¿Será mucho pedir sacrificio por un Gran Pacto Nacional?

Vie, 07/29/2022 - 23:15 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
Informe
Señal de Alerta-Diario Uno
28-7-2022
 
¿Será mucho pedir sacrificio por un Gran Pacto Nacional?
 
Que la República anda al borde del abismo, desde hace 202 años, no hay duda. Causa asombro y pavor comprobar que la insuficiencia de hombres y mujeres no arribó a una solución para mantener a flote un país que no termina de entenderse a sí mismo.
 
El Congreso tiene nueva directiva, el Ejecutivo exhibe problemas que ningún presidente desearía cargar por vergüenza, ineptitud y una oposición muy bruta e incapaz con un solo objetivo porfiado: la vacancia.
 
Con la entrega o captura, no exenta de cierto tufo a “negociación” del ex secretario Pacheco, el revoltijo armado tiene decibeles que francamente le rompen el tímpano a cualquiera. Es decir, estamos en una situación límite que demanda la voluntad, inteligencia, talento y sacrificio de tirios y troyanos.
 
Cuando el gobierno de Manuel Prado arribaba a su fin, en 1945, la civilidad desde distintas tiendas partidarias coordinó, ensambló, organizó un conjunto de voluntades políticas que se llamó Frente Democrático Nacional y presentó como candidato a la presidencia a José Luis Bustamante y Rivero.
 
Bustamante dobló los votos que obtuvo su contendor Eloy Ureta y se alzó con la banda en la primera magistratura.
 
Uno de los enigmas de la política nacional se registró en el absurdo que significó que el hombre poderoso, popular, cuasi idolatrado, que fuera entonces Víctor Raúl Haya de la Torre, no hubiese sido el jefe de Estado. En cambio sí lo fue Bustamante un fino escritor y jurista que carecía de mando político o talento para las multitudes.
 
La hora presente exige con perentoriedad inexcusable una especie de pacto, tratado, convenio, trabazón que ayude al Perú a superar estos aciagos y desconcertantes pasajes de estupidez colectiva, delincuencia a más no poder y una mediocridad que no es la envidia de ¡absolutamente! nadie.
 
¿Es la vacancia una ambición constructiva o edificante? No lo es. Sí que es una excusa para que golpistas cuasi analfabetos practiquen sus vicios seculares de racismo, desprecio por los más pobres y porque nada cambie porque así como están los estados de explotación de las grandes mayorías, está “bien” para los poderosos que se suceden en el manejo de los resortes efectivos del Perú.
 
En términos realistas ¿qué cosa cuesta más, tener a millones en la informalidad más desordenada y caótica que incorporarlos a la dinámica nacional productiva? O sea que ¿no pueden los empresarios concertar con los trabajadores dinámicas conjuntas de más empresas que den trabajo, promuevan consumo y logren que hombres y mujeres lleven algo a sus casas para, a su vez, nutrir las expectativas de sus familias?
 
A posteriori la II guerra mundial, Japón y Alemania quedaron en un estado de destrucción impresionante. Los nipones se tragaron su orgullo, declinaron discretamente su adoración al emperador derrotado y con disciplina y una austeridad rigurosas, reconstruyeron su país, convirtiendo a la nación asiática en potencia mundial no guerrera pero sí tecnológica y de formidable presencia financiera y comercial urbi et orbi.
 
La autoestima y moral peruana está, como de costumbre, por los suelos. Por consuelo decenas de miles de hombres y mujeres al salir diariamente a buscar el pan redentor, repiten que “así es la política”, “¿qué le vamos a hacer?” y boberías indigestas por el estilo.
 
Estoy en capacidad de afirmar que Perú tiene ejemplos exitosos y brillantes producto de esfuerzos cuasi juveniles, desde la audacia de la constancia tesonera y sobre todo de un amor por el Perú y para la conquista de un país justo, culto y libre como decía la parte inicial del bello proemio de la Constitución de 1979.
 
Valgan verdades hay que señalar a los caníbales que promueven que nos matemos a diario de los que tienen y deben y aman armar un país con futuro y posible. A unos la censura más enérgica contra sus pusilanimidades, a otros el tiempo para la gloria y para los estandartes de constructores de la justicia social. ¿Es mucho pedir?
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