Miserias de nuestros políticos

Dom, 08/25/2019 - 19:57 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
26-8-2019
 
 
¿Aprenden nuestros políticos o estudian in extenso sobre el país como inmenso conglomerado de más de 30 millones de habitantes y con un imprescindible destino constructor y de futuro? No parece que fuera así. Por tanto tampoco inspiran confianza a la ciudadanía, menos provocan respeto y, en cambio, sí muestran gruesas fallas culturales o de sindéresis en su comportamiento público.
 
¿Qué, en cambio, sí aprenden estas personas? Los que se reputan oradores, pese a voces aflautadas, dicción menos que deficiente e incapacidad para concatenar un párrafo y medio seguido es a “hablar”. Y por lo general sus naderías son de altos quilates ridículos. El gesto, ademán, modulación de voz no improvisan ni sustituyen las gruesas carencias.
 
Escribí en ¿Qué es un político peruano?*, del 19-10-2010
 
“Con excepciones contadas, un logrero cuyo mejor éxito constituye, no el bien de la nación en sus preteridas mayorías nacionales, sino el lucimiento frente a cámaras televisivas, micrófonos radiales y medios escritos urbi et orbi. Su mejor blasón es la incultura y desconocimiento de que da cuenta hasta en la inflexión de la voz ora espontánea ora delicadamente diafragmática. Vive navegando en la epidermis y olvida el coágulo social que anida explosivo en todas las regiones del Perú.
 
Verbi gracia: carece de visión geopolítica. En plena guerra jurídica con Chile por delimitación marítima, el 95% de los políticos peruanos, oblitera en cada una de sus declaraciones frecuentes el intríngulis, por una razón fundamental: ignorancia, descarada desinformación puntual, histórica y de las constantes que signan nuestra difícil vecindad con el país del sur. Por esa palurda razón asemeja al español del chiste que jamás había visto una jirafa y cuando se la mostraron, afirmó con subrayada energía: ¡ese animal no existe!”
 
Y con pesar, habida cuenta de la década pasada, hay que insistir en que poco o nada ha cambiado y la regresión no pudo haber sido más infeliz para el Perú.
 
Hay genuinos iletrados que “opinan” sobre temas constitucionales o económicos y no son diestros en cualquiera de esas dos disciplinas. Mejor dicha no son hábiles en nada, salvo en cobrar cada fin de mes sus elevados emolumentos.
 
Y el Congreso se resiste al adelanto de las elecciones. La especie que el “el pueblo los eligió por cinco años” no puede ser más deleznable. Para la gente común y corriente el Parlamento es un estorbo más o menos costoso, un ágora en el que compiten por quien dice más barbaridades o se comporta como tribu caníbal para engullirse al adversario.
 
Común es el razonamiento tan popular que sindica al Congreso como el peor de los últimos 35 años. Y esa calificación no es gratuita, se la ganaron a costa de mediocridades y ridículos descarados.