rotundamente en los últimos 50 años. Las embajadas son renglón aparte.
 
Hasta el momento, ningún consulado ha podido crear algún sistema de comunicación masiva en sus respectivas jurisdicciones, ni saben cuáles son las instituciones legalmente constituidas. ¿Cómo pueden Asistir y Proteger al Nacional si ni siquiera saben comunicarse con la prensa peruana que ya existe fuera del Perú y a cargo de connacionales?
 
Una de las tareas fundamentales e ineludibles de RREE, para bienestar de propios y extraños, debería ser “reinventarse”. En tiempos liquidadores como los actuales, la cartera de Relaciones Exteriores no puede estar eximida de una profunda y radical reingeniería.
 
Con el propósito constructivo de ayudar al remozamiento de la imagen de Relaciones Exteriores, nos permitimos ofrecer todo el espacio que requieran para que en nuestro próximo libro, ya en prensa, hagan los descargos respectivos, informen ¡qué están haciendo! con los malos elementos, la clase de denuncias de que fueron objeto, es decir, ¿qué puede decirle a una ciudadanía exigente en pro de su reivindicación, el Ministerio cuya sede física lleva el nombre discutible y hasta polémico de Torre Tagle?
 
Saber que se castigó el delito o la inconducta, se degradó a sus protagonistas o se echó del servicio diplomático a los malos elementos, representará, de haberse hecho, un valioso paso en Relaciones Exteriores. No sólo eso. Los objetos, bienes inmuebles, propiedades, habidas con dineros ilegales, también debieron ser confiscados y comprendidos dentro de los presumibles procesos penales.
 
¡Así lo exige el Perú entero!
 
 
José Cabada Delgado
Lima, enero 2021