Política

Pañuelos cartas de amor y nada más

hcmujica@gmail.com
Imagen binomiocriollo
Pañuelos cartas de amor y nada más
25 de febrero del 2023

Pañuelos, cartas de amor y nada más

¿Quién no ha escuchado el vals El espejo de mi vida? Casi de modo automático se asocia dicha composición a uno de sus mejores intérpretes, Roberto Tello, que en la década de los 60 causó furor.

Conocí a Tello ya avanzado de edad y disminuido, aunque siempre era reconocido por sus glorias antañas.

Pero la historia es muy interesante, la autoría del vals, la letra, pertenece a Felipe Pinglo Alva, el bardo inconfundible de El Plebeyo y otras decenas de composiciones.

El mensaje social de Pinglo es de una agudeza directa: “Mi sangre aunque plebeya, también tiñe de rojo, el alma en que se anida mi incomporable amor, ella de noble cuna y yo ilustre plebeyo, no es distinta la sangre, ni es otro el corazón. Señor ¿Por qué los seres no son de igual valor?”.

Estrenóse El espejo de mi vida en 1935 en el teatro Apolo que quedaba en el jirón Puno y a cargo del gran amigo de Pinglo, Alcides Carreño.

El espejo de mi vida, podría ser la confesión de no pocos y en sus versos se encuentra el detalle y arcano de fracasos, ilusiones, lágrimas, reminiscencias, hoy todas del ayer que no volverán jamás.

Al modo de una confesión no admitida y hasta evitada ¿cuántos no abrirán el cofre mental de sus recuerdos?

Es interesante que las nuevas generaciones, aunque sea por algo de cultura musical, conozcan la letra:

Ayer tarde me he mirado en el espejo
Pues sentía por mi faz curiosidad
Y el espejo al retratar mi cuerpo entero,
me ha brindado dolorosa realidad

Ya estoy viejo, hay arrugas en mi frente
mis pupilas tienen un débil mirar
Y mis labios, temblorosos y arrugados,
saboreando están los besos
que ayer dieron y hoy no dan

Tuve amores y mujeres a porfía
Fui mimado y halagado con afán
Más aquella juventud que yo tenía
fue muy loca y no la pude remediar

Con los años huyeron mis privilegios
Uno a uno, mis idilios vi fugar
Y hoy tan solo de ese apogeo me quedan:
bucles, retratos, pañuelos, cartas de amor
y nada más.

¿Conserva vigencia el vals como canción-mensaje? Es posible encontrar respuestas negativas porque los jóvenes dan preferencia a ritmos más rápidos, bulliciosos y cuyo innegable impacto contemporáneo domina la escena mundial.

No obstante, en un magnífico libro: Lima, el vals y la canción criolla (1900-1936) del autor europeo Gérard Borras, Director del Instituto Francés de Estudios Andinos y que publicó el 2012, hay conceptos de lo más interesantes:

“En esta ciudad (Lima) que vive una época bisagra, el estudio de los soportes muestra que la oralidad es todavía un elemento esencial de la vida social y la canción-relato, la canción-crónica que sabe estructurar y divulgar las informaciones, conservarlas en memoria eventualmente es mucho más que un simple instante de placer de escucha.

Esta puede, obedeciendo a los códigos de comunicaciones del género, fijar el acontecimiento y darle una existencia en el cuerpo social. La noticia de un asesinato, las luchas entre maleantes, la muerte de los bandoleros, de los aviadores, etc., la canción lo dice y la canción capta lo inesperado, la sorpresa, le da una forma y un estatus, una dimensión específica.

Permite su recepción por el grupo para el cual se le ha dado este aspecto. La canción es pues ya, desde este instante, representación y acción. Lo es a veces doblemente, porque fiel a los cánones de la oralidad hispánica marcada por las influencias del exemplum, no duda en entregar una visión normativa del comportamiento social”. p. 280, ob. cit.

Como es de verse, hay estudios profundos sobre el vals criollo y, sobre todo, limeño. También la figura y los mensajes en forma de vals que dejara Felipe Pinglo, han captado la atención de numerosos especialistas europeos y latinoamericanos.

El mensaje en canción, musicalizada o recitada, tiene carga potente.

Pueblos que cantan, pueblos que se salvan del peligroso fango de la mediocridad y estancamiento, sin luces para la creación magnífica.

Acaso no gusten los valses y su mensaje, no obstante hay canciones símbolo que todos los pueblos del mundo entonan como emblema de su entidad: los himnos nacionales.

Los valses del ayer, no eluden, sino anticipan, las trifulcas de hoy.

El margesí del Perú entero puede exhibir una riqueza portentosa en su integridad. La Nación somos todos, he allí un envión convicto que las soluciones sólo serán fruto del colectivo y su genuino afán por un Perú libre, justo y culto.

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Pañuelos, cartas de amor y nada más

¿Quién no ha escuchado el vals El espejo de mi vida? Casi de modo automático se asocia dicha composición a uno de sus mejores intérpretes, Roberto Tello, que en la década de los 60 causó furor.

Conocí a Tello ya avanzado de edad y disminuido, aunque siempre era reconocido por sus glorias antañas.

Pero la historia es muy interesante, la autoría del vals, la letra, pertenece a Felipe Pinglo Alva, el bardo inconfundible de El Plebeyo y otras decenas de composiciones.

El mensaje social de Pinglo es de una agudeza directa: “Mi sangre aunque plebeya, también tiñe de rojo, el alma en que se anida mi incomporable amor, ella de noble cuna y yo ilustre plebeyo, no es distinta la sangre, ni es otro el corazón. Señor ¿Por qué los seres no son de igual valor?”.

Estrenóse El espejo de mi vida en 1935 en el teatro Apolo que quedaba en el jirón Puno y a cargo del gran amigo de Pinglo, Alcides Carreño.

El espejo de mi vida, podría ser la confesión de no pocos y en sus versos se encuentra el detalle y arcano de fracasos, ilusiones, lágrimas, reminiscencias, hoy todas del ayer que no volverán jamás.

Al modo de una confesión no admitida y hasta evitada ¿cuántos no abrirán el cofre mental de sus recuerdos?

Es interesante que las nuevas generaciones, aunque sea por algo de cultura musical, conozcan la letra:

Ayer tarde me he mirado en el espejo
Pues sentía por mi faz curiosidad
Y el espejo al retratar mi cuerpo entero,
me ha brindado dolorosa realidad

Ya estoy viejo, hay arrugas en mi frente
mis pupilas tienen un débil mirar
Y mis labios, temblorosos y arrugados,
saboreando están los besos
que ayer dieron y hoy no dan

Tuve amores y mujeres a porfía
Fui mimado y halagado con afán
Más aquella juventud que yo tenía
fue muy loca y no la pude remediar

Con los años huyeron mis privilegios
Uno a uno, mis idilios vi fugar
Y hoy tan solo de ese apogeo me quedan:
bucles, retratos, pañuelos, cartas de amor
y nada más.

¿Conserva vigencia el vals como canción-mensaje? Es posible encontrar respuestas negativas porque los jóvenes dan preferencia a ritmos más rápidos, bulliciosos y cuyo innegable impacto contemporáneo domina la escena mundial.

No obstante, en un magnífico libro: Lima, el vals y la canción criolla (1900-1936) del autor europeo Gérard Borras, Director del Instituto Francés de Estudios Andinos y que publicó el 2012, hay conceptos de lo más interesantes:

“En esta ciudad (Lima) que vive una época bisagra, el estudio de los soportes muestra que la oralidad es todavía un elemento esencial de la vida social y la canción-relato, la canción-crónica que sabe estructurar y divulgar las informaciones, conservarlas en memoria eventualmente es mucho más que un simple instante de placer de escucha.

Esta puede, obedeciendo a los códigos de comunicaciones del género, fijar el acontecimiento y darle una existencia en el cuerpo social. La noticia de un asesinato, las luchas entre maleantes, la muerte de los bandoleros, de los aviadores, etc., la canción lo dice y la canción capta lo inesperado, la sorpresa, le da una forma y un estatus, una dimensión específica.

Permite su recepción por el grupo para el cual se le ha dado este aspecto. La canción es pues ya, desde este instante, representación y acción. Lo es a veces doblemente, porque fiel a los cánones de la oralidad hispánica marcada por las influencias del exemplum, no duda en entregar una visión normativa del comportamiento social”. p. 280, ob. cit.

Como es de verse, hay estudios profundos sobre el vals criollo y, sobre todo, limeño. También la figura y los mensajes en forma de vals que dejara Felipe Pinglo, han captado la atención de numerosos especialistas europeos y latinoamericanos.

El mensaje en canción, musicalizada o recitada, tiene carga potente.

Pueblos que cantan, pueblos que se salvan del peligroso fango de la mediocridad y estancamiento, sin luces para la creación magnífica.

Acaso no gusten los valses y su mensaje, no obstante hay canciones símbolo que todos los pueblos del mundo entonan como emblema de su entidad: los himnos nacionales.

Los valses del ayer, no eluden, sino anticipan, las trifulcas de hoy.

El margesí del Perú entero puede exhibir una riqueza portentosa en su integridad. La Nación somos todos, he allí un envión convicto que las soluciones sólo serán fruto del colectivo y su genuino afán por un Perú libre, justo y culto.

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