Noviembre en la memoria de la Patria

Jue, 11/05/2020 - 09:19 -- alerta
Delfina Paredes
 
por Delfina Paredes; delfinacha@hotmail.com
 
6-11-2020
 
El mes de noviembre guarda fechas de sucesos históricos que nos recuerdan acontecimientos ciméricos, así como abismales pesadumbres.
 
2 de noviembre de 1879
El invasor desembarca en Pisagua. Llega al amanecer en 4 buques y 40 embarcaciones menores. En dos oportunidades nuestras fuerzas aliadas al mando del Comandante Isaac Recabarren (Perú) y el coronel Pedro Villamil, (Bolivia), rechazan el desembarque. Luego de siete horas de resistencia los invasores consiguen su intento, provocando un gran incendio en el puerto que compromete todo el salitre almacenado, destruyendo viviendas y apoderándose del ferrocarril.
 
4 de noviembre de 1780 
Con la captura de Antonio Arriaga, Corregidor de la Provincia de Tinta, Túpac Amaru, da inicio a la emancipación del dominio español.
 
Esta rebelión preparada durante diez años con la participación activísima de Micaela Bastidas, familiares y relacionados cercanos, estuvo íntimamente ligada al trabajo de los hermanos Tomás y Nicolás Ccatari, y posteriormente al de Julián Apaza (Túpac Ccatari) en el Alto Perú.
 
4 de noviembre de 1816
Nace en Lima el coronel Francisco Bolognesi Cervantes que participó en la batalla de Tarapacá como jefe de la Tercera División del ejército y entregó su vida en la batalla de Arica después de combatir “Hasta quemar el último cartucho”.
 
10 de noviembre de 1780
En la plaza de Tungasuca, y ante una multitud de personajes notables, curas doctrineros, criollos, mestizos, caciques, runas de la Provincia y de parajes aledaños, se lleva a cabo la ejecución del Corregidor Arriaga.
 
Túpac Amaru, asume con este acto que ya no hay camino de retorno y avanzará en su propósito  hasta el sacrificio de su muerte y de la mayor parte de su familia.
 
La influencia de este levantamiento, sin embargo, se extiende por Oruro, Tupiza, Choccaya, Potosí, Tucumán, Arica. En Nueva Granada, Venezuela, Panamá y Ecuador se suceden sublevaciones levantando el nombre de Túpac Amaru.
 
10 de noviembre de 1836
Nace en Ayacucho, Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, cuya vida ejemplar y resistencia a todas las adversidades, mantuvo y mantendrá por siempre la Dignidad de la Patria. Durante la guerra que Chile declaró al Perú, participó en todas las batallas a excepción de Arica a donde reclamó ir luego de la batalla de Tacna. Disposiciones del Comandante General Montero, optaron por licenciar a los sobrevivientes.
 
11 de noviembre de 1854
 
Nace en la provincia de Calca, Clorinda Mato de Turner, reconocida ampliamente por sus novelas AVES SIN NIDO e ÍNDOLE, tuvo el valor de atreverse a criticar la costumbre institucionalizada por todas las autoridades citadinas y rurales, de exaccionar y esclavizar a  los runas: hombres y mujeres oriundos de esta tierra, más conocidos como “la indiada”.
Pero, Clorinda, mujer patriota y combativa es, además, la primera que reivindica en su obra teatral IMA SÚMAC, a Túpac Amaru, cuyo nombre y memoria permanecían proscritos.
 
Asimismo se siente comprometida con la Patria y en la erogación nacional que se dispone, desde Lima, en abril de 1879, para solventar los gastos de guerra, está en primera línea anotándose con 389 pesos que prácticamente es la cantidad que envía toda la Provincia de Tinta.
 
18 de noviembre de 1780
Batalla de Sangarará
 
La huestes insurgentes  se encuentran en Sangarará -Provincia de Acomayo- con las españolas  encabezadas por Tiburcio Landa, enviado desde el Cusco y el Corregidor de Quispicanchis, Cabrera; apoyados por los caciques traidores Sahuaraura y Chillitupa. Se desata la batalla y 
deciden éstos protegerse dentro de la iglesia, llevando dos pequeños cañones al interior del templo. Túpac Amaru, envía en dos oportunidades emisarios, solicitando su rendición. No obtiene respuesta, se entabla la lucha y el grupo rebelde obtiene la célebre victoria de Sangarará.
 
19 de noviembre de 1879
 
Batalla o semi-batalla de San Francisco, como la titulan  algunos historiadores.
 
Un hecho fortuito en el empeño de los soldados por beber agua, luego del extenuante recorrido desde Pisagua e Iquique, produce unos disparos de fusil que de inmediato es respondido con cañonazos por los invasores chilenos, instalados en el cerro y desata un desconcertado ataque entre uno y otro ejército.
 
El comandante Ladislao Espinar, jefe de la Ambulancia, avanza a la voz de “¡A los cañones, a los cañones!” seguido por las dos compañías del pozo de agua de donde partió el disparo, y comenzaron a trepar el cerro, hasta casi lograr su objetivo de capturar los cañones, pero un disparo certero, siega su vida. Al caer, así mismo, el Coronel Villamil, se produce el desbande total de las tropas bolivianas, que un día antes se enteraron de la traición de su presidente Hilarión Daza.
 
27 de noviembre de 1879
 
¡Tarapacá! Victoria de lo imposible, victoria a contracorriente de leyes biológicas y físicas.
¿Puede alguien creer que un ejército agotado por la marcha, exánime por el hambre, descalzo, llagado, piojoso, esté en condiciones de librar una batalla y ganarla? ¿Lo hubiera hecho Napoleón? ¿Aníbal? ¿Mac Arthur? No lo creemos, que ellos conocieron derrotas en condiciones menos precarias.
 
El mismo Coronel Cáceres nos informa. “Nuestros artilleros que abandonaron sus cañones en la retirada de San Francisco, formaban una columna de infantería a órdenes del coronel Castañón. Caballería, no teníamos. El escuadrón de gendarmes carecía de caballos y formaba igualmente una columna de infantería. Nuestras fuerzas de Tarapacá estaban constituidas en su totalidad por hombres a pie. Carecíamos no sólo de municiones, sino de subsistencia y de vestuario”.
 
El enemigo apareció en las alturas del poblado alrededor de las ocho de la mañana del día 27. El coronel Cáceres, tomó de inmediato una determinación temeraria: el batallón Zepita, bajo su mando y el Dos de Mayo al mando del coronel Manuel Suárez, empezaron la ascensión.
 
La batalla duró todo el día; en marchas, ataques y contraataques se capturaron ocho cañones del enemigo.
 
Con serenidad increíble, Cáceres fue dirigiendo las acciones a las que se fue sumando el resto del ejército, entre los que estaban el Batallón Iquique con el coronel Alfonso Ugarte, el Batallón Guardias de Arequipa que comandaba el coronel Francisco Bolognesi y donde participaba Mariano Santos.
 
Muchos soldados y jefes cayeron en la refriega, como el coronel Manuel Suárez, el comandante Zubiaga, el mayor Pardo y Figueroa, el oficial Juan Cáceres -hermano de Andrés- y por supuesto los Quispe, los Condori, Apaza, Vilca… El coronel Isaac Recabarren fue sacado herido y aún mal repuesto volvió a ocupar su lugar de lucha.
 
La batalla culminó en una victoria increíble. Cuando el sol se iba extinguiendo en el ocaso, el extenuado, victorioso ejército peruano, malenterró a sus muertos y reemprendió su marcha hacia la base Arica-Tacna.
 
¡Que disyuntiva tan lacerante para todos los combatientes… Haber hecho correr de Tarapacá, al invasor y no poder quedarse allí, en nuestra tierra, para seguirla defendiendo! Allí estaba el aislamiento desolador, la certeza de que ningún refuerzo llegaría desde Arica. Hilarión Daza con tres mil hombres y armamento, ya había retornado a Bolivia.
 
Así pues, el ejército vencedor de Tarapacá, dejaba ese espacio de la Pachamama, regando las arenas con lágrimas y sangre; con la garganta estrangulada por la duda de ¿hasta cuándo quedaría Tarapacá a merced del invasor?
 
A medida que las últimas pisadas de la retaguardia se iban hundiendo en las arenas, las negras sombras de una larga noche descendían sobre esa heredad de la Patria.
 
¡Gloria eterna a los héroes de Tarapacá!