Docencia ética: ingeniería social para una cultura de paz

Jue, 03/21/2019 - 14:53 -- alerta
David Auris Villegas
 
por David Auris Villegas; davidauris@gmail.com
 
22-3-2019
 
El objetivo del presente artículo no es responsabilizar a la comunidad docente de todos los niveles educativos por la construcción de una cultura de paz necesaria en el planeta sino reflexionar cotidianamente desde diversos paradigmas culturales y comprometernos al reto de construir esa cultura universal, bajo un liderazgo desde la educación como ingenieros sociales y protagonistas claves de una educación esperanzadora.
 
Dado que la humanidad según los expertos, se encuentra en una situación superior a épocas pasadas y al mismo tiempo se ve asaltada por problemas ecológicos, físicos, psíquicos, sociales y el latente grito de guerra, masificada gracias a internet y al consumismo, quebrando la paz interior, vulnera el endeble patrimonio personal, formados bajo un sistema educativo engrilletado y lineal, limitado a desarrollar aspectos cognitivos.
 
 ¿Acaso los operadores de la educación son los únicos responsables de construir una cultura de paz? No. Probablemente Unesco, intenta liderar y responder universalmente a través de sus esfuerzos y acciones, recomendando sembrar la paz en la mente y corazón de la humanidad, pretendiendo anclar el respeto hacia el otro, coincidiendo con Benito Juárez: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al ajeno es la paz”.
 
Ante esta perspectiva, el docente ético como ingeniero social, poseedor de una alta sensibilidad humana, forjada en su largo empoderamiento moral, se ve obligado a asumir el liderazgo en la construcción de una cultura de paz sostenida, desde el enfoque de la pedagogía ética, centrado en la mente y corazón de las personas para una apropiada convivencia, bajo marcos de tolerancia coincidiendo con las posturas filosóficas de Fethullah Gúlen.
 
“La paz comienza con una sonrisa”, afirmaba Teresa de Calcuta, discurso que aún no se ha logrado llevar a una praxis pedagógica bajo el arco de una educación para la paz, debido al modesto ejercicio de la inteligencia emocional, en ambientes académicos, postergando los sueños más íntimos que somos capaces de construir en las escuelas que Luther King llamaba una cultura de paz como el objetivo final de la humanidad.
 
Ejercer la ineludible docencia fáctica para la paz es para muchos expertos, una respuesta de la educación concientizadora hacia los grandes problemas que aquejan a la humanidad y un salvoconducto para la supervivencia futura, entre generaciones diferentes y distantes, centrado en la docencia ética, como mediadora de la paz, concordando con las reflexiones de Johan Galtung.
 
Finalmente, haciendo eco las voces de expertos y teóricos de la educación para la paz, reflexionemos a la luz de la ciencia, mejorando políticas educativas, equipando el patrimonio moral del docente y rediseñando estrategias colaborativas vivenciales, comprometiendo a toda la sociedad, liderados por la comunidad educadora ética, con vista a los derechos humanos, donde una cultura de paz universal sea posible y perentoria, si pretendemos prolongar nuestra estancia en esta única nave la Tierra.