¿Qué sabe el burro de alfajores?

Mar, 12/08/2020 - 10:03 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
9-12-2020
 

Lastrado por una innegable escasez académica o intelectual, huérfano de miras superiores insospechables en su opaco e inerte devenir, hay un burro que se pasea por dos miedos de comunicación, muy a las derechas y profundamente reaccionarios y que son los únicos que dan cabida a sus rebuznos. El susodicho alega una primera magistratura de la que fue echado sin pena ni gloria y un ridículo republicano oprobioso.
 
El jumento es sospechoso de haber ordenado severidad cruel ante las marchas que ¡precisamente! le desalojaron de un puesto que no merecía, no califica y de alta responsabilidad. Piajeno ya tiene abierto un proceso penal que lo llevará a responder por los crímenes cometidos la noche del 14 de noviembre. Y con él al ex primer ministro y al titular de Interior.
 
Lo que llama la atención es la falta de apego a la sindéresis o al mea culpa más honesto. Pero ¿qué sabe el burro de alfajores? Si supiera algo ¡jamás! habría sido alfil esforzado de la vacancia y ¡mucho menos! hubiera osado la pretensión de vulgar vanidad de ser el primer funcionario del país. Ergo, la ignorancia es muy insolente y campea en un país con políticos cuyo cociente de inteligencia los sitúa al nivel de débiles mentales con mención honorífica en estupidez.
 
Los fascistas, aquellos a quienes seduce la violencia conservadora, sostén de un status quo inmóvil, basado en la fuerza y en “verdades” correctas (o sea privilegiadoras del poder de grupos minúsculos), están muy activos en los miedos de comunicación, en las redes sociales y, literalmente, vomitan su odio en forma de campañas de demolición. Ex parlamentarios, ex ministros breves y políticos de muy endebles credenciales morales y que han pasado por todas las tiendas, pontifican acerca de lo que llaman más “conveniente” para el país y que se reduce a que los ricos sean más ricos y los pobres, cada día más pobres.
 
Organizaciones empresariales pretenden con su poder dinerario mantener al Perú engrilletado por 100 años más, a vender piedras desde la minería y aborrecen los caminos del valor agregado por una simple razón: es más fácil, con dinero de la exportación, sobornar a políticos, burócratas, abogados, jueces y autoridades policiales, para que nada cambie y todo siga igual. En buena cuenta: el azúcar caro y el cholo barato.
 
Los clubes electorales ponen todos sus empeños en la democracia formal del voto y la periodicidad. Estos cascarones no convocan a nadie, no lideran nada y buena parte de ellos ha envejecido en la custodia de sus negocios (estar a como dé lugar en las noticias) y en la obtención de sinecuras, privilegios, viajecitos y doctorados honoris causa como chapitas de gaseosas. Divorciados del votante de la calle, NO representan a nadie.
 
El burro del que hablamos pertenece a una Federación de Independientes cuyos dos gobiernos aún no han sido examinados exhaustivamente porque otros son los intereses que predominan en Perú y es necesario mantener la “imagen democrática” de esos 10 años. Lo cierto es que lo que se conservó fue el modelo en que los más adinerados gobernaron el país a sus anchas y ganando cada día más.
 
¿Y el pueblo? El pueblo es el eterno convidado de piedra. A veces iba a las manifestaciones, pegaba propaganda, cotizaba en su grupo político, pero nunca recibía sino mendrugos de los sucesivos gobiernos. Con el agravante que pagaba por todos los daños ocasionados por empréstitos, malas decisiones, crisis financieras, etc.
 
Si Perú fuera un país con alguna dosis de inteligencia colectiva, el burro que NO sabe de alfajores ni de nada, ya debiera estar desaforado y abominado por calles y plazas y despreciado por su insolencia antidemocrática y sepultado con el castigo del fusilamiento moral.
 
Algún día será.