
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
31-12-2025
Adiós 2025, sufragio divisionista
Muchas son las loas al proceso comicial del 2026. Lo que es innegable es que ese sufragio consagra un divisionismo suicida en la sociedad, dispersa el voto y eleva al podio de “mayorías” a grupos minúsculos que apenas sobrepasarán el 10%.
Y cuando una segunda vuelta se define entre minoritarios, su representación será provisional, frágil, endeble. O sea el mosaico de alianzas y coaliciones hará revivir un Frankestein y de cuyo pronóstico de funciones, hemos visto la horrorosa anticipación de este Congreso y administración que termina, felizmente, el 2026.
Una definición simple dice:
“Cuando el sufragio es ley, la revolución está en el sufragio" significa que la revolución no se logra simplemente con la ley, sino con el uso de esa ley por parte del pueblo para lograr un cambio real. El sufragio, o el derecho a votar, se convierte en la herramienta para la transformación social cuando se ejerce de manera activa y consciente, permitiendo al pueblo expresar su voluntad y demandar cambios. La ley por sí sola no es suficiente, sino que debe ser puesta en marcha y utilizada por el pueblo para que la revolución sea efectiva”.
En el brillante discurso inaugural de la Asamblea Constituyente, el 28 de julio de 1978, su presidente Víctor Raúl Haya de la Torre, afirmó:
“Ciudadanos Representantes:
Cuando el 18 de junio, más de cuatro millones de peruanos concurrieron, con ejemplar disciplina democrática, a las mesas de sufragio, en el Perú ocurrió –sin ruido ni sangre- una auténtica Revolución. El pueblo recuperó el ejercicio de una soberanía que le fuera negada a lo largo de diez años, y demostró madurez, responsabilidad y alto espíritu cívico.
Superando gallardamente los escollos de una legislación electoral enmarañada con la introducción del absurdo voto preferencial, el pueblo peruano optó por el camino de la democracia y de los partidos en que la democracia se sustenta y quedó confirmada, con la experiencia peruana la luminosa frase del apóstol cubano José Martí, quien dijo. “Cuando el sufragio es ley, la Revolución está en el sufragio”.
Según el calendario oficial, el 2026 se celebrarán elecciones generales para presidente, senadores y diputados. Cientos de peluqueros sociales, farsantes anacrónicos y añosos, más oportunistas lenguaraces creen que les ha llegado la hora.
La maraña electoral sigue siendo una avenida de múltiples vías. El sospechoso aliento a la inscripción desenfrenada de clubes participantes, lleva consigo su propia destrucción si no alcanzan la valla del 5%. Más desprestigio y la certeza inevitable que, otra vez, bandas de clowns y prestidigitadores ocuparán escaños y curules, no por sus virtudes cívicas, sino cómicas y palurdas.
Pero, y no debe pasarse por alto, el loquerío electoral prohíja que las dos primeras votaciones que arriben a la segunda vuelta, lo hagan afincadas en porcentajes que no superen el 15% o menos del 20%. O sea la falta de respaldo ciudadano, orfandad popular y fuerza cívica de ¡cualquier tendencia! llegará con una gravísima anemia democrática.
En múltiples oportunidades hemos recordado cómo fue que el Frente Democrático Nacional en 1945 dobló los votos que ganó el candidato Eloy Ureta, consagrándose entonces en la presidencia al jurista José Luis Bustamante y Rivero.
Por entonces la potencia en calles y plazas y en las urnas del Partido del Pueblo (Apra), era enorme, multánime, entusiasta y en todos los planos.
Apenas pudo Bustamante se distanció del Apra, se refugió en los brazos de la derecha más recalcitrante y el 3 de octubre de 1948, ilegalizó al partido que lo había llevado a la primera magistratura. El 27 de ese mismo mes y año, Bustamante recibió un puntapié y fue echado de Palacio.
¿Se puede afirmar como antes, que la revolución está en el sufragio? Son múltiples procesos votacionales los acontecidos desde 1978. Las decepciones no son pocas y los latrocinios masivos desde las más altas cumbres, también numerosísimos.
En las antípodas de convicciones históricas y célebres, el sufragio consagra a minorías profundamente mediocres, reconocidos hampones que medran en la cosa pública desde sus bisabuelos hasta los tataranietos y de justicia social, equilibrio, pan y libertad ¡ni hablemos!
Un dato por demás vergonzoso: los ex presidentes del Perú con la excepción del cobarde suicida, están procesados por delitos comunes, sospechas fundadas y evidencias de malos manejos con dinero del pueblo. Si el asunto está así de podrido en las cumbres ¿qué puede esperarse en los escalones inferiores?
El festival de candidaturas en todos los rangos, tiene mucho de farsesco y trágico. Cadáveres que pisan el umbral del más allá, no se resignan a dormir los últimos alientos y quieren seguir en el tráfico profesional de influencias al que llaman hoy “experiencia de gobierno”.
Como el pueblo es más sabio que todos los sabios, a esos que cacarean poseer “experiencia de gobierno”, ha gratificado con votaciones raquíticas, respaldo nulo en todo el país y aquellas patotas no figuran en ninguna encuesta porque así están de míseros. Como en el norte: “cholo calato, ni pleitos tiene”.
Hay cacareadas renovaciones que no son otra cosa que más que de lo mismo, con la variante que sus protagonistas son embaucadores e imitadores de menor edad, pero los vicios son los que Matusalén ya practicaba desde tiempos añejos.
A los gonfaloneros a troche y moche de las supuestas bondades redentoras electorales, el reparo y la admonición que ¡no pretendan vender gato por liebre!
La mentira, aquí o acullá, tiene patas cortas.
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
31-12-2025
Adiós 2025, sufragio divisionista
Muchas son las loas al proceso comicial del 2026. Lo que es innegable es que ese sufragio consagra un divisionismo suicida en la sociedad, dispersa el voto y eleva al podio de “mayorías” a grupos minúsculos que apenas sobrepasarán el 10%.
Y cuando una segunda vuelta se define entre minoritarios, su representación será provisional, frágil, endeble. O sea el mosaico de alianzas y coaliciones hará revivir un Frankestein y de cuyo pronóstico de funciones, hemos visto la horrorosa anticipación de este Congreso y administración que termina, felizmente, el 2026.
Una definición simple dice:
“Cuando el sufragio es ley, la revolución está en el sufragio" significa que la revolución no se logra simplemente con la ley, sino con el uso de esa ley por parte del pueblo para lograr un cambio real. El sufragio, o el derecho a votar, se convierte en la herramienta para la transformación social cuando se ejerce de manera activa y consciente, permitiendo al pueblo expresar su voluntad y demandar cambios. La ley por sí sola no es suficiente, sino que debe ser puesta en marcha y utilizada por el pueblo para que la revolución sea efectiva”.
En el brillante discurso inaugural de la Asamblea Constituyente, el 28 de julio de 1978, su presidente Víctor Raúl Haya de la Torre, afirmó:
“Ciudadanos Representantes:
Cuando el 18 de junio, más de cuatro millones de peruanos concurrieron, con ejemplar disciplina democrática, a las mesas de sufragio, en el Perú ocurrió –sin ruido ni sangre- una auténtica Revolución. El pueblo recuperó el ejercicio de una soberanía que le fuera negada a lo largo de diez años, y demostró madurez, responsabilidad y alto espíritu cívico.
Superando gallardamente los escollos de una legislación electoral enmarañada con la introducción del absurdo voto preferencial, el pueblo peruano optó por el camino de la democracia y de los partidos en que la democracia se sustenta y quedó confirmada, con la experiencia peruana la luminosa frase del apóstol cubano José Martí, quien dijo. “Cuando el sufragio es ley, la Revolución está en el sufragio”.
Según el calendario oficial, el 2026 se celebrarán elecciones generales para presidente, senadores y diputados. Cientos de peluqueros sociales, farsantes anacrónicos y añosos, más oportunistas lenguaraces creen que les ha llegado la hora.
La maraña electoral sigue siendo una avenida de múltiples vías. El sospechoso aliento a la inscripción desenfrenada de clubes participantes, lleva consigo su propia destrucción si no alcanzan la valla del 5%. Más desprestigio y la certeza inevitable que, otra vez, bandas de clowns y prestidigitadores ocuparán escaños y curules, no por sus virtudes cívicas, sino cómicas y palurdas.
Pero, y no debe pasarse por alto, el loquerío electoral prohíja que las dos primeras votaciones que arriben a la segunda vuelta, lo hagan afincadas en porcentajes que no superen el 15% o menos del 20%. O sea la falta de respaldo ciudadano, orfandad popular y fuerza cívica de ¡cualquier tendencia! llegará con una gravísima anemia democrática.
En múltiples oportunidades hemos recordado cómo fue que el Frente Democrático Nacional en 1945 dobló los votos que ganó el candidato Eloy Ureta, consagrándose entonces en la presidencia al jurista José Luis Bustamante y Rivero.
Por entonces la potencia en calles y plazas y en las urnas del Partido del Pueblo (Apra), era enorme, multánime, entusiasta y en todos los planos.
Apenas pudo Bustamante se distanció del Apra, se refugió en los brazos de la derecha más recalcitrante y el 3 de octubre de 1948, ilegalizó al partido que lo había llevado a la primera magistratura. El 27 de ese mismo mes y año, Bustamante recibió un puntapié y fue echado de Palacio.
¿Se puede afirmar como antes, que la revolución está en el sufragio? Son múltiples procesos votacionales los acontecidos desde 1978. Las decepciones no son pocas y los latrocinios masivos desde las más altas cumbres, también numerosísimos.
En las antípodas de convicciones históricas y célebres, el sufragio consagra a minorías profundamente mediocres, reconocidos hampones que medran en la cosa pública desde sus bisabuelos hasta los tataranietos y de justicia social, equilibrio, pan y libertad ¡ni hablemos!
Un dato por demás vergonzoso: los ex presidentes del Perú con la excepción del cobarde suicida, están procesados por delitos comunes, sospechas fundadas y evidencias de malos manejos con dinero del pueblo. Si el asunto está así de podrido en las cumbres ¿qué puede esperarse en los escalones inferiores?
El festival de candidaturas en todos los rangos, tiene mucho de farsesco y trágico. Cadáveres que pisan el umbral del más allá, no se resignan a dormir los últimos alientos y quieren seguir en el tráfico profesional de influencias al que llaman hoy “experiencia de gobierno”.
Como el pueblo es más sabio que todos los sabios, a esos que cacarean poseer “experiencia de gobierno”, ha gratificado con votaciones raquíticas, respaldo nulo en todo el país y aquellas patotas no figuran en ninguna encuesta porque así están de míseros. Como en el norte: “cholo calato, ni pleitos tiene”.
Hay cacareadas renovaciones que no son otra cosa que más que de lo mismo, con la variante que sus protagonistas son embaucadores e imitadores de menor edad, pero los vicios son los que Matusalén ya practicaba desde tiempos añejos.
A los gonfaloneros a troche y moche de las supuestas bondades redentoras electorales, el reparo y la admonición que ¡no pretendan vender gato por liebre!
La mentira, aquí o acullá, tiene patas cortas.


