Covid 19 y salud mental

Mié, 10/21/2020 - 15:59 -- alerta
Jorge Smith Maguiña
 
por Jorge Smith Maguiña; kokosmithm@hotmail.com
 
22-10-2020
 
Crónicas corovirales 13
 
La pandemia ocasionada por el Covid 19 ha afectado a casi todos los países del mundo quizás no en forma simultánea pero sí en forma equivalente. Se ha intercambiado por zoom cómo se vive la experiencia y el impacto en países como Rusia, España, México y el mío que es Perú y veo cuánto hay de equivalente frente a esta inédito flagelo. Nuestras respuestas pueden haber sido diferentes, pero nuestras reacciones a nivel individual, en el dolor que nos causan, aunque somos sociedades muy diferentes, son equivalentes.
 
Al ser la pandemia algo todavía en curso, es todavía difícil ver qué nuevos paradigmas y sus posibilidades puedan ya configurarse tras esta crisis. Vamos a vivir, me temo, en un permanente “durante, el covid 19”. No sé en cuál de nuestras sociedades, la rusa, española, mexicana o peruana, se podrá hablar de un después.
 
El enemigo esta vez es invisible y sus consecuencias no son sólo de tipo económico como lo fue la crisis del 2008. Para una crisis sanitaria como la del coronavirus, la solución necesariamente va a ser al principio y sobre todo, de carácter médico por no decir científico. Solo la vacuna podrá ser definitivamente la primera fase de su real solución. Mientras tanto las mejoras en el tratamiento y de disponibilidad hospitalaria son medidas de alivio y las desordenadas medidas económicas que se están tomando en cada país, pueden ser medidas provisorias por no decir momentáneas, para una crisis mayor, sobre todo en lo laboral, que vendrá después.
 
Desde mi óptica de psicólogo, de alguien cercano a la forma cómo los ciudadanos de a pie viven sus trastornos mentales, no diría necesariamente los traumas más graves que precisan un tratamiento muy medicalizado o internamiento psiquiátrico, sino un tratamiento basado en la psicoterapia, puedo decir que hay cuatro temas o ámbitos que he percibido que en relación a la pandemia tocan la salud mental y que todavía existen o persisten, en forma sucesiva al comienzo, y ahora podemos decir de alguna manera, en forma simultánea.
 
Lo cierto es que las consecuencias psicológicas de esta pandemia contaminan casi todas las dimensiones de nuestra existencia, tanto la individual como la colectiva. Creo que hay cuatro ámbitos muy ligados a los impactos de la pandemia, tres de los cuales muy ligados a la salud mental y uno con consecuencias indirectas a la misma. En los tres primeros no encuentro nuevos paradigmas visibles, pero sí en el cuarto, aunque estos son todavía paradigmas muy difusos. Las necesidades suscitadas por la irrupción de la pandemia, ha llevado no a que aparezcan pero sí a que aceleren su concretización. Me refiero a los avances tecnológicos.
 
Estos cuatro temas son:
 
1. El miedo al contagio y a la muerte
 
Ambos son temas que siguen vigentes, pues al desatarse la pandemia, después de un escepticismo inicial de que el coronavirus fuese letal y perdurase, se tomó conciencia de que este virus sí era letal, a diferencia del sida o del ébola cuyo contagio tenía una gestación más lenta y un posible tratamiento. Sobre coronavirus se descubrió no sólo que era letal, sino algo inédito sobre lo cual no había tratamiento conocido, ni existía vacuna alguna que por lo menos indirectamente pudiese neutralizar los violentos efectos de este virus. Ser objeto de contagio, por este nuevo virus, equivalía de una manera u otra a estar condenado a muerte y ni siquiera a una muerte lenta, sino a algo que te iba a llevar en cuestión de días a la muerte.
 
El pánico en pocas semanas fue total, simultáneo y universal pues comenzaron a haber brotes por doquier. La prensa, poco prudente, aumentó exponencialmente el pánico en la gente, y con su cotidiana entrega de noticias e imágenes de hospitales atiborrados, gente muriendo en las calles, agonizando en los pasadizos de hospitales, morgues repletas de cadáveres y gobiernos desorientados sin saber qué hacer.
 
Sobre este gusto morboso de mostrar la desgracia y el sufrimiento, ni la prensa escrita ni audio visual mostró un mínimo de prudencia en transmitir con la serenidad debida lo que estaba ocurriendo. Sobre esto no hay todavía nuevos paradigmas ni posibilidades. No creo por lo mismo que la prensa, menos aun la prensa amarilla, mejore después de la pandemia. Ella busca siempre, morbo, violencia y muerte y con la pandemia tenían para empacharse. Ni siquiera tenían que buscar la noticia, esta venía a ellos. Una cuestión es la pandemia, ya grave en sí y otra es la presentación dramática de ésta, con sus inevitables consecuencias de pánico
 
2. Tema:  la secuela fúnebre del coronavirus. El duelo imposible
 
Conforme iba avanzando la irradiación del contagio, agregándole un aditivo al miedo al contagio y argumentando razones sanitarias, se tomó la decisión en Perú y muchos países, de que los enfermos contagiados o en fase terminal, ya no pudiesen ser visitados por sus parientes en los hospitales.
 
El temor era que al visitarlos se pueda ser contagiado y a su vez irradiar al contagio, al no darse cuenta que uno podía ser asintomático, o sea no ser contagiado pero sí transportar el virus.
 
Poco a poco se tomó conciencia de que la muerte de la persona amada, del amigo, del vecino o un familiar se convertía en algo solitario, doloroso para quien moría pues no podía despedirse y doloroso para quienes quedaban, los cuales tenían que asumir esa pérdida. Lo que uno desea es morir en paz o que quien amamos muera sin sufrir y en paz. De alguna manera ni una de estas dos situaciones era posible y por lo mismo, los deudos que han sobrevivido dichas repentinas muertes han vivido y de alguna manera siguen experimentado estas muertes como un traumatismo doble o hasta triple.
 
La muerte en su consecuencia real, no es sólo muerte, sino ausencia, sentimiento de pérdida y proceso de duelo, al inicio vivido como algo colectivo pero después vivido en forma individual.
 
Todas esas fases cuestionan nuestra ya frágil estabilidad psicológica. Son comprensibles pues las medidas sanitarias al comienzo no permitiesen que haya velorios y los entierros se hacían en forma expeditiva y a veces hasta en forma clandestina. Las urgencias sanitarias quizás hacían comprensible estas decisiones, pero eso no quita que dejen de haber sido dolorosas e inevitablemente traumáticas. Mis colegas psicólogos y yo mismo, podemos dar testimonio de eso por la aluvional demanda terapéutica que existe en la actualidad.
 
 
 
Ya la gente suele tener problemas para asumir una pérdida en condiciones normales, pero peor aún cuando esta pérdida se da en una forma repentina, y peor aun cuando ni siquiera hay el alivio de un adiós póstumo.
 
Sobre este punto, gracias a los despistajes y las formas de prudencia que se fueron concretizando para evitar el contagio, sí podemos decir que han comenzaron a configurarse nuevos paradigmas concernientes a la higiene, pero en mucho basados en el sentido común, como el lavado de manos, el uso de mascarillas o un prudente distanciamiento al tener que contactar a alguien.
 
Por ensayo error se descubrió que algunos medicamentos, en algo podían paliar la pandemia en su fase inicial y se tomó conciencia también que las personas no necesariamente morían.
 
Con la debida prudencia se comenzaron a permitir también los servicios funerarios con la presencia de los deudos y ya nos es obligatoria, como lo fue al comienzo la cremación de los restos, que se prevía como la sola posibilidad de evitar el contagio, por el temor comprensible de todo aquello que como fuente de contagio podía irradiar el cadáver de la persona muerta por covid19.
 
3er Tema. El confinamiento
 
Esta fue una decisión tomada prácticamente en todos los países en los meses de abril y mayo. Es una situación que muchos recordaremos con traumatismo y amargura al recordar este año, pero sobre todo los niños y las personas vulnerables.
 
Ademas, comenzó a aparecer el pánico sobre las personas que por una razón u otra, tenían que estar en una situación de confinamiento, como el caso de los jóvenes que están en los reformatorios cerrados y por lo mismo privados de libertad.
 
Puedo hablar con alguna autoridad sobre el tema pues durante la pandemia di una capacitación en el Puericultorio de Lima, donde viven los niños sin familia o que han sido abandonados y sé de primera mano de las dificultades inéditas con las cuales tenían que lidiar los cuidadores, educadores y psicólogos que están en el día a día con estos niños y adolescentes, los cuales a veces tienen, algún pariente que los venía a ver de tiempo en tiempo y que era su único nexo familiar con el mundo real. Ahora con la pandemia, el mundo exterior era un mundo peligroso debido al contagio y nadie podía venir a verlos y menos aun ellos ir a visitar a aquel pariente con el cual habían establecido contacto, después de haberlo perdido  por años o incluso sin saber que dicho pariente existía.
 
Recuerdo lo difícil que fue para los cuidadores de un pabellón del Puericultorio el decirle a una niña y su hermanita menor que viven allí, que su madre con la cual habían establecido contacto después de años, acababa de morir de covid19. Estas, como pueden imaginar, son situaciones límites y en las cuales al dolor difícilmente reparable del abandono, se agrega el dolor de la pérdida repentina de una persona amada o con quien se busca una reconciliación. Son situaciones que dejan huellas muy difíciles de procesar. Son duelos casi imposibles de sobrepasar.
 
También tuve ocasión casi inmediatamente después del Puericultorio, de dar conferencias de capacitación para el personal que se ocupa de los Programas Nacional de Centros Juveniles, que en Perú se llama PRONACEJ, por sus siglas. En Perú PRONACEJ, tiene más de treinta dependencias. Allí también muchos adolescentes viven un confinamiento obligado por la ley, pues aunque no condenados, son adolescentes y jóvenes privados de libertad. El confinamiento para ellos de alguna manera era doble, pues el mundo de afuera era también al momento inicial de la pandemia, un mundo excesivamente peligroso por el contagio.
 
La dedicada labor de quienes trabajan en estos centros, ha permitido que dicha incertidumbre para los jóvenes encerrados, atenúe el peso del confinamiento y se convierta en ansiedad o angustia permanente y dé lugar a depresiones diversas con consecuencias imprevisibles.
 
Para el mundo de afuera, el de nosotros, ciudadanos de a pie, el confinamiento ha sido vivido en forma muy traumática, desde ya porque no era algo voluntario. Decía desde ya, pues así lo ha sido para los adultos y desde ya para los niños menores. Estos, de un día al otro, se encontraron privados de ver y jugar con sus amigos. Lo central en el uso del tiempo de un niño es el juego. A los adultos les gusta jugar con sus niños pero a los niños les gusta jugar entre ellos.
 
Para ellos esta época, como el año en que no hubo escuela, que no podían jugar con sus amigos, de no corretear en el parque y mas bien el tener que estar sentados dócilmente a lo largo del día con  sus padres y no comprender por qué se repetía tanto y a cada rato la palabra pandemia en la televisión, por qué había tanta gente llorando fuera de los hospitales, por qué sonaban tanto las sirenas de las ambulancias y por qué sus padres parecían tan preocupados y porque al estar encerrados sus padres, los cuales en épocas normales tenían agendas distintas y una conversación variada.
 
La pandemia son hechos reales, pero sobre todo una atmósfera, como se dice ahora, una atmósfera tóxica.
 
Los padres sólo hablaban de la pandemia y a veces la excesiva cohabitación, hacía a los padres discutir sobre cualquier cosa intrascendente, a ofuscarse, a levantarse la voz y tenerlos a los niños como testigos involuntarios, como el no fumador que también respira el humo. Era la situación ideal para que se construya un trauma.
 
Conciente de la gravedad de esta nueva situación, en mayo y junio comencé a escribir unas crónicas que denomine crónicas corovirales y acuñé también el término corovilenials, para denominar a esta generación de niños, que asociarán su infancia con estos aciagos y traumáticos días del confinamiento que les robó parte de su inocencia y los desterró un poco de su niñez aventándolos de un porrazo al mundo de los adultos, al de sus angustiados padres que no solo estaban temerosos del contagio externo sino también sobre si tendrían o no trabajo después. Lo peor era el nerviosismo que tenía cualquier familia al responder el teléfono, pues era para saber que el amigo, el tío o el abuelito había muerto de este virus.
 
Lo que sí queda claro de esta pandemia, es que es un evento que un niño ha compartido con los niños de todo el mundo, pues los corovilenials serán parte de esa generación que aprendió lo que era el miedo antes de aprender a leer, y que de alguna manera, aprendió y se dará cuenta después, cuando visite otros mundos, que frente a situaciones límites o enemigos como el coronavirus todos estamos en un mismo y frágil barco y que ojalá eso les haga pensar, que hay que ser mas solidarios.
 
Sobre esto, también, temo que no se ven en el horizonte nuevos paradigmas. El ser humano es un animal bastante autodestructivo y con un proceder errático. Hoy, en plena pandemia, en  los lugares de conflicto, con confinamiento o sin él, sobre todo en Medio Oriente, no ha dejado de sonar el ruido de las ametralladoras y los campos de refugiados en el mundo, sobre todo en Europa se han ido acrecentando y las consecuencias que en ellos puede tener este invierno van a ser fatales.
 
Lo que sí es bueno enterarse, es que en muchos lugares del mundo y en los grupos mas diferentes de personas, ha comenzado a aparecer un comportamiento solidario, un inédito comportamiento altruista, que es un deseo no solamente de dar lo que a uno le sobra, sino de dar parte de su tiempo y su entrega a alguna causa, aun a riesgo de su salud y eventualmente de su vida.
 
He sido testigo, en el caso del Puericultorio que los empleados acordaron estar allí por unos 15 días de trabajo consecutivos día y noche y 15 con su familia, para así reducir, en lo posible, el poder contagiarse del virus o poder transportarlo si uno es asintomático.
 
Estos hechos quizás no configuren un nuevo paradigma, pero sí nos ha hecho conocer a los  héroes anónimos que quedarán de esta pandemia y que son sobre todo los médicos, los enfermeros y todo el personal sanitario y aquellos que trabajaron en primera línea en las urgencias de los hospitales, en los puericultorios y en los reformatorios. Héroes anónimos, invisibles y silenciosos, gente con trabajos mal pagados, poco reconocidos socialmente y de alguna manera “invisibilizados” pero llenos de conciencia cívica, evidenciando que de alguna manera hay todavía una reserva moral en un mundo cínico, frívolo y banal.
 
4. Tema. El avance tecnológico
 
Un cuarto elemento donde sí se están configurando nuevos paradigmas y posibilidades durante lo que será la post pandemia es observar, analizar y pensar lo que serán las consecuencias económicas que está yendo paralela a la crisis sanitaria. Muchos países aprobaron muchas medidas económicas urgentes, generándose huecos fiscales que se tendrán que saldar después.
 
A países como el Perú, felizmente esta plaga lo sorprendió con reservas económicas muy buenas, que dieron pie a decisiones apuradas en lo sanitario y desastrosas en lo económico. Como resultado hemos tenido y continuamos teniendo una de las  peores tasas de mortalidad en la parte médica y un desastre en lo económico.
 
Las medidas económicas caóticas tendrán un impacto inmenso en lo laboral. La pandemia ha ayudado a que haya mas orden, eso es innegable, pero eso tendrá consecuencias positivas recién en el mediano plazo.
 
En lo laboral, en eso sí hay paradigmas totalmente nuevos, como consecuencia de la irrupción masiva de lo tecnológico. En medio del trauma de la pandemia y sus dolorosas consecuencias los ciudadanos han descubierto que nunca hubo previsión en lo que concierne a salud y educación por parte de los gobernantes y que quienes manejan el país, aun con dinero, eran incapaces de tomar medidas puntuales, cautas y realistas que permitieran tener un manejo por lo menos aceptable de la crisis. La incompetencia se notó en todo, en lo general y en lo específico y lo peor, se encontró que han habido demasiados signos de corrupción en la compra de insumos sobrevaluados, idas y venidas contradictorias en la gestión de la crisis y peor aun la indecencia de hacer las cosas con poca transparencia.
 
La pandemia ha generado mejoras en lo tecnológico. Se sabía que en tiempos de guerra, la tecnología bélica o sea la capacidad de hacer armas de guerra mas eficientes avanza en forma exponencial y tiene consecuencias positivas al usar esas tecnologías para fines pacíficos. Las guerras hacen avanzar también la medicina, al mejorar la capacidad de curar, de operar con las mínimas condiciones de higiene. La ciencia definitivamente ha avanzado.
 
El combate contra este enemigo común, simultáneo y universal y para colmo invisible, como era el coronavirus, ha permitido que en mucho la ciencia avance a pasos agigantados en las formas de diagnóstico, de tratamiento de la pandemia para reducir el agravamiento del mal y por lo mismo, que éste ya no sea letal.
 
Como nunca han avanzado las posibilidades de producir respiradores artificiales y tratamientos que permitirán reducir el índice de mortalidad. La concretización de esto sería la producción de las primeras vacunas el próximo año.
 
Producir una vacuna, no tomaba antes menos de 10 ó 12 años, mientras se hacían pruebas contundentes que eliminasen cualquier riesgo al aplicarlas preventivamente en un paciente. Esto se ha logrado hacer en menos de un año, pero esperamos que este inédito logro no sea reflejo solo de ambiciones económicas de los laboratorios mas conocidos, sino que detrás de ello haya una actitud altruista por parte de quienes la produzcan.
 
Si eso ocurriese bien harían los países de crear un fondo que a través de Naciones Unidas les pague a los laboratorios todo lo que han invertido en hacer esas vacunas y que solo cobren por sus patentes algo simbólico y no actúen con la angurria de aquellos que creían haber encontrado la piedra filosofal, aquel procedimiento que en la edad media se creía podía permitir fabricar el oro.
 
Si esta transformación cualitativa ocurriese, sí podríamos afirmar que estamos frente a un nuevo paradigma en la humanidad y los adultos daríamos un ejemplo a estos niños a quienes el coronavirus, no sólo les robó un año escolar, lo cual es recuperable, pero quizás a su padre, madre o abuelos y también parte de su infancia.
 
La obligación del confinamiento, también al no haber clases presenciales obligó a generalizar la enseñanza a distancia, y a mejorar métodos de enseñanza a distancia, a desarrollar la interconectividad de todo tipo y que la humanidad avance en la interconexión digital, sobre la cual habían múltiples brechas.
 
Naciones Unidas este año que celebró su 75 aniversario, ha hecho grandes esfuerzos para que haya una política conjunta sobre esto gracias a un hombre visionario como el actual secretario general de la ONU, el portugués Antonio Guterres.
 
En lo laboral hay otros nuevos paradigmas positivos. La necesidad del trabajo remoto, no sólo ha obligado al uso intensivo de tecnología digital para el trabajo, sino ha llevado también a reformularse y definir lo que es el trabajo en sí.
 
Pienso en en el no superado libro de Jeremy Rifkin sobre el fin del empleo y el choque del futuro de Alvin Toffler. En lo laboral, el mundo se centrará más en la productividad que en las rutinas, más en cumplir objetivos que usar tiempo en desplazarse y en muchos rituales innecesarios y jerarquizantes que implica el trabajo en oficina. En el sector productivo, es imposible que el trabajo remoto se imponga de un día al otro. Esa propagación del trabajo a distancia, el hecho de que muchos puedan trabajar desde sus hogares en por lo menos parte de su horario laboral, ayudará a una relación mas sostenida y cualitativa con sus hijos si los tienen, o a ahorrar interminables horas que uno pierde en el transporte público y evitar el stress correspondiente.
 
En el tema laboral los paradigmas si serán totalmente nuevos y positivos, aunque las consecuencias de la reducción de personal en muchas empresas, todavía no muestra su traumático rostro y eso puede acarrear malestares sociales que se agregarán a la pandemia.
 
Como ven, solo en uno de los 4 temas, veo paradigmas positivos a corto o mediano plazo.
 
He seguido los cambios que se están implementando en los cuatro países que están presentes en este encuentro y creo que con algunas diferencias, los cuatro han experimentado de una manera u otra, los impactos y tenido las reacciones que he descrito.
 
No soy pesimista en lo que he dicho, aunque por lo que he presenciado y vivido en esta pandemia, tenga sobradas razones para serlo.
 
Creo que hay una creatividad en los seres humanos para encontrar siempre alguna solución y puede que esta pandemia sea el punto de quiebre para vislumbrar un mundo diferente y solidario.
 
Si no logramos eso y hacemos que la post pandemia, sea simplemente una versión reeditada del mundo de ayer y no demos ese paso positivo adelante, a lo cual este inmenso desafío nos invita, ahí sí, lamentablemente podremos decir que la especie humana ya cumplió su ciclo en la Tierra, que ya es momento de bajar el telón y apagar la luz.
 
Por el momento guardo el beneficio de la duda.