La pandemia y el tema cultural 1

Mar, 05/12/2020 - 11:46 -- alerta
Jorge Smith Maguiña
Crónicas corovirales III
 
 
por Jorge Smith Maguiña; kokosmithm@hotmail.com
 
13-5-2020
 
Puede parecer un ejercicio vano y hasta frívolo reflexionar sobre el tema cultural en estos momentos, cuando tenemos alrededor de 1,500 muertos en lo que va de la pandemia, pero es necesario que alguien lo haga.
 
Desde que se ha desatado esta desgracia, cuya urgencia principal es de carácter médico y sanitario, creo que no ha habido ni una sola declaración, ni comunicado, por parte del ministerio de Cultura. El ministerio de Educación ha desempolvado un antiguo proyecto de educación a distancia, que ha sido acogido por medios radiales y algunos medios televisivos, que aunque tiene un impacto limitado pues no se pueden reemplazar la totalidad de horas del programa escolar, es un avance. No se tiene una idea clara cuándo se retomarán las clases presenciales, pero desde ya, esta familiarización obligada con las características de la educación a distancia tendrá un legado positivo para alumnos y profesores, pues ambos se aproximarán a las posibilidades y limitaciones de esta forma de pedagogía. De todas maneras la educación del futuro se hará esencialmente por medios digitales. Los profesores del sector público y quizás con algunas limitaciones los del sector privado continuarán recibiendo sus salarios.
 
En el ámbito cultural sin embargo, la pandemia está teniendo consecuencias catastróficas. No había un plan B en este sector, y recuperación si la hay, tomará algún tiempo pero en algunos sectores de la acción cultural no veo perspectivas de recuperación, ni siquiera en el mediano plazo.
 
He hablado por celular o me he comunicado por mail con muchos amigos cuya profesión o cuyo oficio es el quehacer cultural. Algunos de ellos son músicos, otros se dedican a la pintura y algunos a la actividad teatral. Salvo algunos que son músicos y que tienen un puesto consolidado en algo como la Sinfónica Nacional o ejercen un cargo de profesores de música en un colegio privado y que por el momento pueden tener un ingreso regular, aunque no estén ejerciendo, en toda otra profesión de arte y cito el teatro o la pintura por ser las artes mas visibles, la situación en los meses a venir puede ser muy delicada, angustiosa y podría decir en algunos casos hasta desesperante.
 
Paradójicamente estas desgracias colectivas al igual que los tiempos de guerra o las crisis económicas, a veces exacerban la creatividad, pues la suma de tensiones que se vive en lo individual y en lo colectivo, hacen que se vea en el arte algo así como un espacio liberador de las desgracias cotidianas, un espacio indemne en el cual nos sentimos protegidos de la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, que aun si no lo vivimos como algo personal o familiar no podemos dejar de ignorarlo. Esas épocas difíciles y dolorosas, a veces interminables como la que estamos viviendo, significan en la vida real de una sociedad una fractura, una interrupción inesperada y hasta violenta de la actividad cultural, pero no necesariamente una interrupción de la creación artística.
 
Lo peor es que estos últimos años en Perú se estaba consolidando una actividad artística mas o menos orgánica. Las llamadas industrial culturales estaban floreciendo y la mejor prueba de ello fue la inauguración a mediados de enero de la sala de exposiciones de la Beneficencia Pública, en pleno centro de Lima, como primera actividad del recién creado Centro Cultural de dicha institución.
 
Los últimos años, muchos artistas plásticos y no solo los más visibles o renombrados, comenzaban a tener ingresos regulares. Los músicos también, aún son quizás aquellos que tienen los ingresos mas “intermitentes”. No podían tener ingresos estables, pero sí por lo menos chambas aquí y allá. En otro sector, habiéndose abaratado los costos de edición, aquellos que tienen algún talento para la escritura han podido ver sus obras publicadas y así generarse algún ingreso. Las exitosas ferias del libro, no solo las dos anuales que hay en Lima, sino las múltiples que se hacen en provincias ya nos han comenzado a dar cifras de alivio y hasta de entusiasmo: la gente lee más en Perú. Algunos cínicos suelen decir que eso no es cierto,  que lo que hay son pocas personas, que son las mismas y que leen mas libros. Eso no es cierto o solo es cierto en parte. Conozco personas que leen un libro cada tres días, lo cual hace unos cien libros al año y eso es muy diferente a que 100 personas lean un libro al año. Uno va a una reunión hoy en día y la gente tiene temas de conversación que van más allá, de algún último escándalo de la farándula o algún destape de corrupción política o el último partido que ganó o perdió la selección peruana.
 
Lo positivo es no solo que la gente lee mas, y que los jóvenes están comprando mas libros y leen más. Ese fue el balance de la última feria del libro, la FIL de Lima. Quizás muchos jóvenes hastiados del penoso nivel de la televisión abierta que ya no puede caer mas bajo en rudeza, vacuidad y vulgaridad y frente al hartazgo también de opinólogos de todo pelaje que se pasean de un canal a otro profiriendo banalidades, los jóvenes peruanos han decidido educarse o reeducarse en un mundo en el cual se puede tener acceso a todo tipo de información, pero también de fake news y de gato por liebre. Para alguien como en mi caso que tiene que lidiar con jóvenes en la enseñanza universitaria, es reconfortante ver que los jóvenes ya no leen solo libros de autoayuda, o alguna obrita de la cual todos hablan, sino obras que les brindan herramientas para comprender, ese difícil, complejo y contradictorio pero también maravilloso mundo en relación al conocimiento que es en el cual ya estamos viviendo. Siempre en mi primera clase suelo decirle a los jóvenes que Sócrates, Platón o Aristóteles hubiesen renunciado a años de sus vidas a cambio de vivir en nuestra época, en la cual la ciencia y sobre todo la tecnología nos está llevando a límites insospechados.
 
Todo ese mundo que se estaba consolidando se ha interrumpido de un día a otro. Ha entrado a un compás de espera, mezclado de incertidumbre.
 
La variedad y la calidad de la producción cultural en Perú estos últimos años es inmensa y lo mas meritorio es que se haya producido este fenómeno al margen de un apoyo del Estado que haya sido permanente y significativo. Cuando comparamos la parte del nuestro presupuesto nacional para la actividad cultural con los países vecinos nos morimos de vergüenza y a veces de rabia. Cuando conversamos con algún colombiano y nos enteramos que Cali  o Medellín que son ciudades varias veces mas chicas que Lima y que tienen mas del doble de presupuesto para la actividad cultural, no sabemos dónde escondernos. Sin embargo estos años, gracias al esfuerzo privado se había avanzado mucho.
 
El coronavirus y el justificado confinamiento que se generó ya hace casi dos meses, corre el riesgo de echarse abajo todo, lo poco o mucho que se había avanzado en lo cultural. Los teatros, las galerías de arte, los conciertos de todo tipo, como también los eventos masivos ligados al deporte están por el momento clausurados. La misma plaza de toros de Acho, hoy día está convertida en un albergue para indigentes.
El confinamiento obligado terminará dentro de poco y quizás se tenga que restablecer si la pandemia vuelve y recrudece, pero el distanciamiento social tiene para rato y por lo mismo las actividades grupales ligadas al arte, teatro y la música sobre todo, van a tener serias dificultades para recuperarse y hasta para sobrevivir. Lo problemático además, es que  la informalidad en el campo de la actividad artística es algo casi generalizado. Muchos artistas no tienen seguro médico y ni que hablar de una perspectiva de tener una pensión al final de sus vidas. En países como el Perú, los profesionales de las diferentes artes son percibidos muchas veces con una mezcla de desconfianza y curiosidad. El artista, ya sea creador o performer (ejecutante) es un ser sui géneris dentro del tejido social. A veces por su temperamento narcisista, ensimismado o marginal, o incluso su extravagancia, los artistas mismos contribuyen a consolidar esta percepción.
 
En todos los casos los artistas son buenos termómetros para captar el pulso de lo que acontece en una sociedad. El artista como individuo puede ser a veces transgresor, pero el arte casi siempre encarna valores positivos, une y no divide.
 
Perú es un país que suele ser muy ingrato con los artistas y solo es presto a darles un reconocimiento póstumo. Estos últimos años, hemos visto como los grandes cantantes populares peruanos han sido velados y enterrados con todos los honores y la gente acongojada los ha acompañado hasta su última morada. Algunos dicen que a los políticos también los acompañan cuando mueren hasta el cementerio, quizás para convencerse que están definitivamente enterrados.
 
El Estado peruano va a dar en diversas formas, un apoyo económico generoso a muchos ciudadanos que sufren las consecuencias de esta pandemia. Un acto de justicia y reconocimiento que no debe pasar por falsa generosidad, sería que previo empadronamiento y un mínimo de justificativos para los que ejercen una labor artística, los artistas tengan derecho a un seguro para cualquier tratamiento médico. El arte en cualquier sociedad, es el aspecto más importante de su avance cualitativo. La deuda que tiene una sociedad para con sus artistas será siempre impagable.
 
El Estado peruano va a invertir mucho dinero para la recuperación económica del país, pues esta pandemia sorprende al Perú, con reservas económicas al tope, lo cual permitirá invertir casi un 12% de nuestros ingresos para mitigar los diversos aspectos del coronavirus sobre todo en el ámbito laboral. Sería por lo mismo  positivo que también el apoyo a la acción cultural esté en la agenda, como lo va a estar en el sector turismo. El impacto económico negativo está creando una situación equivalente a la que hubo en Estados Unidos después de la Gran Depresión de 1929, done se produjo un desempleo de más del 25% pero en un lapso de casi cuatro años. Ahora un desempleo casi equivalente se generará en menos de tres meses. Esa es la magnitud de la tragedia. La recuperación económica que lideró el presidente Franklin  D. Roosevelt, desde el año 1933, tuvo como uno de sus componentes principales, la acción cultural y los logros de una acción decidida en todos los campos de la acción cultural, secundados por una decisión política clara, El renacimiento cultural se convirtió en el rostro visible de la recuperación económica. En vísperas del Bicentenario, Perú tiene una oportunidad única para hacer algo equivalente.
 
En estos tiempos de pandemia, donde el pan de cada día tiene un sabor a enfermedad, muerte y sufrimiento con el agregado suplementario de la incertidumbre de lo que nos espera mañana, el tema cultural no puede dejarse de lado, como un componente también de la recuperación económica que todos anhelamos. Con muy poco se podrá lograr mucho. Cuando pienso en esto, las palabras de Antonin Artaud resuenan con una verdad contundente: “Nunca como cuando la vida misma parece acabarse, hablamos una y otra vez, sobre lo que significa la civilización y la cultura”.