
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
21-4-2026
¡Enterremos 95% de la fauna política!
La casi totalidad de la fauna política, integrada por falsos apóstoles, científicos o intelectuales de juguete, parásitos genuinos y expoliadores de todo ser vivo, infesta el organismo de lo que se llama Perú.
Más de 10 días de la elección nacional del 12-4, y la encarnizada oposición de los que cantan fraude y piden nuevas elecciones o una justa limitada a Lima, persiste procurando la muerte del comicio de ese día.
Una de las preguntas más importantes, sino la única: ¿consentirán los casi 200 ciudadanos elegidos para senadores y diputados volver a fojas cero y perder las jugosas ventajas que da el hemiciclo de Plaza Bolívar?
De esas dos centurias, al menos 20 van con ideales patrióticos de construir. El resto camina por la vieja costumbre de vivir succionando recursos del Estado para la solución de sus deudas y obligaciones.
Nuestra fauna política es de ínfima categoría.
Si un ciudadano común y corriente hiciera inventario sobre los titulares de los miedos de comunicación, obtendría el macabro resultado que algo más del 80% de las informaciones son sobre crímenes a balazos, asesinatos con violencia y agresión, carcelería y juicios y más juicios.
Decir que la delincuencia ha sentado sus reales es una dolorosa y genuina constatación de cómo se está pudriendo el país. Que malos integrantes de la PNP resulten capturados por la comisión de delitos, es una aberración inmanejable.
Ya no parece tan indelicado decir que el Perú es un país de juguete. De seguro que los puristas del Perú plástico, formal y falso, blandirán sus protestas.
Escribió Manuel González Prada: “el Perú es un organismo enfermo, donde se aplica el dedo brota pus”. ¿Es posible no decir lo mismo en los días de hoy? Por desgracia, se lo puede repetir, pero multiplicado por mil. El Perú es lo que es porque así lo han hecho sus políticos, sus empresarios (o los que así gustan llamarse), sus intelectuales, sus gobernantes.
Nación la nuestra, de contradicciones y de diagnósticos al por mayor y según quién los sufrague, somos una colectividad sin rumbo ni norte, y ni siquiera sabemos qué es Perú y mucho menos recordamos nuestra historia. País que no lo hace, repite sus errores.
Así parecen interpretarlo las decenas de miles, sobre todo jóvenes, de ciudadanos que se van al extranjero a probar suerte. Muchos no tienen mayor idea de qué es estar en otro sitio y cómo piensan, de los visitantes, los lugareños. Pero afirman que hallarán, mejor porvenir.
¿Hay en el país aún gente dispuesta a sacrificar su cuota de tiempo con calidad y generosa gana de hacer un Perú libre, digno, justo y culto? Estoy seguro que sí. Pero el tiempo, de no llegar a políticas radicales de Estado, duraderas y eficaces, corre en contra.
Ciertamente, también abundan los mercachifles y aventureros, monreros y estafadores que han vivido del Estado y sus diferentes gobiernos.
¿Hay que imitar servilmente modelos de otros países como parecen insinuarlo desavisados y aventureros a quienes la prensa del sistema acoge amablemente?
Ni Bukele de El Salvador o Milei de Argentina son paradigma de nada. La protesta puede y debe alcanzarse con la construcción ciudadana que afiate la inclusión. Disparar a troche y moche, dolarizar un país y no tener idea clara del mundo en que se mueve, es equivalente a lo que haría un mono con metralleta totalmente cargada.
¿Cómo se hace esto? Tengo la impresión –que no la varita mágica- que hay que movilizar a los jóvenes y convocarlos al ejercicio político de enjuiciamiento terminal y concurso sin dobleces.
Una gran cuestión es ¿cómo generar empleo bien pagado y a tono con el mundo actual de velocidades vertiginosas? O el Estado y gobiernos se modernizan o mueren sin pena ni gloria.
¡Hay que enterrar, bajo miles de toneladas de concreto, al 95% de la fauna política y hay que comenzar otra vez la forja dulce y tremebunda de edificar un país desde dentro y desde abajo!
Tal como está el Perú, bajo el timón nominal de mediocres logreros, sólo asimilará cuanto nos impongan desde fuera porque aquí no hay capacidad de respuesta. Los estudiantes tienen el sagrado derecho y deber de poner el hombro y mover al país conmoviéndolo desde sus cimientos más íntimos. ¡Los viejos a la tumba, jóvenes a la obra!
¿No ha contemplado el país cómo un embajador activista foráneo, habla de traiciones y reprimendas porque postergaron la compra de aviones por US$ 3500 millones de dólares?
Si la juvenilia estudiantil se abraza con los hombres y mujeres de buena voluntad que aún permanecen limpios de obra y espíritu, entonces, el Perú aguarda la señal de alerta que le ilumine hacia destinos superiores como nación vertebrada y equipo en Costa, Sierra y Montaña, los cielos de Quiñones, el Mar de Grau, la proyección Atlántica y de la Antártida.
A los clubes electorales, sociedades de asaltantes del Estado, deben suceder nuevas asociaciones de hombres y mujeres con limpieza acrisolada. Fulminar a los que consienten un Perú a balazos y crímenes, es un deber ineludible.
¿Es tan difícil la tarea? Creo que no. Tampoco es fácil. Si hay alguna convicción es aquella que nos ilustra sobre la profunda mediocridad de la fauna política, su falta de honradez y desamor insólito por el Perú.
Tags relacionados

Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
21-4-2026
¡Enterremos 95% de la fauna política!
La casi totalidad de la fauna política, integrada por falsos apóstoles, científicos o intelectuales de juguete, parásitos genuinos y expoliadores de todo ser vivo, infesta el organismo de lo que se llama Perú.
Más de 10 días de la elección nacional del 12-4, y la encarnizada oposición de los que cantan fraude y piden nuevas elecciones o una justa limitada a Lima, persiste procurando la muerte del comicio de ese día.
Una de las preguntas más importantes, sino la única: ¿consentirán los casi 200 ciudadanos elegidos para senadores y diputados volver a fojas cero y perder las jugosas ventajas que da el hemiciclo de Plaza Bolívar?
De esas dos centurias, al menos 20 van con ideales patrióticos de construir. El resto camina por la vieja costumbre de vivir succionando recursos del Estado para la solución de sus deudas y obligaciones.
Nuestra fauna política es de ínfima categoría.
Si un ciudadano común y corriente hiciera inventario sobre los titulares de los miedos de comunicación, obtendría el macabro resultado que algo más del 80% de las informaciones son sobre crímenes a balazos, asesinatos con violencia y agresión, carcelería y juicios y más juicios.
Decir que la delincuencia ha sentado sus reales es una dolorosa y genuina constatación de cómo se está pudriendo el país. Que malos integrantes de la PNP resulten capturados por la comisión de delitos, es una aberración inmanejable.
Ya no parece tan indelicado decir que el Perú es un país de juguete. De seguro que los puristas del Perú plástico, formal y falso, blandirán sus protestas.
Escribió Manuel González Prada: “el Perú es un organismo enfermo, donde se aplica el dedo brota pus”. ¿Es posible no decir lo mismo en los días de hoy? Por desgracia, se lo puede repetir, pero multiplicado por mil. El Perú es lo que es porque así lo han hecho sus políticos, sus empresarios (o los que así gustan llamarse), sus intelectuales, sus gobernantes.
Nación la nuestra, de contradicciones y de diagnósticos al por mayor y según quién los sufrague, somos una colectividad sin rumbo ni norte, y ni siquiera sabemos qué es Perú y mucho menos recordamos nuestra historia. País que no lo hace, repite sus errores.
Así parecen interpretarlo las decenas de miles, sobre todo jóvenes, de ciudadanos que se van al extranjero a probar suerte. Muchos no tienen mayor idea de qué es estar en otro sitio y cómo piensan, de los visitantes, los lugareños. Pero afirman que hallarán, mejor porvenir.
¿Hay en el país aún gente dispuesta a sacrificar su cuota de tiempo con calidad y generosa gana de hacer un Perú libre, digno, justo y culto? Estoy seguro que sí. Pero el tiempo, de no llegar a políticas radicales de Estado, duraderas y eficaces, corre en contra.
Ciertamente, también abundan los mercachifles y aventureros, monreros y estafadores que han vivido del Estado y sus diferentes gobiernos.
¿Hay que imitar servilmente modelos de otros países como parecen insinuarlo desavisados y aventureros a quienes la prensa del sistema acoge amablemente?
Ni Bukele de El Salvador o Milei de Argentina son paradigma de nada. La protesta puede y debe alcanzarse con la construcción ciudadana que afiate la inclusión. Disparar a troche y moche, dolarizar un país y no tener idea clara del mundo en que se mueve, es equivalente a lo que haría un mono con metralleta totalmente cargada.
¿Cómo se hace esto? Tengo la impresión –que no la varita mágica- que hay que movilizar a los jóvenes y convocarlos al ejercicio político de enjuiciamiento terminal y concurso sin dobleces.
Una gran cuestión es ¿cómo generar empleo bien pagado y a tono con el mundo actual de velocidades vertiginosas? O el Estado y gobiernos se modernizan o mueren sin pena ni gloria.
¡Hay que enterrar, bajo miles de toneladas de concreto, al 95% de la fauna política y hay que comenzar otra vez la forja dulce y tremebunda de edificar un país desde dentro y desde abajo!
Tal como está el Perú, bajo el timón nominal de mediocres logreros, sólo asimilará cuanto nos impongan desde fuera porque aquí no hay capacidad de respuesta. Los estudiantes tienen el sagrado derecho y deber de poner el hombro y mover al país conmoviéndolo desde sus cimientos más íntimos. ¡Los viejos a la tumba, jóvenes a la obra!
¿No ha contemplado el país cómo un embajador activista foráneo, habla de traiciones y reprimendas porque postergaron la compra de aviones por US$ 3500 millones de dólares?
Si la juvenilia estudiantil se abraza con los hombres y mujeres de buena voluntad que aún permanecen limpios de obra y espíritu, entonces, el Perú aguarda la señal de alerta que le ilumine hacia destinos superiores como nación vertebrada y equipo en Costa, Sierra y Montaña, los cielos de Quiñones, el Mar de Grau, la proyección Atlántica y de la Antártida.
A los clubes electorales, sociedades de asaltantes del Estado, deben suceder nuevas asociaciones de hombres y mujeres con limpieza acrisolada. Fulminar a los que consienten un Perú a balazos y crímenes, es un deber ineludible.
¿Es tan difícil la tarea? Creo que no. Tampoco es fácil. Si hay alguna convicción es aquella que nos ilustra sobre la profunda mediocridad de la fauna política, su falta de honradez y desamor insólito por el Perú.


