Nuestros momios criollos

Jue, 11/12/2020 - 17:34 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
13-11-2020
 
La derecha económica y política tiene engrilletado al Perú. Está en los ministerios, en el gobierno, antes y después del precario inquilino actual; en la banca, finanzas, gerencias y direcciones, en todas partes. Nuestros momios criollos se llaman tecnócratas, especialistas, cualquier término que disimule, mitigue o conjure el hecho que son simplemente conservadores a rajatabla.
 
Son los que cortan el jamón. Cuando van presos, y esto ocurre rara vez, sus celdas son suites de hotel con todas las comodidades de cable, internet, colchones en buen estado, líneas telefónicas y mucha discreción para, desde la ergástula, seguir coordinando sus negocios, casi siempre sucios.
 
Los momios criollos son los que sin tener pruebas ni documentos de ninguna especie afirman que las marchas son organizadas por terroristas y que los cientos de miles de protestantes están pagados por alguien. Y el pretexto es útil porque la Policía arremete con violencia y detiene a gente pacífica que sale a actuar conforme a su conciencia.
 
El neologismo momio tiene su origen en Chile y designa a los mandones en lo económico y político a la diestra que hicieron del país sureño un oasis de absoluta desigualdad, privilegio escandaloso para sectores minúsculos que acapara el 85% de los ingresos. Aquí son lo mismo aunque, debemos subrayarlo, con más chabacanería insolente. ¿Recuerdan el dicho: “sabes con quién estás hablando”?
 
Los momios, como tienen vergüenza de llamarse conservadores a secas, se arrebañan en “colectivos” y no importa la variopinta procedencia: ayer incendiarios y hoy bomberos con muy buenos dólares, euros o soles, como ingresos por “productividad” y si hay algo de lo que carecen es de valentía: viejos izquierdosos junto a genuinos mermeleros de la prensa y alcahuetes del empresariado que no paga impuestos y que se hace de las licitaciones con nombre y apellido.
 
Como los partidos políticos NO existen, las carpas electorales –efímeras y por el tiempo que dure la campaña, luego se cierran y hasta el próximo comicio- no logran conformar ninguna oposición o digna acción política solidaria y en favor de las mayorías nacionales. Y es entonces que los momios criollos, bajo la premisa que todos tienen precio, compran a los “líderes” y hoy dicen B pero mañana cambiarán a C. Y a vista y paciencia de todo el mundo.
 
Hace 200 años -matices más, matices menos- que nuestros momios criollos depredan el erario nacional. ¿Y el pueblo? El pueblo sólo paga tributos, sufre todas las multas y el alza de precios y es el eterno convidado de piedra en las elecciones porque elige al menos ladrón, porque todos son rateros.
 
De entre los momios criollos salieron ex presidentes que están tras las rejas enjuiciados o próximos a convertirse en inquilinos de alguna cárcel. Cuando las pugnas internas, el más bobo paga el pato y “debe rendir cuentas”. Si algún panzón pierde la brújula, el sistema le recuerda que hay otros más poderosos y que son intocables porque ellos mandan.
 
Y para no dejar la lista incompleta, el ex mandatario que se suicidó cobardemente porque ya veía venir la cárcel y la rendición de cuentas, traicionó su origen, a lo que fuera alguna vez su ideología e inoculó el crimen organizado y cuasi perfecto. A ese individuo quieren convertirlo en “mártir”. Semejante desfachatez.
 
Este noviembre del 2020 ha contemplado cómo los momios criollos nutren el gabinete de ministros dispuestos a almorzarse en salsas sabrosas el aparato del Estado. El signo ideológico, conservador, reaccionario, antipatriota, se nota a leguas por inocultable.
 
Nuestro momio criollo, es un traidor a la causa esperanzada de un Perú libre, justo y culto por la simple razón que busca lo suyo con un egoísmo destructor, anticholo y perverso.