Políticos chatos y miopes

Lun, 02/03/2020 - 13:45 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
4-2-2020
 
Una definición más o menos didáctica precisa el término chato: carente de la inteligencia, perspicacia, capacidad de prever y analizar eventos esperables o normales.
 
Otra se refiere a miope: corto de alcances o de miras, poco perspicaz.
 
Y no es que me esté adelantando a nominar al común de nuestros animales políticos que son, en elevado porcentaje, miopes, chatos, ignaros y de microscópica, si alguna, mirada nacional.
 
Los días actuales, en que aún no pisan el hemiciclo los novísimos parlamentarios, los miedos de comunicación se refocilan en presentar impresentables que dicen cuanto la inercia les mueve la boca, a cual peor y lenguaraz.
 
La pregunta es sencilla: ¿para qué van al Congreso? ¡A hacer leyes meditadas y bajo el escrutinio de las grandes mayorías nacionales que aspiran a que esas legislaciones les favorezcan en la construcción de un Perú libre, justo y culto. ¿Piensan eso los miopes y chatos que parecieran haber ganado una curul? Usted puede mejor contestar.
 
Cuando las semanas iniciales, en 1978, de la Asamblea Constituyente, los sectores de la izquierda marxista con virulencia y algazara acusaban a diestra y siniestra y en la presidencia hubo un titular que soportaba lo que él llamó desfleme de los representantes. Bueno recordar que Víctor Raúl Haya de la Torre ganó luego el respeto de todas las bancadas y el país conoció al político influyente cuyo movimiento había sido, a favor o en contra, eje de la política peruana desde 1930 en adelante sin dejar de mencionar los sucesos a partir de 1923.
 
¿Hay tiempo para el desfleme en estos escasos 14 meses? Me temo que no. El 2021 hay elecciones generales y quien no se prepare o corrija sus monumentales yerros está en ciernes de desaparición radical.
 
Por tanto nuestros políticos chatos y miopes, debieran tener consejo, asesoría y orientación más que urgente y responsable en torno a sus declaraciones públicas. Unos anuncian el fusilamiento de otros; los de más allá proclaman persecuciones; a alguien se le ha ocurrido borrar del mapa a los gays; el sábado escuché la disparatada propuesta de guarecerse en las iglesias como “protesta” ante el cáncer alanista. La variedad es aterradora pero muy mediocre.
 
Nuestros políticos deben entender o estudiar o conseguir los rudimentos de una mirada nacional, con profundo horizonte de futuro para los próximos 50 años; con estudio de la soberanía nacional basada en la soberanía popular; en la definición del Estado como herramienta y presa apetecible –como es hoy- de sectores minoritarios y privilegiados en detrimento de los mayoritarios y empobrecidos. Nuestra relación internacional y bajo qué reglas empujamos los tratados que realmente favorezcan al país no a los oligopolios armados hasta los dientes de periodistas al kilo y capaces no sólo de vender a sus respectivas madres sino ¡hasta de negociar el precio, centavo a centavo!
 
¿Es mucho pedir? ¡De ninguna manera! El colapso de agrupaciones, como ocurre con el Apra, halla su origen en la inmoralidad venal y estafadora de sus líderes, baste con recordar que el principal capitoste, lejos de asumir con valentía la comisión de sus delitos, se disparó en la cabeza. Los apristas genuinos sólo tenían tres caminos: encierro, destierro o entierro.
 
Exijamos decencia y mesura. El Perú no es juguete de nadie ni puede ser tampoco una chacra en que improvisados brutos hagan lo que les dé la gana.
 
¡Para eso se paga impuestos y hay que mirar escrupulosamente a los políticos miopes y chatos para demandarles una acción responsable y seria en favor el país!