
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
23-7-2026
La ficticia “superioridad racial”
La musicalización de este tema* Cholo soy y no me compadezcas, hecha en 1973, por Luis Abanto Morales, su más eximio intérprete, reconoce su versión original de un poema del argentino Boris Elkin (No me compadezcas). El sentimiento en la voz de Abanto perennizó, más allá de la anécdota, un dolor, un testimonio, una fuerte acusación.
A muchos el uso del término cholo conduce al ninguneo y al desprecio a quien lo recibe. Su uso en esa reprobable dirección está generalizado, sobre todo, en Lima, una capital cuyos hijos en 90% son descendientes de provincianos cholos.
Y el cholo es el mestizo que viene del blanco o blanca con elemento local. Cierto, la predominancia de rasgos indígenas “justificó” su uso como símbolo de voz de mando o jerarquía abusiva.
¿Quién no ha escuchado la famosa expresión chola de M o cholo de M? No pocas personas que trabajan en labores domésticas son motejadas como las o los cholos.
Cuando miles llegaron a Lima, pocos años atrás, para expresar en marchas, su protesta contra la entonces presidente Dina Boluarte, clamando por el cierre del Congreso y la realización de elecciones, menudearon groseros que expresaban: “Los cholos han llegado”, “que les metan bala”, “¿quiénes se creen?”, “patas al suelo y pezuñentos” y demás dicterios insufribles.
Un racismo atrabiliario, como todas estas prácticas, porque un examen escrupuloso revelaría que muchos son primos, tíos o tías, hasta hermanos de sus padres que dejaron familia en el interior antes de avecindar en Lima en los años 40 en adelante.
La musicalización de Cholo Soy por Luis Abanto Morales, conmueve en su angustia estremecida y triste. No poco de lo que la letra dice fue verdad tremebunda que ocurrió con el abuso del blanco, del español americano, contra nuestros hombres y mujeres que habían pertenecido al incario y sobrevivieron a su régimen.
La perpetuación de un apartheid peruano que en la teoría constitucional no existe porque “todos somos iguales ante la ley”, sin embargo, sabido es que un provinciano, per se, tiene desventajas múltiples para salir de embrollos. Como los negros en Sudáfrica que por el hecho de serlo, ya eran sospechosos o levantiscos.
Recordemos a los chicos que fueron detenidos, a la mala y a varazos por la Policía Nacional en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por la sola circunstancia de estar en el claustro, fueron llevados a la fuerza y previamente los habían tendido en el suelo como si fueran enemigos de guerra, integrantes de bandas subversivas o ladrones del calibre más criminal existente.
¿Creerá la PNP que los estudiantes son parte de antiperuanos con miras a la disolución de la Patria?
¿Quién o quiénes o desde dónde recibieron esas órdenes que no aplican contra los delincuentes de toda laya que asaltan, abalean, asesinan a lo largo y ancho de todo el territorio nacional?
El próximo Congreso y sus legisladores, tienen el imperativo de exigir que el alto mando policial informe con detalle y escrúpulo, cuanto de lamentable ocurrió no sólo en Lima, en Ilave hubo filmaciones que registran cómo, policías con uniforme, cascos y premunidos de armas letales de fuego, disparan al cuerpo a los protestantes.
¿Cuál es la guerra de la que la ciudadanía no se ha enterado?
Los integrantes de la PNP son tambien hijos del pueblo y su fuerza institucional no puede ser usada al libre y atroz albedrío de un gobierno que tiene más de 55 muertos en su lista trágica.
Si a ello agregamos el detestable pero siempre perenne aspecto racial, porque así se trata al protestante o al provinciano, la sinrazón siniestra completa una faena letal.
¿Qué diferencia hay entre quien tiene la piel y ojos más claros que aquellos que vienen del ande o del altiplano con sus rudas contexturas adecuadas para una vida dura, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar y con fríos que llegan a 10 o más grados bajo cero? ¿Que unos son más oscuros que otros? ¡Qué estupidez!
No es la pigmentación la que define la superioridad del ser humano, es su inteligencia, su disposición para afrontar los retos y elaborar sus respuestas.
Los nazis inventaron lo de su superioridad racial y no tuvieron más macabra tarea aberrante que eliminar en campos de concentración a casi 5 millones de ciudadanos judíos. ¿Demostraron su superioridad con aquello? Triunfó la barbarie y el salvajismo.
¿De qué hay que compadecerse con nuestros cholos? De ninguna manera, son ciudadanos con iguales deberes y obligaciones que el que más.
Aprovechar y diluir tanto prejuicio acaso sea una de las tareas más sublimes que en horas de dolor ha tocado acometer a la sociedad nacional con miras a un Perú justo, culto y libre.
Ficticia “superioridad racial” que le llaman.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
* https://www.youtube.com/watch?v=tSOXatDHCPw
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
23-7-2026
La ficticia “superioridad racial”
La musicalización de este tema* Cholo soy y no me compadezcas, hecha en 1973, por Luis Abanto Morales, su más eximio intérprete, reconoce su versión original de un poema del argentino Boris Elkin (No me compadezcas). El sentimiento en la voz de Abanto perennizó, más allá de la anécdota, un dolor, un testimonio, una fuerte acusación.
A muchos el uso del término cholo conduce al ninguneo y al desprecio a quien lo recibe. Su uso en esa reprobable dirección está generalizado, sobre todo, en Lima, una capital cuyos hijos en 90% son descendientes de provincianos cholos.
Y el cholo es el mestizo que viene del blanco o blanca con elemento local. Cierto, la predominancia de rasgos indígenas “justificó” su uso como símbolo de voz de mando o jerarquía abusiva.
¿Quién no ha escuchado la famosa expresión chola de M o cholo de M? No pocas personas que trabajan en labores domésticas son motejadas como las o los cholos.
Cuando miles llegaron a Lima, pocos años atrás, para expresar en marchas, su protesta contra la entonces presidente Dina Boluarte, clamando por el cierre del Congreso y la realización de elecciones, menudearon groseros que expresaban: “Los cholos han llegado”, “que les metan bala”, “¿quiénes se creen?”, “patas al suelo y pezuñentos” y demás dicterios insufribles.
Un racismo atrabiliario, como todas estas prácticas, porque un examen escrupuloso revelaría que muchos son primos, tíos o tías, hasta hermanos de sus padres que dejaron familia en el interior antes de avecindar en Lima en los años 40 en adelante.
La musicalización de Cholo Soy por Luis Abanto Morales, conmueve en su angustia estremecida y triste. No poco de lo que la letra dice fue verdad tremebunda que ocurrió con el abuso del blanco, del español americano, contra nuestros hombres y mujeres que habían pertenecido al incario y sobrevivieron a su régimen.
La perpetuación de un apartheid peruano que en la teoría constitucional no existe porque “todos somos iguales ante la ley”, sin embargo, sabido es que un provinciano, per se, tiene desventajas múltiples para salir de embrollos. Como los negros en Sudáfrica que por el hecho de serlo, ya eran sospechosos o levantiscos.
Recordemos a los chicos que fueron detenidos, a la mala y a varazos por la Policía Nacional en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por la sola circunstancia de estar en el claustro, fueron llevados a la fuerza y previamente los habían tendido en el suelo como si fueran enemigos de guerra, integrantes de bandas subversivas o ladrones del calibre más criminal existente.
¿Creerá la PNP que los estudiantes son parte de antiperuanos con miras a la disolución de la Patria?
¿Quién o quiénes o desde dónde recibieron esas órdenes que no aplican contra los delincuentes de toda laya que asaltan, abalean, asesinan a lo largo y ancho de todo el territorio nacional?
El próximo Congreso y sus legisladores, tienen el imperativo de exigir que el alto mando policial informe con detalle y escrúpulo, cuanto de lamentable ocurrió no sólo en Lima, en Ilave hubo filmaciones que registran cómo, policías con uniforme, cascos y premunidos de armas letales de fuego, disparan al cuerpo a los protestantes.
¿Cuál es la guerra de la que la ciudadanía no se ha enterado?
Los integrantes de la PNP son tambien hijos del pueblo y su fuerza institucional no puede ser usada al libre y atroz albedrío de un gobierno que tiene más de 55 muertos en su lista trágica.
Si a ello agregamos el detestable pero siempre perenne aspecto racial, porque así se trata al protestante o al provinciano, la sinrazón siniestra completa una faena letal.
¿Qué diferencia hay entre quien tiene la piel y ojos más claros que aquellos que vienen del ande o del altiplano con sus rudas contexturas adecuadas para una vida dura, a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar y con fríos que llegan a 10 o más grados bajo cero? ¿Que unos son más oscuros que otros? ¡Qué estupidez!
No es la pigmentación la que define la superioridad del ser humano, es su inteligencia, su disposición para afrontar los retos y elaborar sus respuestas.
Los nazis inventaron lo de su superioridad racial y no tuvieron más macabra tarea aberrante que eliminar en campos de concentración a casi 5 millones de ciudadanos judíos. ¿Demostraron su superioridad con aquello? Triunfó la barbarie y el salvajismo.
¿De qué hay que compadecerse con nuestros cholos? De ninguna manera, son ciudadanos con iguales deberes y obligaciones que el que más.
Aprovechar y diluir tanto prejuicio acaso sea una de las tareas más sublimes que en horas de dolor ha tocado acometer a la sociedad nacional con miras a un Perú justo, culto y libre.
Ficticia “superioridad racial” que le llaman.
¡Ataquemos al poder, el gobierno lo tiene cualquiera; atentos a la historia, las tribunas aplauden lo que suena bien; rompamos el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
* https://www.youtube.com/watch?v=tSOXatDHCPw


