¿Nadie cuestiona estatuto monárquico de AG?

Dom, 09/16/2018 - 20:26 -- alerta
Herbert Mujica Rojas
17-9-2018
 

NO hay en la cartita pública de los alanistas de oposición (los que descubrieron en julio del 2017 que AG era infraterno, tramposo, cínico, después de 30 años) respecto del Estatuto que hoy por hoy otorga a su presidente poderes monárquicos y decisorios. ¡Qué extraña omisión tan reveladora de entuertos y pactos secretos en las alturas de facciones!
 
Unos y otros no quieren perder la pitanza pública, la inscripción con dirigencia ilegal y el membrete desprestigiado que antaño, el Apra, convocara multitudes protestantes por una justicia de pan y libertad.
 
Se solicita como panacea o piedra filosofal la realización del XXV Congreso. ¿Con el Estatuto de marras? Pronóstico anunciado: más trampas y estafas. Y la componenda presupone defensa de la impunidad a troche y moche de AG porque “otros roban”, él no.
 
Los alanistas del cogollo, los que con AG ubicaron al partido de Haya de la Torre en un mísero 5.8% el 2016, ya respondieron en su apoyo irrestricto.
 
Hacen (alanistas de oposición) cartitas públicas pretendiendo mostrar su discrepancia con AG pero le reconocen autoridad y liderazgo y le imploran por orientación y consejo. El ridículo no puede ser más grosero. En lugar de romper y denunciar, morigeran y cohonestan.
 
¿No será que hay mucho en juego y que ninguno puede denunciar sin hundirse, a su vez, también en el hoyo abisal de fechorías inconfesables?
 
Un congreso sin revisión y cambio radical del malhadado estatuto monárquico, sin abolición de los más conspicuos adláteres y cómplices de la destrucción del Partido Aprista en los últimos 30 años, sólo garantizará el continuismo de AG o de sus socios duchos en pactos bajo la mesa y en beneficio propio.
 
A estas alturas de setiembre del 2018 la expresión del Partido Aprista no tiene ningún peso singular o colectivo en los grandes temas de la agenda nacional. Furgones de cola del fujimorismo, esa alianza non sancta que no comienza recién, sino en los años 90 y de la que podrían hablar muchísimo los alanistas de oposición, es una muestra más de la debacle imparable.
 
AG y sus supuestos impugnadores ya cocinaron la repetición del mismo menú prosaico. Con matices y cortinas de humo para la platea y los periodistas desinformados a quienes no se les ocurre analizar in extenso este nadir tristísimo.
 
Nada hay que pueda persuadirnos que hay luz al fondo del túnel. Alea jacta est.