AG ¡vulgar y rastrero miedo!

Mié, 11/21/2018 - 15:49 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
22-11-2018
 

¿Quién no recuerda a AG propinando un puntapié por la espalda a un militante en una marcha? Sólo un cobarde, de esos valientes en grupo, puede incurrir en una acción censurable como esa. Hay fotos que retratan la comisión propia de abusivos.
 
Como alguien musitó que le iban a dar “prisión preventiva”, al borde un ataque agudo de nervios, decidió invadir una casa diplomática. Los hombres y mujeres bien nacidos afrontan sus peleas dando la cara y con entereza.
 
En su juventud inquieta y disipada se asustaba con un petardo y casi al borde de las lágrimas se escondía debajo de las mesas para, según él, protegerse en la pedrea. Los otros respondían los ataques a puño limpio pero AG gimoteaba con pucheros infantiles.
 
Y los miedos de comunicación acogen sus monsergas y excusas que tienen el eco interesado de rábulas y sinverguenzas. ¿Notaron cómo reproducen estos miedos tanta mentira mal llamada carta?
 
La verdad genuina es una sola: vulgar y rastrero miedo. Sabe AG que hay indicios que conducen hacia el ovillo de sus corruptelas y latrocinios. Y entonces se inventa una persecución política que cacarean pobres diablos en todos los canales, emisoras y miedos escritos. ¿Solidaridad?: ¡no! Remuneración copiosa y cómplice.
 
Antaño, con sus errores, algunos demasiado incomprensibles, a los apristas se les conocía como gente honesta, limpia, capaz del sacrificio y la entrega. AG y su taifa de patibularios consiguieron la antípoda conceptual y para cualquier peruano el término Apra sólo concita antipatía, repudio, dicterios de ladrones, miserables, coimeros y los apellidos son repetidos hasta el hartazgo. ¿No es así AG?
 
La debacle moral propiciada desde su tribuna desquiciada de Catón al revés ha hecho que el otrora movimiento de multitudes no gane una sola gobernación regional o municipalidad importante. La extinción amenaza al aprismo porque, al decir de Manuel González Prada: donde se aplica el dedo, brota el pus.
 
Pocas horas atrás estuve en Trujillo y visité la tumba de Haya de la Torre y recordé que una vez me dijo, refiriéndose al susodicho “este tipo es raro, se esconde las cosas”. Entiendo ahora que Víctor Raúl atisbaba la mala entraña de este sujeto.
 
O esclavos de un nadir hasta hoy indetenible o portaestandartes de una reconstrucción que costará mucho, acaso demasiado, para volver desde el pueblo en la lucha por un Perú libre, justo y culto.
 
Que otros le crean al embustero y le den asilo, será problema de ellos.