Salud Mental y una urgente y nueva arquitectura política

Jue, 08/20/2020 - 16:36 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
21-8-2020
 
 
Los tradicionales planteamientos ideológicos como doctrinarios en la política peruana no pasan por el mejor momento, su descrédito es profundo, más por la mala acción de sus denominados intérpretes o protagonistas a nivel parlamentario o en el Ejecutivo, que por el aherrumbamiento de sus planteamientos. Nos guste o no, esa es una circunstancia que nadie puede negar. Salvo torpeza y falta de entendimiento.
 
Por tanto acaso sea llegada la hora de volver a interpretar al Perú como entidad de más de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, más de 32 millones de habitantes y poseedor de todos los climas ecológicos y una insuperable biodiversidad que abarca sus tres regiones tradicionales Costa, Sierra y Selva y todos los pisos ecológicos desde el Mar de Grau, hasta las cumbres nevadas de miles de metros, a las orillas de ríos navegables y portadores de vida, incluyendo los cielos soberanos, un conjunto privilegiado de zonas que nuestra población debía saber mejor conservar y también explotar cuidando los recursos renovables, la flora y fauna.
 
La persona humana es el fin supremo de la sociedad. El mandato constitucional es inexcusable. Los derechos humanos giran en torno al respeto a los derechos y a la exigencia del cumplimiento de los deberes de hombres y mujeres con miras a la consecución de un Perú libre, justo y culto como rezaba una parte del lúcido Preámbulo de la Carta Magna de 1979, la Constitución de Haya de la Torre.
 
Pertinente preguntar si la Salud Mental refiere o engloba a esos derechos humanos considerados en su integridad: desde el vientre materno, hasta el nacimiento, desarrollo, educación y vida de los peruanos en su multiculturalidad, idiomas diversos, heterogeneidad de origen y al margen de confesiones o creencias. La respuesta categórica es sí, Salud Mental, entendida como una política de Estado, sí trata globalmente de estos y muchos otros aspectos enderezados a la persona humana.
 
Entonces si la persona es el objeto fundamental o fin supremo de la sociedad y la Salud Mental tiene en su margesí de disciplinas, a la persona, deviene lógico y macizo inferir que la Salud Mental, entendida como una ejecutoria del Estado, puede, debe y resulta una fórmula novedosa, sana y revolucionaria de comprender e interpretar una nueva concepción ejecutora en todos los gobiernos que basan en su planteamiento constitucional el accionar del Estado.
 
¿Que ocasionará gastos un nuevo portafolio al que hay que dotar de teoría y práctica? Importante recordar una vieja conseja: no hay que pensar cuánto va a costar hacer tal o cual cosa, HAY QUE PENSAR CUÁNTO VA A COSTAR NO HACERLO.
 
¿De dónde los recursos? Esta tarea deberán acometerla los técnicos más calificados. Es de sobra conocido que muchos ministerios no están a la altura de sus cometidos y lo mismo ocurre con los gobiernos regionales y municipales que ni siquiera gastan al 100% los fondos destinados desde el gobierno central. La realidad, consejera más poderosa que cualquier libro o teoría, nos confiesa que mucho dinero revierte al fisco porque hay una vergonzosa incapacidad de gasto en los elementos descentralizados.
 
Si lo anterior es cierto entonces la pregunta de dónde sacar recursos está clara y rotundamente respondida. Más aún, siendo que la Salud Mental es un diseño nacional, corresponde la iniciativa que se estudie en el MEF si puede servir como tributo del cual las empresas puedan echar mano para ventajas de impuesto y con el único y exclusivo propósito de un Plan Nacional de Salud Mental como política de Estado, arma contundente contra las fracturas que la sociedad debe sanar como la que hoy flagela al mundo.
 
Salud Mental no es sólo la procura de los medios contra las enfermedades, sino y sobre todo, el tratamiento de quienes han sido lesionados en su pureza espiritual y paz cívica a raíz de la violenta pandemia del coronavirus y otros múltiples males.
 
¿Cuántos empleados, operarios, trabajadores, contados por cientos de miles y millones pueden afirmar que están incólumes ante los trágicos sucesos de dolor y muerte que vemos a diario a lo largo y ancho de todo el país? ¿Cuántos están en condiciones de seguir siendo productivos en sus responsabilidades? Sorprenderían las respuestas desesperanzadas y negativas.
 
Batallones de voluntarios, miles de médicos y la sociedad en su conjunto a través de un Plan Nacional de Salud Mental como Política de Estado tendrán que ser investidos como los representantes del Perú para reconvertir las ruinas en que vamos quedando en arietes contra la pobreza, la mala salud y el hambre, vía un conjunto de prácticas tendentes a la recuperación integral de los hombres y mujeres del Perú entero.