El Estado de defensa de Haya de la Torre y el Estado neoliberal

Lun, 09/02/2019 - 21:45 -- alerta
Alfonso López Chau
 
por Alfonso López Chau; alfonsolopezchau@gmail.com
 
3-9-2019
 
El ilustre Doctor en Derecho constitucional Carlos Fernández Sessarego, en un notable ensayo, “El preámbulo de la constitución: su significado y alcances”, señaló: “Derogar la carta de 1993, volver a la de 1979 con las indispensables modificaciones que necesariamente habrá que introducir, tendría así el sentido de un gesto que sería muy bien recibido por los amantes de la libertad, de los derechos humanos y especialmente, por la Juventud y por aquellos que, bajo su imperio, se constituyeron en víctimas de un gobierno autoritario”.
Para Fernández   Sessarego, “Derogar la carta del 93 adquiere el simbólico sentido de una sanción moral que, al menos en  esta dimensión, impediría la impunidad de los actores del atropello constitucional y de todo lo que de él se derivó”.
 
Después de lo dicho por Fernández Sessarego, no han  sido pocas las voces que han reclamado  un retorno a la Constitución de 1979. Extraña por eso que los herederos de Haya de la Torre no hayan dado señales de querer retornar a la plena vigencia de la Carta del 79.
Arrinconados por los argumentos de una de las derechas menos cultivadas del continente, al parecer, por conveniencia política inmediata, no se quiso molestar a los sectores conservadores del país, con “el peligro” de modificar el capítulo económico de la constitución de 1993.
 
Hoy cuarenta años después de elaborar la Constitución del 79, resulta apropiado interrogarse, si existe algún antecedente intelectual en Haya de la Torre que justifique el abandono, y lo que es más grave, que justifique el retroceso al Estado de Derecho Neoliberal.
 
Muchos son los que han  sospechado que en la obra madura de Haya de la Torre “Treinta años de aprismo” se podría encontrar algún fundamento político, intelectual, o ideológico para la conciliación con el paradigma del Estado neoliberal.
 
¿Fue Treinta años de aprismo una abdicación? ¿Fue realmente una claudicación? Pretendemos demostrar que no. Que el preámbulo a la Constitución del 79, es hija del sistema de valores de “Treinta años de aprismo”. Que la abdicación y la claudicación, en lo referido al Estado y a la inversión extranjera, hay que buscarla en otra parte y en otras personas. No en Haya de la Torre.
 
Para comprobar lo señalado dividiremos nuestro artículo en cuatro partes: I). La ciencia política y económica moderna. II). La inversión extranjera, III). El Estado de defensa, IV). El intelectual colectivo y V). Los enemigos del aprismo.
 
I.- La ciencia política y la economía moderna
Investigaciones académicamente serias y respetables como las investigaciones  de Naciones Unidas (UNCTAD), la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y la Corporación Andina de Fomento (CAF), junto a una innumerable producción de las mentes más destacadas del mundo académico, dan cuenta del acoplamiento de sus respectivos marcos teóricos con la producción intelectual de Haya de la Torre. Esto ocurre sin que los apristas hayan reparado en esta feliz conexión y anticipación. Invitamos al lector a comparar y cotejar la selección de textos de las instituciones mas importantes que se ocupan del crecimiento, el desarrollo, la igualdad y la democracia, con los textos que posteriormente citaremos y comentaremos de “Treinta años de aprismo”.
 
La Corporación Andina de Fomento (CAF), el 2006, presentó su informe con el título: “Camino a la transformación productiva.”
 
En el informe en la página 136 podemos leer:
 
“La experiencia de algunos casos en la región muestra que los beneficios de la inversión extranjera directa (IED) pueden potenciarse cuando vienen acompañados por intervenciones públicas orientadas a promover aquellas inversiones mas propensas a generar beneficios en términos de efecto derrame y propiciar la aglomeración geográfica en torno a clusters”.
Pero en la página 135 el informe de la CAF nos advertirá:
 
“La inversión extranjera dirigida a los sectores primarios puede generar externalidades negativas”
 
Ambas citas corresponden al capítulo 5 del informe de la CAF, con el título más que elocuente: Inversión Extranjera Directa: Desafío para América Latina. ¿Alguien puede dudar de la ambivalencia de la inversión extranjera, presente en los informes de la CAF?
La Comisión económica para América Latina (CEPAL) por su pare el 2012 presentó el informe, “Cambio Estructural para la Igualdad”. Este informe de una CEPAL, renovada, alejada del modelo sustitutivo de importaciones, dice ahora lo siguiente en la página 293:
“Hoy se necesitan bancos de desarrollo y ministerios de industria o de producción”.
 
Se lee también:
“El Estado debe actuar en direcciones complementarias, con miras a dotar de mayores capacidades y competitividad a sectores existentes con claro potencial”.
 
En la página 294, del mismo informe encontramos:
 
“Solo el Estado, mediante una institucionalidad y una capacidad tecnopolítica adecuadas, puede coordinar los componentes del cambio estructural para promover sinergias en el conjunto de la economía”.
 
Líneas más abajo, en la misma página, el informe de la CEPAL, deja clara su orientación y sus recomendaciones para el conjunto de América Latina:
 
“El financiamiento estatal no  solo importa en políticas de fomento sino también como inversión directa del Estado, para lo cual existen importantes márgenes de acción”.
La lectura desprejuiciada de todo el informe del 2012, de cuyo texto hemos extraído citas que consideremos representativas, se puede concluir, que no se propone un Estado ausente, subordinado absolutamente a los mecanismos del mercado. Por el contrario, el rumbo, la propuesta, prefigura el rol de un Estado rector, de un Estado regulador, de un Estado orientador, de un Estado de defensa.
 
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), por su parte, el 2016 presentó igualmente su informe con el interpelador título: Transformación Estructural para un Crecimiento Inclusivo y Sostenible. En la página 187 de dicho informe podemos leer:
 
“Los bancos centrales deberían desempeñar un papel crucial en este sentido. Pueden actuar como proveedores de liquidez, garantías y otros instrumentos para inducir a los bancos comerciales a aumentar el crédito, entre otras cosas para proyectos de inversión productiva”.
Cuando Haya de la Torre publicó “El antimperialismo y el APRA”, no pudo conocer en toda su plenitud la experiencia del New Deal implementada por el presidente norteamericano Franklin D. Rossevelt, por eso en 1954 en “Treinta años de aprismo” apela reiteradamente a esta experiencia, sumándola como un antecedente positivo que probaría también el camino propuesto por él en “Treinta años de aprismo”.
 
Es importante destacar estas referencias, porque el 2018, UNCTAD rescata la experiencia al poner como título a su informe sobre Comercio y Desarrollo, precisamente el título de: “UN NEW DEAL MUNDIAL COMO ALTERNATIVA A LA AUSTERIDAD”. Esto ocurre ochenta y ocho años después.
 
II.- La inversión extranjera
 
“Treinta años de aprismo” ha sido un texto condenado por los apristas y por los no apristas a una “conspiración del silencio”. Oscurecido por la publicación de “El antimperalismo y el APRA”, aparece para muchos como una obra menor, revisionista, y como prueba de la abdicación y claudicación del APRA. Las líneas que siguen estarán dirigidas a probar, que al menos en la cuestión central del Estado y la inversión extranjera, Haya no cambió, cambiaron otros, cambiaron algunos discípulos. Haya se adelantó a lo que los mejores intelectuales del mundo moderno dicen hoy con un lenguaje académico Haya era un político, todos sus escritos están tocados por la urgencia de escribir para la acción, tienen el tono de manifiesto político. Lo importante es el rumbo solía decir él. Y el rumbo de “Treinta años de aprismo” desde la primera página hasta la última, es una recusación, clara, concluyente, a veces mordaz, de lo que representa el paradigma del Estado neoliberal. Las líneas que siguen, constituyen una prueba irrefutable. Las referencias y las citas serán reiterativas. Y las reiteraremos conscientemente porque enfrentamos a una “conspiración del silencio”.
 
1.- Industria y Acumulación de Capital
El debate sobre el modelo de crecimiento y desarrollo, aún hoy, continúa en el Perú. Los sectores más ortodoxos, siguen insistiendo en que solo por la vía del mercado y nada más que el mercado accederemos al crecimiento y desarrollo.
Cuando le tocó a Haya intervenir en el debate dijo en la página 119 de “Treinta años de aprismo” lo siguiente:
“…Las industrias que establece el imperialismo… no son casi nunca manufactureras sino extractivas de materias primas… subsidiarias y subalternas”
 
2.- La Ambivalencia y la Inversión de Calidad
Los textos modernos sobre la inversión extranjera, hablan de una inversión de calidad y de otra sin calidad. Haya, como se recordará, usaba el término ambivalente:
“El imperialismo es un fenómeno económico de acción ambivalente; comporta peligro pero también progreso”.
 
3.- La Burguesía Nacional
Es conocida la afirmación de Basadre en el sentido de que el Perú ha tenido más una clase dominante, que una clase dirigente. Para devenir en una clase dirigente el Perú necesita como el agua una burguesía nacional. No la ha tenido y no la tiene aún.
Nuestro modelo dirá Haya en la página 138:
“Ni hace la maquina ni llega a crear una burguesía nacional autónoma y poderosa”
 
4.- Inversión de Calidad: Un Tema a Negociar
El Perú actual no negocia, regala sus mercados. Nuestras clases dominantes han carecido de vocación de grandeza para la acumulación de capital. La búsqueda de acuerdos de negociación, en cambio, siempre estuvo presente en Haya. El sabía que en todo acuerdo intervienen la fuerza de los que acuerdan. Interviene la fuerza cultural, intelectual, la fuerza económica y política, y la fuerza o calidad del liderazgo representada en el Estado. Haya lo expresó así:
 
“Tomaremos de los países de más alta economía y cultura lo que requieren nuestro desarrollo material y el engrandecimiento de nuestra vida espiritual. Negociaremos con ellos no como súbditos sino como iguales” (pág. 149)
 
5.- La Fuerza de la Negociación
Se preguntaba también en “Treinta años de aprismo”, si el Estado antimperialista contrataría con la inversión extranjera. Se respondió con un rotundo: ¡ SI ¡, que hoy nadie niega.
Se preguntó también si ¿nuestros países necesitan capitales? También respondió que, si.
Se preguntó finalmente si ¿al capital extranjero hay que aceptarlo venga de donde venga y venga como venga? Su respuesta fue un rotundo ¡NO!
 
Aquí si hubo abdicación, aquí si hubo claudicación, pero no de Haya. Pues quienes debieron continuar lo que dice “Treinta años de aprismo” auxiliándose de los desarrollos académicos para  negociar palmo a palmo, nuestros mercados y los intereses del país y del Estado, dijeron sí y continúan diciendo sí. Cuando los organismos internacionales, como hemos visto al inicio recomendaban, tratar y negociar para mejorar la capacidad productiva, el empleo y procurar externalidades positivas, muchos optaron por la sumisión que recusaba Haya. En lugar de dirigir y asimilar, confundieron asimilar con asimilarse.
 
Veamos nuevamente lo que dijo Haya de la Torre en la página 161:
 
“… este sometimiento y esta incondicionalidad unilateral se ha debido sin duda a la ignorancia… por eso el imperialismo ha creado el fetiche del capital extranjero, mesiánico e infinitamente generoso”. 
 
No se quiso recordar que:
 
“Hay capitales necesarios y buenos y otros innecesarios y peligrosos…” [que] “es el Estado – el Estado antimperialista – que debe controlar las inversiones extranjeras” (pág. 162)
 
6.- Las Inversiones de Ciertos Países
Con determinados países, sobre todo con las inversiones de algunos vecinos, se impone la fuerza del principio: equidad en el comercio y ganancias compartidas.
Los mercados no se regalan, señaló Haya de la Torre, cuestionando hacia el futuro la actitud que asumieron algunos. Así en la página 165 se lee esta advertencia:
 
“Ciertas legislaciones de países capitalistas… no permiten la propiedad de determinadas industrias”
“Lo cual se justifica [dirá en la misma página] cuando esas fuentes y medios de producción agrícola, minera, industrial o de transporte y comunicación pueden representar, o actualmente representan, intereses económicos – políticos foráneos que excedan sus derechos de propiedad”.
 
Resulta sorprendente, que el texto, “Treinta años de aprismo”, supuestamente conservador, pruebe estar a la izquierda de lo que sostienen algunos investigadores, y algunos apristas, que amparados en un acomodaticio “espacio tiempo histórico” retrocedieron para envolverse en un moralmente injustificado, mantra neoliberal.
 
III.- El Estado de Defensa
Cuando Carlos Fernández Sessarego defendía el retorno a la Constitución del 79, señalaba que “es inconcebible que el derecho sea neutro al valor (como la categoría axiológica, el paréntesis es nuestro) o que carezca de una dirección ideológica en el sentido que del contenido valioso de sus normas se puede inferir cierta concepción del mundo” señalaría después que “un caso por lo demás demostrativo de lo sostenido… surge de la comparación de las constituciones de 1979 y de 1993. En la primera (la de Haya de la Torre, el subrayado es nuestro), surgido del consenso de un grueso sector de la ciudadanía representado por los partidos políticos que tuvieron protagonismo en la constituyente que le dio origen, existe un claro, definido y excelente preámbulo que señala, con toda nitidez conceptual, el sistema de gobierno que se deseaba para el Perú, así como los ideales perseguidos por la comunidad. Se trataba, a todas luces, de un país que surgía a la vida democrática después de largos años de un gobierno militar”.
 
La constitución de 1993, en cambio, para Fernández Sessarego fue forzada “para legitimar una dictadura… utilizó el concepto de preámbulo, para con sentido pragmático, vaciarlo de contenido, eviscerarlo de toda directriz axiológica. Es por ello impropio que la carta de 1993 utilizara el concepto de preámbulo”.
 
Basten estas pocas referencias para mostrar diferencias entre el Estado de Derecho y el Estado social de Derecho o Estado democrático y social. Las diferencias entre uno y otro son claras. El primero privilegia a la fuerza de las clases dominantes, el segundo acoge a los intereses de toda la sociedad.
 
El primero se empobrece al reducirse sólo a las leyes, el segundo, se convierte en la expresión de la mayoría, alienta favorecer la igualdad social real, busca proteger derechos como el del empleo, el de la mujer, la asistencia médica, la educación, y como señala Fernández Sessarego “proteger al medio ambiente y los recursos naturales, como compromiso social con las presentes y futuras generaciones”.
 
Haya se encuentra en este marco. Fue toda su vida un abanderado del Estado social de Derecho, al que él denominó Estado de defensa o Estado antimperialista.
 
1.- Que Tipo de Estado
“Ante una realidad así, ¿cuál puede ser el carácter del Estado, como entidad jurídica?” (pag.197). se preguntará Haya de la Torre.
 
Se responderá:
“Hemos dicho que la clase que emancipó al Estado del control español fue la clase latifundista, pero esa clase no puede representar siquiera a la mayoría de la nación” (pag.197).
 
2.- El Estado Fluctuante
El Estado fluctuante, constituye una buena descripción de lo que es el Estado hasta el día de hoy en el Perú. Esta atinada descripción no debió pasar desapercibida.
 
Su silueta es acotada en estos términos:
 
“Vemos, pues, que el Estado como entidad jurídica, no representa a ninguna de las clases propiamente, porque la clase que lo redimió carecía de fuerza propia y entonces nuestras instituciones han vivido tambaleando: el Estado fluctuante, representado por un hombre o por una oligarquía” (pag. 197)
 
Al continuar con la descripción del Estado fluctuante dirá:
“En el Estado representativo de una oligarquía han predominado a veces personas que tienen algo del caníbal y algo del señor civilizado” (pag. 197)
 
3.- El Rol del Estado
¿Pero cuál es el rol del Estado en la propuesta de “Treinta años de aprismo”. El texto contestará en la misma página 197.
 
“El Estado, como decía Aristóteles, fue formado para hacer la vida posible y solo puede existir para hacer la vida justa. Pero nuestro Estado no ha contribuido a hacer la vida posible ni buena porque ha carecido de fuerza social, de autenticidad nacional… Entonces aparece el Estado… como el instrumento de una oligarquía, y es peligroso cuando puede ser instrumento de intereses extraños al país” (el subrayado es nuestro).
 
4.- Burguesía y Proyecto Nacional
Una clase dominante, sin proyecto nacional y sin vocación para convertirse en una auténtica burguesía nacional en el Perú, ha regalado los cielos, por ejemplo a empresas extranjeras que abusan cobrando un pasaje de Lima a Tumbes, en determinadas fechas, al mismo costo de lo que cuesta un pasaje a Miami, aduciendo leyes de la oferta y la demanda. En palabras anticipadas leemos en la página 204 lo siguiente:
 
“El Estado no ha protegido la economía nacional, de manera que sobre la economía extranjera ha gravitado la vida económica toda. No ha existido del otro lado, la fuerza económica nacional –bajo protección del Estado– que  permita balancear la otra fuerza económica extranjera y logre establecer el desarrollo de una total armonía dirigida por el propio Estado”.
Se ratificó Haya señalando en la misma página 204 lo siguiente:
 
“Si somos una democracia, la democracia debe representar el anhelo y la necesidad de la mayoría. Y la clase proletaria, campesina y media que integran nuestro partido constituyen la mayoría de la Nación” 
 
Se lee también:
 
“Nosotros los apristas propiciamos un nuevo tipo de Estado, basado no solo en el ciudadano como cantidad, sino en el ciudadano como calidad”
 
Ampliará su propuesta en estos términos:
“Por eso nuestro Estado tenderá a ser Estado de participación de todos aquellos que en una forma o en otra contribuyan con trabajo a la formación de la riqueza nacional” (pág. 204)
 
Dijo también:
 
“Queremos un Estado en el cual cada hombre participe sin abandonar su función vital de trabajador. Queremos un Estado en el cual el técnico y el experto dirijan las actividades estatales a fin de poder rumbear científicamente hacia un nuevo camino que resuelva nuestros grandes problemas”.
 
Lo realizado por Japón después de la Guerra Mundial, lo realizado por Corea del Sur, Taiwan y Vietnam se encuentra en el mapa de Haya de la Torre. Apristas y no apristas deberíamos, sobre la base de un rumbo ideológico claro, continuar con el acoplamiento, rescatando todo trabajo académico moderno que apunte en la dirección visionariamente   trazada. Lo importante es el rumbo.
 
No hay nada en consecuencia, en “Treinta años de aprismo que justifique el abandono en pro del Estado neoliberal. Ni siquiera el propio padre del Consenso de Washington cree ya en el paradigma neoliberal, firmando posteriormente la declaración del Consenso de Barcelona  junto a Stiglitz, Krugman y Blanchard, autocriticándose para todo fin práctico de lo que antes había promovido y firmado.
 
Ni siquiera Michael Camdessus, cuando fue Director del Fondo Monetario Internacional defendió el paradigma del “mercado y nada mas que el mercado”. Camdessus en una conferencia ante la asamblea nacional francesa de la Unión Internacional cristiana de Dirigentes de empresa, que tuvimos el honor de comentar gracias a la invitación del Instituto Cristiano de Estudios Sociales, Juan A. Mackay del Perú, El titulo de nuestro comentario fue el de “Camdessus el Mercado y el Reino” porque el título de la conferencia de Camdessus era precisamente “El Mercado y el Reino”. Sostuvo Camdessus, al cuestionar el paradigma desacreditado en el mundo civilizado:
 
“Cediendo al impulso… de sustituir una ideología moribunda por una nueva, podríamos tentarnos de decir: el mercado, nada más que el mercado y todo irá estupendamente bien, incluso si los débiles son pisoteados y se multiplican los marginados”.
Dijo también Camdessus:
 
“Si se abandona totalmente el mercado a sus mecanismos, se corre el riesgo –no es necesario remontarse al siglo XIX para verlo- de que los más débiles sean pisoteados”
 
Volvió a reiterar su cuestionamiento del Estado de Derecho neoliberal, aludiendo en sus propios términos al Estado social de Derecho o Estado de Defensa:
“Esta es la razón por la que sabemos desde hace tiempo, que se debe vigilar el mercado, que hay que ceñirlo para que siga siendo libre, pero también justo”.
 
IV.- El Intelectual Colectivo
Antonio Gramsci a diferencia de Lenin y su partido de cuadros, concebía al partido político como un “intelectual colectivo”, algo así como un gran instituto de investigación, como un gran tanque de ideas para la acción. El supuesto era que si el partido político aspira al poder, al gobierno, se convierte en obligación la elaboración de programas o propuestas, no solo viables, en el corto plazo, sino capaces de generar sinergias en la sociedad y en el Estado para el largo plazo. Realizar las mejores propuestas, económicas, políticas, sociales, científicas y técnicas, demanda ganar a los mejores ciudadanos, a los que ostenten los más altos grados académicos, o a los mejor preparados autodidactamente  para realizar la mas estimulante tarea de creación: la ingeniería económica, política, espiritual y material de construir una nación.
Tal manera de concebir al partido político fue formulada simultánea o anticipadamente por Haya de la Torre con su propuesta de partido escuela y con la demanda de construir un movimiento ético. Insistía por eso en que no hay que perder energías. Insistió, tal y como se lee en la página 187 en “hacer del APRA una poderosa fuerza de moralización y de política pura que traiga como consecuencia justicia y bienestar”.
 
Poderosa fuerza de moralización, ¿Dónde estás?, ¿qué hicieron los discípulos?
 
Partido escuela, ¿Dónde estás? ¿Dónde están los dirigentes con los mas altos grados académicos, o con la más grande formación autodidacta? Son preguntas no solo dirigidas a los apristas, son preguntas que comprometen a todo el sistema de partidos y a todos los peruanos interesados.
 
V.- Los Enemigos del Aprismo
¿Qué es lo que ha pasado?¿Qué ha ocurrido en el Perú para demorarnos tanto, qué ha ocurrido para que toleremos el mediocre paradigma del Estado neoliberal, que lo desorganiza todo y lo pervierte todo. ¿Dónde están los responsables? ¿Quiénes son los enemigos de esta lucha? ¿Cuáles son los resortes que han permitido el triunfo de un paradigma de entraña egoísta? ¿Quiénes son los que con su silencio o comportamiento han permitido lo que hoy vivimos?
En el caso del APRA, la respuesta estremecedora y severa la da el propio Haya en la página 186 de “Treinta años de aprismo”, al referirse al mensaje que él mismo diera en 1929.
“… aludo (dirá) a la obra educadora de nuestro movimiento, a su preocupación ética, sindicando a quienes eran los enemigos indoamericanos del aprismo:
 
… enemigos del aprismo son todos los que por picardía, por miedo o indiferencia, por mal entendida vanidad, o por un falso concepto de independencia personal no toman lado en esta gran lucha que no es solo contra el imperialismo… sino también contra los que teniendo el deber de defender a nuestros pueblos, se venden o se rinden al otro lado, negando nuestro credo tres o más veces, sin llorar después como San Pedro, o vendiéndose por treinta o más monedas como Judas”