Autoestima herida en la infancia y medidas cómo superarla

Mié, 08/28/2019 - 14:34 -- alerta
Isabel Peña Rodríguez
 
por Isabel Peña Rodríguez; isabelpenarodriguez@yahoo.com
29-9-2019
 
Muchas de las heridas emocionales que tiene una persona, producidas en su niñez, pueden causarnos problemas físicos y psicológicos, produciendo dificultades en sus vidas, conflictos serios en el trabajo, disminución de energía y de capacidad creativas, deficientes relaciones matrimoniales, no poder hacer ni conservar amigos, poco entendimiento con los hijos(as).
 
Existen padre, profesores o cuidadores que humillan, desprecian, no prestan atención, se burlan o se ríen del niño(a) que cuando pide ayuda, siente dolor, necesita que lo defiendan, expresan miedo, piden compañía, se aferra buscando protección, tiene vergüenza etc. Estas actitudes se completan con otras opuestas, demostrándole al niño que es “querido” lo cual le crea una confusión mental.
 
Pero estas muestras de cariño son aparentes, adjudicándoles un rótulo a su identidad que tiene como consecuencia un peso negativo en su formación y en el desarrollo de sus capacidades. En el momento en que la persona afectada llega a la adultez, trasmitirá la humillación y el maltrato a otras personas. Pareciera ser una cadena hereditaria de abuso y de poder ya que el desprecio y la vergüenza vividas en la infancia son la fuente de los problemas que afectan en la vida adulta y los causantes de la baja autoestima.
 
La principal imagen y más generalizada forma de violencia es el maltrato emocional. Hay muchas maneras para asustar a un niño y hacerlo sentir culpable e intimidado, sin recurrir a la violencia física. El niño(a) se atormenta con pensamientos y sentimientos que no pueden comunicar ni compartir con nadie y aprenden a soportar el dolor y el silencio. La comunicación y la autoestima están ligadas porque según lo que se le diga al niño(a), el efecto o respuesta será negativa o positiva, de aprendizaje o de resentimiento, que se trasmite desde la infancia hacia el futuro. Por esta razón, los padres que dañan la autoestima de sus hijos(as) no siempre lo hacen intencionalmente, ya que a ellos también fueron educados del mismo modo.
 
Hay padres que quieren que sus hijos(as) reaccionen como ellos deseen, suelen comportarse de formas particulares: Mártires, controlan al niño haciéndolo responsable de su sufrimiento y culpable por todo lo que pueda querer o hacer que no le caiga bien a estos mártires, a quien nada les viene bien y recurre a las quejas, reproches, lágrimas, amenazas. Los dictadores, controlan al niño(a) atemorizándolo cuando hace algo no autorizado, son estrictos y amenazantes para que obedezcan y todo les enfurece.
 
Para aprender a ejercitarse en desaprender lo negativo que nos inculcaron y sanar a ese niño(a) que quedó escondido y herido en nosotros, podemos ir reemplazando las viejas ideas que construimos por otras. Repetir estas afirmaciones con frecuencia es manera de comunicarnos con nosotros mismos, de ayudarnos a adquirir seguridad y tener presentes nuestros derechos.
 
  • Realizo mis elecciones y acciones con responsabilidad y sin temor.
  • Solo yo decido el modo cómo utilizo mi tiempo, pongo límites a quien no respeta esto, hago acuerdos para combinar mi tiempo con el de otros sin someterme.
  • Hago mi trabajo con responsabilidad pero si algo no va bien, no es porque yo sea un fracaso sino que tengo que aprender más.
  • Me hago responsable del modo cómo trato a los demás y evito repetir lo que a mí me hizo sufrir.
  • Tengo confianza en poder resolver lo mejor posible en cualquier situación.
  • Aprendo a comunicar mis sentimientos y respeto los de otros.
  • Cambio mis opiniones sin temor si me doy cuenta que no eran correctas.
  • Soy una persona valiosa, capaz, creativa y estoy abierta para cambiar todos los aspectos de mi vida.
 
Si una persona tiende a valorarse de esta manera se transforma en guía de su propia vida y está protegida de sentir culpas irracionales, de creerse incapaz, malo o inútil, de tener que complacer para ser aceptado(a).
 
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