Urgente refundación cultural del Perú

Mié, 05/13/2020 - 16:03 -- alerta
Jorge Smith Maguiña
Crónicas corovirales 4
 
por Jorge Smith Maguiña; kokosmithm@gmail.com
 
15-5-2020
 
Las catastróficas consecuencias económicas que vendrán cuando ya comience a controlarse la parte médica y sanitaria de la pandemia del coronavirus que durará todavía largos meses,  ya comienzan a sentirse en todo el mundo, y estas consecuencias comienzan a ser comparadas con la Gran Depresión de 1929.
 
En el anterior artículo, señalé el increíble liderazgo, que con intuición y pragmatismo hizo que buscando salir de los rezagos de la Gran Depresión de 1929, cuando asumió el poder de los Estados Unidos el presidente Franklin D. Roosevelt  en 1933, lanzase con el paquete económico, también un proyecto de acción cultural. Poco a poco que dicha acción que tuvo dos fases, fue teniendo un rol central en su gestión, y se convirtió de alguna manera en el rostro explícito, visible de su primer período presidencial y en realidad en un paraguas que impactó positivamente la percepción del tiempo que estuvo en el poder.
 
Es un hecho curioso, pues Roosevelt que era un abogado graduado en Harvard y Columbia, no era propiamente hablando un intelectual y tenía limitados intereses por el arte. No le gustaba mucho la música, era poco afecto a la literatura y también indiferente a la pintura. Se dice además que más que en las artes se interesaba por su colección de estampillas o su colección de barcos en miniatura. Este hombre que después de Lincoln pasa por ser el mejor  presidente de ese gran país, no tenía la sensibilidad de gustos artísticos de John Kennedy, el interés por la tecnología de Bill Clinton o la sofistificación intelectual,  el espírititu visionario y la capacidad de análisis sobre los mecanismo del poder que tuvo Nixon, cuyo magistral ensayo sobre El Liderazgo, lacónico, crudo y profundo, quedará, con el El Príncipe de Machiavello como una de las cimas de la reflexión sobre el poder, mas aún viniendo este análisis por parte de alguien que lo había ejercido hasta el exceso durante sus dos períodos presidenciales, en el segundo de los cuales se vio incluso obligado a renunciar.
 
Roosevelt asumió el poder en medio de una crisis pavorosa, a la cual no queremos creer todavía que entraremos, sí  o sí. Felizmente, y eso es un alivio relativo más que una satisfacción, la crisis económica que sucederá a la pandemia médica encuentra al Perú, con reservas económicas buenas, que no hay que confundir con una salud económica excelente. Algunos tienen una conmovedora  ingenuidad y creen eso. Son reservas finitas al fin y al cabo, que sin una recaudación que la alimente, se evaporarán mas rápido que lo que uno piensa y no quisiese imaginar. Pero hoy, el Estado peruano tiene los medios económicos para elaborar medidas de salvataje en gran escala y costear los exorbitantes costos médicos de la pandemia. Por la robustez de los indicadores macroeconómicos, somos un país de relativa solvencia y por eso la banca internacional siempre al acecho, se muere por prestarnos dinero a bajísimos intereses.
 
Para costear salvataje médico y económico, el Perú ya puso hace unos días en el mercado bonos del tesoro peruano por tres mil millones de dólares. La oferta se quedó corta, los banqueros internacionales querían comprar bonos peruanos hasta por 25,000 millones de dólares. El futuro de la economía peruana suscita confianza. Por eso la gente se pregunta, por qué las cosas una vez por todas no se hacen bien, por qué no hay una acción decidida de hacer las cosas de una forma global y articulada, en vez de hacerlo de una forma reactiva y a trompicones, financiando a una prensa adicta y mermelera, que oculta muchas deficiencias en vez de advertir errores para que se corrijan en vez de ensalzar logros banales, cuando muchas veces simplemente se hacen cosas que se pueden y se deben hacer.
 
Falta definitivamente, UNA VOLUNTAD POLÏTICA, clara y transparente de hacer las cosas bien y ojalá que no tenga que esperarse otra pandemia para ver nuestras carencias en salud, de descubrir las desastrosas condiciones de higiene de muchos de nuestros colegios públicos. Por qué nos preguntamos también, no aprovechar esta ocasión para tener la voluntad política, para invertir algo en una acción cultural sostenida y que genere un renacimiento cultural en nuestro país, que no tenga necesariamente un Estado regalón de becas o de propinas para los primeros puestos de cualquier concurso artístico, sino un Estado promotor que lidere con entusiasmo y convicción el quehacer artístico.
 
Si eso no se hace, en esta ocasión única, en vísperas del Bicentenario, difícilmente se hará en otra oportunidad. Hoy hay el dinero y el Estado puede paralelamente al justificado gasto para las urgencias médicas de la pandemia, poner el capital semilla, que puede permitir ua refundación del Perú en el tema cultural, y que este tema se vuelva un agente dinámico y no solo anecdótico de nuestra identidad, pues la identidad de un país como el nuestro es algo mas rico y complejo que solo lo que atañe al fútbol o la gastronomía.
 
El presidente Roosevelt, en un Estados Unidos recién saliendo de los rezagos de la Depresión del 29 tuvo justamente la voluntad política y la decisión de hacerlo desde que asumió el poder en 1933. Secundado por su propia esposa, la gran Eleanor Roosevelt, la directora de teatro Hallie Flanagan, y el ministro de Comercio Harry Hopkins, que a diferencia del presidente Roosevelt sí tenía un interés real y hasta apasionado por el arte. Esta genial troika, logró activar como parte del llamado New Deal, que era el proyecto de recuperación económica y política, el paquete de acción cultural que apoyó el presidente.
 
Con convicción y espíritu visionario, armaron un programa que se aplaude hasta ahora, que tuvo varios vectores y que terminó denominándose Federal One. Inicialmente como herramienta para dar trabajo a artistas desempleados, como profesores de colegio u otras posibilidades laborales fue adquiriendo una gran complejidad como programa y abarcó cinco grandes áreas, entre las cuales la música, el teatro, las artes plásticas y el quehacer literario y otros ámbitos del quehacer artístico en todas sus formas. Los objetivos iniciales del programa eran de dar un alivio laboral al desempleo y partían de constataciones simples y claras: 1.- Los artistas también son ciudadanos y precisan ser apoyados por el gobierno en lo que se pueda 2.-Las artes como cualquier otro quehacer laboral, como los trabajos manuales, técnicos o administrativos son importantes para la sociedad.
 
Algo simple y de sentido común. Para el visionario Roosevelt nadie sobraba en su país y todos tenían su rol a jugar en lo que en adelante se dio en llamar la gran fábrica social que era la sociedad norteamericana. Nadie sobraba en ese gran país en el paisaje visionario de Roosevelt, y lo que le sobraba a él, era una increíble voluntad política para hacer las cosas.
Era un pragmático. Si veía que las cosas se podían hacer las hacía. Su lema era justamente “¡Acción ahora!”.Esta política inclusiva en la acción cultural, generó muchas resistencias en los sectores más conservadores de los Estados Unidos y dichas medidas se tildaron como cercanas a las políticas comunistas. Al final, hacia 1939 el Congreso mismo de los Estados Unidos, que es quien había aprobado el inicio de estas políticas, fue desmantelando poco a poco algunos de los programas de apoyo a la acción cultural.
 
Insistimos en el hecho, de que estos eran programas más de apoyo que de financiamiento, pues en Estados Unidos siempre hubo reticencia a que el Estado federal (gobierno central) apoyase en forma abierta un tipo de actividad artística específica, en algún territorio específico en desmedro o preferencia de otra y tampoco que tuviese una preferencia religiosa explícita en relación a otra, pues eso se consideraba que iba en contradicción a lo asentado por la primera enmienda. Aún hoy, la Galería Nacional de Arte de Washington, el magnífico museo que fue inaugurado justamente por Roosevelt en 1941, es el único museo realmente subsidiado por el gobierno federal en los Estados Unidos.
 
El proyecto que terminó llamándose Federal One fue por lo mismo al inicio un apoyo contra el desempleo de los artistas, pero poco a poco en su segunda fase se convirtió en un mecanismo que incentivó la acción cultural. En el camino las diferentes medidas que se tomaron, fueron dando lugar a un tipo de seguro de desempleo, a algo así como el salario mínimo y también  dando lugar a medidas restrictivas para el trabajo infantil, que era todavía algo muy común en los años posteriores a la Depresión de 1929.
 
El Federal One fue definiendo 5 áreas específicas de acción: 1.- Proyecto Federal para los escritores (se les pidió a muchos que hiciesen guías de las ciudades). 2.- Proyecto Federal para las Artes Plásticas (involucraba pintores, escultores, fotógrafos, etc). 3.- Proyecto Federal para la música (tanto clásica como popular y folklórica). 4.- Proyecto Federal para la danza (danzas de todo tipo). 5.- Proyecto Federal para el teatro (fue quizás el mas exitoso inicialmente pues estando dirigido por la misma Hallie Flanagan, se buscó vehicular mensajes de un impacto positivo en una época de renacimiento).
 
Lo interesante del Federal One es que se caracterizó  por una dinámica inclusiva en lo racial y tolerante en lo religioso, y también creando ya una política de igualdad de género en lo cultural. De los tres que movían este proyecto, no olvidemos que la esposa del presidente Roosevelt y Hannie Flanagan eran mujeres. En un momento en que la segregación racial seguía siendo moneda común y que diferentes formas de segregación continuaron hasta la promulgación de la nueva ley de derechos civiles en 1964, dicho programa era disruptivo y visto evidentemente con desconfianza por los sectores mas conservadores.
 
Este programa dio lugar a una pléyade de artistas en todos los campos, en la literatura desde ya con talentos como Saul Bellow y John Steinbeck, que años después ganarían premios Nobel, a actores como Orson Wells, a directores de cine como John Huston y a compositores de música como Aaron Copland. Algunos géneros musicales como el jazz se consolidaron y en las artes plásticas apareció el expresionismo abstracto de Pollock y el de Rothko, que dejaron una impronta duradera en el arte moderno. Esta efervescencia artística hizo que desde ya en esos años el eje cultural del mundo occidental se trasladase de París a New York.
 
El fascinante libro de Frederic Martel, autor del libro De la culture en Amérique,  actualmente profesor en Zurich, estudia cómo los impactos de lo que se sembró en la época del presidente Roosevelt perduran y cómo tratando de salir de un problema como lo fue la tragedia de la gran depresión del 29, al incentivar lo cultural, los Estados Unidos terminaron creando la identidad cultural que hoy los caracteriza, a observar y tomar temas de inspiración de su propia realidad, a crear su propia escritura y en pintura también a encontrar sus propias técnicas y dejar de una vez por todas de imitar los modelos europeos que durante varios siglos había caracterizado el arte norteamericano.
 
Otra obra excelente y que nos da un fresco de la impresionante cosecha de artistas que surgieron gracias al Federal One nos la da Richard D. McKensie en su obra The New Deal for Artists.
 
Es paradójico el hecho de que ahora, autores como el mismo Frederic Martel o que el  ex ministro de Cultura de Francois Miterrand como lo fue Jack Lang y otras connotadas personalidades, le estén pidiendo al presidente Macron hacer algo equivalente en el plano cultural a lo que hizo Roosevelt después de la depresión del 29. Le piden que para la fase posterior a la pandemia, la acción en lo cultural no sea solo apoyos de alivio a los artistas más necesitados, sino una acción cultural decisiva y generosa  y que le dé nuevos brillos a Francia, que le dé vitalidad a una actividad cultural que en muchos aspectos luce ya un poco lenta y fatigada, por su excesivo y vertical centralismo. Se esperaba quizás demasiado, pues el mensaje anunciado con bombos y platillos dado por el presidente Macron el  6 de mayo, es de una portada muy limitada. Subsana en mucho la precariedad de aquellos artistas que tienen un ingreso intermitente, indicando que se dará también un apoyo parcial, limitado pero real a muchos eventos y festivales de arte que han tenido que ser anulados.
 
Los amigos franceses que me han comentado estos anuncios, coinciden que faltó el elemento inspirador, el de no tener el olfato para aprovechar esta oportunidad histórica para una acción decidida sobre el tema cultural en un país tan rico como Francia, que tantas veces siempre tuvo el liderazgo cultural en Europa. Francia actualmente tiene mas o menos 1 millón 300 mil personas que dependen de la actividad artística y de estos unos 300 mil que están en lo que se llamaría “intermitencia” por no decir informalidad. Todos los cines están cerrados y París (lo digo por haber vivido allí 15 años) tiene mas cines en relación a metros cuadrados que cualquier ciudad del mundo.
 
Lástima que el presidente de Francia dejó pasar esta oportunidad de una acción cultural decidida. Los espíritus mas lúcidos de ese país se lo habían pedido. Es cierto que a países que siempre tuvieron sistemas de salud tan eficientes y de altísima cobertura como Gran Bretaña y Francia esta pandemia les demostró que su capacidad de previsión, no lo era tanto como parecía y que lo que parece caminar bien en tiempos normales, muestra sus fisuras apenas aparece una anomalía mayor como el coronavirus. La prueba penosa y trágica es que Francia ya tiene mas de 25,000 fallecidos y Gran Bretaña mas de 30,000.
 
Bueno, por lo menos Macron ha osado enfrentar el tema de la acción sobre lo cultural, y no creemos que el presidente Trump haga lo mismo en su propio país, pues si bien es un hombre que sabe utilizar muy bien los medios audiovisuales y conoce el mundo del espectáculo, no le conocemos interés alguno por el arte.
 
En Perú esperemos que el tema cultural cuando se lo considere y llegará el momento en que se lo tendrá que enfrentar, este enfrentamiento sea con un enfoque novedoso. La idea es de programas que vayan hasta los municipios, que son los que están mas cercanos a los usuarios finales. Se debe dejar de creer que hacer eventos esporádicos o poner paneles en algunos parques para ver los partidos de la selección son una política cultural. En un mundo que no será como el de antes las estrategias de acción cultural deben cambiar para llegar y ganar a públicos nuevos.
 
El tema del distanciamiento entre las personas eliminará desde ya los mega espectáculos y por lo mismo hay que proyectar espectáculos para pocas personas, pero que puedan tener una alta rotación, que puedan presentarse rotativamente en muchos lugares para justificar los gastos de montaje o producción. A la logística de eso (los desplazamientos de una provincia a otra) sí podría ayudar el Estado. Otro tema es que casi 80% de las obras de arte que tienen los museos grandes del Perú, están eternamente en salas de almacenamiento. Nadie las ve pero se les tiene que dar a esas obras un mínimo de mantenimiento. Es necesario que una vez por todas se lleve a cabo una idea que ha girado siempre y es que se seleccione las 100 ó 200 mejores piezas que están en los almacenes de los grandes museos nacionales y se hagan no solo una sino múltiples exposiciones itinerantes. Muchas de las casi doscientas provincias que tiene el Perú no tienen un solo museo y acogerán con mucha  expectativa y hasta entusiasmo el hecho de que por fin habrá una exposición de arte peruano en su provincia.
 
Uno se pregunta qué cuesta hacer una selección de huacos y objetos representativos de nuestras diferentes culturas precolombinas. Siempre hay alguna empresa o negocio en cualquier provincia que en algo apoyará a que una exposición llegue a su distrito. No vemos por qué el ministerio de Cultura, no diseña algo al respecto, pues lo que está claro es que cualquier acción cultural grande y pequeña, no tendrá las características de lo que se hacía o no se hacía antes.
 
El panorama ha cambiado totalmente y la burocracia ligada a la acción cultural no puede continuar en una actitud autista, en una precaria zona de confort, en una invisibilidad permanente. Perú tiene riqueza minera y una increíble biodiversidad, pero su verdadera riqueza es su riqueza cultural. Si esta situación excepcional no se utiliza para también hacer una acción cultural novedosa e imaginativa, como lo hizo Roosevelt, seguiremos siempre en lo mismo.
 
Ya demasiadas veces hemos perdido el tren de la historia, despilfarrando la riqueza que dio el guano, el salitre, el caucho, la harina de pescado y un largo etcétera. Cualquier acción cultural en esta nueva fase debe involucrar al sector privado, pero en ningún caso el Estado puede perder su rol subsidiario en este campo. En Estados Unidos, el Estado federal no financia nada privado en materia cultural, pero sí tiene un sistema ágil de deducción de impuestos para las empresas, asociaciones o personas individuales que apoyan el arte. Por eso hay museos en todas partes y muchas de las mejores orquestas sinfónicas del mundo.
 
No tengo la menor duda que si hay una voluntad política y acción decidida en lo cultural, el sector privado sí se las jugará esta vez. Esta situación inédita de la pandemia, que solo ocurre una vez cada cien años y quizás en forma tan rápida y universal no había ocurrido nunca, ha tenido de alguna manera la virtud de democratizar a los seres humanos frente a la  desgracia del contagio y por lo mismo frente a la precariedad de la vida. Muere el  rico y muere el pobre. Se infecta cualquier artista desconocido pero también Tom Hanks, se infectan varios congresistas peruanos pero también el primer ministro de Gran Bretaña.
 
Frente a algo tan masivo descubrimos que estamos en algo así como el arca de Noé o en el Titanic. Si lo que está pasando no hace cambiar a la gente de actitud frente a la vida o las cosas, la humanidad está demás.