
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
14-2-2026
¡Peruanos adoramos las mentiras!
Como parte del abominable entorno corrupto en que discurre el 90% de la historia republicana del Perú, sus colectivos sociales adoran la mentira en todas sus variantes, públicas, familiares, burocráticas, intelectuales ¡urbi et orbi!
A los peruanos encanta mentirse a sí mismos y gozamos al escuchar los embustes, asentir con hipocresía y proclamamos como verdades, mentiras asquerosas.
Se miente con tanta frecuencia desde decenios ha y casi dos centurias atrás, que mentiras monumentales y perversas, han estacionado sus taras en el ADN social vernáculo y hoy pasan como asertos incólumes, por todos aceptados y sí –ciertamente- ¡jamás puestos en tela de juicio!
En los días corrientes, un fallo supremo yuguló cualquier poder a Ositran para vigilar y supervisar lo correcto en Puerto Chancay, para que la embajada de Estados Unidos dijera al Perú que el dinero barato cuesta soberanía. En la boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso.
¿Dicen o aventuran algo los candidatos que por cientos o miles, infestan con su garrulería miedos de comunicación, redes sociales o de persona en persona, sobre este enojoso y cada vez más notorio desmadre y enclave que es Puerto Chancay en geografía peruana y el Mar de Grau?
¿No han sido uniformados que alguna vez juraron cautelar el territorio y Mar de Grau, los principales operadores del obsequio entregado a una empresa china? Son múltiples las denuncias y siempre los valientes, los que han ofrecido testimonio público sobre estos delitos.
¿No viene Perú siendo parte afectado desde el 2011, gobierno de Alan García, por la inequidad consagrada en el Memorándum de Entendimiento Aéreo con Chile que favorece por miles de millones de dólares a la aerolínea sureña LATAM y para Perú 0? ¿No es acaso cierto que sus fautores, guardan silencio pusilánime y los dinosaurios jóvenes se hacen los tontos?
Pasemos revista a algunas de aquellas mentiras de que tanto gozan los peruanos.
Somos un país soberano. Pero el nuevo sol baila según como van las componendas internacionales que compran las exportaciones primarias de un país bananero que no hace nada más allá que escarbar la tierra en procura de minerales o frutos para el deleite foráneo.
Libre e independiente. Pero no son pocas las veces en que el pueblo peruano ha visto cómo sus funcionarios, de capitán a paje, han debido viajar largas horas, hacer antesala y ofrecer el oro y el moro ante los reales tenedores del poder de las transnacionales. ¿Hay que recordar cómo garantizaron los TLCs algunos presidentes, en tiempos no muy lejanos, con su prosternación atenta en Gringolandia, por citar un ejemplo de otros muchos?
No son las agencias de riesgo internacionales las que colocan marbetes de calificación, por ejemplo, a Petroperú y su activo principal, Refinería de Talara, para venderla a precio vil a empresas que alquilan sus servicios y veredictos?
La Pampilla fue regalada por el gobierno delincuencial de Kenya Fujimori a la española Repsol que pagó apenas, y con no pocos papeles, los miserables US$ 186 millones en que fue pactada la venta sucia. Hoy los vendepatria, mentirosos por excelencia aberrante, quieren hacer lo mismo y aparecen en los miedos de comunicación que acogen bien los pagos por publicidad.
¿Dicen chis ni mus, los candidatos, estos clown profesionales hasta para el silencio?
La modernidad ha convertido a la historia y a Clío su embajadora, en harapo inservible y en jirones su reminiscencia para hacerlo con yerros, imprecisiones y deformaciones inmensas. Una de las más notorias: la guerra de rapiña que ocurrió entre 1879-1883, se la llama con desverguenza “guerra del Pacífico” invento sureño que pretendió –y casi logró- darle aureola romántica, de cruzada, a lo que fue una expoliación y matanza en territorio peruano. Si los historiadores claudican y son simples loros repetidores de moldes impostados, ¿qué puede esperarse del pueblo llano que ¡ni siquiera! sabe qué ocurrió en el decurso de su proceso nacional?
A mí no me convencen ni los comerciales, ni el bombardeo mediático de unos hábiles comerciantes que pretenden demostrar que la cocina es una herramienta social. ¿Reemplazan los cocineros a los ingenieros, médicos, arquitectos, comunicadores, trabajadores sociales, psicólogos, astrónomos, físicos, geólogos, etc. que por miles de miles requiere un país como el nuestro? Hay millares de personas que comprenden que la respetable carrera de cocineros demanda convicción muy circunscrita a los elementos que la componen.
La política posee vectores, los políticos. Pero ¿qué aprenden, como lección príncipe, y fundamental, estos ciudadanos?: ¡a mentir! Sin la mentira coyuntural o perenne, no son tales, carecen de capacidad de convicción y están huérfanos de “argumentos”.
Por ejemplo muy simple una experiencia que conozco de cerca. La iniciativa de crear una agencia de noticias alternativa, libre, independiente que reemplace la basura cotidiana que las pandillas de poder lanzan al mercado para que la gente crea sus “verdades”, recibe apoyo entusiástico, vítores de todo tipo.
Pero a la hora de emprender la marcha triunfal de sufragar sus primeros arrestos ¡entonces, los soportes virtuales, los paladines ofertantes de fondos, arrugan, mienten cualquier cosa, retiran su estímulo y, lo que es peor, demuestran que jamás tuvieron franqueza ni interés, sólo cobardía franca y pusilánime!
De mentiras está hecho el proceso histórico del Perú. O de medias verdades que apenas proyectan el 50% de su savia genuina. De manera que es mejor enfrentar la cruda dureza de esta verdad al 100% que vivir sojuzgados. Una vez más.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
14-2-2026
¡Peruanos adoramos las mentiras!
Como parte del abominable entorno corrupto en que discurre el 90% de la historia republicana del Perú, sus colectivos sociales adoran la mentira en todas sus variantes, públicas, familiares, burocráticas, intelectuales ¡urbi et orbi!
A los peruanos encanta mentirse a sí mismos y gozamos al escuchar los embustes, asentir con hipocresía y proclamamos como verdades, mentiras asquerosas.
Se miente con tanta frecuencia desde decenios ha y casi dos centurias atrás, que mentiras monumentales y perversas, han estacionado sus taras en el ADN social vernáculo y hoy pasan como asertos incólumes, por todos aceptados y sí –ciertamente- ¡jamás puestos en tela de juicio!
En los días corrientes, un fallo supremo yuguló cualquier poder a Ositran para vigilar y supervisar lo correcto en Puerto Chancay, para que la embajada de Estados Unidos dijera al Perú que el dinero barato cuesta soberanía. En la boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso.
¿Dicen o aventuran algo los candidatos que por cientos o miles, infestan con su garrulería miedos de comunicación, redes sociales o de persona en persona, sobre este enojoso y cada vez más notorio desmadre y enclave que es Puerto Chancay en geografía peruana y el Mar de Grau?
¿No han sido uniformados que alguna vez juraron cautelar el territorio y Mar de Grau, los principales operadores del obsequio entregado a una empresa china? Son múltiples las denuncias y siempre los valientes, los que han ofrecido testimonio público sobre estos delitos.
¿No viene Perú siendo parte afectado desde el 2011, gobierno de Alan García, por la inequidad consagrada en el Memorándum de Entendimiento Aéreo con Chile que favorece por miles de millones de dólares a la aerolínea sureña LATAM y para Perú 0? ¿No es acaso cierto que sus fautores, guardan silencio pusilánime y los dinosaurios jóvenes se hacen los tontos?
Pasemos revista a algunas de aquellas mentiras de que tanto gozan los peruanos.
Somos un país soberano. Pero el nuevo sol baila según como van las componendas internacionales que compran las exportaciones primarias de un país bananero que no hace nada más allá que escarbar la tierra en procura de minerales o frutos para el deleite foráneo.
Libre e independiente. Pero no son pocas las veces en que el pueblo peruano ha visto cómo sus funcionarios, de capitán a paje, han debido viajar largas horas, hacer antesala y ofrecer el oro y el moro ante los reales tenedores del poder de las transnacionales. ¿Hay que recordar cómo garantizaron los TLCs algunos presidentes, en tiempos no muy lejanos, con su prosternación atenta en Gringolandia, por citar un ejemplo de otros muchos?
No son las agencias de riesgo internacionales las que colocan marbetes de calificación, por ejemplo, a Petroperú y su activo principal, Refinería de Talara, para venderla a precio vil a empresas que alquilan sus servicios y veredictos?
La Pampilla fue regalada por el gobierno delincuencial de Kenya Fujimori a la española Repsol que pagó apenas, y con no pocos papeles, los miserables US$ 186 millones en que fue pactada la venta sucia. Hoy los vendepatria, mentirosos por excelencia aberrante, quieren hacer lo mismo y aparecen en los miedos de comunicación que acogen bien los pagos por publicidad.
¿Dicen chis ni mus, los candidatos, estos clown profesionales hasta para el silencio?
La modernidad ha convertido a la historia y a Clío su embajadora, en harapo inservible y en jirones su reminiscencia para hacerlo con yerros, imprecisiones y deformaciones inmensas. Una de las más notorias: la guerra de rapiña que ocurrió entre 1879-1883, se la llama con desverguenza “guerra del Pacífico” invento sureño que pretendió –y casi logró- darle aureola romántica, de cruzada, a lo que fue una expoliación y matanza en territorio peruano. Si los historiadores claudican y son simples loros repetidores de moldes impostados, ¿qué puede esperarse del pueblo llano que ¡ni siquiera! sabe qué ocurrió en el decurso de su proceso nacional?
A mí no me convencen ni los comerciales, ni el bombardeo mediático de unos hábiles comerciantes que pretenden demostrar que la cocina es una herramienta social. ¿Reemplazan los cocineros a los ingenieros, médicos, arquitectos, comunicadores, trabajadores sociales, psicólogos, astrónomos, físicos, geólogos, etc. que por miles de miles requiere un país como el nuestro? Hay millares de personas que comprenden que la respetable carrera de cocineros demanda convicción muy circunscrita a los elementos que la componen.
La política posee vectores, los políticos. Pero ¿qué aprenden, como lección príncipe, y fundamental, estos ciudadanos?: ¡a mentir! Sin la mentira coyuntural o perenne, no son tales, carecen de capacidad de convicción y están huérfanos de “argumentos”.
Por ejemplo muy simple una experiencia que conozco de cerca. La iniciativa de crear una agencia de noticias alternativa, libre, independiente que reemplace la basura cotidiana que las pandillas de poder lanzan al mercado para que la gente crea sus “verdades”, recibe apoyo entusiástico, vítores de todo tipo.
Pero a la hora de emprender la marcha triunfal de sufragar sus primeros arrestos ¡entonces, los soportes virtuales, los paladines ofertantes de fondos, arrugan, mienten cualquier cosa, retiran su estímulo y, lo que es peor, demuestran que jamás tuvieron franqueza ni interés, sólo cobardía franca y pusilánime!
De mentiras está hecho el proceso histórico del Perú. O de medias verdades que apenas proyectan el 50% de su savia genuina. De manera que es mejor enfrentar la cruda dureza de esta verdad al 100% que vivir sojuzgados. Una vez más.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!


