Sola en Madrid y vuelo como mariposa plenamente libre

Mié, 07/17/2019 - 15:33 -- alerta
Zully Pinchi Ramírez
 
por Zully Pinchi Ramírez; zullyarlene39@gmail.com
 
18-7-2019
 
Huye, corre, escapa, aún estás a tiempo, me decía una voz en mi interior el 5 de septiembre del 2015 mientras miraba la puerta de la habitación amplia y bonita del Hilton lugar que sería el nido de amor en mi noche de bodas, en el matrimonio por la Iglesia Cristiana, porque dejé de ser católica el 2004.
 
Este es un tema que siempre mantuve en reserva pero es menester contar detalles para entender esta peculiar historia.
 
En el cumpleaños número 29 del hoy escritor Marco Sifuentes que en ese tiempo era un joven periodista de la televisión, conocí a quien a posteriori se convertiría en mi esposo.
 
En aquella época, Marco y yo teníamos una amistad especial. Nos conocimos el 2004 y hubo, desde el principio, química muy fuerte. Me parecía un chiquillo con futuro intelectual muy interesante, las conversaciones con él eran muy enriquecedoras y era bastante maduro para su edad, atento, cariñoso y alegre con la vida.
 
Una noche se presentó en mi casa con un anillo muy lindo, en forma de corazón, pidiendo que fuéramos algo más que amigos, no solicitaba un compromiso pero sí una relación más formal. Por entonces 4 de mayo del 2009, Marco ya disfrutaba el éxito en una plataforma nueva, Internet, con El Útero de Marita, una página web de información periodística. Estaba contenta con tener un amigo tan notable y sencillo a la vez, todo iba muy bien entre nosotros hasta que un día en el popular bar La Noche del pintoresco distrito de Barranco, en Lima, ocurrió lo impensable.
 
En su fiesta de onomástico Marco cometió un grave y gran error, ya que el hombre que me presentó, años después se convirtiría en mi compañero de vida. Si se pudiera retroceder en el tiempo y adivinar el futuro, creo que jamás lo hubiera invitado al festejo.
 
Aquella madrugada mi amiga Verónica y yo disfrutábamos cantando, conversando y riéndonos hasta que el señor Sifuentes se me acercó y en un tono muy irónico y con cierta comicidad dijo: te presento al futuro presidente del Perú y sin poder evitarlo, todos los que estábamos en el grupo rompimos en discretas carcajadas.
 
El 2015 estaba ya unida a mi ex pareja por la ley civil pero aún me faltaba caminar hacia el altar de la mano de mi padre vestida de blanco en fiesta de lujo. Mi sueño de Disneyland estaba a minutos de hacerse realidad.
 
Cuando esperaban mis padres y una comitiva de maquilladores, wedding planners, diseñadores, camarógrafos y fotógrafos en el lobby del hotel, entré al baño, viendo mi vestido tan majestuoso y la corona de piedras tan brillantes y percibí una terrible oscuridad en mi corazón.
 
¡Reté a Dios, pidiéndole que me hable, corrija y me hiciera ver si todo aquello que tanto había anhelado me haría feliz o no! Luego le rogué suplicando que llegará en caballo blanco con alas y me sacará de esa vida que yo misma había elegido mucho tiempo atrás y que era estar casada con Miguel, uno de los hijos de Jorge Del Castillo, ex alcalde, ex congresista, ex primer ministro y con más de 40 años en la política peruana, no había sido nada fácil.
 
El ex presidente Alan García, muchos congresistas, ministros, junto a 300 invitados aguardaban en una iglesia que armamos en un local para la boda, en Villa, Chorrillos, distrito donde Miguel y yo vivimos juntos, antes de irnos a estudiar a España.
 
El maquillaje se había estropeado, las pestañas postizas mojadas. No lloraba de felicidad, pero había adquirido un compromiso, había firmado un contrato al que llamamos matrimonio, acordé un pacto, sabía que la función debía continuar y que tenía que aparentar estar llena de dicha, así que sequé mis lágrimas, respiré lento y antes de salir leí el versículo, Jeremías 33:3 : Clama a mí y yo te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces”, luego inicié, de la mano de mi padre, mi vía crucis.
 
Finalmente nuestra relación terminó en diciembre del 2017, al principio todo era gris y sin esperanza, ahora he podido ver un arco iris en el horizonte que me ayuda a colorear el alma.
 
Hoy en julio del 2019, Marco Sifuentes se va haciendo cada vez más famoso. Alan García ha muerto. Al que fue mi esposo y a su padre, no los he visto desde hace año y medio.
 
Y vivo sola en Madrid y vuelo como una mariposa plenamente libre.