Apra: moratoria electoral hasta el 2026 y perdón al pueblo peruano

Lun, 05/28/2018 - 19:54 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
29-5-2018
 
 
Si acaso quedara algún resquicio decente o autocrítico en el alanismo y en el alanismo de oposición, causantes, unos y otros, de la debacle aprista en todo el país, con alguna vergüenza debieran rendir cuentas del margesí de bienes, ingresos e inmuebles de que aún es dueña la organización. Más aún, como el JNE ha confirmado su no reconocimiento a esas “autoridades” y, por tanto, su imposible participación en las elecciones regionales y municipales de octubre, aquellos no tienen sino el camino de ¡irse a sus casas o a donde les dé la gana pero NUNCA MAS en el Partido!
 
La organización que otrora fuera clarín de protesta y multitud movilizada en calles y plazas, hoy se ha reducido a la nada electoral a lo largo y ancho del Perú. ¡Ni siquiera Trujillo pudo salvarse de la catástrofe arrolladora que ha sido –y aún persiste- el imperio de la inmoralidad delincuencial de quienes traicionaron el legado de honradez que impusieron el fundador del Apra, Víctor Raúl Haya de la Torre, los mártires y hombres y mujeres del pueblo que militaron en esas filas políticas!
 
Apelando a una caricatura de por sí maniquea, los alanistas de oposición, luego de más de 30 años de haber acompañado en complicidad variopinta y rica en trampas, zancadillas, tráfico de influencias, malas artes y demás delitos, a los alanistas del tronco, ahora pretenden fungir de alguna legitimidad. Pero “gracias” a unos y otros para el pueblo llano, la juventud, la sociedad civil organizada, “todos” los apristas son sinónimo de rateros, inmorales, estafadores, timadores, fracasados y demás epítetos.
 
¿No es hora que una dirigencia sana, que eche por la alcantarilla a todos los alanismos, pida perdón al pueblo peruano por la comisión de desmanes en los dos gobiernos 1985-1990 y 2006-2011? Ciertamente los cacos son huérfanos de cualquier atisbo de humildad. Las millonarias sumas robadas les hacen pensar que son invencibles e intocables porque para eso se contactan con jueces venales que liberan toda clase de documentos providenciales para aniquilar investigaciones, entorpecer juicios y declarar “probos” a quienes todo el pueblo sabe que son consumados ladrones.
 
La coyuntura es difícil. Alan García persiste en su soberbia ineficaz y mueve hilos por donde puede y cuenta con adláteres de escaso nivel moral o intelectual pero activos y muy involucrados en trapisondas de todo jaez. Difícil o imposible para Jorge del Castillo, diferenciarse de lo que ha sido su alanismo desde hace más de tres décadas. El todo se compone de las partes y éstas no vienen de data reciente sino antigua y asociada muy en común.
 
Con una moratoria de por lo menos un lustro, el Apra tendría la ocasión de botar a todos los logreros y pillos que pensaron en la política como trampolín del vil negociado culpable que maldecía desde 1923 el mismísimo Haya de la Torre. Reorganizar las bases, aprender la doctrina, refrescar los conceptos ideológicos, culturizar políticamente a sus militantes, debiera ser sino y meta, ambición a cumplirse para, pidiendo perdón por tanta grosería, aspirar al retorno a la arena de la liza electoral.
 
¿Podrá ser lo antedicho cumplido por los ilegítimos que ocupan la Casa del Pueblo en la avenida Alfonso Ugarte? Casi, casi, es como pedir peras al olmo.
 
También carecen de cualquier honorabilidad esos que fungen ser distintos a los alanistas y que con humor y sorna, hemos llamado alanistas de oposición. Para todos esos, sólo hay desprecio categórico.
 
Las trompetas que rodean las murallas del Jericó traidor suenan en todo el país. Seguirán retumbando hasta vencerlas y el desalojo a latigazo limpio de los mercaderes del templo, no será sino la salida lógica y fin de la profilaxia ¡directos al Taigeto para siempre!
 
De no ser así, los funerales y con ello la cerrazón de un gran trabajo político que costó, blood, sweat, soil and tears (sangre, sudor, tierra y lágrimas) al decir de Churchill, sólo será el espectáculo final con responso y partida de defunción.