Política

Paros y marchas: líderes adelante

hcmujica@gmail.com
Paros y marchas: líderes adelante
Paros y marchas: líderes adelante
22 de diciembre del 2022

Paros y marchas: líderes adelante

Los paros y marchas son instrumentos legítimos de protesta y demandan, para otorgarles mayor sentimiento popular, que los líderes gremiales, sociales o vecinales, estén en la primera línea votando con los pies y expresando su indignación de modo pacífico. De las 26 personas muertas a balazos, todas son jóvenes y es probable que ninguno fuera dirigente.

¿Requieren, con cálculo cínico y criminal, los paros y marchas de víctimas mortales para su “éxito”? Quien piense con esa lógica no es un revolucionario, es simplemente un traficante de cadáveres que ve en cada occiso un pretexto macabro y a condición de no ser el blanco.

Los dirigentes no pueden fungir de estrategas de escritorio y de retaguardia porque ¿dónde está el ejemplo? Enviar a los más bisoños e imprudentes, o sea, la vanguardia, como carne de cañón, no abona a la victoria, la ensombrece, la torna presa fácil y envilece porque la reacción y sus inmensos poderes mediáticos actuarán a rajatabla.

Nótese lo acontecido. La presidente Dina Boluarte dio indicaciones públicas porque no se usaran balas ni perdigones de goma. Y los muertos son 26, a balazos. ¿Y cuál la respuesta, dicha por la misma mandataria?: que los tribunales militares investigarían la tragedia.
fallecido

¿Alguien en su sano juicio, en una situación de emergencia, con las garantías suspendidas, tiene la más mínima duda de cuáles serán los resultados de esas indagaciones? Baste con decir que la narrativa oficial asume el criterio no confesado pero letal que el enemigo requiere rigor y “soluciones” terminantes.

¿Qué, esto no lo sabían los que dirigieron las marchas y protestas? ¿Falta de cálculo o estupidez acrisolada?

Sumergirse en la tanática concepción que a más muertos, más eficacia de paros o marchas, es demostración de irresponsabilidad.

Hemos dicho reiteradamente que la violencia contra la propiedad pública es un daño absurdo porque todo lo destruido tendrá que ser repuesto ¡con dinero de los tributos! Es decir, gracias a la miopía de aventureros, hay que pagar doble por lo que cuesta la mitad.

En Cusco y en Arequipa, sobre todo, se notó la desesperación de los turistas foráneos y nacionales. Muchos se quedaron varados porque las vías estaban interrumpidas. ¿No era mejor llegar a un acuerdo para que salieran, viajaran, dejaran antes estos lugares esas personas que traen al Perú divisas con sus gastos? ¡No hesitarán en sus países, en hablar horrores de su experiencia!

¡No nos vengan que eso no se puede hacer! El porcentaje de interrelación de los lugareños con los turistas es intenso, el inglés, alemán, ruso y chino se habla hasta por niños en la ciudad imperial. Además ¿de qué viven esos cientos de negocios si no es del consumo de los turistas?

Tampoco puede entenderse que miles de litros de leche debieran ser eliminados porque no podían llegar a su destino. ¿Tampoco era más fácil prever que este suministro no sufriese interrupción? Querer es poder, lo demás es majadería.

¿Destruir propiedad privada logra réditos justicieros para los peruanos que protestan y demandan el cierre del Congreso, la salida de Boluarte y, en algunos casos, la convocatoria de una asamblea constituyente?

Las bases que marchan y protestan deben comprender que exigir y obligar a sus dirigentes a estar en la primera línea pública, es imprescindible. ¡Y así no se arriesga a nadie por la impericia o la participación de aventureros cuya agenda no tiene nada que ver con las exigencias políticas legítimas del pueblo!

Los deudos lloran y su dolor conmueve y solivianta. ¿Tenía que ser así?

Los miedos de comunicación, avituallados hoy con recursos, se alinean miserablemente con el discurso oficial. Entonces cuanto se dicte en Palacio en su concepción militar y represora, será menú cotidiano en todos los noticieros y programas políticos. Los que opinan distinto, no son tomados en cuenta para absolutamente nada.

La solidaridad humana debe estar presente en los paros y protestas, con sus dirigentes en la primera línea. No hay otra forma de confrontar las previsibles muestras que los chacales y mercenarios al servicio del discurso de orden, mostrarán con dientes filudos y miradas fanáticas y odiosas.

Son tiempos en que renace el fascismo, mondo y lirondo.

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Los paros y marchas son instrumentos legítimos de protesta y demandan, para otorgarles mayor sentimiento popular, que los líderes gremiales, sociales o vecinales, estén en la primera línea votando con los pies y expresando su indignación de modo pacífico. De las 26 personas muertas a balazos, todas son jóvenes y es probable que ninguno fuera dirigente.

¿Requieren, con cálculo cínico y criminal, los paros y marchas de víctimas mortales para su “éxito”? Quien piense con esa lógica no es un revolucionario, es simplemente un traficante de cadáveres que ve en cada occiso un pretexto macabro y a condición de no ser el blanco.

Los dirigentes no pueden fungir de estrategas de escritorio y de retaguardia porque ¿dónde está el ejemplo? Enviar a los más bisoños e imprudentes, o sea, la vanguardia, como carne de cañón, no abona a la victoria, la ensombrece, la torna presa fácil y envilece porque la reacción y sus inmensos poderes mediáticos actuarán a rajatabla.

Nótese lo acontecido. La presidente Dina Boluarte dio indicaciones públicas porque no se usaran balas ni perdigones de goma. Y los muertos son 26, a balazos. ¿Y cuál la respuesta, dicha por la misma mandataria?: que los tribunales militares investigarían la tragedia.
fallecido

¿Alguien en su sano juicio, en una situación de emergencia, con las garantías suspendidas, tiene la más mínima duda de cuáles serán los resultados de esas indagaciones? Baste con decir que la narrativa oficial asume el criterio no confesado pero letal que el enemigo requiere rigor y “soluciones” terminantes.

¿Qué, esto no lo sabían los que dirigieron las marchas y protestas? ¿Falta de cálculo o estupidez acrisolada?

Sumergirse en la tanática concepción que a más muertos, más eficacia de paros o marchas, es demostración de irresponsabilidad.

Hemos dicho reiteradamente que la violencia contra la propiedad pública es un daño absurdo porque todo lo destruido tendrá que ser repuesto ¡con dinero de los tributos! Es decir, gracias a la miopía de aventureros, hay que pagar doble por lo que cuesta la mitad.

En Cusco y en Arequipa, sobre todo, se notó la desesperación de los turistas foráneos y nacionales. Muchos se quedaron varados porque las vías estaban interrumpidas. ¿No era mejor llegar a un acuerdo para que salieran, viajaran, dejaran antes estos lugares esas personas que traen al Perú divisas con sus gastos? ¡No hesitarán en sus países, en hablar horrores de su experiencia!

¡No nos vengan que eso no se puede hacer! El porcentaje de interrelación de los lugareños con los turistas es intenso, el inglés, alemán, ruso y chino se habla hasta por niños en la ciudad imperial. Además ¿de qué viven esos cientos de negocios si no es del consumo de los turistas?

Tampoco puede entenderse que miles de litros de leche debieran ser eliminados porque no podían llegar a su destino. ¿Tampoco era más fácil prever que este suministro no sufriese interrupción? Querer es poder, lo demás es majadería.

¿Destruir propiedad privada logra réditos justicieros para los peruanos que protestan y demandan el cierre del Congreso, la salida de Boluarte y, en algunos casos, la convocatoria de una asamblea constituyente?

Las bases que marchan y protestan deben comprender que exigir y obligar a sus dirigentes a estar en la primera línea pública, es imprescindible. ¡Y así no se arriesga a nadie por la impericia o la participación de aventureros cuya agenda no tiene nada que ver con las exigencias políticas legítimas del pueblo!

Los deudos lloran y su dolor conmueve y solivianta. ¿Tenía que ser así?

Los miedos de comunicación, avituallados hoy con recursos, se alinean miserablemente con el discurso oficial. Entonces cuanto se dicte en Palacio en su concepción militar y represora, será menú cotidiano en todos los noticieros y programas políticos. Los que opinan distinto, no son tomados en cuenta para absolutamente nada.

La solidaridad humana debe estar presente en los paros y protestas, con sus dirigentes en la primera línea. No hay otra forma de confrontar las previsibles muestras que los chacales y mercenarios al servicio del discurso de orden, mostrarán con dientes filudos y miradas fanáticas y odiosas.

Son tiempos en que renace el fascismo, mondo y lirondo.

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