
Informe
Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
18-4-2026
¡Escándalo no blinda miseria electoral!
Sin honor, vergüenza mínima, autocrítica y humildad, Imitador 0% y su mediocre séquito, no han pedido perdón por el trágico resultado electoral del 12. Menos se han retirado a sus madrigueras para descansar largos años en el más convincente anonimato y, ciertamente, tampoco quieren dejar la administración de ingresos que manejan.
Lo acontecido con el Apra no es un incidente. Algún huachafo habló de un nuevo comienzo cuando todos los indicios que las ánforas revelaron a lo largo y ancho del país, es que no hubo cosecha de votos ni para diputados ni senadores, se integró el pelotón Otros y se hundió a una agrupación centenaria al olvido más piadoso y vox pópuli, vox dei.
La serie de escándalos, irregularidades, estridencias que rodean y se derivan de la votación del 12 debe ser minuciosamente investigada, establecido el nombre de los responsables y castigados con todo el peso de la ley, los que hubieren incurrido en falta o delito.
Con raras excepciones, los comentaristas radiales, televisivos y de medios impresos, han evitado analizar el suceso de la tragedia aprista y por el contrario ceden a las súplicas de algunos de ellos que, sin vergüenza y descaro contumaces, se muestran muy sueltos de huesos diciendo cualquier disparate.
¿Qué autoridad moral, política o electoral, tienen los barridos no solo en las ánforas, sino en la historia social reciente del Perú? ¡Ninguna!
Se lee en las redes sociales múltiples notas “explicativas” sobre la debacle. La timidez frente al sismo grado 9, sorprende y revela el escaso sentido crítico que debiera poseer el militante de una agrupación que otrora fue escuela de civismo, cultura política y capacidad de entrega en la lucha por los destinos patrios.
El desbarajuste del conteo y los extremismos de una y otra parte no son excusa válida ni lógica para no abordar, con rudeza franca y buena fe, el análisis del porqué del fracaso al que condujeran Imitador 0% y su comando bueno para nada.
El aprismo fue definido por su fundador Víctor Raúl Haya de la Torre como un método de acción realista e indoamericano, que nacía para poner sus huestes en la lucha por una democracia de pan con libertad, justicia social y revolución.
En modo alguno debió ser instrumento de minúsculas pandillas que aprovecharon cuanto les fue posible para la comisión de negociados, componendas, aprovechamientos y toda clase de acciones criminales que, poco a poco, lesionaron su prestigio y llevaron a las tragedias electorales.
El voluntarismo caprichoso y la complicidad en beneficio propio de anuentes cuyo afán fue egoísta y delictivo, destrozaron una fraternidad de hombres y mujeres que aprendieron en la alegría del combate colectivo, principios de fe, unión disciplina y acción.
En 1978, la victoria del Apra en la Asamblea Constituyente era graficada en un mapa casi total del país. En 1980 Armando Villanueva perdió por más de 500 mil votos contra Fernando Belaunde y el Apra se redujo a La Libertad, Lambayeque y Cajamarca. El gran destructor perfilaba lo que sería su principio rector: divide y vencerás.
Los gobiernos del señor Alan García Pérez 1985-1990 y 2006 al 2011, requieren un análisis sereno, geopolítico y despojado de zalamerías y declaraciones adulonas, para establecer si fueron las grandes mayorías favorecidas o, como suele ocurrir desde 1821, oligarquías hambrientas, racistas y sobornadoras, compraron a gobernantes, ministros y parlamentarios.
Sin el reconocimiento, comenzando con Imitador 0% y su taifa, del fracaso, expresión de arrepentimiento y abandono de cualquier cargo, será imposible ¡siquiera! un boceto de reconstrucción del Apra.
Sin líderes con arrastre, imagen y prestigio, trabazón con las luchas populares, vinculación a las bases, como antaño siempre fuera, apenas si se presenta una extinción irremisible como derrotero terminal.
No habrá mayoría contundente en el proximo gobierno y Congreso. ¿Cómo hará el Apra para plantear iniciativas, contribuir al debate político y hacer acto de presencia desde el llano con el resultado del 12?
No es broma. El comicio del 12, desterró a muchos a la oscuridad más lóbrega y triste. Que no sean honestos para anunciar su alejamiento, no evita que la inanición prosiga su marcha destructora.
¿No debieran ser los más jóvenes los portavoces de una legítima voz de protesta, cuestionadora de malos dirigentes, huérfanos de entrega y limpieza?
Acaso, y esta debía ser leit motiv de todo buen ciudadano, esta sea la oportunidad para limpiar de malas hierbas a la política peruana en general y ocasión para promocionar nueva sangre capaz de liderar al país.
Escribí años atrás: “Creo que hacer un prólogo o una nota a algo que me tuvo entre sus autores, de repente el más humilde, resultaría incompleto si no rindiera homenaje a la figura inolvidable de Andrés Townsend Ezcurra. El nos dejó el 31 de julio de 1994. Se fue sin odios, sin enconos y así lo expresó en su libro autobiográfico 50 años de aprismo que corregí y edité en 1989. Para mí, don Andrés fue un maestro cariñoso y perdonador de muchísimas calaveradas juveniles en que incurrí entonces. Columbré con él al aprismo como una escuela de vida y no reniego ni declino de cuanto aprendí al lado de figuras como Luis Alberto Sánchez, Luis Heysen, Nicanor Mujica, Carlos Manuel Cox, Luis Rodríguez Vildósola, Manuel Solano y tantos otros.
A los que se fueron, a la memoria gigantesca de Víctor Raúl, en honor al fraterno Andrés Townsend y en nombre de la revolución que el Perú necesita, como dijera más de una vez, Manuel Seoane, entrego estas líneas preñadas de fraternidad, de cariño y tremenda identificación con la tierra peruana que me vio nacer y acaso algún día pueda también, como tantos otros antes, consagrar la lucha y la victoria de mis ideales para el bien del país. Amén” (Historia Gráfica del Aprismo, setiembre 2001).
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Señal de Alerta-Herbert Mujica Rojas
18-4-2026
¡Escándalo no blinda miseria electoral!
Sin honor, vergüenza mínima, autocrítica y humildad, Imitador 0% y su mediocre séquito, no han pedido perdón por el trágico resultado electoral del 12. Menos se han retirado a sus madrigueras para descansar largos años en el más convincente anonimato y, ciertamente, tampoco quieren dejar la administración de ingresos que manejan.
Lo acontecido con el Apra no es un incidente. Algún huachafo habló de un nuevo comienzo cuando todos los indicios que las ánforas revelaron a lo largo y ancho del país, es que no hubo cosecha de votos ni para diputados ni senadores, se integró el pelotón Otros y se hundió a una agrupación centenaria al olvido más piadoso y vox pópuli, vox dei.
La serie de escándalos, irregularidades, estridencias que rodean y se derivan de la votación del 12 debe ser minuciosamente investigada, establecido el nombre de los responsables y castigados con todo el peso de la ley, los que hubieren incurrido en falta o delito.
Con raras excepciones, los comentaristas radiales, televisivos y de medios impresos, han evitado analizar el suceso de la tragedia aprista y por el contrario ceden a las súplicas de algunos de ellos que, sin vergüenza y descaro contumaces, se muestran muy sueltos de huesos diciendo cualquier disparate.
¿Qué autoridad moral, política o electoral, tienen los barridos no solo en las ánforas, sino en la historia social reciente del Perú? ¡Ninguna!
Se lee en las redes sociales múltiples notas “explicativas” sobre la debacle. La timidez frente al sismo grado 9, sorprende y revela el escaso sentido crítico que debiera poseer el militante de una agrupación que otrora fue escuela de civismo, cultura política y capacidad de entrega en la lucha por los destinos patrios.
El desbarajuste del conteo y los extremismos de una y otra parte no son excusa válida ni lógica para no abordar, con rudeza franca y buena fe, el análisis del porqué del fracaso al que condujeran Imitador 0% y su comando bueno para nada.
El aprismo fue definido por su fundador Víctor Raúl Haya de la Torre como un método de acción realista e indoamericano, que nacía para poner sus huestes en la lucha por una democracia de pan con libertad, justicia social y revolución.
En modo alguno debió ser instrumento de minúsculas pandillas que aprovecharon cuanto les fue posible para la comisión de negociados, componendas, aprovechamientos y toda clase de acciones criminales que, poco a poco, lesionaron su prestigio y llevaron a las tragedias electorales.
El voluntarismo caprichoso y la complicidad en beneficio propio de anuentes cuyo afán fue egoísta y delictivo, destrozaron una fraternidad de hombres y mujeres que aprendieron en la alegría del combate colectivo, principios de fe, unión disciplina y acción.
En 1978, la victoria del Apra en la Asamblea Constituyente era graficada en un mapa casi total del país. En 1980 Armando Villanueva perdió por más de 500 mil votos contra Fernando Belaunde y el Apra se redujo a La Libertad, Lambayeque y Cajamarca. El gran destructor perfilaba lo que sería su principio rector: divide y vencerás.
Los gobiernos del señor Alan García Pérez 1985-1990 y 2006 al 2011, requieren un análisis sereno, geopolítico y despojado de zalamerías y declaraciones adulonas, para establecer si fueron las grandes mayorías favorecidas o, como suele ocurrir desde 1821, oligarquías hambrientas, racistas y sobornadoras, compraron a gobernantes, ministros y parlamentarios.
Sin el reconocimiento, comenzando con Imitador 0% y su taifa, del fracaso, expresión de arrepentimiento y abandono de cualquier cargo, será imposible ¡siquiera! un boceto de reconstrucción del Apra.
Sin líderes con arrastre, imagen y prestigio, trabazón con las luchas populares, vinculación a las bases, como antaño siempre fuera, apenas si se presenta una extinción irremisible como derrotero terminal.
No habrá mayoría contundente en el proximo gobierno y Congreso. ¿Cómo hará el Apra para plantear iniciativas, contribuir al debate político y hacer acto de presencia desde el llano con el resultado del 12?
No es broma. El comicio del 12, desterró a muchos a la oscuridad más lóbrega y triste. Que no sean honestos para anunciar su alejamiento, no evita que la inanición prosiga su marcha destructora.
¿No debieran ser los más jóvenes los portavoces de una legítima voz de protesta, cuestionadora de malos dirigentes, huérfanos de entrega y limpieza?
Acaso, y esta debía ser leit motiv de todo buen ciudadano, esta sea la oportunidad para limpiar de malas hierbas a la política peruana en general y ocasión para promocionar nueva sangre capaz de liderar al país.
Escribí años atrás: “Creo que hacer un prólogo o una nota a algo que me tuvo entre sus autores, de repente el más humilde, resultaría incompleto si no rindiera homenaje a la figura inolvidable de Andrés Townsend Ezcurra. El nos dejó el 31 de julio de 1994. Se fue sin odios, sin enconos y así lo expresó en su libro autobiográfico 50 años de aprismo que corregí y edité en 1989. Para mí, don Andrés fue un maestro cariñoso y perdonador de muchísimas calaveradas juveniles en que incurrí entonces. Columbré con él al aprismo como una escuela de vida y no reniego ni declino de cuanto aprendí al lado de figuras como Luis Alberto Sánchez, Luis Heysen, Nicanor Mujica, Carlos Manuel Cox, Luis Rodríguez Vildósola, Manuel Solano y tantos otros.
A los que se fueron, a la memoria gigantesca de Víctor Raúl, en honor al fraterno Andrés Townsend y en nombre de la revolución que el Perú necesita, como dijera más de una vez, Manuel Seoane, entrego estas líneas preñadas de fraternidad, de cariño y tremenda identificación con la tierra peruana que me vio nacer y acaso algún día pueda también, como tantos otros antes, consagrar la lucha y la victoria de mis ideales para el bien del país. Amén” (Historia Gráfica del Aprismo, setiembre 2001).


