Alanismo: crónicas de traición y deslealtad

Vie, 01/29/2021 - 20:38 -- alerta
Jesús Guzmán Gallardo
 
por Jesús Guzmán Gallardo; jeguzga@hotmail.com
 
30-1-2021
 
El título es sugestivo, pero más lo es la realidad. Así que sin pecar de tremendista ni invocar el sensacionalismo, me voy a sumergir en relatos que no son anecdóticos sino históricos. La motivación, no es la envidia o el afán de hacer mal, menos de venganza. El genuino motivo es la indignación y desprecio por la mentira y sus practicantes (profesionales de la farsa y el fraude) que han hecho de su vida un timo permanente.
 
El Partido Aprista ha tocado fondo y no es por generación espontánea; hay responsables cuya personalidad se dibuja mejor con el tiempo y me libera de suspicacias innecesarias o sospechosas.
 
La destrucción del PAP la venían planificando los civilistas y sus herederos que cohonestaron dictaduras para el efecto. No lo lograron. El germen de su destrucción estaba adentro, lo estuvo y se acentuó poniéndose en evidencia con la aparición de Alan García Pérez y sus adláteres o secuaces (también cómplices) como Carlos Roca Cáceres, Fernando Arias Vera, Alfonso Salcedo, Luis Gonzales Posada, Hugo Otero Lanzarotti, Remigio Morales Bermúdez y muchos otros, cuyos nombres irán apareciendo en los siguientes escritos. A los tres primeros los conocí en el Partido, los demás aparecieron cuando falleció Haya de la Torre, pero todos desarrollaron la astucia necesaria para colgarse del saco del anti-Haya y para dar nacimiento a esa pléyade de sobones, arrastrados y miserables que la sabiduría popular identifica como alanistas.
 
De García haré mutis, por ahora. Pero me quedo con las declaraciones de Héctor Vargas Haya (un verdadero aprista) a un diario local, en que alude a las expresiones del escritor colombiano José María Vargas Vila: “Si la vida es sufrimiento y dolor, el suicidio es un derecho; si la vida es una infamia, el suicidio es un deber”.
 
Debo ocuparme de Carlos Roca Cáceres que como García, nunca trabajó, no porque sea un personaje ejemplar e importante, sólo impresionó a los tontos e intonsos y sé que hay muchos, sino porque es necesario deslindar y desmitificar a quienes han hecho de su vida un perfecto engaño y con sus actos han contribuido a destruir y no a construir o enseñar a quienes vienen detrás de nosotros.
 
Confieso que muchos me han aconsejado desistir, que es mejor dejarlos que ellos mismos se pongan en evidencia pero desde mi óptica es mejor ganar tiempo antes que sigan haciendo más daño. Sobre todo en política que, como lo afirmara Giovanni Sartori: “La política es el “hacer” del hombre que, más que ningún otro, afecta e involucra a todos”. Creo haber explicado mis razones.
 
A comienzos de los años 70, apareció este sujeto por Alfonso Ugarte con la aureola de haber estudiado en Turín-Italia; al final nunca estudió ni se tituló o se matriculó en la Universidad Católica, tampoco estudió ni se graduó, pero embaucó a muchos con ese antecedente sobre todo a muchachos y adultos que por sus pocas posibilidades económicas les sonaba lejos, envidiable e impresionable. Típico acto del vendedor. No le resto inteligencia ni habilidad, porque hay que tenerlas para hacer de farsante. Su voz siempre meliflua y aflautada, como se lo espetó Haya de la Torre, su oratoria dulzona y su aire de niño mimado, de personalidad narcisista, seducía efebos con los que se enredó en más de un escándalo por diferentes partes del país cuando andaba de gira. Como no era dirigente ni estudiaba, ni nada, disponía del tiempo del mundo.
 
Es cierto que durante años gozó del favor y apoyo del jefe del Partido, por eso formó parte de esa fantasía que se llamó Buró de Conjunciones que agrupaba a ciertos jóvenes que, además de tocar guitarra y otros cantar mal, no hacían otra cosa en el Partido. Todos “estudiaban” o hacían que estudiaban. Nunca participaron en alguna actividad juvenil, ni escolar o universitaria. Por eso fracasó sin pena ni gloria. Siempre fue un misterio saber si Roca y García estudiaban o trabajaban. Muchos de los jóvenes de ese tiempo estudiaban, trabajaban y tenían tiempo para involucrarse en tareas partidarias.
 
Debo recordar que después de las elecciones para la Asamblea Constituyente de 1978, Haya se desencantó del joven Roca al extremo que en sus últimos seis meses de vida, Víctor Raúl nos comunicó a los miembros de la Secretaría General Colegiada que Roca y García (entre otros dirigentes), tenían prohibido el ingreso a Villa Mercedes, por traición o deslealtad. Haya nunca designó discípulos, podríamos ser todos o ninguno, de allí que hay que tener mucho cuidado con presentarse como herederos del legado del jefe del Partido.
 
Para muestra, una perla.
 
El 5 de febrero de 1975 durante la huelga policial, el Ejército tomó en la madrugada el cuartel de Radio Patrulla de La Victoria, apenas conocidos estos sucesos los estudiantes y el pueblo iniciaron una marcha inmensa que desembocó en la Plaza San Martín y la ira popular incendió el Casino Militar y se atacó el Club Nacional.
 
Se incendió el diario Correo que dirigía entonces Hugo Neira, años después devoto simpatizante alanista.
 
Se atacó el diario Expreso y La Crónica, de este último salió por la ventana su mandamás Luis Gonzales Posada con una subametralladora y disparó a quemarropa.
 
El Ejército salió a tomar control de la situación recién a las 3:00 pm, dedicándose a fusilar a los saqueadores en el centro de Lima. Se habló de 350 muertos, pero los observadores contabilizaron por encima de los 1000 fallecidos.
 
A las 3:00 pm se reunió la Secretaría General Colegiada y la Comisión Política con carácter de urgencia ya que se discutía en el gabinete militar poner fuera de ley al Partido Aprista.
 
Carlos Roca se hizo eco de una calumnia urdida por la CTP y la “moña” en el sentido que los estudiantes apristas habían recibido dinero de parte de Acción Popular y Sinamos para comprometer al partido. Como Secretario General Colegiado, encargado de la división de juventudes, tuve que explicar los acontecimientos que personalmente había puesto en conocimiento de Haya, pero luego Roca, en público, me reclamó que se debía expulsar a los dirigentes escolares, japistas y universitarios, en un acto de deslealtad con la juventud del Partido que mostró entereza y valentía que él nunca tuvo. Hubo que realizar una tenaz para evitar la conjura a la cual se sumó el joven de marras, al final quedaron en nada las expulsiones que solicitó.
 
Roca siempre conspiró contra las posiciones contestatarias de los jóvenes sirviendo como soplón de las actividades juveniles y demagógicamente vendía en las bases una posición de izquierda que nunca defendió cuando las papas quemaban.
 
Fue Secretario de Relaciones Internacionales sólo para viajar, ahí están las excursiones que hasta hoy en día hacen a las reuniones de la social democracia que está derechizada.
 
Roca Cáceres se terminó burocratizando, no importando si estaba al lado de corruptos como Elías Rodríguez, Mauricio Mulder y Jorge del Castillo entre muchos sinvergüenzas.
 
Es recordado el caso cuando sin consulta con las bases del partido, se nombró a dedo como candidata a la presidencia de la República, el año 2011 a Mercedes Aráoz (alfil de la derecha más extrema) ex ministra de la Producción y de Economía de García, la misma que renunció pocas semanas después, dejando colgados a los entusiastas con su candidatura. El inefable Roca la recibió versallescamente en la puerta, hincando la rodilla y en gesto ridículo y mejor dicho huachafo, le besó la mano. Esta figura lo pinta bastante bien y me evita ahondar en ello.
 
También, como lo recuerda el c. Santos Alejos, fue eterno Secretario de Ideología y Doctrina sólo para traficar con una posición progresista y en la práctica tener la conducta de un convenido y ventajista reaccionario. Como ideólogo es un buen charlatán.
 
Una de sus acciones “revolucionarias” fue sumarse con trastes y todo a la alianza con el PPC en el año 2016 y luego santificar la alianza pestilente con el fujimorismo ramplón.
 
Ahora, después de medrar al lado de Elías Rodríguez y Mulder, se pasó al bando (a la banda) de Jorge del Castillo quien tiene que responder por sus cuitas como los Petroaudios entre otras denuncias. En fin Carlos Roca se comportó como un buen alanista y ahora es una de las viudas más lloronas del desaparecido.
 
El colofón de esta crónica es cómo los héroes y mártires dieron su vida por un ideal luchando por una sociedad sin explotados y explotadores, otros por el contrario, como el sujeto mencionado, se dedicaron a entender y hacer “del gobierno y la política vil negociado culpable” (Haya de la Torre).
 
Irresponsables, entreguistas, frívolos y promiscuos, NO podrán hacer nunca una revolución porque la traicionarán y destruirán.
 
Así pulverizaron al Partido de Víctor Raúl Haya de la Torre desoyendo u olvidando adrede su advertencia en 1979 cuando dijo pocos meses antes de morir: “No vayan ustedes a convertir esta formidable y disciplinada maquinaria política que he creado para el servicio del pueblo trabajador, en un club para aspirantes a una carrera política personal.”