Partidos venden leyes, blindan delincuentes e hipotecan conciencias

Mar, 11/26/2019 - 14:30 -- alerta
Jesús Guzmán Gallardo
 
por Jesús Guzmán Gallardo; jeguzga@hotmail.com
27-11-2019
 
Existe una premisa sobre la cual muy pocos “opinólogos” reparan, casi ninguno diría yo, pero que denuncia que el subdesarrollo es funcional e incidente en la formación ciudadana; que a despecho del “esfuerzo” del ministerio de Educación, sólo ha logrado poner en situación obvia una democracia imperfecta o incipiente, e ignorante. Dicha premisa es que desde 1990 no tenemos un sistema de partidos que fortalezca nuestra novel democracia, permitiendo así que no hayamos desarrollado en algo nuestro civismo. Estamos en el mismo nivel político del viejo civilismo decimonónico.
 
El fracaso es del sistema político y económico que bajo el amparo de la Constitución de 1993 ha incrementado la brecha de la desigualdad y aumentado los niveles de corrupción e ineficacia en el manejo de la cosa pública, el primero es un fracaso económico y el segundo es evidentemente político.
 
Los partidos políticos son clubes de compadres oportunistas y ventajistas manejados por cúpulas que los ponen a su servicio o lo alquilan a inescrupulosos mercantilistas de la política. Hoy en día el común denominador de los partidos, sin excepción, es el afán de resolver su problema económico y de paso refocilarse con el poder que han descubierto que los puede hacer ricos vendiendo leyes, blindando delincuentes públicos y de paso hipotecar sus conciencias en su ficticio ascenso social. En resumen, hemos retrocedido el reloj de la historia a los arcaicos niveles de la política criolla.
 
La fecha mencionada, como un parteaguas, coincide con el gobierno delincuencial de Alberto Fujimori y su socio Alan García quienes se granjearon apoyos políticos y económicos a través del siniestro operador Montesinos que a su vez utilizó a la policía, al ejército, al ministerio público, al poder judicial, al tribunal constitucional, asesinos y cientos de ciudadanos con la conciencia wash and wear y por último siempre la corrupción contó con el dicho de Federico Elguera: “En este país no se sabe amar ni odiar, sólo olvidar”. Los gobiernos de Toledo, García, Humala, Kucsinsky y Vizcarra son más de lo mismo. La corrupción los atraviesa de principio a fin como un tema transversal que los pone en evidencia.
 
¿En que ha cambiado el Perú?. La respuesta es implícita, en nada. Quienes hayan leído a Manuel González Prada, podrán entender fácilmente que la historia se repite con mínima variación espacio temporal. La actuación del Tribunal Constitucional con Keiko Fujimori pone en evidencia que los que más se sienten seguros son el “Cojo Mame”, el “Cholo Jacinto”, “Caracol” y siguen nombres.
 
La cereza del pastel son las listas presentadas al JNE, donde hay para escoger desde impresentables, testaferros, ignorantes sobre la realidad peruana y no son pocos los que han tenido y tienen problemas con la justicia. La matrícula esta abierta. La náusea ha vuelto.
 
¡Que Dios nos agarre confesados!