Leyes y corazón del pueblo*

Mar, 08/14/2018 - 19:12 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
13-12-2006
 
 
Una bizantina discusión pareció amainar su presencia: ¿volvemos a la Constitución de 1979 o mantenemos la actual? Yo opondría con especulativa y muy dudosa apreciación lo siguiente: ¿pueden las leyes, frías como son, cambiar el horizonte de un pueblo al que no le interesan, precisamente, estos instrumentos jurídicos? ¡No hay ley válida, si no está inscrita en el corazón del pueblo!
 
Los empresarios, más bien empleaditos bien rentados, siempre pobres diablos, están bramando por el capítulo económico. Sólo eso les preocupa ha señalado, sempiterno agudo, Javier Valle Riestra. ¡Cómo si no se supiera que a ellos interesa en exclusiva ganar aunque el pueblo llano no disfrute ni una pizca, no goce de un proyecto de vida –dicen los huachafos- predecible y el horizonte del país no sea sino dependencia, periferia y estupidización masiva que pagan estos palafreneros de las transnacionales.
 
Los políticos y los que están en el intríngulis no se preguntan por causa de qué a pocos interesa que ésta o aquella Constitución concite interés popular. Vagan en la idiotez que presume que la ley sirve para algo en Perú. ¡Cómo si no fuese verídico que al costado de la ley, siempre está hecha la trampa por quienes no pueden ni desean cumplir la rectitud de sus preceptos porque así no obtienen rentabilidad! La abyecta corrupción no la hacen los que carecen de influencia, sino los grandes estudios, los tiburones de saco y corbata y los podridos que han institucionalizado la monra y coima en reemplazo total y nefasto de cualquier ordenanza civilizada. ¡Tomar a lo serio las cosas del Perú! admonizaba Manuel González Prada.
 
Cuando una ley, un derecho, un deseo masivo e intocable de justicia, se inscribe en el orgulloso corazón digno de un pueblo, entonces, éste los defiende hasta la misma muerte, frente a los pelotones de fusilamiento o contra los tribunales que sentencian con “predictibilidad” porque aquí no hay duda posible que la justicia se compra con dólares. Y en los últimos tiempos, también con euros.
 
Tarea ineludible del Congreso, establo que cada día se revuelve en la impotencia incompetente de no saber que existe, de los miedos de comunicación, de los políticos, debía ser forjar, construir, levantar, las banderas del humor sencillo pero honesto; del ahínco para involucrar, por dar un ejemplo, al hombre común y corriente en la defensa de sus derechos a vivir sin ambientes contaminados que envenenan todos los días las empresas mineras que obtienen licencias al peso de su corrupción y a través del complot de pandillas mercenarias que invaden los medios, compran burócratas e imbecilizan, como hacía el conquistador con el regnícola, con migajas y vituallas de poca monta.
 
En ningún país del mundo, incluido Perú, una Constitución logrará por arte de birlibirloque o declamatoria escrita, eliminar la pobreza, restituir el país a sus genuinos dueños, reivindicar a los peruanos legítimos, retornar al Perú lo que siempre fue peruano, hoy concesionado o privatizado, es decir, regalado en contratos leoninos y pestíferos y que ¡hoy nadie quiere revisar o auscultar! Porque se malogran negocios y descubren trampas al por mayor. En cambio, ¡qué dulce tarea pedagógica instruir en el orgullo de ser peruano y en la posibilidad cierta que nuestras instituciones sirvan para levantar la autoestima y el conocimiento de la gloriosa historia nacional con sus bemoles y sostenidos, con sus altas y sus bajas, con sus momentos cenitales y caídas en nadires que son parte del colectivo llamado Perú!
 
¿No es acaso cierto que lo sencillo del texto contienen verdades, como decía Luis E. Heysen, de a puño? ¿Quién nos desmiente?
 
¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!
 
¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!
 
¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!
 
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*Publicado originalmente en la Red Voltaire el 13-12-2006 http://www.voltairenet.org/article144361.html