Claudicante propuesta de Sagasti

Dom, 01/15/2023 - 13:52 -- herbert
Herbert Mujica Rojas
Informe
Herbert Mujica Rojas-Señal de Alerta
16-1-2023
 
Claudicante propuesta de Sagasti
 
Propone (así lo dijo el sábado en RPP) el ex presidente Francisco Sagasti “dos semanas de calma para que el nada influyente y desconocido Consejo Interreligioso del Perú recoja las demandas de los manifestantes y las exponga ante el Consejo de Estado, con el objetivo de llegar a un acuerdo mínimo y aceptable.”
 
Parece muy plausible otra iniciativa que busque alguna forma de diálogo o entendimiento en vista que el gobierno de Dina Boluarte ha ratificado su autismo y no repara en que si bien los días pasan, no decrece la protesta y en cambio también sectores manifestantes en Lima, así lo hicieron conocer públicamente.
 
Aquí en Diario Uno, en días pasados, publicamos el 13 de los corrientes: Una tregua también es arma de combate. De repente es una casualidad pero un soplo de cordura parece cernirse sobre los turbulentos territorios del Perú. ¡Enhorabuena!
 
Es inevitable un entendimiento que equivalga a ¡no más muertos!
 
Pero entregar una mediación que alimente a un colectivo desconocido, de presunta menor o ínfima influencia, no es un camino recomendable, es más bien una propuesta claudicante. Porque renuncia, evade la responsabilidad y se la comisiona a una entidad confesionial.
 
Perú es un Estado laico. En la Carta Magna se menciona a la Iglesia Católica y se la destaca como contribuyente a la formación del Perú. Se consiente, de facto que no de jure, además, nadie la cuestiona, aunque es un tratado internacional ¡jamás! aprobado por Congreso alguno, el concordato con el Estado vaticano y en virtud del cual, dicha entidad católica no paga impuestos, gozan de sueldo sus integrantes y manejan propiedades inmobiliarias y de diversa índole.
 
Cada quien es dueño de su preferencia religiosa. Pero ese es un asunto respetable que debe mantenerse en sus confines.
 
¿Para qué existen otras representaciones políticas si no es para analizar, estudiar, dirimir y resolver las álgidas coyunturas por las que pasa el país? Por lo menos en el diseño teórico del Perú.
 
Sí, es cierto, el Congreso es odiado por golpista, mediocre, sin luces ni ideas y la mejor demostración de esas “virtudes” negativas, es que su cogobierno produce disparates a cada momento.
 
Dar vida a organizaciones de nula representación política y encargarlas, como expresa el ex mandatario Sagasti, de una participación tan delicada, encarece (como en los negocios) el costo del producto: una paz con anteojeras confesionales, puede resultar en un fiasco. De nunca acabar.
 
El embuste que las protestas son lideradas por “violentistas, senderistas” forma parte de una frágil arquitectura mediática para disimular la muy torpe respuesta letal que ha dado el Estado vía la PNP contra la población civil. Casi 50 muertos son un testimonio irrefutable de bestialidad monda y lironda.
 
El señor Sagasti, merced a su paso directriz en Palacio, tiene que haber conocido información de muy alto nivel. Entonces ¿por qué no habla directo y claro en lugar de proponer que una institución confesional se meta en temas que no son de fe ni creencia ritual?
 
El libre pensamiento es un derecho también.
 
¿Por qué no dejar a los grupos confesionales a que se dediquen a lo suyo? La política, el gobierno, la construcción o reorganización del Perú no tiene nada que ver con las múltiples iglesias. Buen momento para ratificar la separación de la Iglesia y el Estado. ¿O es pura fanfarronada para las tribunas?
 
Recuerdo que, años atrás, en charla con un tempranamente desaparecido líder parlamentario de la izquierda, le propusimos que investigara el Concordato del Perú con el Estado vaticano y luego de 3 horas, aquél buen amigo nos confesó que “él era católico y su familia también”.
 
Si una persona de esa categoría intelectual y política, afincaba su convicción de fe para no tocar un tema firmado en secreto entre la dictadura de Morales Bermúdez y el Vaticano, en 1980, y que rige como tratado internacional sin refrendo de ningún Congreso y claudicaba, ¿qué pasaría si los grupos religiosos tuvieran ingerencia en temas de Estado tan graves como los actuales?
 
Dejemos que los sacerdotes, pastores o líderes de esos grupos hagan lo suyo y, a su vez, que ellos respeten lo que hace el Estado vía sus políticos y sociedad civil. ¿Para qué existe entonces el Congreso, los otros poderes, Judicial y Electoral?
 
Aparentemente el señor Sagasti afirmó lo que dijo de manera personal. O ¿es el portavoz del Consejo Interreligioso? Las preguntas son legítimas y directas.
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