Repensar la propiedad

Mié, 07/29/2020 - 20:37 -- alerta
Horacio Gago Prialé
 
por Horacio Gago Prialé; hgagopri@gmail.com
 
30-7-2020
 
Ni siquiera la noticia mundial de que la inmunidad de los pacientes recuperados puede no impedir al Covid 19, atacar de nuevo a las mismas personas, hizo que el presidente Martín Vizcarra anunciara el 28 de julio, algo que haga frente a la causa fundamental del desastre humanitario que no evitó él ni nadie y que se llama informalidad, una realidad palmaria de desgobierno.
 
Frente a un discurso plagado de promesas, cifras y plazos imposibles, se hace de inmensa necesidad que los peruanos exijamos duramente a los candidatos del 2021 a tomar este tema como prioritario y consustancial a la propia subsistencia del país.
  
La informalidad es un problema transversal que atraviesa todos los sectores públicos y privados. No sólo a 4 ministerios sino a todo el Estado. Su solución pasa por construir una racionalidad nueva que fusione lo mejor de los dos mundos y no se limite a la persecución o demonización del informal. Ha quedado demostrado que esa persecución ha agitado reacciones que provocaron mayores espacios informales, antes que una ley eficiente.
 
Requiere entonces de una política de Estado de verdad (no un remedo), seria, responsable y dotada de (a) legislación clara y valiente, (b) institucionalidad con verdadero poder y eficiente manejo y (c) recursos suficientes para construir el nuevo entramado estatal que integre con tecnología y soluciones del siglo XXI dos mundos separados desde décadas. Solo así, podrán desaparecer el hacinamiento, la irracionalidad de la asignación y manejo del suelo y el acceso a los recursos que son de todos y no de la burocracia o sus poderes invisibles.
 
La informalidad tampoco ha sido causada por las familias o las comunidades ni éstas deben ser vistas como enemigas del país. Todo lo contrario, los informales han sacado adelante durante décadas sus vidas, economías, educación y ganado sus derechos políticos, en medio del palmario abandono o persecución legal del Estado. Una muestra palmaria de desprecio del Estado hacia los nacionales es lo ocurrido ante las mismas narices del gobierno provisional presente, cuando cientos de miles de ciudadanos venezolanos ingresaron al país y rápidamente el Estado les dotó de más derechos sociales que a los propios peruanos.
 
En la sala de lectura de la British Library, hermoso edificio ubicado en Kings Cross-Londres,  pude dar forma final a mi libro Repensar la Propiedad*, juntando piezas que había escrito años atrás. El profesor de la University of Westminster -y amigo personal-, Farhang Morady, me había facilitado un cupo de investigador visitante. Desde entonces, la idea central que me persiguió fue repensar la propiedad. Lo que trajo el Covid 19 fue agudizar la necesidad de esta reformulación. En el Perú, Jorge Avendaño Valdez (1933 -2017), profesor de Derechos Reales en la Pontificia Universidad Católica del Perú, ya había dicho “… una vez que uno piensa seriamente en el problema de los tugurios de los barrios históricos, no queda duda alguna sobre la necesidad de repensar la propiedad” (ponencia en el Congreso de la República sobre la ley de renovación urbana sin desalojos, posterior Ley 29415).
 
Repensar la propiedad significa aceptar que la realidad de las cosas es distinta a la de los libros. Esos años recorría las quintas y callejones del Rímac con mis colegas del proyecto “Rímac Renace” del PNUD, para explicar a los vecinos que la renovación urbana sin desalojos era posible. Incluso usamos el neologismo “desprecarización” para describir que la propiedad estaba tan mal organizada en el Perú, que solo cabía repensarla. El reto es cómo.
 
Repensar la propiedad constituye, entonces, un esfuerzo merecedor de un abordaje sin prejuicios; con la valentía de un Avendaño quien reconoció que la propiedad en el papel era una farsa y que el Covid 19 ha terminado de denunciar.
 
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*Obra adjunta en archivo .pdf