¡Aterradora incomprensión de lectura!

Jue, 05/13/2021 - 10:50 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
14-5-2021
 
 
Lo que no es blanco, no es negro. Es, no blanco.
 
La columnita publicada el miércoles ¡Contra profesor Castillo: todos a una!
https://bit.ly/3y2WDxx mereció no pocas “condenas” y calificativos de diverso calibre. Pude comprobar pesarosamente que en Perú, no importan los títulos universitarios, maestrías, diplomados y demás méritos académicos, aquí se lee al revés. Esta especie de dislexia adulta es alarmante.
 
Señalé modestamente que Pedro Castillo era atacado por el 98% de miedos escritos, verbales y televisivos. ¿Es o no cierto? ¡Ni qué decir de lo que ocurre en las redes sociales donde el más comedido epíteto es: terrorista o comunista! Pregunté si la señora Keiko Fujimori recibía también tan extraño homenaje.
 
¿Y qué “respondieron” algunas personas que conozco y aprecio pero a quienes la pasión obnubila y el fanatismo de creerse su propia verdad como monumento a la ciencia social, olvidando que las condiciones de tiempo y espacio cambian perennemente y no hay estación fija o inmóvil en las sociedades? Leamos algunas lindezas: “eres un tanto (sic) útil”; “ya eres lapicito”; “estás equivocado, yo no quiero Cuba o Venezuela en el Perú”; “te admiraba, ahora eres un terrorista”. Juzgue el lector a su libre albedrío.
 
Las “críticas” actuales al comunismo en Perú remiten a las frases, eslóganes, dicterios de los años 60 cuando la irrupción del fenómeno en Cuba tomó cuerpo y luego claudicación económica y política hacia lo que en esa época fue la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Los Vietnams que pretendía impulsar el Che Guevara no prendieron y se apagaron en sonoros fracasos. El cercenamiento de libertades en la isla caribeña tornó en realidad lamentable y suscitó la protesta y repudio de sectores políticos.
 
Las condenas al terrorismo violentista de Sendero Luminoso cuyo fanatismo sangriento y contrarrevolucionario durante largos lustros hasta su derrota militar tienen vigencia histórica y ahora toca, porque está pendiente, la lucha ideológica y doctrinaria en todos los niveles de la sociedad peruana. Y de eso no hay posible duda alguna.
 
¿A alguien se le ocurirría recorrer el camino desastroso e incomprensible con tanta violencia y desorden que hay en Venezuela? ¡Ningún pelafustán se atrevería a decir que antes de Chávez, en ese país norteño se vivía un paraíso con las corrupciones prohijadas por AD y el Copei!
 
Pero asumir automáticamente que Pedro Castillo es el abanderado acérrimo de cualquiera de esas tendencias políticas desfasadas me parece una majadería. Por el contrario el profesor muestra imprecisiones que se le reclaman como oscuridades en su plan de gobierno, si llega a Palacio y acompañamientos anacrónicos que ya nada tienen que aportar al país salvo aventuras de pronóstico riesgoso.
 
Entonces ¿eso justifica que los miedos, pagados y financiados por los mandones que no desean ninguna clase de cambio, inviertan millones en campañas de terror diciendo cualquier cosa para que no gane Castillo? Me temo que hasta el espíritu más belicoso aceptaría que la premisa es perversa y miserable.
 
¿Cuál es el modelo? ¿Quién pone la regla? El que tiene el oro, pone la regla. Y el resto que rumie su tristeza, desconsuelo y desesperanza en su falta de trabajo, recursos y fe, en lágrimas impotentes y en la estupidez que dice la oración: “así es la política”.
 
Cuando la sociedad muestra incomprensión hasta en los barruntos elementales de la lectura más clara y simple, se orilla el peligro de una estupidez colectiva sin sanación posible. ¿Hemos llegado en Perú a los niveles abisales más abyectos y abstrusos que describía Ortega y Gasset en sus magistrales ensayos?
 
Soy amigo de mis amigos. Pero soy más amigo de la verdad.